Algunas consideraciones diacrónicas sobre las voces castellanas <em>troj</em> y <em>boj</em>

ALGUNAS CONSIDERACIONES DIACRÓNICAS SOBRE LAS VOCES CASTELLANAS TROJ Y BOJ


Boletín de la Real Academia Española
[BRAE · Tomo XCV · Cuaderno CCCXII · Julio-Diciembre de 2015]
http://revistas.rae.es/brae/article/view/58

Resumen: Suele aceptarse que el vocablo castellano troj ‘espacio tabicado, departamento’ procede de una forma latinovulgar *TRŎXE, responsable también de diversas variantes afines localizadas en el norte de Aragón. Sin embargo, justamente estas últimas descartan el vocalismo propuesto en el étimo y obligan a una alternativa distinta que habrá de estar, asimismo, en la raíz del término castellano. El presente artículo busca, por tanto, acreditar el cambio etimológico citado, así como llamar la atención sobre el paralelismo fonético que la voz boj ‘Buxus sempervirens’ supone respecto de troj, lo que permite, a su vez, albergar ciertas dudas razonables en torno a la opción de que aquella constituya una simple adaptación al sistema fonológico español de un préstamo atribuible a otro romance peninsular (catalán, ribagorzano oriental).

Palabras clave: Diacronía de la Lengua Castellana; Léxico patrimonial; Fonética Histórica; Etimología.

SOME DIACHRONIC CONSIDERATIONS ON THE CASTILIAN TERMS TROJ AND BOJ

Abstract: It is widely accepted that the Castilian word troj (partitioned space, compartment) derives from a Vulgar Latin form *TRŎXE, which is also responsible for various related High Aragonese variants. However, precisely these variants rule out the proposed vocalism in the etymon and a slightly different alternative is required, one that would also have to be in the root of the Castilian term. This article therefore seeks to prove the above etymological change, as well as to draw attention to the phonetic parallel between the term boj (‘Buxus sempervirens’) and troj, which in turn leads to some reasonable doubts surrounding the idea that it constitutes a simple adaptation to the Spanish phonetic system of a loan word attributable to another Peninsular Romance language (Catalan, Aragonese).

Keywords: diachrony of the Castilian language; lexical heritage; historical phonetics; etymology.


Introducción

El mejor repertorio etimológico del castellano1 estipula que la voz troj ‘espacio limitado por tabiques, para guardar frutos y especialmente cereales2’, cuyo correlato léxico reaparece en variantes del Alto Aragón truixo y troixo, remonta a una base latinovulgar *TRŎXE. No obstante, son estas voces las que precisamente hacen imposible la opción vocálica propuesta en el étimo anterior. Por lo demás, el hecho de que la palabra boj ‘Buxus sempervirens’ manifieste un desarrollo notablemente paralelo respecto del experimentado por troj creemos que permite cuestionar —siquiera en alguna medida— la opinión más o menos asumida de que el término boj suponga la mera adecuación al sistema fonológico castellano de un préstamo con origen en un ámbito lingüístico peninsular próximo (catalán, ribagorzano oriental). Por ende, el presente artículo persigue, muy especialmente, justificar los cambios vocálicos introducidos en la reconstrucción tardolatina sin por ello dejar de destacar también la conexión evolutiva entre las dos unidades léxicas objeto de estudio, un aspecto que —en nuestra opinión— tiende a sugerir la hipótesis de la autoctonía de boj en el seno de la lengua.

Aspectos fonéticos y etimológicos atingentes al sustantivo troj

El Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico3 bajo la entrada léxica correspondiente define la voz troj como ‘especie de granero’, destaca su raigambre particularmente castellana en el contexto de las lenguas románicas, la atestigua ya desde finales del siglo xii en documentos palentinos o abulenses4 y, si bien reconoce su origen incierto, ofrece un étimo gótico 5. Esta base germánica se habría adaptado como *TRŎXE en latín vulgar y esa /o/ sería supuestamente breve porque es lo que postularían las formas altoaragonesas diptongadas truecho y truejo6. No obstante, parece que las cosas no se han producido exactamente así, conforme intentaremos argumentar a continuación.

