Contacto vasco-románico y fases de un préstamo gramatical: el origen latino-romance de la coordinación vasca

CONTACTO VASCO-ROMÁNICO
Y FASES DE UN PRÉSTAMO
GRAMATICAL:
EL ORIGEN LATINO-ROMANCE
DE LA COORDINACIÓN VASCA *


Boletín de la Real Academia Española
[BRAE · Tomo XCV · Cuaderno CCCXII · Julio-Diciembre de 2015]
http://revistas.rae.es/brae/article/view/60

Resumen: Se propone una etimología latino-románica para los tres nexos coordinantes más generales del euskera, el conjuntivo eta y los disyuntivos edo y ala, que habrían entrado como préstamos en diferentes momentos de la larga historia de contacto entre el euskera y el latín o posterior romance. Tanto los étimos concretos que se proponen como la hipótesis de conjunto que relaciona y engloba a los tres coordinadores halla en la teoría lingüística los argumentos necesarios para su defensa.

Palabras clave: coordinadores; eta; edo; ala; etimología; préstamo lingüístico.

BASQUE-ROMANCE CONTACT AND PHASES OF A GRAMMATICAL LOAN: THE LATIN-ROMANCE ORIGIN OF BASQUE COORDINATION

Abstract: A Latin-Romance etymology is proposed for the three most widespread coordinating connectives of the Basque language, the conjunctive eta and the disjunctives edo and ala, which would have entered as loans at various stages in the long history of contact between Basque and Latin or, later, Romance. Both of the specific etymons proposed as a joint hypothesis that links and encompasses the three coordinators find the arguments required for their defence in linguistic theory.

Keywords: coordinators; eta; edo; ala; etymology; linguistic loan.


«Dar la etimología de una palabra —decía Corominas en el Prefacio de su Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana (1955)— es explicar con qué elementos se ha formado [...] y cómo ha llegado a tomar la forma y el significado que tiene modernamente. Todo esto es necesario, y a todo ello atiendo, sin contentarme con señalar el origen lejano o el inmediato, antes bien siguiendo la pista del vocablo desde sus fuentes más alejadas hasta la actualidad y dando cuenta de todas las fases de su evolución».

Este planteamiento que fundamenta en la historia de la palabra la reconstrucción etimológica, si es complicado para muchas voces de lenguas cuya historia escrita se remonta a lo que podríamos denominar sus ``orígenes" o incluso a la lengua madre, como es el caso de las románicas, es prácticamente imposible para otras que, como el euskera, cuentan con una tradición escrituraria muy reciente en proporción a su vida oral, además de reducida para los siglos iniciales de su andadura gráfica (en este caso, siglos xvi-xvii).

Si a esto sumamos el carácter único del vasco y el atractivo romántico que este hecho ejerce, no es de extrañar que hayan sido muchas las propuestas etimológicas basadas en la simple similitud formal y semántica con voces de las lenguas más diversas y dispersas (como Trombetti1), y que sean también muchos los aficionados amantes de la(s) lengua(s) que, parapetados en la naturaleza hipotética de gran parte de las reconstrucciones del vasco, se atreven a exponer sus teorías sin el menor recato2.

No quisiera engrosar yo la nómina de quienes así actúan, aunque mi formación exclusivamente hispanista puede hacerlo pensar. Procuraré distanciarme del grupo anterior no solo por el pudor que me produce la plena conciencia de que me adentro en estas aguas en un bote con un solo remo, sino porque mi atrevimiento encuentra en la teoría lingüística y en los procesos habidos en otras lenguas un apoyo que, espero, haga a la propuesta merecedora de alguna consideración por parte de los especialistas vascólogos. Esto también implica que mi aportación se limita a intentar justificar la etimología latino-románica de los coordinadores vascos aquí tratados, eta3, edo y ala, pero sin cometer la temeridad de aventurar la naturaleza del elemento vasco, -a, que en dos de ellos entraría en su formación. Eso y las fases históricas de los usos de estos tres conectores vascos habrán de ser materia exclusiva de los especialistas en esta lengua, si juzgan plausible la explicación que aquí se ofrece.

A la propuesta que se hace le queda un largo desarrollo que no está en mis manos culminar. Mi objetivo se limita, pues, a proporcionar una explicación que considero razonable al coordinador conjuntivo y a los dos disyuntivos principales del euskera como préstamos latino-románicos.

La coordinación y los coordinadores

Como dice Mithun4, a pesar de que de entre todas las construcciones sintácticas esperaríamos que la más básica y universal fuera la coordinación, lo cierto es que sorprende a primera vista la variedad de mecanismos que emplean las lenguas para expresarla. Algunas presentan elaborados conjuntos de coordinadores de uso obligatorio, otras emplean medios morfológicos y son muchas las que no poseen ninguna marca específica, diferentes patrones que estudios interlingüísticos, como el pionero de Johannessen5, permiten poner de manifiesto.

De los dos tipos fundamentales de coordinación, la conjuntiva6 y la disyuntiva, en las lenguas naturales es sin duda la primera la más básica y general, y en consecuencia más frecuente y prominente. Esto se traduce en que lenguas que poseen formas para la expresión de ‘y’ no las tienen para ‘o’7, y explica asimismo que los disyuntivos sean generalmente palabras libres y no clíticos o afijos, que tiendan a ser formas más largas que las conjuntivas o que los mismos nexos unan cláusulas y sintagmas, frente a la mayor variedad y especialización de los conjuntivos, lo que hace que suela existir un conector general y que los restantes estén sujetos a restricciones de orden morfosintáctico o semántico8.

