El vocabulario manuscrito del Arte para fabricar naos de Tomé Cano

EL VOCABULARIO MANUSCRITO
DEL ARTE PARA FABRICAR NAOS
DE TOMÉ CANO *


Boletín de la Real Academia Española
[BRAE · Tomo XCV · Cuaderno CCCXII · Julio-Diciembre de 2015]
http://revistas.rae.es/brae/article/view/51

Resumen: Este trabajo vuelve sobre el Arte para fabricar, fortificar, y apareiar naos de gverra, y merchante de Tomé Cano. Es uno de los más antiguos tratados sobre la construcción naval, todos ellos españoles. En la primera parte, se analizan los datos biográficos que disponemos sobre el autor, y el contenido del vocabulario de voces específicas que puso en su interior. En la segunda parte, se da cuenta del hallazgo del manuscrito de la obra, del que nadie había hablado hasta ahora. Se edita el vocabulario, al que le falta una hoja, y se examina el resto para buscar datos que contribuyan a saber el momento de su redacción, y aportar nuevos datos biográficos del autor.

Palabras clave: léxico marinero; construcción naval; lexicología y lexicografía del siglo xvii.

THE HAND-WRITTEN VOCABULARY OF TOMÉ CANO'S ARTE PARA FABRICAR NAOS

Abstract: This study retraces Tomé Cano's Arte para fabricar, fortificar, y apareiar naos de gverra, y merchante, a text that is among the oldest treatises on shipbuilding, all of which are Spanish. The first part analyses the biographical information available on the author and the content of the vocabulary of specific terms that he included within the text. The second part describes the discovery of the text's manuscript, of which nobody had spoken until now. The vocabulary, of which one page is missing, is published, and the rest is examined to search for information that may contribute to establishing the time of writing, and provide new biographical information on the author.

Keywords: nautical lexicon; shipbuilding; lexicology and lexicography of the seventeenth century.


El desarrollo, a finales de la Edad Media, de las navegaciones por el Mediterráneo, primero, y después por los océanos abiertos, en la época de los descubrimientos, trajo consigo notables cambios en todo lo concerniente a la navegación, no solamente por las condiciones que imponían los nuevos mares nunca antes surcados por los europeos (piénsese en el memorable primer viaje alrededor del globo, para demostrar que lo era1) y las necesidades de orientación cuando se perdían los referentes conocidos en el Viejo Mundo, sino también en la construcción de naves con las que afrontar con un mínimo de garantías las necesidades surgidas; en las embarcaciones mercantes fueron las propias del aumento del tamaño y capacidad para transportar tanto los víveres necesarios a bordo para travesías de larga duración, como para cargar las mercaderías que se buscaban, así como las personas de todas las clases, condiciones y oficios que subían a bordo. En definitiva, había que hacer embarcaciones más ligeras y maniobrables, más resistentes, y que pudiesen llevar una carga suficiente. Los diseños fueron también nuevos en los barcos de guerra que habían de defender las nuevas tierras descubiertas y proteger las rutas que seguían las naos mercantes, que no siempre eran tan secretas como se pretendía. Aparecieron aparejos mayores, y más versátiles que los conocidos, que obligaban a hacer más fuerte la estructura de la embarcación, con unos conceptos y proporciones hasta entonces desconocidos. Habían surgido nuevos retos y eran necesarios nuevos elementos para afrontarlos. Es una historia bien conocida en la que no voy a adentrarme más, aunque apasionante para quien tenga el más mínimo interés por el avance en las técnicas de construcción naval, en las que despuntaban los portugueses y los maestros del norte de España, y las condiciones en que se alcanzaban los confines conocidos de la tierra (del mar), y se sobrepasaban.

No es de extrañar, pues, que se difundieran los nuevos procedimientos y que se diera cuenta de ellos en libros impresos para llegar al mayor número posible de personas. Se ha repetido unas cuantas veces que los primeros tratados para construir naos que se publicaron fueron, precisamente, españoles. Ello es tanto más significativo por cuanto el primero, la Instrvción návthica de Diego García de Palacio (ca. 1545-1595), se imprimió en Méjico en 15872, no a este otro lado del Atlántico, mientras que el segundo fueron las Ordenanzas de fábricas de navíos de Felipe III (1578-1621, rey en 1598), de 1607, con las que se pretendía dar las pautas necesarias para esta construcción, y que las embarcaciones pudiesen ser aprovechadas para el uso militar, además de fijar la longitud del codo. La tercera de estas obras es de la que voy a hablar.

Con las nuevas técnicas de ingeniería naval hubo de desarrollarse un vocabulario específico, recogido en no pocos repertorios, la mayor parte de ellos conservados manuscritos hasta nuestros días. Unos acompañaban a los escritos de construcción de barcos, y otros a obras diferentes3. Este léxico ha permanecido prácticamente oculto hasta nuestros días en que Lidio Nieto ha recopilado lo que había en los repertorios específicos hasta 17724, en total doce, precediéndolos de una breve presentación y análisis de su contenido con el fin de establecer las relaciones entre ellos5.

Dentro de este panorama ocupa un lugar importante el Arte para fabricar, fortificar, y apareiar naos de gverra, y merchante de Tomé Cano6, del que hace medio siglo preparó una edición moderna Enrique Marco Dorta, con un importante prólogo7, y después han salido, que yo conozca, dos reproducciones facsimilares, sin estudios introductorios8. Por otro lado, disponemos de algunos trabajos sobre su contenido lingüístico, por el vocabulario que hay en su interior. Además de los párrafos que le dedicó Lidio Nieto en el trabajo que acabo de citar, hay que recordar los artículos de Carlos Alvar9 y de José Ramón Carriazo Ruiz10. No se puede decir, pues, que sea una obra desconocida.

Y tampoco resulta desconocido el autor, que era «capitán ordinario por el Rey Nuestro Señor» según se lee en la portada del libro. Alejandro Cioranescu11 dio noticia de algunos documentos con los que quedan claros su origen y estirpe, más tarde completados con otros aducidos por Marco Dorta en el prólogo de su edición recién citada. En la portada del Arte, Tomé Cano nos informa, igualmente, de que era de origen canario y estaba afincado en Sevilla. Su abuelo —llamado Alonso Cano— había llegado a Tenerife en la época de la conquista, asentándose en Garachico, cuyo puerto tuvo cierta importancia hasta que el 5 de mayo de 1706 una erupción volcánica lo cubrió, ganando terreno al mar y dejándolo inservible. Los dos hijos de ese Alonso Cano, uno Alonso y el otro Tomé, ya fueron pilotos de la carrera de Indias. Un hijo de este último es el Tomé Cano que nos interesa ahora, nacido en aquella población tinerfeña hacia 1545. Con muy pocos años, ya había comenzado a embarcarse, y cuando escribió el Arte hacía cuarenta años que había conseguido ser aprobado como piloto, como pone en boca de Gaspar al final del primer diálogo en un párrafo que merece toda la atención por los datos autobiográficos que aporta, incluida una referencia a su situación económica:

Preſtad paciencia, ſeñor Thomé, que no os emos de ſoltar la palabra, ni os avéys de encoger, y acortar en comunicarnos y enſeñarnos lo que también tenéys comprenhendido y experimentado en cincuenta y tres años que avéys Navegado, haziendo veynte y nueve Viajes a Indias, Gobernando vueſtras Naos y también las agenas, y ſiendo Piloto examinado demás de los quarenta a eſta parte. Coſa por cierto maravilloſa, y aun de notable felicidad ſi al cabo no os conociéramos tan ſin el temporal Premio que por ello ſe os deve, pues con dos, o tres Viajes se hazen otros mny [muy] ricos, ſi ya no es que confeſemos ſer mayor gloria el merecer una coſa, aunque no ſe posea, que no el alcançarla y poſeerla ſin merecerla.12

Teniendo en cuenta la aprobación del escribano Diego Barreda, de 22 de diciembre de 1608, la del ordinario, que lleva fecha de 14 de julio de 1609, la del escribano Esteban de Alduncín, de 21 de diciembre de de 1609, esas palabras nos dan a entender que se echó a la mar hacia 1556, y que la obtención del título de piloto debió ser hacia 1569, con 11 y 24 años, respectivamente, si aceptamos como buena la fecha de su nacimiento hacia 1545, siguiendo la documentación aducida por Marco Dorta13.

