El género de los anglicismos en español actual. Panorama y revisión crítica

EL GÉNERO DE LOS ANGLICISMOS EN ESPAÑOL ACTUAL.
PANORAMA Y REVISIÓN CRÍTICA


Boletín de la Real Academia Española
[BRAE · Tomo XCIX · Cuaderno CCCXIX · Enero-Junio de 2019]
http://revistas.rae.es/brae/article/view/297

Resumen: El estudio examina el peso de los diversos factores que se han esgrimido como condicionantes de la asignación del género de los préstamos, especialmente anglicismos, en español contemporáneo. Se centra en los nombres referidos a seres inanimados sobre los que la escasa bibliografía existente ha destacado factores formales y semánticos, analizados de una manera descriptiva. Tras señalar la interacción de ambos, se detiene de manera monográfica en las variaciones y vacilaciones de género, cuestión que no ha recibido la atención debida hasta el momento, poniendo de relieve el papel fundamental de las asociaciones semánticas del usuario de la lengua a la hora de elegir el determinante, casi siempre en forma de artículo. Para este ensayo he utilizado por primera vez una doble metodología analítica de base empírica: por un lado, un extenso corpus de datos escritos procedentes del Gran diccionario de anglicismos (2017) del que soy autor, cuyas citas encierran numerosas oscilaciones de género; y, por otro, una encuesta realizada por medio de un cuestionario distribuido entre informantes procedentes de España y Argentina. También se aborda el tratamiento lexicográfico seguido en lo tocante a la variación del género en los principales diccionarios de uso de la lengua española.

Palabras clave: anglicismo; préstamos de palabras; lenguas en contacto; morfología; lexicografía.

THE GENDER OF THE ANGLICISMS IN CURRENT SPANISH. PANORAMA AND CRITICAL REVIEW

Abstract: This study examines a great number of variations found in the gender of Spanish anglicisms in contemporary Spanish, and their various formal and semantic conditioning factors, a subject which has received little attention. The main focus is placed on the role played by semantic associations on the mind of the user of the language when assigning gender, as it is reflected in the form of the adjuncts, usually articles. To this end, a double empirical methodology has been used: first, an extensive corpus of written language drawn from the Gran diccionario de anglicismos, by the author (2017), which includes quotations with numerous oscillations; and secondly, a questionnaire distributed among informants from Spain and Argentina. It also reviews the lexicographic treatment followed with regard to gender variation in the main dictionaries of usage of the Spanish language.

Keywords: anglicisms; morphology; language contact; borrowing; lexicography.


Introducción

El género no es una categoría universal, en este punto distintas lenguas responden de muy diferentes formas. Tiene amplia aplicación en las lenguas románicas donde se distinguen mayormente dos clases, el masculino y el femenino; en rumano, y en algunas lenguas germánicas como el alemán, se incluye también el neutro. En español, al igual que en otros idiomas, el género se refiere sobre todo a los nombres o sustantivos, pero la marca gramatical aparece también con adjetivos y participios, obligados a diferenciarse en sus desinencias por las reglas de la concordancia. En inglés, en cambio, el género carece de función gramatical, y sólo persiste en los pronombres cuando se refieren a seres animados o a personificaciones de entes inanimados y abstractos, como por ejemplo los nombres de países.

Salvo casos excepcionales, la determinación del género es bastante simple con los nombres que designan objetos animados, definido según su sexo natural. En cambio, con los objetos inanimados la marcación es variable, dependiendo de factores semánticos o formales, y además objeto de cambios con el paso del tiempo, a lo que se unen diferencias regionales y de carácter sociolingüístico (pues una comunidad de habla o una clase social en determinados casos pueden privilegiar un género diferente) e incluso psicolingüístico.

A lo largo de la historia, los lingüistas han quedado perplejos ante esta indeterminación, lo que ha llevado a considerar el género gramatical como “uno de los rompecabezas de la ciencia lingüística” [la traducción es mía] 1.

Por lo que atañe a la lengua española, cuando no se trata de una desinencia en -o / -a, con frecuencia determinante para el masculino o femenino, la asignación ha sido muy vacilante, sobre todo en los acabados en consonante e incluso en los monosílabos, que se resisten a agruparse en sistema2. De antiguo la Academia se refirió con el adjetivo “ambiguo” a los nombres de cosas empleados en ambos géneros (como el/la calor) que no se han fijado definitivamente, e incluso, en los albores de la reflexión gramatical, Antonio de Nebrija se refirió a ellos con el apelativo de “dudosos”. Tales calificativos afectaban a un estimable número de nombres, pero de todos modos conformaban un grupo no demasiado extenso.

Por su parte, en la bibliografía anglosajona, desde una perspectiva estructuralista y dentro de un marco más amplio, desde muy pronto Leonard Bloomfield (1933) consideró que en la mayoría de las lenguas indoeuropeas la asignación del género, en el caso de nombres inanimados carentes de la terminación típica que lo marcara, era “arbitraria” 3, lo que pudo llevar a pensar en ella en términos de “opcionalidad”. Pero esa arbitrariedad o aleatoriedad fue pronto contestada y matizada por los estudios que siguieron, sobre todo cuando se aplicaron al análisis del género en los préstamos de palabras, empezando por el primer estudio analítico encontrado, de W. Arndt sobre el alemán, que llevó el significativo título «Nonrandom Assignment of Loanwords: German Noun Gender»4. (“La asignación no aleatoria de los préstamos: el género nominal en alemán”)

Por lo general, las diversas investigaciones en este campo han ido dando una relación sistematizada y cada vez más refinada de los diversos factores que intervienen en la asignación del género. A partir de estudios descriptivos sobre el género del anglicismo en alemán (como los de Aron5 y Reed6), y el de Weinreich7, el citado Arndt (págs. 244-245) completó una lista de criterios estructurales en el plano sincrónico que ha servido de punto de partida para análisis posteriores. Aparte del sexo biológico, sobre lo que existe más acuerdo, se incluyen la forma de la palabra, la analogía sufijal, la analogía gráfica, la homonimia, las categorías semánticas y el número silábico. Con ligeras diferencias de matiz, estos criterios han servido de modelo para muchos otros estudios.

Si a mediados de los años setenta algunos investigadores, como Zamora8, habían señalado que la bibliografía sobre el género de los préstamos era escasa, con el paso del tiempo en las sucesivas décadas se ha producido una proliferación de estudios, especialmente sobre los anglicismos en alemán y español, de manera particular en el segundo caso y dentro de la variedad hablada en zonas de Estados Unidos caracterizadas por una situación de bilingüismo. El refinamiento en el análisis y en la metodología se ha visto aumentado a partir de los años ochenta conforme se hacía más fácil el acceso a amplios corpus de datos mediante los avances electrónicos.

Careciendo el género en inglés de función gramatical, cualquiera de los anglicismos léxicos de carácter sustantivo –la mayoría– introducido en uno de estos idiomas se ve forzado desde el principio a adoptar un determinado artículo de acuerdo con sus rasgos formales o semánticos, tales como los percibe el usuario de la lengua –sea en el plano oral o en el escrito–, de manera que su estudio puede arrojar luz sobre el funcionamiento del género y contribuir a uno de los aspectos de la integración de los préstamos en la lengua receptora, tal como recuerdan Poplack et al. (op. cit., pág. 4). Sobre cuál es el factor predominante a la hora de seleccionar el género, por lo general no hay acuerdo, y la elección varía además según la naturaleza de la lengua objeto de estudio. Algunos han recalcado la importancia de los factores fonológicos y morfológicos en los préstamos, especialmente entre hablantes bilingües, pero la mayoría, y sobre todo en el español europeo, han apuntado a los factores semánticos, con distintas matizaciones.

La asignación del género de los anglicismos en español

El problema de la asignación del género de los anglicismos en español se ha soslayado durante mucho tiempo. De manera monográfica se han ocupado diversos autores al otro lado del Atlántico, y entre los primeros figuran los estudios de Zamora (1975), Barkin (1980)9 (y sobre todo Poplack et al. 1982)10. Este último, realizado a partir de datos empíricos procedentes de la variedad del español puertorriqueño hablado en Nueva York, constituye el estudio más amplio y refinado metodológicamente al utilizar una regla variable que permitió considerar los factores intervinientes más importantes (género biológico, fonológico y analógico) de manera simultánea. Los datos fueron registrados durante varios años y se estratificaron de tal forma que incluyeron diferencias de estilo (desde el más formal al “vernáculo” o “vernacular”, en terminología sociolingüística11), de edad (informantes adultos y niños) y de nivel de competencia lingüística (en inglés y español).

Por su importancia sirvió de punto de referencia para estudios posteriores igualmente desarrollados en zonas de Estados Unidos con gran contacto entre las dos lenguas, y gran influencia del inglés sobre el español. Entre ellos cabe mencionar los trabajos inéditos de Banfield12 y Clegg13, –dirigidos y reseñados por Smead14–, de DuBord15, y del propio Smead.

Este último, a diferencia de los anteriores, analizó los mismos factores a partir de los préstamos del inglés en el español de Nuevo México y del sur de Colorado, para lo que se sirvió del Diccionario del español chicano, de Roberto Galván (1995) y del Dictionary of New Mexico and Southern Colorado Spanish, de Rubén Cobos (1983). Sus resultados fueron análogos a los de Poplack et al. (1982), y también aplicó la metodología de la regla variable, con la diferencia de que en este caso los datos se basaron en diccionarios y no en la lengua hablada. Además de los factores fisiológicos, fonológicos y morfológicos empleados en la determinación del género, por el lado semántico distinguió entre el género de la forma equivalente traducida (“género sinonímico”) y el del término superordinado (“género hiperonímico”) como variables importantes.

Exceptuando este estudio, se puede decir que la mayoría de las investigaciones desarrolladas en los Estados Unidos sobre el género de los anglicismos se han basado en entrevistas orales y tests con listas de palabras con las que el informante estaba más o menos familiarizado dado su alto grado de bilingüismo, por lo que los préstamos eran del tipo de los denominados “íntimos”. En ellos el esquema fónico asociado con la pronunciación se ha revelado un factor más importante en la determinación del género que en los préstamos “culturales”, como los propios de España, donde falta la convivencia directa y diaria con hablantes nativos de inglés, si bien con el desarrollo de los modernos medios de comunicación y la globalización cultural a que estamos asistiendo, la oposición préstamo íntimo/préstamo cultural, cada día resulta menos significativa16.

En el español europeo propiamente no ha habido estudios empíricos exhaustivos con estas características, solo observaciones parciales sobre el fenómeno. Entre los primeros autores que se han referido, siquiera de pasada, al género del anglicismo cabe mencionar a Fernández García17, Rodríguez González18 y Gómez Capuz19. Todos ellos han destacado el papel de la analogía semántica, considerándolo en muchos casos el único decisivo. Al tratarse de un contexto primordialmente monolingüe, y haber examinado anglicismos más o menos establecidos, se ha tendido a poner el foco principalmente en los factores semánticos donde la presencia de la variación aparentemente es mínima.

Con más detalle se han referido a esta cuestión posteriormente D. Rodríguez Segura20 e I. de la Cruz Cabanillas et al.21 que, en líneas generales, se han limitado a recoger los criterios enunciados en las investigaciones transatlánticas citadas, ilustrándolos con sus propios datos, procedentes únicamente de documentos escritos.

La primera de ellas, Rodríguez Segura, que también valora especialmente el factor semántico, parte de textos escritos tomados de la prensa generalista. Aparte de la obvia diferenciación en cuanto al género fisiológico (un boy, una starlet), señala como determinantes estos factores:

  • la homografía (anglicismos acabados en -er, como el thriller, son masculinos, al igual que voces autóctonas con la misma terminación, como el poder, el saber, etc.).

  • la homofonía: un pin ~ el fin, el béisbol ~ el sol, el caracol.

  • la analogía sufijal: la pole position ~ la posición, el establishment ~ el establecimiento.

  • el núcleo elidido por elipsis: la blazer (< la chaqueta blazer).

  • el género no marcado (masculino): anglicismos acabados en -ing (un casting), en consonantes no usuales (el pick up), sustantivos acabados en -y (el body), estilos musicales (el rock, el soul), todos los deportes (el golf, el hockey).

Como corolario de sus observaciones, además, la autora entrevió la importancia de las asociaciones semánticas y su entrada en juego a la hora de explicar algunas variaciones en el género, como las que señala a modo de ejemplo con dos anglicismos (la/el web y la/el interfaz), cuestión que por su relevancia examinaré más ampliamente en el siguiente apartado.

Las otras investigadoras (de la Cruz et al. 2007) dedicaron parte de sus artículos igualmente a incidir en los distintos factores que explican el género de los anglicismos, especialmente el género no marcado, con datos cuantitativos extraídos de diversos textos turísticos e informáticos.

De una manera breve, pero muy precisa y bastante acertada, Sampedro22 se refiere al género de los anglicismos empleados en la informática, y tras observar algunas variaciones, argumenta que el principal factor determinante es la traducción de la palabra establecida como forma equivalente (pág. 112). También breves pero acertados son los comentarios de Sánchez23 sobre el género de algunos términos del español peninsular y mexicano.