En el caso de las lenguas románicas, casi en su totalidad presentan como únicos coordinadores los resultados evolucionados de los latinos et conjuntivo y aut disyuntivo, sin diferenciar dentro de la disyunción formas específicas para la significación inclusiva (en [A o B], uno de los dos miembros es verdad o los dos simultáneamente) y exclusiva (en [A o B], uno y solo uno de los miembros es verdad). Es esta una dicotomía establecida por la lógica aristotélica a partir de la supuesta oposición entre lat. vel (inclusivo) y lat. aut (exclusivo) y aplicada de manera prácticamente sistemática —aunque a veces reformulada desde perspectivas distintas— a la descripción de todas las lenguas naturales.

El castellano, por tanto, pertenece al primer patrón de los tres fundamentales que establecen los estudios tipológicos para la disyunción9: 1. un único conector para expresar tanto la inclusión como la exclusión, 2. un marcador general y otro específico para el valor exclusivo, y 3. nexos diferentes para los dos tipos de disyunción. El vasco, por el contrario, diferencia entre ala exclusivo y edo, caracterizado con frecuencia como inclusivo, pero como general en trabajos más recientes, como el citado de Mauri, en el que el vasco aparece clasificado dentro del patrón 2 y no del 3. Dato importante es que el exclusivo ala, que no por casualidad se utiliza preferentemente en interrogativas disyuntivas, es asimismo marca de interrogativa, cuestión esta sobre la que volveremos al final de este estudio.

Similar dificultad para su clasificación en uno u otro patrón disyuntivo encontramos con el latín, dado que la tradicional oposición entre vel inclusivo y aut exclusivo no resiste el análisis empírico, muy especialmente en la baja latinidad. Sorprende, por otra parte, que en el proceso de simplificación del inventario de partículas habido en el paso del latín a los romances haya triunfado aut y no vel, esta última muchísimo más frecuente en los textos de cualquier época.

Son todas éstas cuestiones de gran interés necesitadas de mayor estudio10. No serán, sin embargo, materia de este artículo, en el que me limitaré a proponer un origen latino-románico para los tres conectores vascos, etimología cuya justificación interna y externa intentaré demostrar. La externa no es otra que el continuado contacto cultural entre estas lenguas.

El contacto lingüístico entre el vasco y las variedades latino-románicas

La falta de documentación antigua que mencionábamos antes es un obstáculo poco menos que insalvable para reconstruir con cierto apoyo empírico la historia del contacto entre el vasco y el latín y romance temprano. Dos son las posturas abiertamente contrapuestas, según se considere autóctona o importada una u otra lengua: la tesis más extendida, representada principalmente por Michelena, sostiene que el vasco es la lengua autóctona hablada desde siempre en los territorios vascongados, en los que el romance se empezó a introducir en la plena o baja Edad Media; frente a esta tesis, quienes abogan por la vasquización tardía defienden que el euskera se introdujo en la península ibérica, proveniente de Aquitania, sobre una zona previamente romanizada11. Existe además una solución intermedia, encabezada por González Ollé para Navarra y por Echenique para el País Vasco12, según la cual la conquista romana implantó en las áreas vascófonas un latín cuya evolución dio como resultado el romance patrimonial de estos territorios13. Contrarios a esta continuidad desde el latín y defensores de la distinción entre un romance patrimonial y otro importado siglos después son, entre otros, Saralegui14 para Navarra o Camus y Gómez15 para el País Vasco. Por su parte, Ramos16 defiende, con apoyo en los datos aportados por la arqueología y la toponimia, una intensa romanización de Álava sobre un fondo indoeuropeo, y relaciona la demostrada ausencia de penetración visigoda —herederos de la tradición hispano-romana— en País Vasco y Navarra con la expansión y afianzamiento del euskera en estos territorios durante la Alta Edad Media y con la falta de una tradición escrita romance similar a la que sí se da en zonas limítrofes como Valpuesta.

Las implicaciones de estas distintas posibilidades en el tipo y la duración del contacto lingüístico, así como en sus consecuencias, son muy importantes, pues de nuestro posicionamiento dependerá que imaginemos un escenario en el que el contacto del vasco primero con el latín y más tarde con el romance se produjo en la frontera entre territorios monolingües, siendo el bilingüismo del País Vasco relativamente tardío, a una situación de bilingüismo vasco-latino temprana, evolucionado a bilingüismo vasco-románico con el paso del latín autóctono al romance. Se trata, pues, de definir la relación adstrática o sustrática-superestrática de estas lenguas en una geografía y una cronología complejas.

Sea como fuere, incluso en el caso de la vasconización tardía, el contacto lingüístico al sur de los Pirineos se daría de manera continuada a partir de los siglos vii-viii, periodo en el que los hallazgos arqueológicos indicarían una inmigración de población aquitana de habla vasca. No es esta una cuestión, sin embargo, que afecte de manera decisiva a nuestra valoración de los préstamos latinos al euskera, pues en el caso de que la vasconización en la península hubiera sido tardía, ese euskera ya contaría con numerosos préstamos incorporados a través de su contacto con el latín hablado en territorio aquitano.

Obviamente, las lenguas comparten rasgos fundamentales sin necesidad de que exista un contacto directo y continuado entre ellas, y el repertorio de cambios posibles es finito y común a sistemas entre los que no existe relación genética ni geográfica. Sin duda, también dos lenguas cercanas pueden converger o coevolucionar de manera independiente por causas internas, pero no se puede negar que el contacto lingüístico es posiblemente el factor externo más importante para el cambio lingüístico17.

Los préstamos

La manifestación más evidente de la influencia de una lengua sobre otra es el préstamo léxico, tipo que se sitúa en el nivel más alto de la jerarquía de préstamos18. En el caso del euskera, el importante caudal de voces de origen latino-románico ha sido destacado en estudios clásicos debidos a Schuchardt, Rohlfs, Caro Baroja o Michelena, y en otros más recientes y de síntesis como el de Segura y Etxebarria19. Tampoco falta en ningún manual de historia del español, ya desde Menéndez Pidal, pero muy especialmente a partir de la Historia de la lengua española de Rafael Lapesa, un apartado dedicado a las palabras españolas de procedencia vasca, si bien la relación diglósica entre estas dos lenguas ha inclinado históricamente la balanza a favor de la variedad latino-romance, que desde siempre ha transferido más de lo que ha tomado prestado.