Fue nuestro Tomé Cano un consumado marinero y buen conocedor de su oficio. Cuando se publicó su Arte ya había hecho 29 viajes redondos —esto es, de ida y vuelta— en la carrera de Indias, a los que hemos de sumar uno más en 1612-1613; y todavía zarpó en una navegación más en 1616, en una flota en la que iba otro Tomé Cano, su hijo, cuya nao naufragó en el Caribe, sin que sepamos si logró salvarse. De todos modos, nuestro capitán regresó a Sevilla en 161714. Contaba para entonces con más de setenta años, edad ya avanzada para la época. Si a todas esas navegaciones sumamos las que realizó entre la Península y Canarias, y por el norte de España, nos daremos cuenta de su indudable vocación marinera, y de la buena salud de que debía gozar para poder afrontar las incomodidades de tantos viajes.

De este modo se hizo con un gran prestigio, fue diputado de la Universidad de Mareantes de Sevilla, y lo que ello podía conllevar: «[...] en Madrid, donde aſiſtí algunos meſes como diputado de la vniverſidad de los Mareantes, y, en nombre de ella en los consejos de Guerra y de Yndias [...]»15. Además, fue requerido para dictar algún informe técnico16, como el que nos cuenta sobre una aguja mediante la cual se pudiese determinar la longitud, cuyo resultado fue negativo: «mi parecer fue con el de todos los demás, que lo que proponía [el que había ideado la aguja, un tal Fonseca17] no tenía ningún cierto ni verdadero fundamento, como realmente no le tiene y se vido en las experiencias que ſobre el caſo ſe hizieron»18. Y también realizó un informe sobre el viaje al extremo de América del Sur que pretendían realizar los hermanos Nodal, Gonzalo (1569-1622) y Bartolomé (1574-1622) García de Nodal, marineros pontevedreses, para reconocer el estrecho de Le Maire, descubierto por Jacob Le Maire (1585-1616) y Willem Corneliszoon Schouten (1580-1625), holandeses19, en la expedición que habían realizado entre 1615 y 161720. El reconocimiento de los españoles se realizó entre 1618 y 161921. Quiere esto decir que cuando Tomé Cano no estaba en la mar andaba entre Sevilla, de donde era vecino, en el barrio de Triana, y Madrid. De él no se tienen noticias después de 1618, año en que se realizó el informe sobre el viaje de los Nodal.

Sus numerosas travesías debieron dejarle algo de dinero, pues en un momento de su vida compartió la propiedad de una nave, para después ser dueño de otras en solitario22, pese a las palabras aducidas antes.

Con el Arte de fabricar, fortificar y apareiar naos quería Tomé Cano difundir sus conocimientos adquiridos a lo largo de su fructífera experiencia, como explica en el comienzo de las palabras dirigidas «Al lector»:

Los grandes y muchos inconvenientes de la mala, tardía y peſſada Nauegación, con la pérdida de infinita hazienda y vidas de hombres, que ſuſcede y reſulta, Lector amigo, de no ser hechos ni fabricados los Nauíos con el deuido cuydado, Orden, Trabazón, Fortaleza, Cuenta, Regla y Medida que es neceſſaria y conueniente, a lebantado mi ánimo a inquirir y procurar el remedio que en esto puede auer conforme a la facultad de los Hombres y sus humanas fuerças, y, aſsí, por el cuydado e intelligencia que en ello e pueſto, aduiertiendo las mañas, conſiderando los ſiniestros, y mirando las faltas de las Naos que dependen y ſe cauſan de ſer mal fabricadas ſegún la experiencia adquirida en el largo tiempo, muchos viajes y varias Nauegaciones que e hecho. Hize memoria, y puſe en eſcripto y por relación lo más que en ello e experimentado y podido alcançar.

La forma que eligió Tomé Cano para su exposición fue la del diálogo, otros tratados, en el que intervienen tres personajes que charlan mientras descienden embarcados en una lancha por el Guadalquivir cuando «[...] en la Igleſia mayor ſe toca la Campana del Alva, y ella ſe nos viene entrando y aclarando el día con tiempo bonancible y asentado [...]»23, y hablando plácidamente de aquello que conocen bien. En la lancha bajaban Thomé (el autor) y Gaspar, que dan alcance a una pinaza en la que va Leonardo, a quien Thomé pide subir a la lancha, y así entablar la conversación hasta el sitio de los Pajares, donde tienen sus naos aprestándose para una próxima travesía. Regresan ya tarde, y Leonardo y Thomé acompañan hasta la puerta de su casa a Gaspar, el de mayor edad, donde se despiden y termina la obra.

De Thomé, Tomé Cano, ya he hablado. A los otros dos personajes los identifica Marco Dorta24 como Gaspar de los Reyes, maestre de la carrera de Indias, y como Leonardo de Ayala, receptor de averías de la Casa de Contratación, en cuyo barco San Fulgencio iba Tomé Cano, el hijo, cuando naufragó en el Caribe.

El contenido del texto se reparte en cuatro diálogos. El primero es más de carácter histórico, pues en él se hace un recorrido por la navegación, por los mejores barcos, para hablar de los mejores constructores, que son los portugueses y los vizcaínos, y de los más grandes marineros, que son los españoles y los portugueses, pues

Aunque más ſe tengan y cuenten los Italianos por marineros, ſonlo tan ſolamente para ſu mar de Italia, y aſsí no ſe pueden ygualar, ni aun contar por marineros delante de los Eſpañoles que lo ſon, porque de más que no tienen curſo ni aun curioſidad en el marear, no ſon marineros de altura, ni navegan por regla, ni cuenta, que por ſer ſus navegaciones cortas no tienen neceſsidad de ſciencia, ni de conmunicarſe con el Sol, Luna, y Eſtrellas, ni de vſar de otras reglas convenientes a la navegación, de que vſan, y eſtán muy dieſtros los marineros Eſpañoles, Portugueſes y Andaluzes con particular primor y excelencia ſobre todas las naciones del mundo. Las de los Franceſes, Ingleſes, y Olandeſes pueden hablar en eſta materia mejor que ellos, y aun eſtos ſon marineros de ayer acá, y lo que ſaben lo deven a los Portugueſes, que los an inſtruydo, y ſacado a navegar en alta Mar y en Provincias remotas.25

En el segundo diálogo hace referencia a los defectos que tienen muchas naos, y cómo habría que fortificarlas (hacerlas resistentes), dando las proporciones adecuadas, sin escatimar elogios a la nueva traza de Juan de Veas26, maestro mayor de las fábricas reales, quien había examinado la obra —como se hace constar en la aprobación de Estevan de Alduncín—, y autor también de otro tratado de la materia que no nos ha llegado27. El tercero trata de los arqueos que deben tener las naves, diferentes en las mercantes y en las de guerra, causa de los perjuicios que sufrían los armadores cuando la Corona las embargaba para sus necesidades militares, y los consiguientes males, de los que se queja nuestro marino al final del diálogo, proponiendo que el rey ordene la construcción de embarcaciones propias para la armada, a la par que reclama una mayor consideración para las gentes de mar, y quienes arriesgan su fortuna en los barcos y el comercio marítimo:

[...] eſte Arte y eſta Occupación, tan neceſſaria y probechosa, a llegado a tal eſtado que ya ſe tiene por negocio de afrenta o de menos precio el ſer los Hombres Marineros, dándoſelo por Baldón y tratando a los que tienen Naos los Miniſtros Reales muchas vezes no como devían ſer tratados Hombres tan importantes y neceſſarios, ſobre quitalles sus Haziendas. Por lo qual los Hombres cuerdos de la Navegación y Mareaje ſe an dexado de ello, retirándoſe a ſer Mercaderes, o a labrar el Campo, por librarſe de tales inconvenientes y trabajos, de manera que por todas vías ſe van menoſcabando en el Reyno ſus Vageles y ſus tan vtiles, probechosos y convenientes Hombres de la Mar. Inconveniente en que ſe deve mucho reparar como materia de Eſtado, y de grave ymportancia, echando de ver y conſiderando quán al contrario corre oy eſto, y a corrido ſiempre en Francia, en Italia, en Flandes, en Ingalaterra, Dinamarca, Alemania, Noruega, Partes Setentrionales, y aun en el Imperio de los Turcos, acrecentando el trato de la Mar y de ſus Hombres con particulares Fabores, Premios, Honrras, Gracias y Eſtimación, preciándoſe de ella los Nobles y Gente más principal, que se emplean en tratar de las Fábricas, y en poner en ellas las manos, y en el Curſo de la Navegación las Perſonas, con grande Augmento de ſus Repúblicas. Lo qual quiera Dios que en la nueſtra ſe advierta, conſidere, y ſe le ponga remedio antes que venga a no tenerle y que alguna repentina y forçoza neceſsidad nos fatigue [...].28

Poco antes se había quejado con amargura de la decadencia de nuestra flota, y sus palabras no son muy optimistas. Las copio íntegras por lo significativas que resultan:

De tales cauſas, los efectos que también ſon que queda tan eſcarmentado, amedrentado, y apurado, que ni quiere más comprar Nao ni aun oýr ni ver coſa de Nao. Y que eſto ſea verdad no nos lo negarán los que aora veynte y cinco años conocieron y vieron en España más de mill Naos de Alto Bordo de particulares de ella, que en ſolo Viſcaya avía más de dozientas Naos, que Navegavan a Terranova por Ballena y Bacallao, y también a Flandes con Lanas; y agora no ay ni aun una. En Galizia, Aſturias y Montañas, avía más de dozientos Pataxes, que Navegavan a Flandes, Francia, Ingalaterra y Andaluzía, traginando en ſus Tratos y Mercadurías, y agora no parece ninguno. En Portugal ſiempre huvo más de quatrocientas Naos de Alto Bordo, y de mill y quinientas Carabelas y Carabelones, entre las quales Velas pudo el Rey don Sebaſtián ſacar, y juntar ſin valerſe de las de otras partes, para la infelix Iornada que hizo a África, ochocientas y treynta Velas, quedando proveýdas ſus Navegaciones de la India, Santhomé, Braſil, Caboverde, Guinea, Terranoua y otras diversas partes, no hallándoſe agora apenas vna ſola Nao de Particulares en todo aquel Reyno, ſino algunas Carabelas de poca conſideración. En el Andaluzía teníamos más de quatrocienas Naos, que más de las duzientas Navegavan a la Nueva Eſpaña, y Tierra Firme, Honduras, e Iſlas de Varlovento, donde en vna Flota yvan ſeſenta y ſetenta Naos. Y las otras duzientas Navegavan por Canarias a las meſmas Indias, a ſus iſlas y otras Navegaciones, cargadas de Vinos, y Mercadurías, con grande vtilidad y acrecentamiento de la Real Hazienda, y ſus muchos Derechos y con mayor beneficio de todos ſus Vaſallos. E ya (coſa cierto digníſsima de grave ſentimiento) todo ſe a apurado y acabado como ſi de propóſito ſe huvieran pueſto a ello, lo qual a nacido de los daños de los Dueños de las Naos, que ſe an repreſentado, cauſados de los perjudiciales e ymportunos embargos que ſe an hecho y hazen. Siendo lo peor, y que demanda grande conſideración, y aun reparo muy breve, que todo el aprobechamiento a venido a parar (dentro de Eſpaña y aun fuera della) en los de Naciones Eſtrangeras, que con ſus libres, ſueltos, y muchos Nabíos, en que por falta de los nueſtros an crecido más, Corren, Navegan, Sulcan, y andan por todos los Mares, y por todos los Puertos de Eſpaña, y mayor parte del Mundo libremente, y no tan atados a vna Flota de cada año, y a una ſola Carrera, en que eſtamos reduzidos con tan apretado Trato, y Navegación peligroſa de Coſſarios, y continuos Enemigos, tan poderoſos, tan engroſſados, y enriquecidos de los Fructos y Theſoros de Eſpaña, que ellos ſolos tratan, ſacan, y eſtiran de ella con mayor Sed, que la Sanguiſuela ſaca la Sangre de las Venas. Materia larga, ymportantíſsima para mayor ſubjecto que el mío, como de otros muchos ſe entiende la an repreſentado y repreſentan con zelo fidelíſsimo y con deſſeo de que ſe mire y ſe remedie antes de llegar a lo vltimo del ympoſsible.29

En el cuarto diálogo regresan los tres amigos a Sevilla, y no escatiman elogios a la belleza de los parajes que se ven desde el río Guadalquivir, comparándolos con los más famosos jardines. Y ya acercándose al destino, aprovechando la subida de la marea, comentan las ideas de Juan de Veas para construir los barcos. A continuación de lo cual Leonardo pide a Thomé que le declare las voces de esta traza, lo cual hace gustosamente, poniéndolas por orden alfabético. Termina el libro con la despedida de los personajes.

A lo largo de todos los diálogos, Tomé Cano demuestra ser una persona cultivada con conocimientos abundantes no solamente sobre lo concerniente a su profesión, sino también sobre historia e historia sagrada, con frecuentes citas de autores clásicos. La narración es amena, salvo cuando se tratan los aspectos técnicos, evidentemente, y la prosa es fluida y nada engolada.