Las gramáticas de la lengua española han dedicado pormenorizados estudios a la cuestión del género al tratar la morfología y la flexión del nombre en general, pero apenas se han detenido en los anglicismos (y extranjerismos) en particular. En parte por considerarlo un procedimiento de formación de palabras marginal y periférico, y además movedizo cuando se compara con la estabilidad del léxico patrimonial, a lo que se une el propio prejuicio derivado de su desconocimiento y la actitud de resistencia a la incorporación de sus voces en el idioma. Entre las escasas referencias explícitas al género de los anglicismos con referentes inanimados, que son los que plantean más problemas, merecen citarse “El género de los extranjerismos”, de Rodolfo Oroz (La lengua castellana en Chile, 1966, pág. 210), y “El género en los préstamos”, de Theophile Ambadiang, (I. Bosque/V. Demonte, Nueva gramática de la lengua española, 1999, págs. 4878-79). El primero de ellos, Oroz, como ya he señalado antes (cfr. nota 11) subraya el papel de la analogía semántica, mientras que Ambadiang, tras aludir a diversos ejemplos de anglicismos recogidos en estudios anteriores, menciona únicamente los factores fonológicos y morfológicos, si bien reconoce la necesidad de un corpus extenso para poder explicar la determinación del género:

“Un corpus más amplio y de procedencia más variada ayudaría sin duda a determinar con mayor precisión los procesos de asignación del género de este tipo de palabras así como a refinar la descripción de la asignación del género sobre la base de factores fonológicos” (pág. 4879, n. 27)

Los apartados 4.1 y 4.2 de este estudio intentan responder a esa necesidad.

La variación en el género del anglicismo

Aparte de señalar el factor predominante en la determinación del género de los préstamos, y de los anglicismos en particular, no menos interés lingüístico tiene el análisis de la variación que se produce al utilizar sus marcadores morfológicos (principalmente el artículo determinado), a veces incluso dentro de un mismo texto o en el habla de un mismo individuo como resultado de las asociaciones semánticas y el juego de interferencias asociativas que se pueden producir en la mente del usuario de la lengua.

Al igual que ocurre con otras voces de la lengua general, la asignación del género con anglicismos referidos a objetos animados o con una referencia personal es muy simple y predictible en sus variaciones, pues se basa en la categoría del sexo natural (e.g. una starlet ‘pequeña estrella’, f; un/una disc jockey ‘pinchadiscos’, m/f), pero se complica con los de carácter inanimado, que son bien numerosos y sobre cuya explicación no siempre ha habido acuerdo. Aunque esta cuestión ha tardado en abordarse en el español europeo con cierta extensión, hace tiempo que llamó la atención de los observadores, si bien las referencias han sido breves y muy esporádicas.

Probablemente la más antigua variación fue registrada en la voz interview a finales del siglo xix. El interview, en masculino, aparece en un texto de Menéndez Pelayo en 1891, pero ambas formas se utilizaron desde un principio, prevaleciendo después la interview. En los años veinte del siglo pasado parece que se estabilizó la grafía interviú, según los testimonios escritos recogidos por Fernández García24. Con el tiempo, el femenino se convirtió prácticamente en la única variante, y en 1976 apareció el Interviú, como título de un famoso semanario.

Con anterioridad, Ramón Carnicer (1969), en un artículo memorable titulado “Los juegos”, publicado en La Vanguardia (Barcelona) y reproducido en Sobre el lenguaje de hoy25, ya aludió al empleo de un party y una party en las revistas populares de la época. Y mucho antes, el filólogo cubano Rodríguez Herrera26 ya había mostrado su extrañeza por el masculino de garden party después de encontrarse con otras parties en femenino.

Años más tarde, en su monografía sobre el anglicismo, Pratt27 dedica un párrafo al problema del género al comentar la explicación que diera Fernández García28 para justificar el femenino de interviú, por asociación con ‘entrevista’, y señalar que la existencia también del masculino le resultaba un enigma. Tratando de arrojar luz sobre esa compleja cuestión, me referí a ella en el marco de una investigación que llevé a cabo en la Universidad de Alberta, Edmonton (Canadá), a finales de los años setenta, sobre el análisis lingüístico de las siglas. Este estudio me llevó a reflexionar sobre el proceso asociativo en el que se veía inmerso el usuario de la lengua al emplear las denominaciones de distintas instituciones y, de pasada también, algunos anglicismos.

Primeramente registré en textos escritos numerosas vacilaciones en el uso de siglas, buena parte de ellas de origen inglés, como el/la FBI, la/el CIA, el/la SWAPO, la/el SEATO, la/el CENTO, la NATO (> la/el OTAN), la/el UNICEF, los/la USA29. A partir de ahí examiné las cambiantes oscilaciones de género basándome en las asociaciones semánticas, o más precisamente, en la “interferencia asociativa”30. Bajo este nombre se conoce la asociación de ideas que se deslizan en nuestra conciencia, a veces en rápida y disputada sucesión, en virtud de su semejanza conceptual. Así, por ejemplo, el contacto con un trozo de hielo puede traer a la conciencia conceptos como “frío”, “nieve”, “invierno”, etc. De hecho toda palabra, según Bally, cabe considerarse como el centro de un campo asociativo que varía de un individuo a otro, de un grupo social a otro e incluso de una situación a otra31. Lo mismo puede suponerse en el caso de denominaciones de organizaciones. Si la “denominación”, aquí en forma de sigla, es el término que denota un objeto particular (partido, organización, asociación, etc.), el significado, y de ahí el “nombre” de este objeto, puede saltar a nuestra conciencia. La base de la asociación estriba en que muchos de esos términos de la esfera política pertenecen a un estrecho y uniforme campo semántico. Si unidades léxicas de carácter concreto como colina y montaña, presentan sus “lindes léxicos” frecuentemente indeterminados32, más probable aún será encontrar tal indeterminación entre nombres abstractos como organización, organismo, asociación, etc. Dada esta indeterminación, diferentes hablantes establecerán dichos límites o lindes arbitrariamente en lugares diferentes, con lo que conceptos de por sí traslapados se hacen intercambiables. De este modo la interferencia asociativa encuentra en ellos campo abonado traduciéndose muchas veces, en el plano morfológico, en discrepancias de género. En efecto, si los conceptos subyacentes están tan entrelazados que causan interferencia semántica, no sorprenderá entonces encontrar fluctuaciones en los morfemas que señalan estas mínimas distinciones conceptuales en las siglas.

El proceso asociativo en la determinación del género puesto de manifiesto con las siglas me pareció igualmente aplicable a los anglicismos empleados en la lengua general. La idea de un concepto subyacente, y la importancia de la analogía con sinónimos y parasinónimos (hiperónimos, etc.) de un mismo campo semántico, es algo que puede invocarse al descubrir un doble morfema con el artículo, como ocurría en interviú, y no solamente en su sentido de ‘entrevista’, sino como puede ocurrir también en su uso como denominación (la Interviú [‘revista’] vs. el Interviú [‘semanario’])33.

Para este análisis me serví también de datos empíricos que obtuve tras someter a profesores y estudiantes a una encuesta en la que incluí diversas siglas, pero también algunos anglicismos, a modo de muestra, como high-school (‘instituto’), upper class (‘clase alta’) y Power Plant. A continuación ofrezco un fragmento del cuestionario (tan solo la parte I, referida a los anglicismos) en la forma que lo presenté, al tiempo que añado las respuestas obtenidas. Las cifras dadas se corresponden con los morfemas el, la y Ø respectivamente.

  1. Translation (you do not need to translate the words in quotation marks):

    1. I saw you in the Power Plant (to a young librarian you don’t know): 5-5-2

    2. In Canada the “upper class” will not be very conspicuous to you (the prof to you): 2-10.

    3. Next year I’ll show you round a “high school” in the north of Alberta (to a prof): 2-10.

El tamaño de la muestra fue reducido (12 informantes), pero suficiente para mi objetivo. Entre los entrevistados figuraron 1 trabajador, 2 amas de casa y 8 estudiantes graduados, todos ellos residentes en Edmonton y con algunos conocimientos de inglés, de los cuales 5 procedían de España y el resto de Hispanoamérica; sus edades oscilaban entre 23 y 35 años. Las entrevistas, caracterizadas por un lenguaje informal y espontáneo, no siguieron un patrón específico en forma de cuestionario. En diferentes momentos, sobre todo cuando los entrevistados se mostraban curiosos, les hice creer que lo que probaba era el modo de pronunciar las palabras citadas o la localización de su acento. Además, con el fin de no permitirles sospechar el tema en cuestión para obtener unos datos más naturales, de acuerdo con la metodología de la sociolingüística variacionista, abrí la entrevista con ejercicios en los que, al tiempo que incluía algunos anglicismos, los presentaba de forma que pareciese que uno de los puntos a examen era la variación basada en morfemas formales o informales en las fórmulas de tratamiento ( vs. Vd.)

Los resultados confirmaron completamente las hipótesis que me había planteado. También en la lengua hablada se dan vacilaciones en torno al género de las siglas cuyo número varía por un lado, según la frecuencia de aparición y la familiarización con ellas, y por otro, según la estructura semántica. En términos generales, cuanto más frecuente es una sigla, mayor es la probabilidad de que se alinee al lado de un solo morfema.

Y lo mismo cabía pensar de los préstamos extranjeros en los que también pudieron apreciarse asociaciones semánticas. Power Plant era una antigua central eléctrica, convertida bajo su nombre en cafetería y lugar de diversión de la Asociación de Estudiantes Graduados de la Universidad de Alberta. Cuando los hispanohablantes empleaban el término en español decían la Power Plant, influidos por el nombre femenino la planta o por asociación con conceptos como ‘cafetería’; o bien el Power Plant, de acuerdo con los términos masculinos asociados con la denominación: lugar, edificio, restaurante, bar, salón, etc. Un informante con menos conocimientos de inglés, al preguntarle la razón de su preferencia por el masculino, confesó la influencia del significado literal de Power ‘poder’. La vacilación entre masculino y femenino en Power Plant mostrada en la encuesta de hecho reproducía la que se oía todos los días en las conversaciones entre españoles.

Upper class y high school no mostraron el mismo grado de vacilación, no son denominaciones en sentido estricto, como Power Plant, sino nombres apelativos que representan lo que significan literalmente. Sin embargo, el verterlos al español implica un segundo concepto que no es unívoco en nuestra lengua y que pudiera coincidir o no con el inglés. En efecto, clase (< I. class) y escuela (< I. school) sin duda son responsables del alto número de formas femeninas, pero podría haber también conceptos masculinos asociados con class (‘estamento’, ‘nivel social’, etc.) y high school (‘instituto’); de hecho instituto es la traducción usual del término34.

Poco tiempo después apareció el estudio clásico de Poplack et al. (1982, op.cit., 26) ya mencionado en el que, con datos empíricos obtenidos de la lengua oral, los autores concluyeron que la proporción de las oscilaciones en el género de los anglicismos, exceptuando las originadas por el sexo natural, rozan el 4%. Por primera vez se cuantificaba su importancia, aunque la referencia fuera a una variedad del español hablado en EE.UU. en un contexto bilingüe.

Andando el tiempo y de vuelta a España, me crucé con muy diversas oscilaciones de género en la prensa española y a ellas aludí especialmente al redactar el apartado dedicado a la morfología del nombre en el estudio panorámico sobre el anglicismo en español incluido en el volumen English in Europe editado por Manfred Görlach35. Lo que proporcioné esta vez fue una lista estimable, más amplia que las anteriores y con la que di cuenta de las principales asociaciones semánticas de acuerdo con mis propias intuiciones y la opinión de algunos estudiosos.

Previamente, de una manera breve pero muy precisa y con datos cuantitativos, Sampedro (op.cit.) se refirió a los anglicismos empleados en la informática. Tras analizar el uso del artículo en 67 de ellos, concluyó que el principal factor determinante en el 88,06 % de los casos es la traducción de la palabra establecida como forma equivalente, en contraste con el 5,97 % sujeto a variación, con presencia de ambos artículos, masculino y femenino (pág. 112). El 5,97 % restante respondió, según el autor, a un uso incorrecto del artículo, apreciación que según mi hipótesis es cuestionable, como más adelante explicaré.

Para comprender la complejidad y la dimensión del fenómeno de la variación faltaba recurrir a una muestra mucho más amplia referida a diversos campos semánticos y con aporte textual donde se hicieran evidentes las diversas asociaciones que tienen lugar dentro de un mismo individuo o comunidad, e incluso de un mismo escritor dentro de un periódico. Aparte de esta perspectiva cognitiva, se necesitaba también explorar otros posibles factores en conflicto, como los de tipo morfofonológico y morfosintáctico, para medir su peso real. Todo ello con el fin de ofrecer una visión global del fenómeno de la variación antes de hacer generalizaciones válidas sobre la influencia de los factores que intervienen en la asignación del género. A este fin, en lo que resta en esta investigación del anglicismo voy a seguir una metodología con doble base empírica, con datos de corpus y experimentales, siguiendo en líneas generales la ya ensayada a pequeña escala con el género de las siglas y sobre todo la que han llevado a cabo Carstensen36, Callies et al.37 y Onysko et al.38 en sus estudios sobre los anglicismos en alemán.

Pero antes de proseguir con el examen de la variación en los anglicismos conviene echar una mirada a la que tiene lugar con los nombres comunes en general por la luz que puedan arrojar sobre el fenómeno del proceso asociativo, para lo cual resultará clarificador hacer un repaso de las observaciones vertidas en los manuales y estudios de gramática. Existe acuerdo entre sus autores en señalar la preeminencia de los factores semánticos al examinar los nombres con referentes de carácter animado, cuya explícita especificación sexual contribuye a la sistematicidad en la determinación del género. En los de carácter inanimado, que son mayoría, la correlación que se establece entre la información semántica y el género es más compleja e inestable. Por un lado, los factores semánticos determinantes del género pueden competir con otros de carácter formal (morfológicos o fonológicos), pero aun dentro de los factores semánticos la correlación no es fácil de establecer pues a menudo un rasgo de género está asociado a diversas clases léxicas y, a la inversa, una misma clase léxica puede incluir formas de uno u otro género. De la diversidad de factores en conflicto resultan discrepancias e interferencias en el proceso de asignación de género, cuestión advertida desde hace tiempo por los gramáticos que se han ocupado de la flexión del nombre39.