Pero los efectos de un contacto tan fuerte y continuado durante siglos, incluso entre lenguas de tipología tan distinta, no puede limitarse al vocabulario. Thomason y Kaufman20 establecen un escala de acuerdo con la duración e intensidad del contacto cultural entre las sociedades, escala según la cual un contacto casual será suficiente para que se tomen prestadas palabras con contenido léxico; un contacto algo más intenso podrá dar lugar al préstamo de palabras gramaticales; un grado mayor de contacto hará posible el paso de sufijos derivacionales y fonemas; el siguiente nivel facilitará el traspaso de patrones de orden de palabras, rasgos distintivos fonológicos y morfología flexiva; en el grado máximo de intensidad podrían producirse alteraciones tipológicas y cambios fonéticos. Las palabras funcionales se hallan, por tanto, en el segundo escalafón de la jerarquía de préstamos, y dentro de estos, como han demostrado los trabajos de Matras21 sobre el contacto de lenguas en la actualidad, los conectores ocupan una posición muy elevada.

Marianne Mithun22 señala que un número sorprendente de nexos coordinantes comparten una característica: su juventud. Para el caso del mohicano, los coordinadores empiezan a documentarse desde los comienzos del siglo xx, cuando sus hablantes se hacen mayoritariamente bilingües, primero en francés y después en inglés. Son, señala la autora, varios los hechos que sugieren que el bilingüismo es un factor importante: «An astonishing number of coordinating conjunctions have been recently borrowed into languages that previously had none. Bogoras (1922: 881) noted the presence in Kamchadal of local Russian conjunctions, i, dai ‘and’, je ‘but’, potom ‘after that’, etc. Osborne’s Tiwi texts, like many other texts from Australiam Aboriginal languages, show a surprising English loanword: ‘and’. The vast majority of coordinating conjunctions in languages throughout Mexico are borrowed from Spanish. [...] Grammars of other Meso-American languages document the same situation. South American Indian languages in contact with Spanish, such Guaraní and Quecha, exhibit the phenomenom as well».

Volveremos más adelante sobre las escalas de préstamos, cuestión fundamental para establecer la posible cronología de las tres partículas que nos ocupan, pero lo brevemente expuesto parece suficiente para demostrar que desde un punto de vista teórico, y de acuerdo a lo constatado en muchas otras lenguas, nada de extraño tendría que el vasco pudiera haber tomado eta, edo y ala de sus vecinas latino-románicas23. Pasemos ahora a las propuestas etimológicas concretas revisando previamente lo poco que se ha dicho sobre el origen de uno de los conectores, muchas veces, simples semejanzas con otras lenguas sin contacto posible con el vasco.

Explicaciones internas al euskera dan estudiosos como Azkue y Lakarra, sin desarrollar el pormenor de cada nexo, pero ofreciendo un planteamiento de conjunto: según su teoría del monosilabismo CVC de los lexemas del protovasco, la estructura VCV está reservada a las partículas como eta y edo, a las que se refiere, por ejemplo, en un trabajo de 200324. Unos años después dice que «Las partículas parecen ser VTV en su mayoría (cf. eta, edo, *eze) pero quizás no sea simple casualidad que muchas de ellas comiencen con e-: recuérdese la fórmula “CV + VC = CVC” de Gamkrelidze e Ivanov (1984: 218-19)»25. Esto supondría que los nexos tienen una estructura fónica no solo distinta a la de los lexemas, sino también más larga (bisílaba), lo que contradice la tendencia de las lenguas naturales a que las palabras funcionales sean más breves que las de contenido léxico26.

Como en seguida expondré, mi propuesta etimológica se sitúa en un momento muy posterior al protovasco, y encuentra en el latín la explicación de la e- de eta y edo. Sí sería afijo vasco, en cambio, la -a de eta y de ala.

Eta

Agud y Tovar recogen las principales propuestas etimológicas que para este coordinador se habían dado hasta el año 1991, entrada eta que reproducimos íntegramente27:

ETA ‘y’. Azkue la da como var. eufónica de ta, que sería para él la forma primitiva. Sch. Prim. n° 6 duda de que tenga que ver con lat. et. Sin embargo un caso de prést. paralelo tendríamos en la aceptación por el finés y lapón de ja, del gót. jah ‘y’ (v. Jacobsohn IF 51, 305).

En cambio A. Yrigaray FLV 2, 4, 135 subraya que eta debe de ser el mismo lat. et, y et se halla varias veces en la carta vasca del siglo xv que publicó Idoate FLV 187.

Un curioso problema sintáctico, sobre el que llama la atención Sch. l.c. es el valor subordinante que tiene eta colocado al final de la oración subordinada. Gavel-Lacombe Gramm. 2; 35 señalan la identidad de eta subordinante con la conjunción y comparan fr. et puis.

E. Lewy Kl.Schrif. 619 señala la coincidencia de que también en hotentote tsi señale, algo así como en vasco ‘y’, y ‘después’.

CGuis. 162 proponía derivarlo del i.-e. eti ‘y’, pero tanto si lo primitivo es ta, como si es eta, es fonéticamente muy distinto.

Lafon BSL 62, 151 da una excelente explicación de eta como temporal y causal.

Tromb. Orig. 144 compara barea, kumana, teda ta, te, hausa da; también compara georg. da, lazo do, etc., con significaciones ‘y’, ‘con’. Gabelentz 37, 100s. y 236s. compara cab. y tam. ed. ‘y’ (que ya da Tromb.). Todo ello muy poco aceptable.