Para Tomé Cano, los barcos son como seres vivos, pues tienen gran parecido con el hombre y con los animales, sintiéndose el marinero plenamente compenetrado con ellos. Lo dice él, que tanto tiempo pasó a bordo de diferentes embarcaciones, en distintos mares:

Mucha es en eſſo la ſimilitud que la Nao viene a tener con el Hombre, que tiene y encierra en ſí todas las coſas del vniverſo como Mundo abreviado, ſegún que aſsí es llamado de los Sabios y Philósophos, entendiéndoſe eſto quando ya la tal Nao, ſiendo acabada de todas sus obras, es Navegable y pueſta a la vela, enſeñoreándoſe de el Mar. Y aun en el principio y primera forma que ſe le da, y ſobre que ſe aſienta y levanta toda ſu Fábrica dende la Quilla, que corre el largo del Navío en lo baxo, y por el Través, que es la Manga, tiene grande ſimilitud con la Forma y Compoſición del hombre, en lo que ſe le cría primero con el Eſpinazo, que es a manera de la Quilla, y en el Plan, que ſaliendo de él hazen las Coſtillas, dende a donde con admirable orden se haze y cierra el cuerpo de el hombre, cuyas piernas dizen que quando nada en el agua, ſon ſemejantes en el gobierno del nadar a la Popa y Timón del Navío, el qual, aunque es de Madera, tiene, y tienen todos los Navíos, tal condición como ſi fueſſen animales que tuvieſen espíritu ſenſitivo, rigiéndoſe con el Timón como el Caballo con el Freno, con que el Ginete le corrige ſiendo duro o blando de boca, haziéndole por eſſo el freno que le conviene.30

Estaba convencido de la importancia que tenía la marina, y dice, aunque esta vez por boca de Gaspar:

Y por concluyr eſta materia en que ſe pudieran dezir coſas muchas, y de grande conſideración, bien ſabido negocio es que el Rey, Príncipe o Monarcha que fuere más poderoſo en Naos y en ſus Armadas con las de otros baxeles, eſſe eſtará más ſeguro en ſu Reyno, y con mayor diſpoſición y aparejo para conquiſtar y hazerſe ſeñor de los agenos. Porque ſiéndolo del Mar lo ſerá por el conſiguiente de la tierra, baſtando a darle vna ſuprema y glorioſa victoria el vencimiento de vna poderoſa Batalla Naval, qual lo fue aquella tan célebre, memorable y aun milagrosa, que ſobre Lepanto tubo contra la grueſa Armada del Turco la de la Sancta Liga, de que fue ſupremo General el Señor Don Iuan de Auſtria, hijo de nueſtro Invicto Emperador Carlos Quinto, aunque no ſe gozó de los buenos efectos que de ella ſe moſtraron, y ſe pudieran tener, ſi la diſcordia y deſconfiança con la embidia no ſe atraveſaran tan fuertemente.31

A nosotros nos importa el Arte de Tomé Cano por el vocabulario a que me he referido más arriba, aunque no es muy extenso, pues solo registra 72 entradas32. Son voces empleadas en el diálogo cuarto del tratado, al final del cual se inserta, de carácter específico, relacionadas con el buque, su construcción, maniobra, arboladura, jarcia, velamen e instrumentos33, quedando fuera las demás que puedan considerarse como propias de la terminología marinera, y las de uso común. Si se mira el contenido de todos los diálogos, la cantidad de términos específicos llega a los 265, procedentes, al menos, de quince lenguas distintas34, lo cual nos dice mucho de cómo se fue configurando nuestro vocabulario náutico. A ello hay que añadir que son pocos los elementos no censados antes, tan solo seis de acuerdo con los datos de José Ramón Carriazo. Esas voces son Barſolas, Branque, Bruſca, Car, Pujame y Sustén35. Es más, ni siquiera todas ellas son nuevas, pues en el «Vocabulario de los nombres qve vſa la gente de la mar, en todo lo que perteneſce a ſu arte, por el orden alphabético» de la antes citada Instrvción návthica de Diego García de Palacio (1587) ya aparecía Barçolas: «Barçolas, ſon los maderos fixos enla eſcotilla mayor, que hazen bordo, y guardan que no entre el agua por la eſcotilla abaxo». Sin embargo, Lidio Nieto eleva la cantidad a 27, lo que supone un tercio del contenido de la recopilación: Alefrís, Almogama, Árbol Mayor, Archeaje, Aſtilla, Balance, Barragante (creo que es un error por Barraganetes), Branque, Bulárcamas, Car, Codo, Contracodaſte, Cuchillos, Delgados, Enmechar, Entremiche, Ioba, Lançamientos, Maderos de Cuenta, Manga, Ollaos, Pujame, Quadra, Rasel, Sustén, Traço y Yugo36, entre las que no consta Bruſca, de las señaladas por Ramón Carrizo, además de Barſola, evidentemente. Bien es cierto que una parte de esas voces ya estaban documentadas en nuestros diccionarios, pero no con el valor específico con el que nos las ofrece Tomé Cano. Codo, como medida, tiene una larga tradición lexicográfica que parte de Nebrija, por lo que debería ser suprimido de esa lista, aunque, supongo, fue recogida por la importancia de su tamaño a partir de las Ordenanzas reales de 1607, a que ya he hecho referencia; otro tanto cabe decir de Barraganete, y no Barragante, que sorprendentemente había sido recogido por John Minsheu en 1599, en un diccionario bilingüe, no específico37: «Barraganete, a peece of woode on the ſide of ſhips, to faſten coardes». Bulárcamas también estaba en el «Vocabulario» de García de Palacio, aunque con otra forma: «Buárcamas, ſon vnas llaues, o curbas, que ſe hechan alas naos enel plan, endentadas en los madero[s] que abraçan, y fortifican el plan dela nao, y eſtemenaras». Por otro lado, cuando Cano define el Traço como una línea está utilizándolo con uno de los valores habituales de la voz. Y aunque Yugo no había sido entrada en los repertorios anteriores al nuestro, resulta que con el valor que nos interesa sí fue empleado por García de Palacio: «Biquitortes, ſon los maderos que hazen bueltas, que naſcen del de popa, ſobre que ſe haze la bóueda dela dicha popa dela nao».

Esas voces nuevas, pese a las que habría que dejar de lado, pocas, representan una cantidad considerable en el conjunto del vocabulario, y constituyen un valioso testimonio de la independencia y originalidad del autor, sin duda, por sus conocimientos de la materia tratada. Esa es la conclusión a la que llega Lidio Nieto tras comparar el contenido de la «Declaración» con los repertorios léxicos que lo antecedieron38.

El vocabulario de Tomé Cano no está confeccionado con pretensiones lexicográficas, ni mucho menos. Solamente quería facilitar la comprensión de unos cuantos términos técnicos empleados en su exposición, en el último de los diálogos mantenidos entre los tres amigos. Por ello, tiene una escasa importancia en la historia de nuestros diccionarios, incluso en los específicos de la náutica. Otra cuestión muy diferente es su valor para el conocimiento de la historia del vocabulario de su materia.

Me permito copiar a continuación unos pocos artículos para que el lector tenga una idea de ese conjunto de palabras, para que aprecie lo escueto de las explicaciones que facilita, aunque hay ocasiones en que se extiende algo más con el fin de proporcionar más información, y, finalmente, para que pueda comparar con el manuscrito que transcribo en las últimas páginas. Todos los artículos que comienzan por a- son (fols. 51v-52r):

Aletas, ſon dos Maderos Corbados, que Forman la Popa de la Nao.

Alefrís, es vna Concavidad que hazen en el Madero que quieren, o es neceſſario para que allí rematen las Tablas.

Almogama, es el vltimo Madero de los de Cuenta hazia Popa y hazia Proa.

Albitana, es vn Madero que haze Contraroda, o Branque por la parte de adentro.

Amura, ſe entiende el Tercio delantero de la Nao.

Ancla, es vn Fierro Corbado, que ſe echa al Agua con vn Madero que en la Cabeça le haze como Cruz, y en eſta Ancla va aſido vn Cable ſobre que la Nao ſe afirma y eſtá Surta en los Puertos.

Árbol Mayor, es vn grande alto y derecho Máſtel que lleva la Verga y Vela Mayor, y en ſu cabeça, o altura la Gauia; y de allí arriba el Maſteleo que también tiene y lleva ſu Verga y Vela.

Archeaje, es vn Tanteo por donde ſe ſabe el Porte que haze la Nao, y Archéaſe por la medida de vn codo de largo, ancho, y alto por dedentro de la Nao.