De entre la extensa casuística de nombres comunes mencionados en la literatura me centraré principalmente, para nuestro propósito, en algunos de carácter “ambiguo” extraídos de dos manuales de referencia, como los de Alcina/Blecua40 y Leonardo Gómez Torrego41. Al primero corresponden las rúbricas “ambiguos y de concordancia vacilante” y al segundo “algunos femeninos con problemas”, “algunos masculinos con problemas” y “algunas palabras ambiguas en cuanto al género”. Al enfrentarse con la concordancia indistinta, estos y otros autores señalan y listan las vacilaciones resultantes apuntando en ciertos casos correlaciones con el registro (uso culto o popular, vulgar, arcaico, etc.) y la forma, masculina o femenina, predominante, pero sin dilucidar las posibles asociaciones que determinan el género asignado. A modo de ilustración, y aun a riesgo de simplificación, enumeraré algunas de ellas como posibles.

El reuma o la reuma (‘dolor’, ‘reumatismo’ vs. ‘enfermedad’, ‘dolencia’), el/la linde (‘límite’ vs. ‘línea [fronteriza], ‘separación’), el/la apócope (‘truncamiento’, ‘acortamiento’ vs. ‘forma truncada’), el/la tilde (‘acento’ vs. ‘marca ortográfica’, ‘marca de acento’), el/la dinamo (‘generador eléctrico’, ‘generador de corriente’ vs. ‘máquina [dinamo eléctrica]’, el/la tiroides (‘cartílago’ vs. ‘glándula’).

En el caso de el/la mar, conviene recordar lo ya apuntado hace tiempo por Meyer-Lübke, y citado por A. Rosenblat, para explicar el uso del femenino, considerado por algunos como una variante anómala pero que subsiste en el habla popular (sobre todo en el mundo marinero) y la lengua poética. Se trataría de una doble asociación muy singular, pues uno puede pensar en agua (f.), pero también, y sobre todo, en la atracción analógica de una voz de significación opuesta, la tierra42.

Otras voces merecen citarse por el entrecruzamiento del género semántico con la interpretación morfológica. Un ejemplo paradigmático es vodka, normalmente m. sin duda debido a la analogía con la larga ristra de voces masculinas encuadrables dentro de la clase léxica, ‘licor’ (el ron, el cointreau, el cognac, aguardiente, etc.), y que predominan sobre el hiperónimo ‘bebida’ (f.) y por encima del posible influjo de un licor de género femenino, como ginebra43.

En el radio, asociaciones como el hiperónimo ‘aparato’, e hipónimos como ‘radirreceptor’, ‘transistor’, ‘radioteléfono’, se han revelado menos decisivas que significados metonímicos como radiotelefonía y radiotelegrafía (f.) y la analogía morfológica con voces femeninas terminadas en -o (foto y moto, etc.), obtenidas por abreviación de motocicleta y fotografía y que mantienen inalterable el género por la conciencia etimológica44.

También es ilustrativo el caso del género ambiguo de maratón, muy singular en tanto en cuanto la mayoría de las voces acabadas con esa terminación en español son masculinas (arcón, callejón, casoplón, piramidón, etc.). Se trata de una “denominación”, más que de un “nombre”, de un ‘deporte’ (m.), que sería el hiperónimo, pero frente al cual se alzan como más influyentes hipónimos (y co-hipónimos) como carrera, prueba, competición45.

De entre las denominaciones merece señalarse la vacilación que se produce en nombres propios de ciudades, países, regiones, etc., en los que, al margen de la terminación, el género puede venir determinado por pensar unas veces en pueblo, lugar, y otras en ciudad, villa, población. Esto se pone en evidencia sobre todo cuando se ven sujetos a un régimen de concordancia con adjetivos o participios, en frases como: el moderno Madrid vs. la gran Madrid o Madrid está muy aburrida, el moderno Toledo vs. la Toledo que yo conocí, o con modificadores como medio, mismo o todo (por ej. el mismo/la misma Zaragoza, todo/toda África). En nombres de sociedades y organizaciones la correlación del género con la terminación es inexistente, al depender el género completamente del hiperónimo correspondiente, Así, el Coruña será masculino por la asociación con el club46.

Asimismo me ha llamado la atención la alternancia de el mantra, generalmente masculino (‘pensamiento’, ‘estribillo’…), como su análogo karma, procedente igualmente de la terminología religiosa oriental, y el uso ocasional de las mantras, con posible influencia de la -a del femenino o asociaciones como ‘sílabas’, ‘frases’, ‘formulas’.

Aparte de estos factores semánticos, conviene no perder de vista al examinar estas alternancias en el género otros de naturaleza sociolingüística que influyen en una u otra dirección. Así, con algunos nombres se aprecian diferencias diatópicas o geolectales, como en radio, frecuentemente femenino en español europeo, pero masculino en el español de Colombia. Y también diacrónicas: vodka es citado como únicamente femenino por Alcina/Blecua en 1975, pero hoy normalmente es masculino, y raro como femenino, tal como recogen M. Seco y cols. en el DEA. Igualmente diafásicas: en algunos casos, el término coloquial influye en la dirección de una variante (almorranas en el femenino de hemorroides) o incluso convive con una forma culta (el paralís junto a la parálisis).

Todo este cuadro de discrepancias y alternancias basadas en las asociaciones semánticas con sus múltiples especificaciones se reproducen en los anglicismos, y a mi modo de ver con más frecuencia, como veremos en los apartados siguientes.

Metodología y datos

Corpus escrito

Los adelantos en la compilación de corpus que ofrece hoy la tecnología proporcionan posibilidades nuevas para estudiar los patrones que subyacen a la variación gramatical, no solo en español, sino también en otras lenguas. Las escasas referencias que se han hecho hasta el momento en lo que atañe a este punto concreto del género de los anglicismos se han basado en muy pequeños corpus limitados por lo general a un solo periódico o revista, lo que comporta un posible sesgo hacia un determinado estilo o política editorial marcados por un medio de comunicación. Para evitar estas carencias y al mismo tiempo dotar de una base empírica amplia que permita examinar y evaluar la potencial variación en la asignación del género con más objetividad, he acudido principalmente al corpus que contiene mi propio Gran diccionario de anglicismos (en lo sucesivo, GDA)47, complementado con algunos textos escritos más obtenidos por medios electrónicos.

Los diccionarios españoles de la lengua, por razones de espacio y metodología, por lo general se limitan a dar un solo género cuando se trata de objetos inanimados y no abordan el problema de la variación, para empezar porque no incluyen muchos anglicismos. En este aspecto destaca sin duda el DEA (de M. Seco y cols.), el más receptivo ante los préstamos y al mismo tiempo el más descriptivo del uso actual48. Repasando su extensa macroestructura se observan algunas matizaciones con algunos anglicismos que faltan en otros diccionarios. Así, por ejemplo, en la entrada videocasette¸ aparecen las marcas m y f, mientras que en el DUE, de M. Moliner49, solo figura el masculino. En interview, tanto en el anglicismo directo como en su forma adaptada interviú, el DEA utiliza la marca del femenino. También introduce una matización con la voz más actual party, al utilizar la marca “m. (tb., raro, f.)”, así como con otras voces a las que aludiré más adelante. En el GDA, de manera parecida se señala la diferencia de frecuencia entre ambos géneros y el más frecuente va precedido por la abreviatura gen (‘generalmente’). El empleo de la doble marcación tiene un sentido orientativo y es de utilidad, pues si no se matiza y se señala la forma más corriente el lector tenderá a pensar, lógicamente, que los dos géneros se reparten al 50% su frecuencia.

A diferencia de otros repertorios lexicográficos, el corpus de anglicismos con doble género que contiene el GDA es notablemente extenso, tal y como indican las 104 entradas que he anotado en el cuadro siguiente. Tamaña extensión se explica si se tiene en cuenta la singularidad de este diccionario: sus más de 4500 entradas incluyen numerosas citas ilustrativas recogidas durante más de cuarenta años, la mayoría de ellas en los últimos veinte –los que lo separan de su antecesor, el NDA, que elaboré con la colaboración de A. Lillo50.

Tabla 1

Corpus documental (extraído del GDA)

acid party

las “acid parties” (Tiempo, 27-8-2001, 68)

los acid-party (El Mundo, 1-10-2001)

action painting

la action painting (La cultura underground, vol. 1, 88)

del action painting americano (Cambio16, 19-4-1976, 59)

la «action painting» (DAM 1986, 169)

adsl

el adsl (Cinco Días, 25-11-2006, Segunda/2)

la adsl (Abc, 22-1-2008, Andalucía)

after [abrev. de after hours]

una after (Cam­bio16, 18-11-1991, 56)

un after (Primera Línea, nov. 1995, 62)

after hours

esta after hours (Cambio16, 18-11-1991, 57)

el afterhours (Primera Línea, abril 1993, 31)

american way of life

la american way of life (El País, 18-1-1993, 29)

el american way of life (Quo, oct. 1995, 90)

babymoon

el llamado ’babymoon’ (Sur, 10-5-2015, Turismo)

las babymoon (Cinco Días, 3-5-2007, 5Sentidos)

biopic

la biopic (El País, 13-1-1993, 45)

un biopic (El País, 15-10-1983, 42)

blak-bass

el black-bass (Informaciones, 16-8-1974, 21).

una black-bass (Diario Córdoba, 16-4-2012)

blazer

un blazer (T. Moix 1991, Garras de astracán, 439)

las blazer (El País Semanal, 30-5-1993, 58)

bleiser

modernos bleisers (El Mundo, 10-7-2003)

una bléiser (El País, 31-3-2008)

bloomer

los bloomers (El Periódico de Catalunya, 27-3-2011)

las ‘bloomers’ (La Verdad, 6-10-2013, V)

body lotion

el body lotion (C. Rigalt 1997, Mi corazón, 23-24)

las body lotions (Cinco Días, 15-12-2003)

body painting

el body painting (El País, 17-2-2004, Televisión/63)

una body painting (Ideal, Jaén, 3-4-2016, Expectativas)

borderline

unos […] border-line (El País Semanal, 15-5-1994, 120)

una ‘borderline’ (La Verdad, 26-2-2011, Televisión)

breakdance

el breakdance (F. Poblet 1985, Contra la moderni­dad, 86)

la breakdance (Las Ciudades, feb. 1985, 11)

Browning

una browning (A. Gala, El País Semanal, 30-3-1986)

un Browning (El País, 7-1-1999, Deportes/37)

brown sugar [droga]

del mejor brown sugar (R. Heredia 2000, La agenda, 167)

la browny. (Rosa Montero 1982, Crónica del desamor, 207)

la brown sugar. (El País, 8-1-2013, España/20)

Campus Party

una Campus Party (El País, 9-12-2012, Negocios/32)

del Campus Party (La Verdad, 30-7-2008, Cultura)

cardigan

el cardigan (El Mundo, 7-8-2006, UVE/7)

las cardigan (http://filarprim.com)

chemsex

La cultura del chemsex (El Mundo, 4-11-2015, 35)

las chemsex (El País, 9-5-2016, Catalunya/3)

check-list

un check-list (El País, 4-4-2012)

una check list (El País, 9-8-2014, Cataluña/2)

chick-lit

el ‘chick-lit’ (La Verdad, 16-4-2016)

la chick-lit (Tentaciones, El País, mayo 2016, 49)

chinatown

los «chinatown» (Abc, Alicante, 19-7-1993, 52)

las chinatowns (La Voz de Cádiz, 11-3-2009)

chopped

el chopped (Abc, 4-2-2009, Madrid)

la Chopped (La Verdad, Albacete, 7-5-2007)

closed shop

el closed shop (El Mundo, 15-7-2012, Opinión/3)

una closed shop (El Mundo, 13-1-2013, Opinión/3)

commodity

los commodities (El País, 22-1-1995)

la commodity (Abc, 11-11-2007)

cookie

un cookie (El Mundo, 16-12-1998, 3)

una cookie (El Mundo, 17-11-2002, 5)

crack

un crack (El Periódico Mediterráneo, 7-9-2011)

una crack (La Verdad, Alicante, 30-11-2013)

crew

la ‘crew’ rival. (La Verdad, Murcia, 17-10-2012)

su nueva crew (El Mundo, 11-11-2013, EM2 Cultura/43)

un crew de grafiteros (Efe, Publico.es, 26-5-2014)

dark room

una dark room (Odisea, n.º 70, junio 2003, 17)

el dark room (Shanguide, 18-7-2005, 65)

detox

la detox (Abc, 19-3-2013, Genstestilo)

un détox (El Mundo, 25-6-2015, España/11)

drag queen

las «drag queens» (Abc, 30-10-1994, 113)

unos «drag queen» (Luis Ventoso, Abc, 20-8-2015)

duty free

el duty free (Sport, 15-12-1992, 8)

las duty free (Cambio16, 12-5-1986, 89)

duty free shop

los duty free shops (Cambio16, 12-5-1986, 89)

las duty free shops (T. Moix 1991, Garras de astracán, 184)

factory

la factory (F. Umbral 1999, Diario, 130)

un factory (Cinco Días, 3-4-2001, Empresas/12)

fake

un fake (Abc, 26-2-2014, Opinión)

una fake (Abc, Sevilla, 9-4-2014, Gente)

family office

una family office (El País, 4-5-2008, 18)

el ’family office’ (La Verdad, Alicante, 14-6-2011)

free shop [duty free shop]

los free shops (Cambio16, 12-5-1986, 89)

las free shops (id., 90)

front row

la front row (Abc, 4-1-2014, Gentestilo)

el front row (El Mundo, 17-2-2014, EM2 Cultura/38)

Game Boy (o gameboy)

el gameboy (El País Semanal, 5‑12‑1993, 23)

la Gameboy ( El Periódico de Catalunya, 20-4-2009)

gang

un gang (Cambio16, 17‑2‑1975, 55)

las gangs (El Periódico de Aragón, 10-8-2011)