Tampoco interesa EWBS proponiendo lat. ita, etc.

Descartadas las relaciones más extravagantes y justificados los valores subordinantes de eta, presentes, por otra parte, en el propio lat. et28 y en sus derivados románicos, parece que de las propuestas recogidas en Agud y Tovar, el origen latino es la única verosímil. Curiosamente, Michelena no dice nada al respecto en sus obras, tampoco en el extenso artículo que le dedica a eta en el Diccionario General Vasco, donde niega la hipótesis de Azkue sobre el carácter primigenio de ta al ser eta la forma que se documenta desde los primeros textos. Sí lo hace un estudioso reciente y autorizado como Trask, que se inclina a aceptar el lat. et como étimo de eta. Reproduzco lo que dice en su Etymological Dictionary of Basque29, donde proporciona un argumento lingüístico para aceptar el préstamo:

eta, ta (c.) conj. ‘and’. 15th cent.

Reduced form especially (but not only) after a vowel. OUO. A derivation from Lat. et ‘and’ has often been proposed, and is possible, especially since SOV languages often lack a word for ‘and’ and borrow one. A link with -eta looks improbable. Postposed in examples like aita (e)ta ‘Father and the rest’. [FHV 420 fn]

También Michel Morvan30 es partidario del origen latino, a pesar del carácter controvertido de la etimología:

Et. La conjonction de coordination basque a une origine controversée. Au vu de la lettre de 1415 où elle figure sous la forme et, on peut penser qu’elle est simplement un emprunt au et latin. On la trouve souvent sous la forme courte ta.

Puede decirse, por tanto, que se trata de una opinión bastante generalizada entre los vascólogos, quienes, sin embargo y por desgracia, no se han molestado en explicar qué afijo vasco concreto es -a. En cualquier caso, la formación híbrida no puede considerarse un obstáculo para la validez de la hipótesis del préstamo.

Edo

Comenzamos el repaso bibliográfico por Resurrección M.a Azkue31, quien no hace ninguna propuesta sobre la posible formación de la palabra, pero de los nexos disyuntivos nos dice: «tenemos varias, todas ellas, a excepción de edo, procedentes de otros campos de nuestra Morfología. Son los adverbios bai, ez y ala, los interrogativos zein y noiz; el numeral bat y los vocablos beste y nai o naiz». Sería, por tanto, nexo desde su origen. Son nuevamente anecdóticas las propuestas de Trombetti: serechule a-do, lazo do ‘y’; yacuto da ‘también, y’, du…du ‘o…o’; el sem. tiene wa ‘y’, au ‘o’; el ide. we ‘o’, au ‘y’. Por su parte, Agud y Tovar se limitan a decir que son todas hipótesis muy poco aceptables, pero sin proponer ninguna alternativa.

Por su parte, Luis Michelena32 señala su semejanza con el antiguo alto alemán eddo ‘o’, si bien a continuación añade que «la historia externa no habla en favor de que en estas y otras semejanzas haya algo más profundo que una coincidencia casual». Nada aporta Trask, que se limita a corroborar la simple coincidencia con el alto alemán indicada por Michelena. Por su parte, Morvan, aunque no resulta en absoluto claro, parece proponer eredu como étimo al considerar edu variante de edo y contracción de eredu: «edo (xvie s.) Ou. La variante edu ``comme“ indique une contraction de eredu ``modèle, règle, norme”». También a una contracción muy poco verosímil, de bedi hola, atribuye Löpelmann33 la forma edo, cuya procedencia del lat. aut descarta de manera explícita. No ha habido, pues —al menos que sepamos— ninguna propuesta sólida y suficientemente fundamentada.

La hipótesis que aquí se presenta, sintetizada al máximo, a modo de conclusión, por ser tema desarrollado por extenso en otro lugar34, ha sido en realidad el motor de mis pesquisas sobre estos conectores vascos, a los que no habría llegado si no hubiera sido por la necesidad de hallar una explicación a una forma do ‘o’ que he encontrado en dos documentos de mediados del siglo xiii pertenecientes a los fondos del Monasterio de San Salvador de Oña (norte de Burgos). Es este un coordinador disyuntivo hasta ahora desconocido, cuya relación con el vasco edo parece mucho más que una mera coincidencia.

Allí demuestro la existencia del pleonasmo latino et aut, tampoco descrito hasta el momento35, lo que me permite postular una evolución que podemos esquematizar como latín et aut > castellano medieval *edo (do tras sufrir la aféresis de e-) > vasco edo. Que el étimo del euskera no puede ser un latín tardío *eto, sino la forma evolucionada en su estado ya romance, (e)do, lo indica la presencia de la sonora intervocálica -d-, pues la oclusiva sorda latina en esta posición se hubiera conservado sin sonorizar36.

Ala

Según Azkue37, el disyuntivo ala procede del adverbio ala, formado este por el «modo fortuito», expresado por el afijo adverbial al- ‘acaso, por ventura, quizás’, y el «modo interrogativo» -a, afijo que, según apunta el mismo autor (§ 408), se añade al verbo conjugado en las variedades orientales cuando no existe otra partícula interrogativa en la frase, y en algunas zonas, especialmente en el Roncal, a veces se agrega a un adverbio si no hay verbo explícito. Se deduce, por tanto, que el uso disyuntivo se deriva del interrogativo, aunque sorprende que ni siquiera se expliciten los dos valores de ala y que se hable de ellos de manera mezclada. En cuanto a la propuesta etimológica, supondría la unión de dos morfemas sin ningún lexema que les sirva de sustento, lo cual no parece fácil de argumentar desde un punto de vista morfológico.