Aſtilla, es vn Crecimiento, que ſe les da a los Maderos de Cuenta, por la parte baxa ſobre la Quilla.

Avita, es vn Madero grueſſo atrabesado debaxo del Caſtillo de Proa, muy firme enlos Coſtados de la Nao, donde ſe hazen firmes los Cables quando la Nao eſtá Surta.

Del Arte de Tomé Cano se ha conservado el manuscrito original, o, al menos, el que fue a la imprenta, convencimiento al que llego por las razones que voy a exponer. Lo que me sorprende, en primer lugar, es que en ninguno de los trabajos que he citado antes se hace la más mínima alusión a él. Supongo que ello se debe a una deficiente catalogación en la Biblioteca Nacional de España, donde se conserva bajo la signatura mss. 9366, sin autor, y con el título de Diálogos sobre la navegación antigua y la fabricación de navíos, con un vocabulario marítimo, que es, más bien, una descripción de su contenido, ya que no lleva ninguno de los preliminares, iniciándose, sin más, con el diálogo primero. Esto puede ser una explicación de por qué la versión impresa está foliada a partir de ese primer diálogo, comenzando también en él los registros con la A. Todos esos textos iniciales impresos están en un solo pliego de 16 páginas, numerados los cinco primeros folios, salvo el de la portada. No estarían completos hasta tener la «Tassa», fechada el cinco de marzo de 1611, bastantes meses después de la aprobación de Diego Barreda, del 22 de diciembre de 1608. Todo esto me lleva a pensar que el texto estaba escrito en 1608, y por las causas que fuesen se demoró la impresión, que debió hacerse en 1611, momento en que se pondrían la portada con el título, la dedicatoria y las palabras «Al lector», junto a las piezas de carácter legal. Me imagino, también, que Tomé Cano volvería de cuando en cuando a su manuscrito, haciendo algunas tachaduras, modificaciones y añadidos. Al manuscrito le faltan los folios 60, 64 a 68, y 77, que debieron perderse después de la impresión, pues su contenido está en ella, y en la numeración de las hojas (antigua, probablemente de la época del manuscrito, y casi me atrevería a decir que puesta en el taller de impresión39) se aprecian los saltos debidos a esas faltas.

Al no constar el autor ni el título en el manuscrito, la catalogación no ha sido exacta. Pero hay más. En el Inventario general de manuscritos40 la ficha es muy breve, se da como autor a Juan Álvarez de Mármol, con el título copiado antes, entre corchetes, con la fecha de s. xvi, de tamaño de 205 x 150 mm. y 81 folios. En la procedencia se señala la biblioteca de Serafín Estébanez Calderón (1799-1867), el escritor y político malagueño conocido como El Solitario. Probablemente a este le llegara durante su estancia en Sevilla, pero eso ya son meras conjeturas sin ningún otro fundamento.

Que la autoría se atribuya a Álvarez de Mármol resulta un desatino. Es cierto que al final del manuscrito está el nombre y la firma de Juan Álbarez del Mármol, pero ello no quiere decir que sea el autor. Es quien firma la tasa a que me he referido antes, como escribano de cámara del rey que era, y por esta razón su rúbrica aparece en todas las páginas del manuscrito, para dejar constancia de que ha visto la totalidad de la obra, y la firma al final. Y este final es donde termina el vocabulario, por lo cual lo que encontramos a continuación en la obra impresa debe ser considerado como un añadido de última hora, para rematar la lista de palabras que podría haber sido más extensa, y la conversación, con la despedida de Tomás, Leonardo y Gaspar.

Estoy seguro de que este fue el manuscrito que fue a la imprenta por una serie de marcas que dejó en él el impresor. En primer lugar, una paginación que no es la del manuscrito, sino, precisamente, la letra de cada uno de los cuadernillos, y la página, no el folio, de este, por lo que su posición en las planas del manuscrito no es fija. Por otra parte, en el interior del texto se hallan unas rayas de división con un número al margen, que corresponden al comienzo de cada uno de los folios numerados en el impreso. Todos esos números parecen puestos por la misma mano que numeró los folios del manuscrito, por lo que me atrevo a pensar, como he dicho antes, que esa numeración se realizó en la imprenta, con toda probabilidad para no cometer errores. Tras cada punto y aparte aparece una raya horizontal, con la que se da a entender que todo ese espacio ha de ir en blanco en lo impreso, para que el cajista no tuviese dudas.

El manuscrito tiene una clara letra humanística de finales del siglo xvi, que no plantea problemas para su lectura. Pese a ello, no son pocos los cambios gráficos que se introdujeron al pasar el texto a la letra de molde, con abreviaturas y eses altas que no fueron empleadas en el original. Por otro lado, sí que podemos apreciar «la anárquica distribución de mayúsculas y minúsculas» a que se refería Enrique Marco Dorta en el libro impreso41.

Este texto nos aporta nuevas revelaciones sobre la edad de su autor en el párrafo de Gaspar al final del primer diálogo citado más arriba (fol. 21v), pues allí donde escribió «en cinqüenta y tres años que avéis navegado», se ha tachado tres y puesto por encima seis. Si esta fue una corrección hecha antes de enviar el manuscrito a la imprenta en el mismo año de 1611, habremos de convenir que nuestro personaje comenzó a navegar hacia 1555, con 10 años, pero si lo fue antes de someter el texto a la aprobación del ordinario nos diría que Cano tenía alrededor de 8 años de edad cuando embarcó por vez primera. ¿Por qué no se tuvo en cuenta esta corrección? No tengo respuesta para ello, máxime cuando un poco más adelante había escrito «y siendo Piloto examinado de más de los treinta y quatro a esta parte», habiendo tachado primero quatro y escrito por encima seis, a su vez tachado, igual que el treinta, sobre el que se puso cuarenta, que sí pasó a letra de molde, lo que obligaría a pensar que llegó a ser piloto hacia 1571, o que estas últimas correcciones están hechas en un periodo anterior, mientras se iban obteniendo las aprobaciones y licencias necesarias.

No es menos interesante para la datación del manuscrito el largo añadido que hay en el fol. 10r, en el margen superior que sigue por el lateral derecho, donde Cano da cuenta del informe negativo sobre la aguja de marear ideada por Fonseca, al que me he referido más arriba. En ese párrafo es donde se dice que están en el año de 1610, con lo que la redacción del Arte ha de ser, necesariamente, anterior a esa fecha, si bien después se hicieron correcciones y añadidos en el manuscrito. Es un indicio más para suponer que estaba redactado en 1608, si no antes, pues da la sensación de ser una copia casi definitiva, para ir a la imprenta, sobre lo que vuelvo más adelante.

Pero no todas las correcciones han pasado al impreso, como sucede en el fol. 30r, con un añadido sobre ciertas dimensiones, que parece tachado inmediatamente después de haber sido redactado, manifestando cierta inseguridad sobre ellas, o que nuestro autor no consideró preciso hacer la aclaración. Otro tanto sucede en el fol. 38r, donde las tachaduras y añadidos son más, quedando tachada una parte del añadido sobre el árbol mayor, la carlinga y la quilla, pues está un poco más adelante en el texto, al hablar del árbol del triquete. Por el contrario, en el fol. 33r hay una larga aclaración, que también ocupa parte del margen superior y del derecho, sobre las medidas del timón y del espolón, que sí fue impresa, como lo fue el añadido lateral más breve del fol. 41r, o el igualmente largo del fol. 52r sobre los baos, o el lateral del fol. 55v.