Gay Pride

la Gaypride (Javier Sáez, Zero, mayo 2001)

el Gay Pride (El País, 29-6-2014, Cataluña/1)

ghb [droga]

el ghb (El Mundo, 18-9-1997, Salud/1)

la ghb (El Mundo, 31-6-1998, Crónica/12)

half-pipe (o halfpipe)

una “half-pipe” (Primera Línea, n.º 65, sept. 1990, 86)

un half-pipe (You, n.º 34, feb. 2000, 14)

happy hour

el happy hour (El País, 23-8-1998, Valencia/5)

la happy hour (Cinco Días, 24-5-2005, 5Sentidos/45)

high school

un «High School» (Anuncio, El País, 30-10-1983, 7)

la high school (El País, 8-1-1995, Domin­go/2)

hot line

del hot-line (La Verdad, 8-11-1992, 12)

una hot line (El País, 5-11-1993, 26)

impeachement

el «impeachment» (El Mundo 31-12-1992, 13)

la impeachment (republica.com, 25-1-2017)

interface

un interface (El País, 16-12-1992, Futuro/8)

las «interfaces» (Blanco y Negro, 10-12-1995, 104)

internet

la Internet (El País, 4-3-2002, Valencia/2)

el internet (Abc, 6-8-2009)

interviú (‘entrevista’)

una interviú (El País Semanal, 12-5-1985, 76)

los interviúes (Kerrang, julio 1995, 14)

jacuzzi [‘baño, hidromasaje’]

darme una sauna, una jacuzzi (TVE1, 5-9-1996, 23.40)

se dio un jacuzzi (El Mundo, 10-11-2005)

jazz band [‘banda de jazz’]

los jazz-band (Pío Baroja [Ros, p. 203])

las jazz band (La Voz de Cádiz, 5-7-2008, Cultura)

jet-set

el jet set. (La Luna de Madrid, abril 1985, 66)

la jet-set (El País Semanal, 4-7-1993, 52)

joint venture (o join venture)

una joint venture (Expansión, 4-11-1992, 10)

diversos join ventures (Expansión, 8-4-1993, 6)

juke-box

un juke-box (Star, feb. 1980, 58)

una «juke-box» (Abc, Sevilla, 24-12-2014)

loft

un loft (El País Semanal, 21-3-1993, 22)

la enorme loft (Cambio16, 16-1-1984, 86)

love story

la love story (Información, 21-12-1994, 55)

este love story (El País, 6-10-1995, Tentaciones/12)

match-ball

una match ball. (El Mundo, 24-6-2013, dxt/12)

un ‘match ball’ (La Verdad, Alicante, 4-6-2015)

movie

un movie (El Mundo, 23-5-2008, Cultura/54)

la tv-movie (Ideal, 8-9-2014, Gente-Estilo)

off-shore

un offshore (El País, 22-3-1993, 52)

una offshore (Abc, 6-4-2016, Opinión)

party

la «party» (Star, n.º 56, 1980, 57)

el party (El País, 17-2-1993, 56)

party-line

los partylines (Muy Interesante, marzo 1993, 86)

una party line (El País, 29-1-2011, Tendencias/47)

password

la password (PC Actual, 9-1999, 324)

el password (El Mundo, 15-10-2006, Crónica/11)

pay-per-view

la pay-per-view (El País, 24-12-2006, Televisión/71)

el «pay-per-view» (Abc, 18-4-2016, Deportes)

P.C.P. [tipo de droga]

la PCP (A. Escohotado 1998, H.ª general de las drogas, 1038)

el PCP (Ana María Pascual 1998, “Drogas caseras”, 87)

peep-show

un «peep-show» (El Mundo, 16-5-1994, 56)

las ’peep shows’ (La Voz de Cádiz, 12-10-2013, Sociedad)

performance

una performance (Primera Línea, mayo 1993, 48)

el performance (El País, 17-10-1993, 32)

poll tax

al famoso poll tax (Expansión, 7-12-1992, 24)

la «poll tax» (El Mundo, 7-3-1993, 7 Días/6)

rave

los raves (El País de las Tentaciones, 19-1-1996, 6-8)

la […] rave (El País de las Tentaciones, 14-2-2003)

rave-party

los rave-parties (El Mundo Magazine, 22-10-1994, 54)

una rave party (El País, 9-1-2009, Com. Valenciana/8)

reality

un reality (El País, 4-12-1994, 48)

una reality (El Norte de Castilla, 4-6-2007, Televisión)

reality show

el reality show (Telepaís, 27-6-1993, 3)

una reality show (Diario Vasco, 6-7-2012, Opinión)

relax (< ing. relaxation)

la […] relax (M. Vázquez Montalbán 1990, La soledad, 95)

un relax (Le­vante, 12-3-1996, 2)

road movie

violento road-movie (El País, 28-11-1992, 53)

la road movie (El País Semanal, 24-12-1995, 28)

roadster

un «roadster» (Autopista, 1-3-1994, 115)

esta nueva roadster (La Verdad, 8-11-1992, Motor/12)

scooter

un scooter (Motociclismo, 5-8-1992, 108)

las scooters (Ciudadano, mayo 1994, 56)

selfie

la selfie (Abc, 23-4-2014, Deportes)

un selfie (El Mundo, 27-7-2014)

serif

los ’serif’ (Diario Montañés, 6-10-2011, Sociedad)

la ‘Serif’ (El Correo, 22-11-2013, Otros)

sexploitation

del sexploitation (El País, 24-9-2004, Espectáculos/56)

la sexploitation (El Periódico de Catalunya, 12-10-2014)

sex shop

un sex shop (El Mundo Maga­zine, 13-2-1993, 14)

las sex-shops (El Mundo, 15-5-1994, 2)

Sissy bar

un Sissy bar (Solo Moto, n.º 126, agosto 1993, p. 50)

una Sissy Bar (http://www.ebay.es)

sitcom

el «sitcom» (Información, 5-11-1993, 57)

la ‘sitcom’ (Tiempo, 10-7-2000, 72)

skate plaza

un super skate plaza (Diario Vasco, 20-4-2008)

una Skate Plaza (La Verdad, Alicante, 15-11-2010)

slide guitar

la slide guitar (Ciudadano, nov. 1991, 66)

el […] slide-guitar (Metrópoli [El Mundo] 4-7-1997, 45)

snuff movie

los snuff movies (El País Semanal, 5-5-1996, 256)

las snuff movies (El País Semanal, 27-4-1997, 20)

speaker (‘presidente/-a’)

el «speaker» (Cambio16, 5-5-1975, 24)

la Speaker (El Mundo, 30-12-1995, 23)

speaker (‘presentador/-a’)

un speaker (Cambio16, 5-5-1975, 79)

la speaker (El Periódico de Extremadura, 18-2-2011)

speed

el speed (Star, n.º 26, 17)

la speed […]. (www.cannabiscafe.net)

speed date

un speed date (El País, CiberPaís, 22-11-2012)

unas 141 speed dates (El País, 1-7-2012, Negocios/15)

speed dating

la ‘speed dating’ (La Rioja, 8-2-2015)

un speed-dating (El Periódico de Catalunya, 16-12-2009)

styler

famoso ‘styler’ (El Norte de Castilla, 25-10-2009, Vida)

la styler (Glamour, feb. 2014, 147)

tablet

los «tablets» (Abc, 1-5-2010, Sociedad)

una tablet (Abc, 6-7-2013, Sociedad)

tenis [< tennis shoes]

los tenis (La Voz de Cádiz, 10-10-2009, Deportes)

las tenis (Diario Vasco, 14-8-2012, Deportes)

township

el “township” (El Mundo, 23-6-1995, Internacional/22)

las townships (El País Semanal, 27, 3-1988, 48)

thriller

el thriller (Panorama, 6-4-1992, 73)

una thriller (El Mundo, 9-5-1993, 78)

Trade Union

los trade unions. (El País Semanal, 23-6-1985, 91)

las «Trade Unions» (El Mundo, 21-7-1994, 19)

trench

al trench (Cosmopolitan, enero 1993, 86)

la «trench» (La Revista [El Mundo], 29-10-1995, 97)

url

la url (Diario Córdoba, 13-8-2013)

un “url inválido” (El Mundo, 23-9-2016, 53)

viagra

la Viagra (Mundo Magazine, 30-4-2000, 31)

el Viagra (La Verdad, 27-11-2015, Gente-Estilo)

web

la web. (El País Semanal, 5-1-1997, 39)

un nuevo web (Cadena 40 principales, 7-5-1996, 2.20)

webcast

los webcast (El País, 30-7-2008, Madrid/5)

la webcast… una webcast (El Norte de Castilla, 28-1-2014)

website

los websites (El Mundo, 27-12-2010, España/10)

esta website (El Mundo, 20-3-2014, Mundo/24)

wifi

el wifi (El País, 4-11-2012, Negocios/12)

la wifi (El País, 20-1-2013, Negocios/11)

 

Análisis de los resultados

Los datos recogidos en esta lista se han presentado alfabéticamente, y las citas, en orden cronológico. Por razones de espacio he seleccionado las que contienen los dos géneros, marcados en el diccionario con la abreviatura n (m. y f.) tras el lema, pero omitiendo algunas más, entre ellas las que se presentan con morfema Ø, por carecer de artículo u otro marcador morfológico. También por razones de economía he prescindido del texto de la cita (e incluso de algún dato más de la referencia bibliográfica), pero lo recuperaré del corpus del diccionario cuando el análisis lo requiera. En general, examinaré los distintos patrones de género encontrados en el anglicismo, y los esquemas asociativos en que se basan las variaciones, con sus matices, siguiendo la tipología de factores enumerados en la literatura a la que me he referido más arriba.

Género biológico

En primer lugar me referiré al “género biológico” o “fisiológico”, cuya variación se pasa normalmente por alto por ser fácilmente deducible. Por ese motivo, numerosas citas presentan sólo una forma de género, pongamos por ejemplo el masculino, y sin embargo he catalogado el lema en cuestión con la n del género común, por ser igualmente posible su uso en femenino. Tal ocurre con muchos anglicismos terminados con el sufijo de agente -er, como roller, rocker, etc., incluso con derivados como rockero, al ser virtualmente flexionable. En la lista he seleccionado speaker, con ambos géneros en sus dos significados (como ‘presidente/-a’ y ‘presentador/-a’, por ejemplificar las discrepancias de tratamiento lexicográfico; así, mientras el diccionario DUE de M. Moliner y el DEA lo registran como m (masculino), y lo mismo hace el Clave (o DUEA)51, como s.m (sustantivo masculino), el GDUEsA52 lo hace con s/m, f (es decir con los dos géneros, m. y f.).

Aunque el sufijo -er se aplica por regla general a los dos géneros: (el/la) leader, e incluso cheer-leader excepcionalmente puede referirse al masculino, en ambos casos siempre dentro de un registro formal, la presión analógica ejercida por la semántica y la morfología puede conducir a la terminación en -a en contextos muy marcados estilísticamente, de lo que son buenos ejemplos lideresa y chirla.

Lideresa significa ‘directora, jefa o líder de un partido o grupo político’, y se emplea a menudo con una connotación semihumorística en la prensa política. Su analogía con alcaldesa en el contexto español es manifiesta; también con otras voces terminadas en -esa, como duquesa, marquesa, jequesa, todos títulos nobiliarios cuyas asociaciones pueden propiciar o reforzar una connotación irónica. El término alcanzó popularidad como sobrenombre de Esperanza Aguirre, diputada y ex presidenta de la Comunidad de Madrid, por su papel ejercido dentro del Partido Popular. Sin embargo, ya aparece en la prensa mexicana a principios de los años noventa referida a la líder de un partido:

[] queda por averiguar el porqué del feroz ataque a la ya famosa lideresa del susodicho partido. (El Universal, 8-4-1991, 18). (Cf. Sánchez 1995: 60)

En cuanto a chirla, su uso es más ocasional, y puramente argótico, a lo que contribuye la homonimia con el nombre de un molusco parecido a la almeja. Se oye alguna vez, y se registra también en forma escrita, como en el siguiente blog:

Sandoval está convencido de que las ‘chirlas’ están ganando esta batalla al ver cómo las dos nuevas concursantes que se incorporaron al juego el jueves pasado están más cerca de ese grupo que el formado en torno a Belén. (http://www.telecinco.es/blogs/gatoencerrado/Solo-Coman-atreve-Belen_6_1938915001.html)

En la lista antes citada he escogido intencionadamente también crack en sentido figurado ‘persona destacada en cualquier campo’, clasificado como masculino en todos los diccionarios generales de uso del español consultados, lo que es un reflejo de cierto sexismo lingüístico, cuando el habla real registra también notorios ejemplos del femenino, como pone en evidencia el GDA en el que se han recogido tres citas. Asimismo, sorpresivamente, aunque de forma esporádica y en un tono jovial, he registrado cracka (“es una cracka”) en el lenguaje oral, en algunos círculos feministas de Barcelona53.

También he incluido drag queen, normalmente en femenino por la especial psicología y ambigüedad, y sobre todo por la vestimenta con que se presentan este tipo de homosexuales54, pero por tratarse de hombres también se emplea, aunque con menos frecuencia, el masculino. El DUE y el GDUEsA recogen sólo el femenino, mientras que el DEA (2.ª ed., 2011) acertadamente lo tipifica así: f (raro m).

Excepcionalmente, un anglicismo como fake [féik] puede tener un género fijo, invariable, si se refiere a un objeto inanimado que es ‘falso’, ‘no genuino’, pero variable si la referencia es a una persona, y femenino si se trata de una mujer. Los siguientes ejemplos son bien elocuentes:

Rajoy anunció ayer que sus dos primeros años han sido un fake, una forzosa versión trucada de su propio programa. (Ignacio Camacho, “Fakes”, Abc, 26-2-2014, Opinión)

¿Marta, eres una fake neurótica o eres neurótica a secas? (Marta Barroso, ¿Verdadero o «Fake»?”, Abc, Sevilla, 9-4-2014, Gente)

Analogía semántica

La mayor parte de las variaciones entresacadas de este corpus de anglicismos responde ostensiblemente, a mi modo de ver, a factores semánticos. Buena parte de las asociaciones responsables de la asignación del género son fáciles de determinar y precisar, otras no tanto, o se entremezclan con otros factores, pero no por eso deben excluirse como posibles. En este apartado voy a hacer un recorrido por la mayoría de ellas para examinar de cerca sus posibles motivaciones y condicionamientos, pese a lo arriesgado que puede resultar la operación en ciertos casos.