Es curiosa la información etimológica que proporciona el Diccionario General Vasco s. v. 3 ala: «Etim. Se da el caso de que la conj. disyuntiva sirva también de part. interrogativa (en cláusula no inicial, al menos) y exclamativa. Cf. DES 34a, con bibliografía, para los dialectos sardos ``centrali e rustici" y paralelos en otras lenguas. El origen de sardo a es lat. aut, conj. disyuntiva en latín». No se entiende bien la pertinencia del comentario sobre el sardo y el étimo latino de a, a no ser que la intención sea insinuar la posibilidad del mismo origen para el vasco. Por otro lado, parece que evita posicionarse sobre la propuesta de Azkue de al- + -a, que ni siquiera menciona. Trata separadamente ala, que en la aludida subentrada 3 comprende los valores de 1. conjunción disyuntiva, 2. conjunción distributiva, 3. partícula interrogativa («encabezando una oración interrogativa o su equivalente») y 4. partícula exclamativa, y la partícula al, que recibe una entrada propia y que define como «Partícula empleada en oraciones interrogativas absolutas (las que piden una respuesta afirmativa o negativa); precede inmediatamente al aux. o forma verbal conjugada)»; sí recoge aquí la breve información del Diccionario de bolsillo vasco-español y español-vasco de Azkue, que alude al citado prefijo del modo fortuito: «Al-, acaso. Etorri alda? ¿acaso ha venido?». En resumen, nada claro ni explícito se dice sobre la etimología de ala.

Las dudas sobre la identidad o no de al y ala como interrogativas, que Michelena parece soslayar intencionadamente, quizá se deban a las diferencias geográficas y cronológicas de su documentación: al es «poco usual hasta mediados del s. xix, cuando comienza a ser bastante frecuente en textos vizcaínos y gral. en los guipuzcoanos. En el s. xx se documenta tbn. en algunos textos de autores septentrionales como Mirande o Mattin (115), o en autores alto-navarros como Inza (Azalp 7), Iraizoz (YKBiz 51) o Izeta (DirG 20)»; el supuesto ``derivado", en cambio, es muy anterior, pues «se documenta desde Leiçarraga en autores bajo-navarros y suletinos (tbn. en algún labortano moderno)».

Por su parte, Agud y Tovar desechan por inadmisible la suposición de Florentino Castro Guisasola38 del origen de ala en el latín vel, con pérdida de la v-, y consideran que «quizá pudiera pensarse en un derivado de al- (cf. suf. -ala (‘todo lo posible’). O es simplemente ala3 [‘así, de aquella manera’, formación sobre el demostrativo ar- más el sufijo de modo]»39. Añaden que Löpelmann40 le atribuye origen árabe: wa’illa ‘si no’, ár. vulg. willa ‘sino, o’.

No me resulta inteligible la propuesta de Trask, que dice literalmente: «presumably from *aLa, by P23», donde P23 hace referencia a la lenición de fortes, pero no explica en el diccionario qué es *aLa. Nada dice Morvan de ala, salvo constatar su origen oscuro.

Una vez repasadas las principales propuestas etimológicas, presentamos la nuestra. El doble valor de ala como nexo disyuntivo exclusivo y como partícula interrogativa, que parece suponer una dificultad para los estudiosos citados, es en realidad un fenómeno muy frecuente en las lenguas naturales, principalmente en las que poseen uno específicamente exclusivo41. Se halla en lenguas tan distintas como el alemán (oder ‘o’ como “question tag”), el maya yucateco42, las lenguas chádicas43 o el chino mandarín44.

Peter Siemund45 establece tres tipos de construcciones interrogativas en las lenguas naturales:

  • Interrogativas parciales (¿Quién viene?)

  • Interrogativas absolutas o polares (¿Vienes?)

  • Interrogativas disyuntivas o alternativas (¿Vienes o te quedas?)

y siete estrategias básicas de codificación:

  1. Entonación

  2. Partículas interrogativas

  3. “Question tags”

  4. Construcciones disyuntivas

  5. Orden de palabras

  6. Flexión verbal

  7. Palabras interrogativas

Vemos, pues, que la disyunción —sola o en combinación con otras estrategias— es una manera habitual de codificar la interrogación. De hecho, puede decirse que toda interrogativa polar implica una disyunción, ya sea implícita o explícita, en la que el segundo miembro es la negación del primero:

¿Vienes? = ¿Vienes o no (vienes)?46

Pero si el castellano necesita el adverbio ``no" como segundo miembro, a otras lenguas les basta el marcador disyuntivo, como en el maya yucateco47, en el que la frase con un solo elemento seguido de wáa ‘o’ se interpreta necesariamente como una pregunta absoluta. Como dice AnderBois, «polar questions in Yukatek Maya are in fact elliptical alternative questions with wáa performing the ‘or’ role as it does in ordinary disjunctions». Lo mismo ocurre con las lenguas chádicas, como el hausa, que emplea el coordinador disyuntivo ko ‘o’ al final de la frase como marca de una interrogativa polar48.

Por otra parte, y siguiendo con el ejemplo castellano, ¿Vienes o no? podría parafrasearse por algo así como ¿Vienes o vas a hacer cualquier otra cosa distinta, que sea lo que sea significará que no vienes?, lo que pone de manifiesto la equivalencia entre negación y alteridad en este contexto interrogativo disyuntivo, alteridad que, no hace falta decirlo, es intrínseca al concepto mismo de disyunción.