En efecto, es rigurosamente cierto que esas dos variantes7 se han consignado para distintos lugares del Alto Aragón como Aragüés del Puerto8, el Campo de Jaca9, Biescas10 y Fiscal11. Pero en absoluto son las únicas existentes, pues en otros puntos reaparecen formas de vocalismo más arcaico —y, por consiguiente, mucho más valioso a la hora de reconstruir con mayor fidelidad la base latinovulgar— como es el caso de troixo en los valles centrales de Vió12 o Bielsa13 y truixo en el valle ya ribagorzano de Benasque14. Pues bien, estos testimonios no apuntan hacia un étimo con una Ŏ tónica, sino que postulan una Ŭ tónica, además de una U final que permita dar cuenta de la metafonía producida en el término benasqués15. Y los diptongos de las otras formas no son consecuencia de una bimatización al uso, sino el resultado de un desarrollo secuencial secundario del que también poseemos abundantes datos en este espacio16. En suma, la única base posible es *TRŬXŬ, dado que solo ella puede explicar las diferentes variantes del Alto Aragón.

En cuanto al castellano, también se constatan algunas divergencias significativas, por más que no todas ofrecen la misma profusión, pero sí parecen remitir a la reconstrucción en cuestión. El primer estadio diacrónico de esperable en la lengua castellana es *troxo, pero no poseemos testimonio del mismo. Ahora bien, una vez reajustado el consonantismo intermedio que relegó el sonido prepalatal fricativo a favor del velar fricativo [x], la forma correlativa había de ser trojo, y aunque de manera precaria, en sentido metafórico y en un contexto de rima17 que podía —quizás— condicionar las cosas, el 18 ofrece el siguiente ejemplo (concordancia n.o 3 perteneciente al anónimo Romancero de Ravena, año 1589):

Un tuerto en su mujer no halló el despojo
y habíanle dicho que doncella era;
andaba cual paloma arrulladera,
porque otro había labrado en su trojo.

La base *TRŬXŬ, en principio, había de generar resultados de género masculino, como hemos visto en el Alto Aragón y quizá este trojo pudiera serlo. En este aspecto, el castellano ha operado una innovación, pues predomina largamente el género femenino de esta palabra, lo mismo en la variante troje que en troj; y se trata de un hecho ya antiguo, como hemos visto19. Pero el género masculino no es imposible ni en el español de América ni en el de la Península Ibérica, de acuerdo con los datos del CORDE (concordancia n.o 9 extraída de la novela Los ríos profundos, del autor peruano José María Arguedas, 1958):

La casa de esos hacendados es bien conocida por los indios. Duermen en catres de bronce, antiguos, con techo de varillas doradas. La casa tiene un patio y un corral, grandes; un corredor, una despensa, un troje, una sala amueblada con bancas y sillones antiguos de madera;

He aquí un segundo caso (concordancia n.o 28, perteneciente a la obra Belarmino y Apolonio, de Ramón Pérez de Ayala, año 1921):

Cada ciencia, en cambio, se conforma con añascar enteco troje de fenomenillos homogéneos, y obstínase en no admitir que de fuera, aparte, por debajo y por encima de ellos, exista realidad alguna.

Asimismo, un tercer ejemplo (concordancia n.o 41, extracto de la Geografía agrícola de España, de Tomás Pérez Sáenz, año 1960):

En algunas comarcas el hórreo cobra valor de obra bella; tal ocurre en la costa atlántica, de Miño a Finisterre. Al mismo objeto que el hórreo se destina el cabaceiro, especie de gran cesta urdida con ramas de mimbre, roble o sauce, con cubierta cónica. Al Este, donde el centeno reemplaza al maíz, el hórreo es sustituído por un troje o panera. 

Y, en fin, esta es la última ocurrencia textual consignada en el corpus académico (concordancia n.o 57, procedente del poemario titulado Desolación, de la autora chilena Gabriela Mistral, año 1922):

Apacenté los hijos ajenos, colmé el troje
con los trigos divinos, y sólo de Ti espero,
¡Padre Nuestro que estás en los Cielos!, recoge
mi cabeza mendiga, si en esta noche muero.