Nuestro Tomé Cano escribía cobdos, pero esa b fue siempre tachada con uno o dos trazos verticales, por la misma mano y con la misma tinta con que se efectuaban las correcciones, para dejar codos.

Por lo que nos interesa particularmente ahora, lo primero que salta a la vista es la independencia que se aprecia en la lista de palabras con respecto al texto de la obra, con un título propio tachado con una raya sobre cada una de sus líneas, quizás a última hora, para integrarlo mejor en el diálogo. Lo tachado es «Tabla en que se ponen los más principales nombres y vocablos que se contienen en este tratado con la declaración de todos42 ellos por el orden del Abc».

En el manuscrito hay algunos añadidos interlineados, con una letra menor para que la lectura del conjunto no sea difícil. Estas adiciones parecen la reparación de olvidos al hacer el traslado, que han pasado al libro impreso: como en el artículo Ancla (fol. 76v), son en el de Tamborete (fol. 80v), o todo el artículo Embornales, que se escribió con letra más pequeña entre la E que da paso a la nueva letra y el artículo Enthenas o Vergas, o el artículo Escotilla, algo más largo, que se termina al margen. En algún caso, el añadido está directamente escrito al margen, como es el caso del artículo Cabrestante (fol. 78r), que también fue impreso, no así otro con letra más tardía y otra tinta que se lee bajo este con el que completaba el artículo Car: «Lébanlo Anclas e43 ygual miente se amarran».

Que nuestro manuscrito sea la copia de otro anterior parece bien probable por la pulcritud de la letra, por todas esas correcciones, y por alguna rectificación más, como cuando se comenzó a copiar la letra q, escribiendo Quadra; el amanuense se dio cuenta inmediatamente del error y puso encima las letras correctas para que se leyera Quilla, la primera voz de la secuencia, tras la que se copió el texto apropiado, añadiéndose más tarde la cópula es para dar entrada a la explicación.

No sé encontrar una justificación para dar cuenta de por qué se quedó manuscrito un artículo, sin haber sido impreso: «Esloria, es el largo dela Nao por lo alto». El hecho es tanto más significativo por cuanto la primera documentación lexicográfica de esta forma, la etimológica, es en otro manuscrito, bastante posterior, el de Juan de Avello Valdés, compuesto hacia 167344. Parece que la más antigua presencia en la lengua es, justamente, en el Arte45, pero me temo que no sea por el vocabulario, sino porque la voz se emplea en el interior del texto, en boca de Tomé, al comienzo del diálogo segundo46.

En alguna ocasión, en el texto impreso aparecen cosas que no figuran en el manuscrito. Así, por ejemplo, al final del artículo Árbol mayor se lee «y lleva ſu Verga y Vela» cuando en el manuscrito solo es «y lleba su vela» (fol. 76v). ¿Añadiría ese Verga el autor en una de sus probables visitas al taller de impresión?

Como el orden alfabético no es perfecto en la relación de artículos, lo cual se deja ver en la versión impresa, en algunos lugares se numeran los artículos para indicar en el orden en que se han de imprimir, lo cual se tuvo en cuenta. Puede verse en el fol. 80r, donde entre la P del encabezamiento se puso Papahígo y Penoles, para recordar que ahí debían ponerse los artículos correspondientes. Y otro tanto sucede en la secuencia de los fols. 80v y 81r, donde aparece el artículo Tamborete, que además de llevar el número se le puso una línea para indicar el lugar al que debía pasar, repitiendo la forma de la entrada. El empleo de la línea para poner en su justa posición un artículo, con la repetición del lema, aparece también en el fol. 79v con Lançamientos.

El vocabulario de Tomé Cano dice así en su manuscrito:

[76r]

[...]

Tabla en que se ponen los más principales nombres y
vocablos que se contienen en este tratado con la declaración
de ellos por el orden del Abc
47

A

Aletas, son dos maderos corbados que forman la Popa de la nao.

[76v]

Alefrís, es vna concavidad que hazen en el madero que quieren, o es necessario para que allí rematen las tablas.

Almogama, es el vltimo madero delos de qüenta hazia Popa y hazia Proa.

Albitana, es vn madero que haze contraRoda, o Branque por la parte de adentro.

Amura, se entiende el Tercio delantero dela nao.

Ancla, es vn fierro corbado que se echa al agua con vn madero que enla cabeça le hace como48 cruz y en esta Ancla va asido vn cable sobre que la nao se afirma y está surta enlos puertos.

Árbol maior, es vn grande alto y derecho Mástel que lleva la vela maior y en su cabeça, oaltura la Gauia; y de allí arriba el Masteleo que también tiene y lleba49 su vela.

Archeaje, es vn Tanteo por donde se sabe el Porte que haze la nao. Y archéase por la medida de vn codo50 de largo Ancho y alto por de dentro de la nao.

[77, está perdido]

[78r]

delas Tablas, con vnos yerros delgados maçeándolos con maços de Palo y después vetunándolo con brea mesclada con azeite.

Cabrestante, es vn madero Grueso conque manera de muelle, cargan y descargan la Nao.51

Carlinga, es vn madero hecho enél vna concauidad donde se asientan y hazen firmes qualquiera delos Árboles en el Suelo de la Nao.

Car, es el remate dela Vela y Verga dela Mesana que se afirma enla Nao [al margen:] Lébanlo Anclas e52 ygual miente se amarran.

Castillo, es vn compartimiento enla Proa dende el Amura al Árbol del Triquete para abrigo dela gente.

Cintas, son vnos maderos que van por el vientre de la Nao, en su largo, de Popa a Proa atrechos enel altura deella.

Codaste, es el remate de que se forma la Popa donde sea de afirmar el Timón.

Corbatones, son vnos53 maderos que abraçan las maderas que vienen dela vna parte de la Nao con la otra, por dedentro.

Contracodaste, es vna añadididura54 [sic] que postizas

[78v]

se les pone alas naos, acrecentando el Razel, para que goviernen55 bien las que no lo hazen.

Codo56, son dos Terçias de vna vara.

Costados, son los dos lados dela nao y de su vientre.

Cubiertas, son los suelos, que la Nao tiene que en algunas ay, dos y tres altos.

Cuchillos, son vnas vigas o tablas cortadas al Sesgo que hazen punta delgada porel vn lado.

D

Delgados, son los que se hazen a Proa y a Popa enlos remates y cantos dela Nao para que Gobierne bien y que las aguas vayan parejas al Timón.

Dormentes, son vnos maderos que van clauados por dedentro del Buco, o cuerpo dela Nao de Proa a Popa sobre que asientan los Baos y las latas para sobre ellas asentar las tablas que hazen la cubierta, o suelo de la Nao.

Dragante, es vn madero Grueso sobre que des-

[79r]

cansa57 el Árbol Bauprés amanera de coxín.

E

Embornales, son los caños por donde desagua la cubierta.58

Enthenas o Vergas, son vnos árboles que hazen cruz conlos maiores enlos quales van tendidas las velas.

Enmechar, es hazer vna punta avn madero que sea quadrada y encaxarlo enotro con vna muy pulida junta, tanto que casi no haze señal.

Entremiche, es vn madero que endienta enlos Curbatones, que atraviesan de una parte aotra.

Escotilla, es vna Puerta Por donde entra la carga y se pone debaxo de cubierta.59

Estemenara60, es el madero que haze junta con el Plan y la forma del vientre dela nao llámase orenga en Viscaíno y Braço en Portugués.

Espolón, es el remate dela Proa y delo delantero de la Nao su frente o hocico.