Me referiré en primer lugar a las que son estrictamente “denominaciones” más que nombres, como Gay Pride, trade union y game boy. Examinando sus oscilaciones, se comprueba que las asociaciones obvias vienen determinadas por su sentido literal, ‘orgullo’ (m.), ‘unión’ (‘f.), y ‘muchacho’ (m.), respectivamente, pero por encima de ellas suelen estar las relacionadas con su significado específico e incluso el término superordinado o hipéronimo, que no siempre llevan el mismo género. En el caso de game boy, ‘videojuego’ (m.) y ‘videoconsola’ (f.), y, entrando en conceptos más genéricos, ‘aparato’ y ‘dispositivo’, que inclinarían el término hacia el masculino, pero es más corriente “la game boy”, en parte debido a la influencia de “la PlayStation”; en Gay pride, ‘marcha’, ‘parada’, ‘fiesta’, todas voces femeninas; en trade union ‘sindicato’ (m.) o ‘central sindical’ (f.), o bien significados más abstractos, como ‘organismo’ (m.) y ‘organización’ (f.).

En cuanto a la galería de “nombres” sujetos a variación, están varios términos del campo de la drogadicción, como las siglas GHB y PCP, brown sugar y speed. En los textos periodísticos destaca la referencia a hiperónimos como ‘droga’, ‘sustancia (ilegal)’ (f.) y ‘estupefaciente’ (m.), que mueven el género en una u otra dirección; en GHB cabe pensar además en un co-hipónimo muy relacionado, ‘extasis’ (m.), y lo mismo ocurre con speed; y en brown sugar en ‘heroína’ (f.), dado que es un tipo de heroína, pero también en las versiones traducidas como equivalentes en el argot español, todas ellas en masculino: azúcar, azúcar moreno, y azúcar marrón55. En las siglas se puede postular también la posible influencia añadida de los nombres de la letra inicial, (la) G y (la) P, que son femeninos.

En el campo de la indumentaria, he descubierto oscilaciones en blazer (del inglés blazer jacket), donde se sobrentiende ‘chaqueta’, asociación que también se da con cardigan, y en ambos casos puede pensarse igualmente en conceptos masculinos como ‘jersey’, que probablemente es la asociación dominante. En el DEA, la voz blazer lleva la marca “m., o a veces, f”, a pesar de ser definido como ‘chaqueta’ o ‘americana’, y sin duda la terminación -er le inclina también hacia el masculino; y cardigan es m., a pesar de definirse como ‘chaqueta de punto’ (f.). Otros términos con variación son trench, “pseudoanglicismo” obtenido por elipsis a partir de trench coat, cuya traducción remite a los significados ‘gabardina’ (f) y ‘abrigo’ (m.), y también a ‘chaquetón (largo)’ (m.), y por su morfología, a trenca56; y bloomer, que tiene por equivalentes a ‘pantalón’, ‘bombacho’ y ‘pololo’ (m.) y ‘braga’ o ‘braga-pantalón’ (f.).

En el campo de las tecnologías de la comunicación son objeto de variación interface, internet, wifi, web, tablet, party-line y hot-line. En cuanto a interface, anglicismo adaptado como interfase e interfaz (m. o f., según el DEA), encuentra analogía con conceptos masculinos como ‘dispositivo’, y por su morfología también con faz y fase, que son femeninos. Internet (o internet), es un ‘aparato’, y también un ‘servicio’, y quizá por ello generalmente va en masculino, según mi recuento57; pero este uso en realidad es una metonimia de ‘red’ de redes, de hecho la palabra es un acrónimo de International network (lit. ‘red internacional’), y de ahí el uso vacilante, lo que explica que el DEA lo marque con ambos géneros, sin mayor distinción. El DUEA, en cambio, se fija más en su sentido etimológico, y en que a veces se emplea en aposición (“la red Internet”), por lo que le asigna únicamente el femenino. Más reciente es el uso de tablet, adaptado a veces como tableta, término paronímico (“cognado”), lo que le conduce al femenino, la tablet; pero alterna con el tablet, por su relación semántica con ‘móvil’, ‘ordenador’, ‘portátil’, e incluso, más distante, con la de ‘aparato’. Por lo que respecta a web, para el DEA es “f (y, más raro, m.)”, sin duda por su analogía con ‘página web’; el DUE señala igualmente el femenino, pero también el masculino, en su definición como ‘sitio web’. Ambas asociaciones están reflejadas también en la entrada website, tal como recoge el DEA, que también asigna doble género a wifi, presumiblemente por analogía con ‘sistema’ (m.) y ‘red’ (f.). Otras asociaciones posibles son ‘servicio’ (m.) y ‘tecnología’, ‘conexión’, ‘línea’ (f.). En inglés se pronuncia [uái-fái] y es marca comercial de la Wi-Fi Alliance, de ahí la grafía original wi-fi que a veces se emplea; la analogía morfológica con hi-fi (< hi fidelity) ha hecho pensar erróneamente a algunos que procede de wireless fidelity (lit. ‘fidelidad sin hilos’). En el mismo campo semántico cabe incluir party-line y hot-line, cuyo doble género responde a la doble asociación de ‘línea’ (de conversación) y ‘teléfono erótico’, o el más abstracto de ‘servicio’.

Otro ‘aparato’ del mundo de la técnica, mucho más antiguo, es juke box, cuyo femenino se relaciona con el sentido literal del núcleo del compuesto, ‘caja’, y con su significado específico, ‘máquina (tocadiscos)’, ‘máquina de discos’, etc.

Por el lado de la cinematografía destacan movie (abrev. de moving picures), road movie (‘película de carretera’), sitcom (< situation comedy), biopic (< biographical picture), todos ellos obviamente relacionables con su significado básico ‘film’ (m) y su sinónimo coloquial ‘película’ (f.); en biopic, además, se podría pensar en un hiperónimo más abstracto como ‘género cinematográfico’. Asimismo, del contexto cinematográfico salió el anglicismo love story, cuya traducción ‘historia de amor’ apunta al femenino, pero también alterna con el masculino, el love story, al que pueden apoyar sinónimos como ‘cuento’, ‘relato’, o incluso el hiperónimo antes mencionado, ‘género cinematográfico’. Lo mismo podría postularse en el caso del masculino de sexploitation frente al femenino visible en la traducción literal ‘explotación’ (del sexo’). A un campo semántico próximo, el de los espectáculos, pertenece el anglicismo performance, que vacila entre el masculino del hiperónimo ‘espectáculo’ y el femenino asociado a su significado más literal de ‘actuación’, ‘realización’.

A continuación explicaré las variaciones encontradas con otros anglicismos que no se adscriben a diferencias léxicas tan definidas, así como los esquemas asociativos que las sustentan.

En loft, por ser un anglicismo necesario, la asociación semántica es más determinante: puede evocar el concepto básico de ‘apartamento’, ‘piso’ (m.), como vivienda que es; o bien, por su situación ‘un ático’ (m.), o una ‘buhardilla’, que son precisamente los dos significados aproximados que aportan los diccionarios bilingües. El más frecuente, casi categórico, es el género masculino, por eso choca encontrar el femenino en un texto como este:

La enorme loft amueblada por los belgas apasionó al público. (Cambio16, 16-1-1984, 86)

El Jacuzzi es el nombre de marca, ya devenido genérico, de un tipo de ‘bañera’ (f.), pero en su función puede conceptualizarse como un ‘baño’, o de un modo más concreto, como un ‘hidromasaje’ (m.), que es el género predominante; pero también puede relacionarse con una ‘sauna’ (f.), como en la siguiente frase, donde la proximidad de esta palabra lo ha atraído hacia el femenino:

Yo lo que quiero es [...] darme una sauna, una jacuzzi y después entregarme al placer en todas sus manifestaciones. (TVE1, 5-9-1996, 23.40)

Gang puede asociarse con los significados que ofrecen los diccionarios como traducción: ‘banda’, ‘cuadrilla’, ‘pandilla’, ‘panda’ (f.), o bien, ‘grupo’ (m.). Su conceptualización varía según el contexto de aplicación: delictivo, juvenil, etc.

Crew, igualmente, tiene una referencia mayormente juvenil y se aplica a menudo al contexto de los grafiteros en los que cabe postular la asociación con ‘banda’, ‘cuadrilla’, que explicarían el género femenino que normalmente lleva; pero también con un concepto más abstracto como ‘grupo’, como se hace patente en este texto:

La investigación se inició en el mes de octubre de 2011 cuando los agentes identificaron a varios integrantes de un crew de grafiteros conocido por las siglas “LFC". [] Poco después averiguaron que todos ellos son integrantes de un mismo grupo y consiguieron relacionar estas pintadas con el crew investigado. (Efe, Publico.es, 26-5-2014)

Black-bass normalmente va en masculino, y así lo suelen marcar la mayoría de los diccionarios, por tratarse de un tipo de ‘pez’, que viene a ser el hiperónimo; pero esporádicamente encontramos el femenino por asociación con el significado específico que denotan sus equivalentes en nuestra lengua: perca negra, perca truchada, perca americana, lubina negra.

No veré más en la cubeta el chasquear de los labios redondos de una black-bass ni la luz de sus escamas metálicas ni su respirar seco, rítmico y suave. (José Javier Rodríguez Alcaide, “Ratas en los sotos”, Diario Córdoba, 16-4-2012)

Quizá sea esta razón la que ha llevado al Gran diccionario English-Spanish Español-Inglés (Larousse (2006 [2004]) a catalogar este anglicismo como femenino, a diferencia del resto de diccionarios consultados.

Es muy común encontrar numerosos anglicismos, sobre todo los que constan de una sola palabra, alineados en torno a un mismo género que sale reforzado por analogía cuando pertenecen a un mismo campo semántico o clase léxica. Así, el masculino suele atraer a los términos referidos a un ‘deporte’ (el hockey, el golf, el tenis, el fútbol, etc.), y a un ‘estilo musical’ (el country, el blues, el jazz, el soul), conceptos que actúan como hiperónimos y como tales se sobreponen con fuerza arrolladora sobre otras asociaciones58. Si esporádicamente se presenta una asociación de distintos signo, habrá que evaluarla en términos de frecuencia a la hora de fijar el género del anglicismo en el diccionario. Por ese motivo resulta chocante, y un craso error a mi juicio, marcar como femenino soul, como hacen el Larousse diccionario general de la lengua española59 y el Pequeño Larousse ilustrado online60, al asociarlo con soul music ‘música soul’, a diferencia del tratamiento seguido por otros diccionarios, incluso de la misma editorial. Y es que por encima de music se sobrepone claramente estilo como un término superordinado y de carácter nuclear.

En los ejemplos que siguen, al igual que en la mayoría de expresiones de composición polimorfémica, el núcleo va situado expresamente en última posición y su significado ejerce un papel fundamental en la asignación del género. Así, a dark room se le ha asignado el masculino por la equivalencia que tiene en el argot, cuarto oscuro, que es el término establecido; esporádicamente aparece en femenino por la influencia de sala o habitación. Al revés sucede en peep show, cuyo masculino se debe al significado general de show ‘espectáculo’, y para su femenino, muy ocasional, cabe pensar en una asociación como ‘sesión’, o incluso en ‘vista psicalíptica’, que es la traducción que aporta el Collins Spanish-English English-Spanish Dictionary61. En speed date, lo mismo que en speed dating mencionado más abajo, los dos géneros vienen determinados al igual por dos significados conceptualizados de distinta forma pero con efectos convergentes, la ‘cita’ y el ‘encuentro’.

Asimismo es fácil de explicar la variación en poll-tax, concepto extranjero traducible como ‘impuesto’ ‘tributo’ (m.) / ‘tasa’ (f.), y relacionable también con sinónimos parciales más abstractos de carácter hiperonímico, como ‘recargo’ (m.) e imposición (f.). Otros conceptos extranjeros son el township [en Sudáfrica] ‘distrito segregado’, ‘territorio’, ‘gueto’, ‘municipio’ / la township (‘zona’, ‘municipalidad’), el home-land (‘territorio’, ‘distrito’) / la home-land (‘patria’, ‘tierra natal’), Chinatown ‘barrio chino’ / ‘ciudad’. También extranjero es impeachment, perteneciente a la terminología jurídica norteamericana, asociado típicamente al masculino, a lo que contribuye la naturaleza del sufijo -ment, pero sorpresivamente lo he encontrado recientemente en femenino, quizá por relación con significados como ‘acusación’, ‘destitución’, ‘impugnación’62.

Front row, en el contexto de moda significa ‘fila primera de asientos en un desfile de moda’, lo que explica su uso general en femenino; más difícil es encontrar apoyo asociativo para el masculino (¿quizá ‘espacio de adelante’?).