Y así llegamos a la palabra que consideramos posible étimo del vasco ala. Si hay un elemento latino-románico que signifique alteridad por antonomasia ese es el latín alius, -a, -ud ‘otro’, cuyo neutro aliud ‘otra cosa’, evolucionado a alid, tuvo resultados en la mayoría de las lenguas romances, formas ahora desaparecidas pero que gozaron de gran vitalidad durante la Edad Media: castellano al, portugués al, catalán als, provenzal al, francés el, occitano al(s)... No solo las románicas, también muchas lenguas germánicas las reciben a través del protogermánico *aljo, conservándose en varias de ellas en la actualidad: gótico aljis, inglés antiguo elles > else, alto alemán elles-alles, sueco antiguo äljes > eljest, danés eller. El caso del danés es especialmente significativo para lo que aquí se propone, porque eller es el nexo disyuntivo ‘o’49. Resulta perfectamente plausible, pues, que el vasco tomara prestada la forma del castellano al ‘otra cosa, lo otro, lo restante’, a la que en el proceso de gramaticalización se le añadiría el afijo -a, quizá el interrogativo vasco que defendía Azkue (pero ahora aplicado a una base inicialmente léxica y no a un prefijo), o quizá el mismo afijo de eta (incluso, por simple analogía con el coordinador conjuntivo). Como decía al comienzo del trabajo, es esta una cuestión que escapa por completo a mi competencia.

A modo de conclusión

La propuesta aquí presentada defiende que los tres coordinadores vascos más generales, el conjuntivo eta y los disyuntivos edo y ala, son préstamos de origen latino-románico, el primero introducido cuando la lengua de contacto era todavía el latín (ya fuera a un lado o a otro de los Pirineos), y los otros dos, cuando la variedad era ya el romance. Entre las dos disyuntivas también se puede suponer una distancia temporal, siendo edo anterior a la adopción de ala. La sucesión de hechos sería, pues:

  1. Euskera eta < lat. et + eusk. a, en un momento en el que la lengua de contacto era aún el latín (ya fuera el vascuence lengua hablada a ambos lados de los Pirineos o solo al norte).

  2. Euskera edo < cast. *edo (> do tras aféresis) < lat. et aut, préstamo que podría haber sido tomado a finales de la Alta Edad Media o en el tránsito a la Baja (ss. x-xii).

  3. Euskera ala < cast. al (< latín ali(u)d) + eusk. a, que posiblemente entrara a lo largo de la Baja Edad Media.

A esta cronología orientativa apunta el hecho de que el do castellano no debió de sobrepasar el siglo xiii en el norte burgalés, único lugar donde se ha documentado; al, en cambio, se documenta, y con gran vitalidad, desde el siglo xii al xvii. En cuanto al afijo -a de ala, podría tratarse del morfema interrogativo, aunque la simple analogía con eta también podría explicarlo50.

El orden cronológico expuesto concuerda con la jerarquía de prominencia de los coordinadores en las lenguas naturales, ‘and’ > ‘or’ > ‘but’, que ofrecen autores como Haspelmath u Ohori en los trabajos anteriormente citados. En la mencionada escala, el nexo ‘and’ es el más frecuente por expresar la relación más básica y general, lo que hace que muchas lenguas que tienen mecanismos propios para ‘and’ no los tengan para las otras relaciones semánticas. Esta jerarquía es necesariamente la inversa a la de los préstamos de estos mismos elementos, ‘but’ > ‘or’ > ‘and’, como demuestra Yaron Matras en los trabajos citados en la nota 21, lo que se traduce en que en situaciones de bilingüismo, las lenguas que ya poseen partículas propias son más propensas a adoptar ‘or’ que ‘and’, este último mucho más estable, mientras que las que en principio no utilizan palabras para marcar las relaciones de coordinación, tomarán primero ‘and’ y posteriormente ‘or’. Ilustra lo expuesto con los dialectos del romaní, que siempre toman prestado ‘but’ de las lenguas con las que mantienen un contacto contemporáneo o reciente (por ejemplo, eslavo no, po and ali/ale, húngaro de, turco ama, griego ala, alemán aber); muchos dialectos romaníes toman también ‘or’ y ‘and’, pero “are sometimes retained from an older contact language”51.

La cronología de los préstamos llegados al euskera apuntaría a esta misma evolución desde un estado lingüístico en el que la coordinación se expresaría mediante mecanismos no léxicos, de acuerdo con lo observado hoy en numerosas lenguas naturales, lo que hizo que primeramente tomara prestado et cuando la lengua de contacto era todavía el latín.

Por otra parte, el hecho de que el vasco posea, junto al coordinador disyuntivo general, otro específico para el valor exclusivo ha de entenderse como un proceso divergente respecto al castellano y demás lenguas románicas, que recorrieron el camino contrario al reducir el elenco de partículas latinas a una sola, aut. En consecuencia, a la hora de buscar una partícula para la expresión de la disyunción exclusiva, el euskera pudo tomar del romance el elemento que mejor expresaba la idea de alteridad, al, aunque en la lengua de origen no se empleara como coordinador. No sería un caso aislado, porque el danés también adoptó el derivado del latín aliud, eller, como nexo disyuntivo.

Como decía al comienzo del trabajo, el desarrollo completo de esta hipótesis necesitará de su aceptación por parte de especialistas en euskera, y aunque puedan proponerse serias etimologías que no busquen en el préstamo lingüístico el origen de estos coordinadores, espero que los argumentos presentados en estas páginas se juzguen suficientes como para tomar en consideración una propuesta que ofrece una explicación coherente para el sistema básico de la coordinación sintáctica en la lengua vasca.

María Jesús Torrens Álvarez

Instituto de Lengua, Literatura y Antropología-CSIC


* Este trabajo se ha desarrollado en el marco del proyecto de investigación FFI2012-36813 del Ministerio de Economía y Competitividad. Una versión preliminar fue presentada en las IV Jornadas vascorrománicas (Bilbao, noviembre de 2013).