De modo que el masculino, admitiendo su muy reducida expresión cuantitativa, no es tampoco un género inusitado. Y, respecto a la terminación en /e/, bien podría explicarse por un hecho interno de fonética castellana conforme argumentan J. Corominas & J. A. Pascual, op. cit., s. v. doble:

[] como hay varios casos de -e procedente de -U en palabras con ó tónica —cobre, golpe, molde, rolde, don(e), goldre, quizá boj(e) y cuitre (antes *coltro)—, y como de una manera u otra tendrán que explicarse los postverbales castellanos en -e o cero (que pudieron partir de casos frecuentes como coste, toque, son[e], y como los casos contradictorios (ej. lodo) no son numerosos, me inclinaría a creer en una ley disimilatoria especial que cambiaría doblo en doble (de donde analógicamente triple o treble, y simple []”.

Una /e/ final que se ha perdido por apócope o por fonética morfonológica20 para consolidar un estadio muy usual troj, que se diría haber resultado relativamente caro al castellano21 y para el que no parece haber constancia documental de género masculino.

Aspectos fonéticos y etimológicos atingentes al sustantivo boj

En relación con la etimología de boj, podemos consignar dos grandes posturas defendidas, respectivamente, por Meyer Lübke y Corominas:

  1. Meyer Lübke establecía de manera sucinta en la lexía correspondiente de su ya clásico repertorio etimológico que la palabra castellana boj provenía de la forma catalana correspondiente, si bien en un estadio gráfico box que, por cierto, habría de grafiarse más bien como boix22. E idéntica idea recoge el diccionario académico en la versión electrónica consultada, aun cuando se indica también la posibilidad de que la variante boix tenga una procedencia aragonesa23, hipótesis que requiere necesariamente de alguna matización adicional24.

  2. Por su parte, J. Corominas & J. A. Pascual25 documentan la voz box en el s. xiii, reconocen la excepcionalidad de su estructura apocopada (frente a las variantes esperables *bojo o bujo) y recogen la suposición avanzada por Meyer Lübke para ponerla en cuarentena, dada la presencia de la planta en el centro peninsular26, señalando variantes de interés como bujo en Miranda de Ebro y, sobre todo, buje en Cuenca o boje en Astorga, y apuntando la opción de la ya mentada evolución interna, variantes que atestigua también el CORDE, adonde remitimos sin que estimemos preciso efectuar una mayor precisión.

Conclusiones

En fin, los aspectos conclusivos de este breve trabajo sobre los elementos léxicos troj y boj son cuatro:

  1. Solo una base latinovulgar *TRŬXŬ —cualquiera que sea su origen último, gótico o quizá prerromano— puede explicar satisfactoriamente las diversas variantes del Alto Aragón troixo, truixo y también las presuntamente bimatizadas truecho y truejo (< truexo), todas de género masculino. Un punto de partida *TRŎXE es susceptible de elucidar estas dos últimas, pero jamás llegaría a generar aquellas otras dos, las de estructura más arcaizante.

  2. El punto de partida *TRŬXŬ en castellano pasaría por los estadios *troxo > troje > troj, de acuerdo con los fenómenos fonéticos ya señalados (cf. supra), aunque es posible que hayan concurrido de modo eventual procesos secundarios, por ejemplo, de tipo paragógico (troj > troje). El género ampliamente predominante aquí es el femenino ya en lo antiguo, frente a lo atestiguado en el dominio aragonés, si bien quedan claros restos del masculino.

  3. La base latina BŬXŬ, ya documentada en latín clásico, que ha evolucionado a buxo en aragonés y a buixo en ribagorzano occidental, no mantiene en castellano el estadio *bojo, pero sí las unidades boje y boj. Además, aparece una variante vocálica en /u/, quizá por influjo metafónico, que recorre todas las posibilidades esperables: bujo > buje > buj (esta última, al menos, existe en la antroponimia como apellido aragonés)27.

  4. Como se echa de ver, la estructura vocálica e intervocálica de ambas bases latinovulgares es muy similar y los desarrollos habidos en uno y otro caso ofrecen un paralelismo notable, lo que para el asunto del castellano, en particular, parece reforzar —al menos en cierto grado— la hipótesis de que el término boj no tenga por qué ser necesariamente un préstamo exógeno (catalán o ribagorzano oriental).

José Antonio Saura Rami

Universidad de Zaragoza


  1. Véase, en concreto, lo señalado a propósito del apartado [sec:14:02]

  2. De acuerdo con la definición ofrecida por la Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Espasa Calpe, 2001 (vigésima segunda edición), s. v.