Esloria, es el largo dela Nao por lo alto.

G

Gratiles, es vn cabo de jarçia61 enque se hacen firmes las velas porque no se rompan con el muyo [sic] ayre.

[79v]

I

Juba62, es vn crecimiento que seles da alos maderos de Cuenta enlas puntas altas que hazen el costado.

L

Lemera63, es vna lumbrera enla Popa de la Nao por donde sale vn madero que llaman Cana [sic] aencaxarse en el Timón con que le apremian para que Gobierne.

Lançamientos, son64 los que la Nao haze o lo que Gana más enlargo quela quilla que corre de Proa a Popa.65

M

Manga, es lo más ancho dela Nao enla boca.

Maderos de Cuenta, son aquellos sobre que se funda y tiene principio la Nao.

Messana, es el Árbol que está entre el maior y la Popa, elqual lleba vna vela latina amodo de Tocador por laqual se llama Mesana.

Meollar, es vn cordel Grueso que se mete enla Baina de la Vela.

O

Ollaos, son vnos ojales que seles hazen alas Velas para añadirles otra vela quando fuere ne-

[80r]

cessario66.

P

Plan67, son los maderos que se asientan sobre la quilla y que hazen el Plan o suelo y primero asiento de la Nao, en Viscaíno se llama Ginol, y en Portugués quaderna68.

Papahígo, son las velas principales Maior y Triquete sobre que se añiden otras, que quando están añadidas se llaman Maestras, y quando sensillas o solas Papahígos.

Penoles, son las puntas delas Vergas.

Pujame, es el cuerpo de la Vela enlo baxo quando está tendida e hinchada del Viento.

Puntal, es lo alto que haze la nao dende las69 cubiertas hasta el Plan.

Q

Quilla70, es71 el Primero madero que haze el largo y cumplido de la Nao sobre elqual se comiença a fabricar.

Quadra, es72 eltercio trasero de la Nao.

[80v]

R

Rasel, son los Delgados que la Nao lleva a Popa y a Proa para quelas aguas vayan con fuerça al Timón y para que la Nao volinee.

Roda, es el remate de la Proa de la Nao.

S

Sustén, es el tener la Nao mucha firmeza y estar derecha quando va ala vela.

T

Timón73, es el Govierno74 de la Nao devn Grueso tablón por defuera deella enla Popa engoçado firmemente con fuertes y largos fierros conque ligeramente vuelue avna parte y aotra siruiéndole ala Nao como75 al cavallo76 el freno.

Tamborete, son77 vnos maderos que Ciñen el Árbol entorno y lo hazen firme conlas cubiertas.

Tonelada, es78 vna medida de la Carga que haze la Nao Como decir fanega o Cahíz, que vna Tonelada haze y es dos Pipas.

Tolda, es vna media Cubierta del Árbol a Popa

[82r]

que los Viscaínos llaman Chimenea para abrigo dela Gente, y los Andaluzes Alcáçar.

Traço, es vna lígnea79 cortada derecha para cortar por ella los Planes.

Trancanil, es vn madero fuerte que liga las Latas, y Baos dela cubierta conlos maderos del Costado.

Triquete, es80 el Árbol que está a Proa, y tiene en su Cabeça vna Gauia, y de allí arriba otro Masteleo cada vno con su vela.

X

Xareta, es vna Red hecha de madera o de cuerdas debaxo dela qual está y se pone la Gente a pelear con más resguardo y con más seguridad.

Y

Yugo, es vn madero que sepone enlo más ancho dela Popa de la Nao, sobre que se forma la mesma Popa.

Manuel Alvar Ezquerra

Universidad Complutense de Madrid


* El presente trabajo ha sido posible gracias a una ayuda del MECC a proyectos de investigación FFI2014-5381-P.

  1. No me resisto a dejar de citar aquí el libro de Alfredo Alvar Ezquerra, Un espíritu indómito contra la adversidad: Juan Sebastián Elcano, Madrid, Prosegur, 2013.

  2. Instrvción návthica para el bven vso y regimiento de las naos, su traça y su gouierno conforme a la altura de México, México, Pedro Ocharte, 1587. Disponemos de un facsímil con el título de Instrucción náutica para navegar, con prólogo de Julio F. Guillén, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1944; después vino la edición de Madrid, Museo Naval, 3.a ed., 1994, con la transcripción y el estudio de Mariano Cuesta Domingo; hay otra reproducción facsimilar, Valladolid, Maxtor, 2007.

  3. Para hacernos una idea de estos vocabularios basta con consultar Hensley C. Woodbridge, «A tentative bibliography of spanish and catalan nautical dictionaries, glossaries and word lists», The Mariner’s Mirror, xxxvii, 1951, págs. 63-75. Bien es cierto que esta lista se detiene en 1950, aunque para la historia de nuestro léxico y de los repertorios técnicos es suficiente, y que, como indica en su título y explica el autor, es solamente provisional, lo cual no le quita su utilidad.

  4. Lidio Nieto Jiménez, Tesoro lexicográfico del español marinero anterior a 1726, Madrid, Arco/Libros, 2002.

  5. «Inventario y filogenia de los repertorios de términos marineros españoles», en el libro citado en la nota anterior, págs. xi-lxiii.

  6. El título completo es Arte para fabricar, fortificar, y apareiar naos de gverra, y merchante; con las reglas de archearlas, reduzido a toda cuenta y medida, y en grande vtilidad de la navegación, Sevilla, Luis Estupiñán, 1611.

  7. La Laguna, Instituto de Estudios Canarios, 1964.

  8. La de La Laguna, Editorial Canarias Clásica-O. A. M. C. (Organismo Autónomo de Museos y Centros) del Cabildo de Tenerife, 1993, y la de Madrid, Fondo Editorial de Ingeniería Naval del Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos, 2004.

  9. «La terminología naval de Tomé Cano», en Manuel Alvar (ed.), Actas del V Congreso Internacional de Estudios Lingüísticos del Mediterráneo, Madrid, Instituto de Cultura Hispánica, 1977, págs. 69-77.

  10. «Consideraciones lexicográficas y lexicológicas en torno al Glosario de vocablos de arquitectura naval de Tomé Cano», en Mar Campos Souto y José Ignacio Pérez Pascual (eds.), De historia de la lexicografía, Noia (La Coruña), Toxosoutos, 2002, págs. 37-49.

  11. «Contribuciones a la biografía de Tomé Cano», Revista de Historia (La Laguna), xx, 1954, págs. 94-101.

  12. Fol. 14r.

  13. En el prólogo de su edición, pág. 12, y en especial la n. 12.

  14. Ibídem, págs. 18-19.

  15. Al final de las palabra «Al lector».

  16. Detalle recogido por Marco Dorta en el trabajo que vengo citando, pág. 17.

  17. Luís da Fonseca Coutinho, portugués. Cfr. el prólogo de Marco Dorta, págs. 17-18. La propuesta tuvo cierta resonancia tanto en España como en Portugal, pues no era poca la importancia que tenía conocer exactamente la longitud tanto para la navegación como para determinar qué tierras estaban sometidas a Portugal y cuáles a España. Por ello, en 1600 Felipe III instituyó una recompensa de piastras (reales de a ocho) para quien diese con el procedimiento para averiguarla, y ducados de renta vitalicia, a la cual aspiraba Fonseca. A propósito de la búsqueda para determinar la longitud, puede verse Martín Fernández de Navarrete, Noticia histórica sobre los progresos que ha tenido en España el arte de navegar, s. l., s. n., ¿1803?, págs. 12-14, donde da cuenta de la aguja de Fonseca, la explica y relata con detalle las comprobaciones realizadas, que no terminaron con el informe en que participó Tomé Cano, pues el proceso continuó durante algunos años más, hasta que desapareció Fonseca, por lo que su empeño cesó, de lo que quiso aprovecharse su opositor el doctor Juan Arias de Loyola, autor, a su vez, de un Tratado del modo de hallar la longitud i la aguja fixa, que fue el que presentó ante el Real Consejo de Indias, habiendo realizado las descripciones de los estrechos de Magallanes y de Le Maire; precisamente, Cano también está relacionado con este último, como digo a continuación.