  1. Alfredo Trombetti, Le origini della lingua basca, Memorie della Reale Accademia delle Scienze dell’Istituto di Bologna. Bologna, 1925 [Le origini della lingua basca, con le postille autografe dell’autore, reimpr. con introd. de C. Tagliavini, A. Forni, 1966].

  2. También las discrepancias y las críticas entre autores consagrados son de sobra conocidas. Recordemos la queja de Michelena («El elemento latino-románico en la lengua vasca», Fontes Linguae Vasconum, 6, 1974, págs. 183-209) sobre Schuchardt, «cuya autoridad, más indiscutible acaso en este campo que en otros, ha tenido un peso no siempre justificado. De ahí que ciertas etimologías, de corrección muy problemática, sigan pasando de publicación en publicación en calidad de hechos probados» (pág. 186).

  3. En este caso no hago sino adscribirme a la corriente mayoritaria de vascólogos que consideran el latín et el étimo más probable (v. i.).

  4. Marianne Mithun, «The Grammaticalization of Coordination», Clause Combining in Grammar and Discourse, John Haiman y Sandra A. Thompson (eds.), John Benjamins Publishing Company, 1988, págs. 331-360, concretamente, pág. 331.

  5. Janne Bondi Johannessen, Coordination, Oxford, Oxford University Press, 1998.

  6. Sigo la terminología general de la bibliografía teórica consultada, por lo que, frente a la tradición española, empleo “conjuntivo” como sinónimo de “copulativo”, y evito “conjunción” para referirme a la categoría gramatical o clase de palabras.

  7. Toshio Ohori, Coordination in Mentalese, Martin Haspelmath (ed.), Coordinating constructions, Amsterdam, John Benjamins, 2004, págs. 41-66, en especial págs. 56-59.

  8. Martin Haspelmath, «Coordinating constructions. An overview», Coordinating constructions, Amsterdam, John Benjamins, 2004, págs. 3-40, concretamente, pág. 27.

  9. Caterina Mauri, Coordination relations in the languages of Europe and beyond, Berlin / New York, Mouton de Gruyter, 2008, págs. 163-170.

  10. [nt:16:10]Se tratan con algo más de profundidad en María Jesús Torrens Álvarez, «Los coordinadores disyuntivos latín et aut > castellano (e)do > vasco edo: una historia inadvertida», Zeitschrift für romanische Philologie, 130, 3, 2014, 671-697, donde se llama la atención sobre los problemas derivados de las formulaciones dicotómicas y se propone un modelo semántico escalar que incluya tanto la coordinación conjuntiva como la disyuntiva (§ 1), y donde se ofrecen datos cuantitativos del uso de vel y aut en latín (§ 2).

  11. Para conocer esta polémica, resultan imprescindibles los trabajos de Fernando González Ollé, «Navarra, Romania emersa y ¿Romania submersa?», Aemilianense, i, 2004, págs. 225-270, y el más reciente de Joseba Abaitua Odriozola y M. Unzueta Portilla, «Ponderación bibliográfica en historiografía lingüística. El caso de la ‘vasconización tardía’», Oihenart, 26, 2011, págs. 5-26. Estos autores señalan que los defensores de la vasconización tardía son en su mayor parte ``externos“ al País Vasco y Navarra, mientras que los ``internos” suelen ser partidarios de la antigüedad del euskera.

  12. De González Ollé, véase la referencia citada en la nota anterior, en la que propone una Romania submersa, cuna de la emersa, esto es, el dialecto románico navarro; de María Teresa Echenique Elizondo véanse Historia lingüística vasco-románica, Madrid, Paraninfo, 1987 [1983]; «El romance en territorio euskaldún», Lengua y Literatura románica en torno al Pirineo, San Sebastián, 1986, págs. 151-169; «Vascorrománica: el romance autóctono del País Vasco», Actas del I Congreso de Dialectología Vasca, San Sebastián, Diputación Foral de Guipúzcoa, 1995, págs. 161-172; y trabajos posteriores. En «Dialectos románicos y dialectos vascos en contacto en la protohistoria hispánica», Aemilianense, iii, 2013, págs. 23-45, propone el posible «solapamiento de uno o dos procesos de dialectalización, a saber, el proceso latino de fragmentación y posiblemente también el del euskera» (pág. 35).

  13. Recordemos además que importantes características del castellano se han atribuido al contacto con el vasco, hasta el punto de que algunos autores consideran que el castellano «es, en el fondo, un latín vasconizado, un latín que fueron creando gentes eusquéricas romanizadas» (Emilio Alarcos Llorach, El español, lengua milenaria (y otros escritos castellanos), Madrid, Ámbito, 1982, pág. 13); son también varios los trabajos dedicados por Ángel López García a desarrollar esta hipótesis.

  14. Carmen Saralegui Platero, «Notas para la identificación de dos tipos de romance en Navarra», Oihenart, 21, 2006, págs. 453-465.

  15. Bruno Camus Bergareche y Sara Gómez Seibane, «Introducción: El castellano del País Vasco», El castellano del País Vasco. Bilbao, UPV/EHU, 2012, págs. 1-17.

  16. Emiliana Ramos Remedios, «Sobre una lengua romance patrimonial en Álava (siglos v al xi)», Anuario de Estudios Medievales, en prensa.

  17. Paul Hopper y Elizabeth Traugott, Grammaticalization, Cambridge, Cambridge University Press, 1993, págs. 209-221.

  18. Véase Edith Moravcsik, «Universals of language contact», Universals of Human Language, Joseph H. Greenberg (ed.), Stanford, Stanford University Press, 1978, págs. 94-122; o Sara G. Thomason y Terrence Kaufman, Language Contact, Creolization and Genetic Linguistics, Berkeley, University of California Press, 1988.