En muchos otros anglicismos el segundo miembro corresponde a una voz “cognada” con otra española en femenino, lo que lleva a seleccionar dicho género como la variante más frecuente. Tal es el caso de la/el chick-lit ‘literatura’ (f.) vs. ‘género literario’; la/el check-list ‘lista’ (f.) vs. ‘listado’, y la analogía fonética y morfológica con expresiones que comparten un mismo elemento, como check-up, check-point; body lotion ‘loción corporal’, ‘esencia’ (f) vs. ‘aroma’, ‘perfume’ (m.); la/el body painting ‘pintura corporal’ (f.) vs. ‘fenómeno artístico’, la/el borderline ‘línea’, ‘frontera’ (f.) vs. ‘límite’ (m.); la/el breakdance ‘danza’ (f.) vs. ‘baile’ (m.); la/el babymoon ‘luna’ (de miel), ‘fiesta’, ‘celebración’ (f.) vs. ‘festejo’, ‘evento’, ‘acontecimiento’; la/el detox ‘desintoxicación’, ‘terapia’ vs. ‘método’ / ‘proceso’ (de desintoxicación); la/el half-pipe ‘pipa’ ‘tubería’ (f.) vs. ‘tubo’ (m.).

Factores morfológicos y fonológicos

Volviendo al sufijo -er, si normalmente aparece como masculino en los diccionarios con referencia a personas, en parte como reflejo del sexismo de nuestra cultura, cuando se trata de objetos inanimados la razón esgrimida ha sido la analogía gráfica, u “homografía”, como se ha definido más arriba. La regla es casi categórica y puede incluir términos como spencer (m.) a pesar de referirse a una ‘chaqueta’ (f.), y de modo más genérico a una ‘prenda’ (igualmente f.), pero es que puede mediar también la analogía semántica con un “hiperónimo” como ‘vestido’. De hecho Rodríguez Segura cita como ejemplo thriller, por analogía con palabras como el saber, el poder, etc., que son masculinas63, sin embargo, tengo para mí que por encima de esa posible asociación estaría la analogía semántica con el ‘film’, o incluso con otro hiperónimo o término superordinado aún más abstracto como ‘el género cinematográfico’. En este sentido puede resultar clarificador el siguiente texto donde, desviándose de la supuesta norma, el anglicismo va en femenino, a lo que ha podido contribuir la analogía con otro hiperónimo (película, sinónimo coloquial de film) y sobre todo la proximidad de otro género (del cine), en este caso comedia, mencionado como contraste:

[...] el estilo analíti­co, minucioso y efectista del director Roger Spottiswoode parece mucho más adecuado para una thriller que para una comedia. (El Mundo, 9-5-1993, 78)

Menos chocante es la variación registrada en el GDA con la voz styler, en el contexto de belleza y tecnología, con el significado de ‘aparato en forma de plancha que sirve para alisar y moldear el cabello’, y en la que han debido pesar las asociaciones con ‘aparato’ (m.), el hiperónimo, y ‘plancha’ (f.).

La fuerza de la morfología tendente al masculino en scooter cede terreno también ante esquemas asociativos de tipo semántico. El DEA lo registra con ambos géneros, sin duda por asociación con ‘motocicleta’, ‘vespa’ (f.) y el más general de ‘vehículo’ (m.) a cuya clase léxica pertenece. Este último, al igual que la forma adaptada escúter, queda más reflejado en el DUE, que sólo anota la marca de masculino.

La variación con -er, se repite con otro sufijo afín, -ster, y dentro del mismo campo léxico –vehículo–, en roadster (formado a partir de road ‘carretera’), sólo que en este caso, aparte de referirse únicamente a un objeto inanimado, la diferencia es de contenido semántico, pues se ha especializado según el contexto donde se aplica; así, el roadster (m.) designa un ‘automóvil deportivo’ y la roadster (f.) un ‘tipo de motocicleta para uso en carretera’, tal como ilustran las siguientes citas:

Pero el señor Hoffman no estaría contento hasta que el 300 SL fuese un «roadster». (Autopista, 1-3-1994, 115)

Derivada de la reciente «R 100 R», esta nueva roadster combina una línea clásica sin carena­do, que la marca nunca ha abandonado del todo [...]. (La Verdad, 8-11-1992, Motor/12)

Estas son grandes roadsters. Abundan en lo ya visto en motos de media cilindrada y su misma estética. (Solo Moto, n.º 126, agosto 1993, pág. 24)

Si el sufijo -er es asociable grafemáticamente, en cierta manera, con el masculino, por la “homografía” con voces no anglicistas que acaban con esa terminación, también puede por el lado fonológico darse el proceso contrario y ser objeto de analogía debido al timbre de la schwa final presente en su pronunciación, /ə/, muy similar a la /a/ española64. De este modo la “homofonía” con voces femeninas en nuestra lengua puede inclinar al hablante hacia dicho género, sobre todo en zonas bilingües y/o con hablantes de bajo nivel de instrucción lingüística. Así se explican usos orales entre hablantes norteamericanos como la corna (< corner), la cuora (< quarter), la rula (< ruler), la jira (< heater)65 y la suera (< sweater)66. A ellos podemos añadir un anglicismo adaptado, como chompa, f. (< jumper), que imita así en su morfología el resultado de un proceso fonético natural. La voz ha cobrado total arraigo en numerosos países sudamericanos, aunque con ligeras diferencias de significado: ‘jersey’ en Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay e Uruguay; ‘chaqueta deportiva’, ‘cazadora’, en Colombia y Panamá.

Otras veces no es la pronunciación sino la asociación semántica con un concepto femenino la que inclina al usuario de la lengua a hacer la misma adaptación morfológica, pero de una manera consciente, como un proceso en cierto modo artificial por tanto. El primer caso del que tengo noticia fue la propuesta fallida que la Academia Colombiana de la Lengua hiciera a la RAE en 195667 para que film se convirtiera en filma, como forma regresiva de voces como filmina y filmar con la pretensión de obtener una silabación más natural y la analogía con su sinónimo película. Vano intento cuando esta ingeniería lingüística no va acompañada por el uso.

Caso muy diferente es el sufrido por subprime [sabpráim], en la jerga económica. El término procede del inglés sub ‘debajo’ y prime ‘de primera, excelente’, y alude a la hipoteca que contrasta con la que se concede a clientes solventes o “de primera”. Su equivalente en español es hipoteca basura, hipoteca de alto riesgo. Tanto se ha repetido en la prensa en estos últimos años, en el contexto de la crisis financiera, que ha generado la adaptación morfológica (subprima) mediante la característica desinencia en -a. Los ejemplos siguientes son bien elocuentes:

La euforia desatada en los últimos días por la fiebre de ofertas que ha invadido el mercado ha sido el mejor de los bálsamos para unas Bolsas que se encontraban en horas bajas tras el desplome del mercado chino en febrero y la crisis que se desató en el sector de las subprimas hipotecarias en Estados Unidos. (Sara Busquets Pérez, El Mundo, 21-3-2007, Bolsa/43)

Sucede que entre tanto se han producido turbulencias arrastradas por la crisis hipotecaria desatada en Estados Unidos, a propósito de las subprimas []. (Miguel Ángel Aguilar, Cinco Días, 7-9-2007, Opinión/16)

[] allí [en Nueva York] experimentaron sus ejecutivos, en el arrebato de su descubrimiento, el vértigo de las acciones preferentes, subprimas, mercado de futuros, ‘credit crunchy’ y otras parafernalias que espolean la Bolsa en Wall Street. (“Las cajas de Pandora”, El Norte de Castilla, 3-6-2013)

Igualmente ilustrativa es la adaptación del anglicismo nursery (del inglés nurse + suf. -ery (‘-ería’), tanto en su significado como ‘habitación o parte de la vi­vienda destinada a los niños; cuarto de los niños; guardería infantil’, como ‘sala de un hospital donde se cuida a los bebés recién nacidos’ (también llamada sala de neonatos, sala de cunas, sala cunas). Ambos usos los documenta el GEA con varias citas; para el segundo, aunque obsoleto, valga el siguiente texto incluido bajo el lema nursería:

Gastos en caso de pertenecer a una sociedad médica, siempre y cuando se ajusta al cuadro médico de la entidad [Pesetas]: Prueba de embarazo… 400. Comadrona y anestesia (propinas)… 2000. Gastos Farmacia… 1500. “Nursería”… 800. (Ciudadano, n.º 14, 1974, 75)

Otro ejemplo curioso que ilustra el mismo proceso es consecuencia de la variación registrada en serif (m.), término muy técnico relacionado con la tipografía y utilizado en el campo de la impresión. Designa el ‘adorno pequeño situado en el extremo de los caracteres tipográficos de algunos estilos de letra, como por ejemplo en Times Roman’, y encuentra equivalente en las voces gracia, remate, terminal. Forma homonimia (por homofonía) con un anglicismo mucho más conocido, sheriff, pronunciado normalmente [sérif]. Desconozco si esto ha podido pesar de algún modo en su inclinación al femenino serifa, pero lo cierto es que también es posible invocar algún concepto con ese género, como ‘gracia’, o incluso con otros más distantes como ‘letra’, ‘caligrafía’, y ‘tipografía’, aparte de beneficiarse de una apoyatura vocálica que resulta en una silabación más natural.

Enmarcadas por una S y una L alargadísimas, las redondas aes se unen coquetas con una serifa curva creando un conjunto que tantos años después sigue resultando moderno. (“Un logo antiguo de lo más moderno”, El País, 25-1-2011, Madrid/7)

La fuerza de arrastre de la terminación -a del femenino no es definitiva, lo que explica que un término así acabado desde el inicio pueda dar lugar a variación motivada por una asociación semántica de signo diferente. Tal es el caso de viagra, nombre de marca de un ‘potenciador sexual’ (m.) bien conocido, tomado del inglés (por cruce de vigor y Niagara). Sobre la analogía morfológica se superpone la semántica, por su clara asociación con ‘pastilla’, aunque el género vacila y normalmente se inclina por el masculino por su asociación con ‘fármaco’ y ‘(producto) afrodisíaco’.

Los ejemplos de anglicismos que preceden, por su oscilación hacia el femenino, son una demostración de que en la asignación del género puede ser relevante en algunos casos su terminación, por homografía u homofonía con otras voces de la lengua. Pero también cabe considerar el fenómeno contrario. En efecto, por encima de las asociaciones semánticas producidas con conceptos de uno u otro signo, cabe postular la influencia de factores morfo-fonológicos relacionados con el acento y el formato del segmento inicial de la palabra, o del sintagma del que forma parte, que podrían inclinar la balanza del lado masculino. Así, en (el/la) American way of life, es clara la influencia de la traducción del núcleo del compuesto, way, cuyos sinónimos equivalentes difieren en su morfología sintáctica: ‘manera’ (f.) vs. ‘modo’ (y ‘estilo’) (m.), pero el masculino se ve reforzado desde el momento en que la presencia de dos sonidos iguales en la pronunciación (la A…) invita a la “disimilación”. El mismo proceso puede postularse en la/el after hour, y todavía más en el par abreviado la/el after, dada la tendencia de la lengua española a usar la forma el del artículo determinado con palabras que comienzan con una a- tónica inicial (cf. el agua, el alma, el águila, etc.). Y lo mismo puede decirse del indeterminado “un” (un afterhour, un after). Incluso en voces que no empiezan con esta letra, o ni siquiera con vocal, y que precisan del artículo indeterminado, no hay que perder de vista que el masculino un resulta más abreviado que el femenino una, lo que al restar una sílaba al sintagma le facilita su articulación.

En afterhour(s) m., además del condicionamiento fonológico señalado, se podría postular como factor adicional la cuasi-homofonía de el… hour [áua] con el agua. Lo mismo podría aducirse en el happy hour ‘hora feliz’, variante ocasional registrada con género masculino, que en este caso llama más la atención por ser hour (‘hora’, f.) el núcleo del compuesto, lo que hace pensar que, a pesar de la distancia que le separa del artículo determinado, el hablante siente su resonancia. De cualquier forma esta influencia fonética en los dos casos actuaría de refuerzo sin excluir posibles asociaciones semánticas con voces masculinas, como ‘local’, ‘club’, elididas en afterhours; y con otras menos visibles como ‘regalo’, ‘suplemento’, etc. en el happy hour.

Esta interacción de esquemas asociativos de distinto signo y su reflejo en la variación resultante se hace aún más patente con la sigla ADSL. Para el DEA el género es “m (más raro f)” y para el DUE solamente m. El predominio del masculino se debe a su asociación con un concepto como ‘servicio’, a lo que se une el comienzo en vocal –al igual que en el after– con lo que se evita la secuencia “la a…” que restaría eufonía al conjunto; y ello en contraste con la fuerza del femenino presente en asociaciones como ‘línea’, que representa a la L final constitutiva del núcleo, y otras como ‘tecnología’. Parecido contraste en el campo de la informática y las comunicaciones se presenta en el nombre del localizador “el/la URL” donde se repite el condicionamiento fonológico, solo que en este caso es más acusado con el determinante “un/una”, pues “un URL” resulta claramente cacofónico por la proximidad de las dos /u/. Tal vez por ello, al clicar Google en el móvil con sistema Android se han decantado por el femenino al redactar la instrucción “busca o escribe una URL”, lo que se refleja en los resultados obtenidos para ambos géneros en este buscador (en el momento en que escribo “un URL”: aprox. 379000 vs. “una URL”: 452000; lo cual contrasta claramente con la proporción que arroja el artículo determinado, donde el masculino sobrepasa con creces al femenino: “el URL”: 1750000 vs. “la URL”: 718000).

Factores morfo-sintácticos: la elipsis

Con cierta frecuencia el género de un anglicismo se determina en función del género del núcleo que resulta elidido a veces, cuando forma parte de un grupo nominal. En esas circunstancias su evocación es muy fuerte, por sobreentenderse, por lo que suele predominar por encima de otras asociaciones semánticas. Como botón de muestra citaré browning, nombre de marca de una ‘pistola’, concepto al que normalmente va ligado en aposición, a veces incluso explícitamente citado: una (pistola) browning; de este modo se comprende su resistencia a la nivelación analógica ejercida por la forma -ing, tradicionalmente y casi categóricamente asimilada al masculino.