  18. Fols. 6v-7r.

  19. Me remito a lo que expone Marco Dorta, en el prólogo que sigo, págs. 19-20, y los documentos que allí aduce.

  20. A este propósito, véase la versión española de la relación del viaje hecha por Le Maire, Relación diaria del viaje de Iacobo Demayre y Guillelmo Cornelio Schouten, en que deſcubrieron nuevo Eſtrecho y paſſage del mar del Norte al mar del Sur, a la parte Auſtral del Estrecho de Magallanes, Madrid, Bernardino de Guzmán, 1619, obra de la que hay una edición posterior con una nota bibliográfica de J. T. Medina, Santiago de Chile, Imprenta Elseviriana, 1897.

  21. Véase la Relación del viaje que por orden de su Magestad y acuerdo del real Consejo de Indias hizieron los capitanes Bartolomé García de Nodal y Gonçalo de Nodal [...] al descubrimiento del Estrecho nuebo de S. Vicente y reconosimiento del de Magallanes y San Vicente, Madrid, Fernando Correa de Montenegro, 1621.

  22. En el detallado prólogo de Marco Dorta en su edición del Arte hace referencia a la propiedad de varios barcos, en la pág. 14 a La Trinidad, del que era propietario juntamente con Alonso de Olivares en 1580; en la 15 al San Juan el Gargarín del que era dueño entre 1585 y 1589; en la 16 al San Jerónimo, que era suyo entre 1593 y 1598, y al Santo Domingo, del que era dueño entre 1599 y 1602; en la 16 bautiza en 1612 como Santa María de la Rosa a otro propio con el que hace el primer viaje a Honduras.

  23. Fol. 1r.

  24. En el prólogo de su edición, pág. 23.

  25. Fols. 5v-6r.

  26. En el fol. 17r o en el 49v y 50.

  27. Cfr. Cesáreo Fernández Duro, Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón, t. iii, Madrid, Est. tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, 1897, págs. 431-432; de la obra existe una edición facsimilar, Madrid, Museo Naval, 1973.

  28. Fol. 47r y 47v.

  29. Fols. 44v-45v.

  30. Fol 22r y 22v.

  31. Fols. 11v-12r.

  32. Son las mismas que había contado Hensley C. Woodbridge, art. cit., pág. 65, n.o 10, y que ve José Ramón Carriazo en el suyo, pág. 37. En Lidio Nieto y Manuel Alvar Ezquerra, Nuevo Tesoro Lexicográfico del Español (s. xiv-1726), Madrid, Arco/Libros-Real Academia Española, 11 vols., 2007, son 71, ya que no pasó quadra (desconozco el motivo). Por su parte, Carlos Alvar, en su trabajo citado, da la cifra de 73, mientras que son 75 en el estudio citado de Lidio Nieto, pág. xxxii.

  33. Me remito a lo expuesto en el artículo citado de José Ramón Carriazo, pág. 39.

  34. Véase Carlos Alvar, art. cit., págs. 70-74.

  35. Cfr. José Ramón Carriazo, art. cit., pág. 47.

  36. Cfr. Lidio Nieto, «Inventario y filogenia», citado, pág. xx.

  37. A Dictionarie in Spanish and English, first published into the English tongue by Ric. Perciuale [...], Londres, Edm. Bollifant.

  38. En «Inventario y filogenia», citado, págs. xxxii-xxxiii.

  39. Los números de los diez primeros folios se han repetido en época moderna a lápiz, pues en alguno se habían perdido o cortado por el margen superior.

  40. Inventario general de manuscritos de la Biblioteca Nacional, xiii (8500 a 9500), Madrid, Ministerio de Cultura. Biblioteca Nacional, 1995, pág. 300.

  41. Pág. 28 del prólogo de su edición.

  42. Este todos tiene una tachadura intensa, tal vez anterior a la del resto, como si Tomé Cano hubiese querido suprimir la palabra antes de tomar la decisión de prescindir del título.

  43. Esta e está sobrescrita encima de una y.

  44. Diccionario marítimo o Promptuario náutico [...], manuscrito 252-253 de la Biblioteca de Palacio, Madrid. El primer tomo, donde está la voz, llega hasta la letra k. Avello Valdés fue el autor hasta la letra r, habiendo sido completado después por Manuel de Ayala.

  45. Cfr. Joan Corominas y José Antonio Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, ii, Madrid, Gredos, 1980.

  46. En el fol. 15r.

  47. Este título está tachado.

  48. La palabra como está interlineada.

  49. La b está tachada.

  50. Está escrito cobdo con la b tachada.

  51. Este artículo está escrito al margen.

  52. Esta e está sobrescrita encima de una y.

  53. La palabra vnos está escrita sobre una tachadura en la que se ve vnas y algo más.

  54. La sílaba ña está imterlineada.

  55. Esta palabra está escrita con una b, tachada, y al margen con una llamada está la v.

  56. Se puso Cobdo y se tachó la b.

  57. La s de descansa está escrita sobre una ç.

  58. Este artículo está interlineado.

  59. Este artículo está interlineado y seguido en el margen derecho.

  60. La segunda e es una o a la que se añadió un trazo para hacer la e.

  61. La j está escrita sobre una z.

  62. La J está puesta encima de otro signo.

  63. La primera e está escrita sobre una a.

  64. Esta palabra está interlineada, y las de la siguiente es un añadido posterior.

  65. El artículo tiene a su izquierda una línea para llevarla sobre el precedente.

  66. En el registro de la hoja anterior está escrita con ç.

  67. Por encima de esta palabra están escritas Papahígo y Penoles, indicando que ahí deben ir los respectivos artículos. Todas las entradas de la letra p están numeradas para que se supiera el orden en que debía ser impresas.

  68. El final de la palabra, derna, está escrito interlineado sobre otras letras tachadas.

  69. Originalmente estaba escrito los, habiéndose puesto la a sobre las dos últimas letras y añadido una nueva s. A continuación se tachó suelos o.

  70. Las letras ill están escritas sobre adr, Quadra.

  71. Se añadió más tarde, por lo que aparece junto a él.

  72. El verbo es está innterlineado sobre entiéndese tachado con una sola raya.

  73. Interlineada por encima de esta palabra aparece Tamborete, con una línea indicando que el artículo que hay más abajo debe venir a esta posición. Todas las entradas de la t están numeradas para indicar el orden en que debían aparecer en el texto impreso.

  74. Esta palabra está escrita con una b, tachada, y al margen con una llamada está la v.

  75. A continuación está tachada la palabra sirue, seguramente por ser innecesaria tras el siruiéndole anterior.

  76. También esta palabra está escrita con una b, tachada, y al margen con una llamada está la v.

  77. Está añadido interlineado.

  78. Se puso posteriormente, interlineado.

  79. Delante está tachada la palabra medida.

  80. Está añadido en la misma línea.

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Edición impresa: ISSN 210-4822
Edición en línea: ISSN 2445-0898
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