  19. Del latín al euskera, Bilbao, Universidad de Deusto, 2009.

  20. Language Contact..., op. cit., págs. 74-75.

  21. Yaron Matras, «Utterance modifiers and universals of grammatical borrowing», Linguistics, 36, 1998, págs. 281-331; «Universals of structural borrowing», Peter Siemund (ed.), Linguistic universals and language variation, Berlin, Walter de Gruyter, 2011, págs. 204-236.

  22. «The Grammaticalization of coordination», op. cit., págs. 351-352.

  23. Diversos casos de influencia latino-románica en la morfología del vasco han sido estudiados por Fernando Domene Verdú en trabajos como «La influencia tardo-latina en la lengua vasca: el origen tardo-latino de la estructura morfológica verbal analítica vasca a través de los verbos aditu y sortu», Revista Española de Lingüística, 40/1, 2010, págs. 49-72, o «La influencia latino-románica en la estructura morfológica nominal de la lengua vasca», Revista de Filología Española, 94/1, 2014, págs. 57-86.

  24. Joseba A. Lakarra, «Hacia un nuevo paradigma etimológico vasco: forma canónica, filología y reconstrucción», ASJU, xxxvii-i, 2003, págs. 261-391.

  25. Joseba A. Lakarra, «Protovasco, munda y otros: reconstrucción interna y tipología holística diacrónica», Oihenart, 21, 2006, págs. 229-322, cita de la pág. 263, n. 60.

  26. Véase, por ejemplo, August Fenk y Gertraud Fenk-Oczlon, «Within-Sentence Distribution and Retention of Content Words and Function Words», Peter Grzybek (ed.), Contributions to de Science of Text and Language. Word Length Studies and Related Issues, Springer, 2007, págs. 157-170, concretamente pág. 160.

  27. Remito a estos autores para las abreviaturas y la bibliografía citada.

  28. La equivalencia sintáctica (que no necesariamente formal) de los miembros coordinados no implica siempre equivalencia semántica (Jesús Sánchez Martínez, Morfosintaxis latina coordinativa: la coordinación como criterio de análisis gramatical en Tácito, Murcia, Universidad, 2000, págs. 30-38). Sobre los valores subordinantes de lat. et, véase Harm Pinkster, Sintaxis y semántica del latín, Madrid, Ediciones clásicas, 1995, pág. 39, entre otros.

  29. Max W. Wheeler (ed. para la publicación en web), University of Sussex, 2008.

  30. Dictionnaire étymologique basque en français-espagnol-anglais. Internet/ Lexilogos, 2009-2012, projetbabel.org/basque/dictionnaire.php.

  31. Morfología vasca (Gramática básica dialectal del Euskera), 2 vols., Bilbao, Editorial La gran enciclopedia vasca, 1969 [1923-1925], § 716.

  32. Sobre el pasado de la lengua vasca, Auñamendi, 1964, pág. 129.

  33. Etymologisches Wörterbuch der baskischen Sprache, Berlin, Walter de Gruyter, 1968.

  34. V. nota [nt:16:10].

  35. et vel, igualmente disyuntivo, y otras muchas formaciones ampliamente documentadas y descritas en la bibliografía, en las que et se une a otro conector o adverbio como refuerzo.

  36. Michelena, «El elemento latino-románico en la lengua vasca», op. cit., págs. 192-193.

  37. Morfología vasca (Gramática básica dialectal del Euskera), op. cit. , § 716.

  38. [nt:16:37]El enigma del vascuence ante las lenguas indoeuropeas, S. Aguirre impresor, 1944, pág. 171.

  39. La información entre corchetes es nuestra.

  40. Etymologisches Wörterbuch der baskischen Sprache, Berlin, Walter de Gruyter, 1968.

  41. Véase, entre otros, Bernd Heine y Tania Kuteva, Lexicon of Grammaticalization, Cambridge, Cambridge University Press, 2002, págs. 226-227; o Caterina Mauri, «Conjunctive, disjunctive and adversative constructions in Europe: Some areal considerations», Paolo Ramat and Elisa Roma (eds.), Europe and the Mediterranean as Linguistic Areas. Convergencies from a historical and typological perspective, John Benjamins, 2007, pág. 201.

  42. Scott AnderBois, «Disjunction and Polar Questions in Yukatek Maya», Society for the Study of the Indigenous Languages of the Americas (SSILA) Annual Meeting, 2009.

  43. Andreas Haida, «Disjunction and Interrogativity: Yes/No-Questions Disjunctions in Chadic», Focus on Discourse and Context-dependence & DIP Colloquium, University of Amsterdam, 2009.

  44. Charles N. Li y Sandra A. Thompson, Mandarin Chinese: a Functional Reference Grammar, Berkeley, University of California Press, 1981; Eden Sum-hung Li, A Systemic Functional Grammar of Chinese, New York, Continuum International Publishing Group, 2007.

  45. «Interrogative constructions», Martin Haspelmath et al. (eds.), Language typology and language universals: and international handbook, Belin/ New York, Walter de Gruyter, 2001, vol. 2, págs. 1010-1027.

  46. Existe entre ellas, como ya señaló para el inglés Dwight Bolinger, «Asking more than one thing at a time», Henry Hiz (ed.), Questions, Dordrecht, Reidel, 1978, págs. 107-150, diferencias de naturaleza pragmática o implicacional.

  47. AnderBois, «Disjunction and Polar Questions in Yukatek Maya», op. cit.

  48. Haida, «Disjunction and Interrogativity: Yes/No-Questions Disjunctions in Chadic», op. cit.

  49. V. Ordbog over det danske Sprog (historisk ordbog 1700-1950), 1918-1946, versión electrónica desde 2005 en ordnet.dk/ods.

  50. Recuerdo aquí que los vascólogos partidarios de la etimología eta < lat. et no dicen nada sobre la naturaleza del afijo vasco.

  51. Matras, «Universals of structural borrowing», op. cit., pág. 217.

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