  3. Cf. J. Corominas & J. A. Pascual, Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, Madrid, Gredos, 1991-1997, s. v.

  4. “Donde se lee: «arrendamos a vos, Maestro Domingo… todo quanto avemos en Val Seca, con 63 arançadas de vinnas e con 5 cubas… e con tres troxes para pan, e con un buen xahariz…» (M. P., D. L., 240.10). En el de 1190: «ego facio el sobrado de pariete ecclesie usque in coquine, et la bodega de iuso et las troxes; los uzos et las finiestras…» (cita de M. P., Cid, p. 888)”.

  5. “Sí se podría, en cambio, suponer un gót. *THRAÚHS ‘arca’, hermano del escand. ant. thró [], ags. thrúh ‘arca, caja’, a. alem. ant. truha f. ‘arca, armario’; latinizado *THRAÚHS en *TRŎX, no sería extraño que se hubiese conservado la forma nominativa con -S dada la rareza del tipo morfológico de este préstamo germánico. Ésta me parece la etimología más aceptable. Sabido es que *THRAÚHS se pronuncia θrǫḫs []” (J. Corominas & J. A. Pascual, op. cit., ibíd.). En otro orden de cosas, estimamos que debe descartarse —pese a la afinidad semántica— cualquier posible relación etimológica de troj respecto de las formas portuguesas tulha o tulia ‘arca, granero’, pues estas se muestran irreconciliables en lo fonético: tanto desde el punto de vista vocálico (presentan una /u/ frente a la /o/ cerrada de nuestra voz) como desde una perspectiva puramente consonántica (son incompatibles la palatal lateral portuguesa y la palatal fricativa de troj).

  6. Recordemos que en este ámbito se produce la bimatización regular de toda vocal Ĕ y Ŏ breve tónica latina, con independencia de su posición y del contexto.

  7. Tanto en aragonés como en ribagorzano, la lengua del antiguo condado medieval de Ribagorza cuya expresión mejor conservada es el actual benasqués, toda -X- latina intervocálica evoluciona a un sonido prepalatal fricativo sordo, que, eventualmente, puede sufrir un proceso de africación (cf. arag. truecho) y también una dinámica de desfonologización a favor de un sonido velar fricativo sordo por influjo del castellano (de ambos modelos evolutivos hay sobradas pruebas y, en cualquier caso, de las dos formas citadas la más genuina resulta ser, obviamente, la primera). Por otro lado, parece haber bastante consenso entre los especialistas en el hecho de que la /i/ anterior al sonido prepalatal fricativo sordo procede de la velar sorda integrante del grupo latino -X- (cf. M.a L. Arnal, “El segmento [š] de la Baja Ribagorza occidental. Aspectos fonéticos y fonológicos”, Archivo de Filología Aragonesa, xlvi-xlvii, 1991, págs. 78-79 y 89). Los ejemplos benasqueses son múltiples en este sentido: broixa ‘bruja’ *BRŌXA, coixo ‘cojo’ < COXU, flluixo ‘flojo’ < FLŬXŬ, etc.

  8. P. González Guzmán, El habla viva del valle de Aragüés, Zaragoza, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1953, pág. 120.

  9. M. Alvar, El habla del Campo de Jaca, Salamanca, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1948, pág. 228.

  10. J. Vázquez Obrador, “El aragonés de Biescas y Gavín: breve caracterización”, Alazet, xi, 1999, pág. 174.

  11. A. Kuhn, “Der Hocharagonesische Dialekt”, Revue de Linguistique Romane, xi, 1935, pág. 66.

  12. R. Wilmes, El Valle de Vió: estudio etnográfico-lingüístico de un valle altoaragonés, Zaragoza, Prames, pág. 79. Vid. también J. A. Saura, “Un esbozo fonético para el habla del Valle de Vió (Huesca)”, Alazet, xiii, 2001, pág. 94.

  13. A. Badia, El habla del valle de Bielsa (Pirineo aragonés), Barcelona, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1950, pág. 342.

  14. Se trata de un ejemplo más que añadir a los allegados para el benasqués por J. A. Saura, Elementos de fonética y morfosintaxis benasquesas, Zaragoza, “Institución Fernando el Católico”, 2003, pág. 59.