La repasadora –Araceli la Brovi la llamábamos, porque decía: “A los ladrones no les tengo miedo. Si vienen saco la brovi (se refería, no sé por qué a una browning) y pum pum, los escoño”–, que era una viuda de guerra, y tenía una sonrisa anclada en la boca, y una hija con la cara llena de acné y rubores. (Antonio Gala, El País Semanal, 30-3-1986, 62)

En la cita siguiente, sin embargo, se emplea en masculino, sin duda por efecto de lo que se denomina “serialización léxica”68; cuando un nombre cambia de género para asimilarse al de otros nombres de un mismo campo léxico que se enumeran en una “serie”. En este caso, por asimilación al género de rifle (m.):

Efectivamente recibí dos armas de regalo. Se trataba de un 22 Long rifle y de un Browning. (Agencias, El País, 7-1-1999, Deportes/37)

Excepcionalmente, la doble asociación que cabe suponer bajo un doble morfema de género apunta a un referente claramente distinto que no aparece mencionado explícitamente en el compuesto, como en la fast food, f. (‘comida’) / un (restaurante) fast food, m. En el segundo grupo, más que de una asociación se trata de un proceso elíptico en el que el elemento subyacente está ligado al anglicismo también por una relación claramente aposicional (‘un restaurante/bar tipo fast food’). Las dos citas que siguen son bien ilustrativas:

O Mctelevisión, en honor de los Mc Donald’s, y por las semejanzas de estos nuevos noticiarios breves, emparedados entre sports y miniseries, y con mucha salsa de tomate, como el célebre invento de la fast food.

Si no entiendo mal, se trata, por un lado, de que los lectores de ese periodismo no tengan nostalgia de la televisión mientras se dirigen a su trabajo, a más de 125 kilómetros por hora, y por el otro, de que los espectadores de estos nuevos noticiarios minifalderos y vertiginosos tengan la sensación, repantigados en sus butacas favoritas, de que están metidos en un fast food, en un avión, en un atasco de autopista, en un metro, en una cola burocrática. (Juan Cueto, El País Semanal, 7-5-1989, 25).

Este cambio del femenino al masculino resultado de la elipsis constituye una metonimia muy similar, incluso por el contexto de aplicación –la restauración– al producido en burger (< hamburger): la burger ‘la hamburguesa’ > el burger (‘lugar donde venden hamburguesas’, ‘hamburguesería’). En inglés, al carecer de género, la palabra resultaría ambigua, por lo que se necesitaría un compuesto como burger shop, lit. ‘tienda donde venden hamburguesas’, para marcar la diferenciación.

En el campo del deporte tienen lugar también otros deslizamientos metonímicos, como el que muestra la oposición entre la mountain bike (‘bici de montaña’) y el mountain bike (‘el deporte de la bici’) y que el contexto de las citas siguientes deja bien claro.

¿Y después me dejas dar una vuelta en la «mountainbike»? (A. Ussía 1995, Tratado de las buenas maneras III, 77)

[...] otros, la mayoría, combinan el mountain-bike con la natación, el esquí o el patinaje. (El País, 21-12-1992, Deportes/15)

Lo mismo podría decirse de la sigla MTB con la que se abrevia mountain bike en algunas revistas especializadas, como en el siguiente texto que recoge ambos géneros:

Sea por una caída, sea por un incorrecto uso continuado, la MTB puede producir lesiones que debemos conocer y prevenir. [...] La paulatina incorporación de las suspensiones al mundo del MTB está ayudando mucho al respecto [...]. (Sólo Bici, agosto 1994)

Otra metonimia propia del deporte y más llamativa es la que presenta el anglicismo asimilado tenis al pasar de la designación del ‘deporte’, masculino y singular (el tenis), al calzado empleado para practicarlo, que suele ir en plural y en masculino (los tenis), por asociación quizá con ‘zapatos’, y más comúnmente en femenino (las tenis), al evocar las ‘zapatillas’. Ambas creaciones no dejan de ser “pseudoanglicismos” en español, pues responden al resultado de la elipsis de la expresión inglesa tennis shoes, donde se mantiene la forma completa. Es evidente que en nuestra lengua el artículo los/las posibilita una diferenciación semántica, al contrario que en inglés donde la ausencia de marcación de género la impide.

«Cuando era pequeño, me compraba los tenis de Entrerríos» (La Voz de Cádiz, Cádiz, 10-10-2009, Deportes/Más-Deportes)

Vendemos zapatos y zapatillas, las tenis. (Diario Vasco, 14-8-2012, Deportes/Pelota)

Un caso especial de variación es el de el/la chopped [chóped], cuyo género no responde a una doble asociación semántica, sino que se ha formado a raíz de una doble elipsis, producida a partir de dos expresiones diferentes: el chopped ‘émbutido de cerdo semicurado, presentado en forma cilíndrica’ (< inglés chopped pork ‘cerdo cortado [en trozos pequeños]’) y la chopped (‘motocicleta que ha sufrido una alteración en su forma’, de chopped bike). Ejemplos:

Cuando mete el chopped en la máquina cortadora [] (Abc, 4-2-2009, Madrid)

La moda de las dos ruedas sin motor se centra ahora en los modelos que imitan a la Chopped o a las bicicletas más retros estilo vintage. (La Verdad, Albacete, 7-5-2007)69

Finalmente me referiré a préstamos cuya morfología y sentido literal evocan voces claramente femeninas en español, al tratarse de términos “cognados”, como reality (‘realidad’) y hospitality (‘hospitalidad’), pero cuyo uso es manifiestamente masculino. En ambos casos el concepto asociado es de distinto género. Reality designa un tipo de espectáculo televisivo y es fruto de una elipsis de la forma completa inglesa reality show, con la que alterna, y solo excepcionalmente se ha registrado en femenino (cf. infra). En cuanto a hospitality, término menos conocido por el público general, se emplea en la jerga de las carreras de Fórmula 1, siempre en masculino, con el significado de ‘carpa o estructura de los equipos de carreras de coches con diversas funciones (comedor, sala de reuniones, zona de descanso…)’ [GDA], quizá por asociación con un anglicismo afín, motorhome (m), o con conceptos más generales como ‘centro’, ‘local’. ‘edificio’.

Formaciones compuestas

Al describir el género de los anglicismos no se ha reparado en la influencia que puede tener en la elección del artículo determinado su estructura morfo-sintáctica, como ocurre en los compuestos. De manera general se puede argüir que la naturaleza compuesta de las voces anglicadas y su enmarque sintáctico predispone al escritor a un uso variable. A los factores que intervienen normalmente en la vacilación, relacionados con la forma y el contenido, hay que añadir en este caso la conciencia etimológica de sus componentes y del proceso formativo. Pero a veces esta influencia se hace más patente, como cuando la moción de género se produce con anglicismos que, aisladamente, no serían objeto de vacilación alguna. Así, la forma -ing, que casi invariablemente lleva a los anglicismos al paradigma masculino con términos unimembres (el jogging, el surfing, etc.), cuando se trata de acciones verbales, se aparta de su rígido esquema en action painting, cuyo género registra vacilación también en un mismo escrito y obra: para el action painting puede pensarse en asociaciones posibles como ‘estilo’, ‘expresionismo abstracto’, ‘arte’, etc.) y para la action painting en las relacionadas con el significado literal de sus constituyentes, ‘acción’ y ‘pintura’:

[] Jackson Pollock, el padre del action painting []. (M. Maffi 1972, La cultura underground, vol. I, pág. 22)

[] Jackson Pollock, el gran creador americano de la action painting []. (id., II, pág. 219)

[] hasta llegar a las expresiones más recientes como la action painting (id., II, pág. 220)

También en el siguiente texto periodístico speed dating va en masculino en el titular mientras que en el cuerpo del artículo va en femenino. En esta oposición cabe pensar como asociaciones probables ‘sistema’, ‘método’, etc. (m.) y ‘cita’, ‘modalidad’, etc. (f.).

Las ‘speed dating’ son un sistema de citas rápidas para conocer gente en unos pocos minutos. [] En la ‘speed dating’ colaborarán también los alumnos de francés de la Escuela de Idiomas. (“Los Agustinos acoge un ‘speed dating’ de la EOI sobre el idioma francés”, La Rioja, 8-2-2015)

En estos dos casos la variación en el uso del género no sorprende, pues se asumen asociaciones con conceptos contrapuestos, tanto más tratándose de compuestos no del todo frecuentes. Cuando la forma inglesa en cambio es muy conocida, y está bien establecida, sobre todo si se trata de una denominación, la moción del género puede llevar a usos esporádicos muy chocantes. Una buena muestra la tenemos en Foreign Office, como se conoce al Ministerio de Asuntos Exteriores británico, masculino por su relación con ‘ministerio’ y por el uso masculino de el office, en posición aislada; pues bien, recientemente me llamó la atención escuchar la Foreign Office en un telediario del canal Tele 5, 22-3-2016, y que atribuí a que el locutor era un corresponsal en el extranjero, y, cabe presumir, probablemente poco acostumbrado al uso de la voz inglesa en nuestra lengua, por lo que se sentiría influido por la traducción literal de office ‘oficina’ (f.). Caso bien distinto es el compuesto de formación reciente family office ‘organización profesional encargada de gestionar un patrimonio familiar’, sujeto a una gran variabilidad dependiendo de asociaciones como ‘despacho’ (m.) y ‘oficina’, ‘empresa’ (f.), etc. También es fácil comprender la variación en match-ball ‘en el tenis, pelota que decide la victoria final’, que tiene como equivalentes en español ‘pelota/bola de partido’, su significado más literal asociable al femenino, y ‘’set’, ‘partido’, ‘encuentro decisivo’, con el masculino.

En la/el password, de la jerga de la informática, inicialmente el anglicismo fluctuó entre el femenino, influido por la traducción literal palabra de paso, tal como se recogió en algún diccionario, reforzada por el francés la mot de passe, y el masculino, por la asociación con ‘código’. Posteriormente ambos usos fueron arrumbados por dos de las traducciones que luego han permanecido como sinónimos frecuentes: contraseña, clave.

La influencia de uno de los elementos de un compuesto en la determinación del género se hace manifiesta también cuando dicho elemento es de origen español, en formaciones por tanto “híbridas". A título de ejemplo, examinemos una pequeña crónica de sucesos aparecida en el diario Abc (22-12-1983, 54) que, bajo el título “Destruida en un incendio una discoteca leonesa", comienza de esta manera:

Un “pub-discoteca” quedó totalmente destrozado en la localidad de Dehesas (León) a consecuencia de un incendio que se produjo en el interior del establecimiento.

Y en el siguiente párrafo leemos:

El incendio se inició a las seis de la mañana en la planta baja de la “pub-discoteca” Milos, por causas todavía desconocidas. Las llamas se propagaron con rapidez por el local debido a los materiales inflamables de los decorados.

Es evidente que si pub es invariablemente masculino, y además lo son los términos genéricos (“hiperónimos”) comúnmente asociados con el vocablo y que se citan textualmente en el texto (local, establecimiento), la fluctuación, o más concretamente, la moción hacia el femenino cabe atribuirse a una asociación analógica con discoteca. Y esto es así porque estamos ante un compuesto de naturaleza “aposicional” cuyo significado puede considerarse como un hipónimo que tiene por término superordinado tanto uno como otro elemento, tanto pub (un pub-discoteca es un ‘pub que funciona como discoteca’, también llamado discopub) como discoteca (una pub-discoteca es ‘una discoteca dentro de un pub’).

Variación intra-individual

Varias citas recogidas en diferentes textos escritos muestran que la variación se puede producir dentro de un mismo individuo, ya sea hablante o incluso escritor, hecho aún más significativo debido a la mayor atención que cabe prestar al lenguaje cuando escribe:

En los siguientes, por cierto escritos por un lingüista, F. Yus70, se hace evidente que la alternancia de los girl-strips y las girl-strips, que aparece dos páginas más adelante, ha respondido a la asociación con ‘cómics’ (m) e ‘historietas’ (f), respectivamente:

[] ante la abrumadora mayoría de lectores masculinos de cómic y la posibilidad de acrecentar el gusto del público femenino por la lectura nacieron cómics de mujeres, los girl-strips. (pág. 31)

También fueron bien aceptadas las ya mencionadas girl strips, como es el caso de Winnie Winkle (1920), historietas que buscaban un público femenino para buscar la ausencia de cómics dedicados en exclusiva a las mujeres. (pág. 33).

En estos otros, extraídos de la obra Memorias de memoria (2001) del periodista y escritor Jesús Pardo71, alterna el look (normalmente m., por asociación con ‘aspecto’) y la look, f., que invoca conceptos como ‘apariencia’, ‘imagen’, todos femeninos:

[] esa peligrosa lean and hungry look que Shakespeare achaca a Bruto (pág. 236)

[...] tenía ese peligroso lean and hungry look que Shakespeare achaca a los hombres peligrosos. (pág. 260)

Igualmente destacable es la alternancia con el anglicismo gang que contiene la obra La cultura underground, (1972), vol. I, del ensayista Mario Maffi. Primero utiliza la gang ‘banda, pandilla’, asociación que se hace expresa en la explicación que indica entre paréntesis, y treinta páginas más adelante el gang ‘grupo’, pero que en la frase en la que se enmarca, por tratarse de una denominación, parece que la asociación que subyace es la de ‘cuerpo’ u ‘organismo’:

Los Motherfuckers (o Werewolves, hombres lobo) eran una real y auténtica street gang (banda callejera) []. (pág. 151)

“Buckney, jefe del Gang Intelligence Unit, ha admitido que su mayor temor consiste en la unificación de los gangs ciudadanos". (pág. 180)

En la siguiente crónica de la revista Cambio16 el compuesto free shop, abreviación de duty free shop, invita a pensar en la sinonimia de tienda (f.) y comercio, o incluso en un hiperónimo como establecimiento, ambos masculinos. Son las mismas asociaciones que cabe postular en el par el/la sex shop.