  15. Sobre este cambio fonético vocálico, pueden consultarse J. Corominas, “La survivance du Basque jusqu’au Bas Moyen Âge (Phénomènes de bilingüisme dans les Pyrénées Centrales)”, Estudis de toponímia catalana, i, Barcelona, Barcino, 1965, págs. 135-136; e, igualmente, , “En la órbita del topónimo Aiguallut”, Fontes Linguae Vasconum, lxxxviii, 2001, págs. 433-434.

  16. De ahí los representantes provenientes de los sufijos latinos -ŌNIU y como ceridueña, fagüeño, empreñatuera, etc., a través de los respectivos estadios intermedios metatéticos *-oino, *-[t]oiro. Para el concepto de diptongo secuencial, cf. H. Andersen, “Diphthongization”, Language, xlviii, 1972, pág. 18.

  17. Entendemos que la realización fonética de trojo y de despojo es idéntica, es decir, fricativa velar sorda, considerando la misma ortografía de ambas voces y la fecha del texto (1589). Recordemos que entre mediados y finales del s. xvi el cambio /š/ > /x/ empieza a tomar cierta carta de naturaleza (cf. P. M. Lloyd, Del latín al español. I. Fonología y morfología históricas de la lengua española, Madrid, Gredos, 1993, págs. 545-547). De hecho, existen incluso testimonios del proceso ya en los primeros años del siglo xvi, por más que probablemente en ámbitos diatópicos y sociales todavía sin generalizar, según señala J. A. Frago, “Para la historia de la velarización española”, Archivum, xxvii-xxviii, 1977-1978, págs. 223-224. Véase también sobre el particular el trabajo de este último autor, “El reajuste fonológico del español moderno en su preciso contexto histórico. Sobre la evolución /š, ž/ > /x/”, Serta Philologica, vol. 1, págs. 219-230.

  18. Real Academia Española: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. http://www.rae.es [consultado el 08/06/2013].

  19. Cf. exempli gratia la cita documental de la nota 4.

  20. En concreto, si una forma de singular troje formaba su plural como trojes, de este plural bien podía surgir un singular troj.

  21. Es lo que ha acontecido con el caso de reloj (J. Corominas & J. A. Pascual, op. cit., s. v.) y con numerosos préstamos de distintas lenguas como carcaj, erraj, gambaj y almofrej.

  22. Vid. W. Meyer Lübke, Romanisches Etymologisches Wörterbuch, Heidelberg, Carl Winter Universitätsverlag, 1972 (quinta edición), entrada 1430. bŭxus.

  23. Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Espasa Calpe, 2001 (vigésima segunda edición), s. v. Una eventualidad ya propuesta por los estudios de & J. A. Pascual, op. cit., s. v. boj.

  24. Recordemos que las dos variedades románicas originales de Aragón —al margen de las mozárabes, bastante más etéreas— son el aragonés propiamente dicho y el ribagorzano: en la primera la voz en cuestión aparece como buxo con algunas variantes afines (v. gr. bucho) y en la segunda se registran buixo (ribagorzano occidental) y boix (ribagorzano oriental). Lógicamente, solo la variante ribagorzana oriental podría dar cuenta de la unidad castellana.

  25. Op. cit., ibíd.

  26. Extremo que resulta aceptable, pues si bien es cierto que se trata de un arbusto prototípico de la mitad oriental peninsular con una manifestación testimonial o naturalizada al oeste, su presencia penetra claramente las provincias de Álava, norte de hasta Burgos y por el sur resurge en la vertiente occidental del Sistema Ibérico (provincias de Soria, Guadalajara, Albacete) prolongándose hacia Andalucía (Jaén, Granada) (cf. http://web.archive.org/web/20100625014533/http://www.biodiversidad.navarra.es/Habitat.aspx?id=5110&lg=es).

  27. La posible incidencia en castellano de este proceso, tan usual en diversas lenguas peninsulares (gallego, asturiano, aragonés, ribagorzano, etc.), es algo que hace tiempo venimos pensando, puesto que voces como surco < SŬLCŬ es extremadamente difícil que deban su vocalismo tónico /u/ a ninguna acción culta. Pero esta es una cuestión que rebasa el objetivo de estas breves páginas.

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Edición en línea: ISSN 2445-0898
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