Pero en algunos lugares, como en Honk-Kong o Singapur, los precios de los free shops del aeropuerto son similares, cuando no iguales, a los de la ciudad. (Cambio16, 12-5-1986, 89)

En algunas ciudades, como Tokio, Los Angeles, París, Bruselas o Hong-Kong, existen duty free dentro del casco urbano con la misma exención de impuestos que en las free shops de los aeropuertos. (id., 90)

Otra de las vacilaciones del género detectadas a diario en la lengua actual tiene lugar con el anglicismo rave, que se repite en el compuesto rave party. De ella da muestra el libro La música en la era digital, 1998, del poeta y escritor catalán Joan-Elies Adell.

[] y, por último, la relación entre los “objetos” (las canciones, los conciertos, los vídeo-clips, los discos, los rave, las sesiones de discoteca) (pág. 17).

(¿cómo se pueden entender las rave o la música techno sin tener en cuenta sus cualidades hipnóticas? (pág. 42).

Generalmente el femenino de rave se asocia con su hiperónimo más natural, fiesta, pues se trata de una fiesta multitudinaria con música electrónica; el masculino en alguna crónica social se ha comparado con botellón72, aunque en este texto concreto podría pensarse en ‘baile’, y más si se consideran las voces que rodean al anglicismo (discos y discoteca).

El siguiente caso de vacilación, con el anglicismo scooter mencionado más arriba, sorprende aún más debido a la proximidad de los dos géneros empleados, pues aparecen en la misma página, uno a continuación del otro (el primero, el femenino, con asociaciones posibles con ‘moto(cicleta)’, ‘vespa’, y el segundo, el masculino, con un hiperónimo como ‘vehículo’.

Las scooters de ruedas más anchas son adecuadas para paseos tranquilos, mientras que las de tipo trail son idóneas para el campo. [...] El tercero de los scooter es el Piaggio Typho­on, un modelo que ha tenido un gran éxito de ventas en los últimos meses. (Ciudadano, mayo 1994, 56)

Lo mismo ocurre con reality (< abrev. de reality show) en este otro texto, donde el masculino apunta al concepto básico relacionado con su significado ‘programa (de tv)’ y el femenino a ‘telerrealidad’ o ‘telebasura’:

Resulta que el famoso ‘reality’ holandés que iba a sortear un riñón ha terminado siendo una ficción publicitaria. Sitúese: cadena holandesa BNN, una ‘reality’ de Endemol, una enferma terminal ofrece donar un riñón, tres enfermos renales compiten por ver quién se lo lleva. (José Javier Esparza, “Riñones”, El Norte de Castilla, Valladolid, 4-6-2007, Televisión)

Un caso de variación verdaderamente sorprendente es el que he detectado en una crónica de El Comercio (5-7-2016) con el anglicismo bodypainting, cuyo uso vacila entre el masculino –fiel a la analogía con otras formas en -ing, y en este caso además con un concepto como ‘arte’, ‘fenómeno artístico’– y el femenino, asociado con su significado literal ‘pintura del cuerpo’. Hasta aquí todo asumible y de acuerdo con los esquemas que he venido trazando, pero en el texto se alude a la denominación “World Bodypainting Festival” que uno esperaría encontrar en masculino, por ser el género del núcleo del sintagma, Festival, y sin embargo en dos de los tres pies de foto donde aparece la referencia a tal evento encontramos el femenino:

Una modelo se presenta al aire libre durante el anual “World Bodypainting Festival en Austria el 3 de julio de 2016. Foto: EFE

Nadja Hluchovsky aplica toques finales a su modelo durante la anual World Bodypainting Festival en Austria el 3 de julio de 2016. Foto: EFE

Nadja Hluchovsky aplica toques finales a su modelo durante la anual World Bodypainting Festival en Austria el 3 de julio de 2016. Foto: EFE

Como posible explicación ante este uso desviado de lo que podría tomarse como norma cabe postular la asociación con un concepto como ‘competición’, que de hecho aparece en el cuerpo del artículo como correferencia, y la presión que además pudiera ejercer la traducción literal del anglicismo ‘pintura’ que, aunque empotrado dentro del sintagma, por su importancia en el contexto actuaría como resonancia.

Los ejemplos anteriores corresponden a voces presentes por lo general en la lengua ordinaria con claras equivalencias en la traducción, por lo que no es difícil postular la sinonimia o parasinonimia subyacente apuntada a la hora de pensar en posibles asociaciones. Más difícil puede presentarse la operación de buscar conceptos de apoyo con neologismos anglicistas de corto recorrido, carentes aún de una traducción establecida, como por ejemplo webcast, un tipo de ‘emisión’ perteneciente al campo de la telecomunicación, pero aún así puede ser útil la búsqueda de referencias de apoyo en el artículo periodístico que proporcionan cohesión textual. En el siguiente pasaje, una crónica de Mónica Rico titulada “El colegio San Gil participa en una webcast que fomenta la lectura digital”, El Norte de Castilla, Segovia, 28-1-2014, Valladolid) donde la periodista alterna el femenino y el masculino, he subrayado tipográficamente posibles expresiones co-referenciales con el anglicismo:

Alumnos de primer curso de Primaria del colegio San Gil de Cuéllar han desarrollado la primera webcast ‘Libro interactivo’, un proyecto que surgió a través de la Dirección Provincial de Educación, que invitó al centro a participar en esta iniciativa pionera, dentro del programa ‘Un acercamiento a las matemáticas a través de los cuentos’. Enmarcada dentro del Plan de Fomento de la Lectura de la Consejería de Educación, la actividad, que persigue difundir nuevos materiales didácticos [] Miembros del equipo docente y 16 alumnos de primer curso de Primaria, apoyados por personal de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, de Salamanca, comenzaron a trabajar en la iniciativa, con la finalidad de promover la lectura a través de las matemáticas y, al mismo tiempo, crear un ‘webcast’ (diseño de transmisión a Internet), en el que dar a conocer el trabajo realizado.

La alternancia demostrada en un mismo individuo expresa, por tanto, mejor que ninguna otra el poder y alcance de la “interferencia asociativa”, lo que tiene un verdadero interés lingüístico. El hecho es más remarcable cuando se considera que algunos autores, como Callies et al.73, al estudiar la variación del género en anglicismos de la lengua alemana, consideran que la variación dentro de un hablante (“intra-speaker”) no puede ser investigada, con el argumento de que no queda plasmado en la escritura dado que, cuando el escritor no se siente seguro, acude a un diccionario estándar para resolver sus dudas. Como ya apunté al hablar de las siglas, y lo mismo puede aplicarse a los anglicismos, la variable utilización del género hace pensar que no pueden clasificarse las formas elegidas para marcarlo como errores sino como “licencias estilísticas” o incluso descuidos, pero, en todo caso, comprensibles y permisibles si se consideran las asociaciones semánticas en conflicto en que se apoyan. Por otro lado, es un hecho que en español, esa presumible rigidez alemana no se plasma en la conducta del periodista, pues a menudo el diccionario académico y los libros de estilo españoles prescriben o recomiendan unas determinadas formas y el periodista se muestra flexible y no pocas veces se desvía de la norma decantándose por otras, al igual que ocurre con las variaciones observadas en el plural de los anglicismos74.

Variación diacrónica

Las asociaciones semánticas propias de un anglicismo son por lo general relativamente estables, cuando se analizan sincrónicamente dentro de un marco temporal fijo y preciso, pero con el paso del tiempo algunas pueden cambiar al compás de cambios tecnológicos o socioculturales y sus efectos quedan reflejados en la morfología. Uno de los primeros ejemplos lo mencionó Fernández García al referirse al género de la denominación de Apolo, como se conoció el proyecto de lanzar al hombre al espacio, pues cambió en virtud de la asociación con la función desempeñada: del masculino, el Apolo, por designar un ‘cohete’, se pasó al femenino, la Apolo, por referirse a la ‘nave’ tripulada que iría a la luna75. En las “denominaciones” es más fácil postular la asociación subyacente, como pude observar al examinar el género de las siglas de organizaciones políticas76.

En los anglicismos que son “nombres” el cambio no es tan repentino y durante un tiempo son objeto de variabilidad, pero pueden acabar sometidos a la presión analógica ejercida por expresiones equivalentes que conforman un mismo campo léxico. Una buena ilustración la tenemos en el jet set, que empezó utilizándose así, como única forma en los años setenta, presumiblemente por asociación con conceptos masculinos como ‘set’, ‘grupo’, ‘sector’, más probable y adecuada que los provenientes de su sentido más literal jet, ‘avión’ y set ‘juego’ (en el tenis). Sin embargo, no tardó en pasar al femenino, la jet-set, y en forma abreviada, la jet, siguiendo la estela de sus congéneres la high-life (coloquialmente se llegó a pronunciar la gi-li) y sobre todo, a partir de los años ochenta, de la high-society y la jet society77, e incluso de una expresión parasinónima que alcanzó gran arraigo en las crónicas sociales, la beautiful people ‘la gente guapa’, luego abreviada como la beautiful (o biutiful) y la biuti.

No menos interesantes resultan los vaivenes sufridos por el anglicismo party a lo largo de su historia. Empezó registrándose desde un principio la vacilación entre ambos géneros, pero el uso se inclinaba sobre todo hacia el femenino, la party, siguiendo las huellas de su etimología, procedente del inglés pero que en último término derivaba del francés la partie ‘partida’ (de caza, de pesca, etc.), y ésta del latín partire ‘partir, salir’. Se trataba de una reunión social en la que se ‘partía’, se marchaba, hacia un lugar o casa para celebrar un encuentro social a modo de fiesta, a menudo al aire libre, de ahí las denominadas popularmente garden parties.

Andando el tiempo, en los años sesenta, coincidiendo con la época del desarrollismo de la sociedad española, y antes de que se extendieran las discotecas, cundió entre los jóvenes la costumbre de celebrar fiestas privadas en las casas, y así se forjó la institución del guateque (m.). Si se examinan las definiciones de diccionarios como el DEA y el DUEA, precisamente el significado de ambas voces es el mismo; el DUEA, que tilda party (m.) como innecesario, propone como equivalentes fiesta privada y guateque, siendo esta última para mí la asociación más natural78. En los años setenta empiezan a extenderse el uso de anglicismos, por su aureola de prestigio, y con ellos el party, que prevalece con este género, como lo confirman la mayoría de los textos de la época y tal como lo usan numerosos escritores y periodistas en sus crónicas sociales y en novelas caracterizadas por el “realismo social” (como Juan García Hortelano, Francisco Umbral, Eduardo Mendicutti, Carlos García-Calvo, etc.). Por eso los diccionarios lo registran en masculino, o predominantemente en masculino, como hace el DEA.

En las últimas décadas, el estilo de vida de ocio de los jóvenes gira en gran manera en torno a un elemento nuevo, el internet, y entre las celebraciones nuevas figuran las ‘quedadas’ o fiestas informáticas, que vienen a ser reuniones sociales de carácter festivo (famosa entre ellas fue, por ejemplo, la Campus Party que tuvo lugar en Valencia durante varios días). Se las llaman parties, en femenino, y al hacerse populares resucitan el viejo género femenino asociado a ‘fiesta’ y ‘partida’. De ahí que recientemente pueda constatarse la vacilación en el género, pero también una clara distribución en el uso según sea el significado y su contexto. Los diccionarios españoles aún no han registrado este uso, pero su impronta en la lengua es indudable.

El contraste entre ambas asociaciones y significados explica la diferencia de género entre el pijama party vs. una fabada party. Podría pensarse que el primer elemento extiende su género al sintagma completo, pero no es así, más bien son asociaciones con voces de distinto género del tipo ‘guateque’ (m.), ‘fiestón’ y ‘partida’, ‘reunión’ (f.) las que terminan siendo decisivas, por encima de la naturaleza sintáctica del núcleo. A este respecto, un ejemplo como la hamburguesa club puede resultar asimismo iluminador.

Un caso aún más reciente de cambio de género, aunque motivado sutilmente por su significado y su contexto, es el que ha acompañado al anglicismo off-shore u offshore. Acostumbrado a encontrarme el masculino, por asociación con conceptos como ‘centro’, ‘lugar’, y sobre todo ‘paraíso (fiscal)’, me ha llamado la atención el uso reciente del femenino, por la continua alusión al sintagma “una empresa/sociedad offshore”, reducida finalmente, por elipsis, a “una offshore”. Este esquema sintáctico se ha visto impulsado por las noticias de escándalos sobre evasión de impuestos en el extranjero (‘fuera de la costa’, de ahí el nombre) protagonizados por personajes de la vida pública española y que a diario han salpicado los medios de comunicación.

Los dos pares de citas que siguen marcan bien esa diferenciación semántica:

Andorra quiere ser un offshore (plaza libre de impuestos), dice el programa estratégico elaborado por el Gobier­no, y los bancos de fortunas ya no aceptan dinero montaraz. (El País, 22-3-1993, 52)

Un juez o un fiscal no pueden asumir responsabilidad alguna cuando una entidad radicada en un off-shore fiscal no envía en tiempo y forma la documentación requerida y provoca retrasos indeseados. (Abc, 16-2-2014, Primer Plano)

Pero lo del islandés, más allá de la ejemplaridad nórdica, es para nota. Aparte de las protestas en el país, su mujer, Anna Sigurlaug Palsdottir (ponte nombre si eso), es propietaria de una offshore en las Islas Vírgenes. (Rosa Belmonte, “Cocodrilos”, Abc, 6-4-2016, Opinión)

Pilar de Borbón reconoce que tuvo una offshore. (Titular, programa de Ana Rosa, TV 5, 7-4-2016, 10)

Variación diatópica o geolectal

A grandes rasgos se puede afirmar que pese a las oscilaciones encontradas, hay una creciente uniformidad en el género de las voces anglicistas dentro de una comunidad lingüística, sobre todo tratándose de formas bastante establecidas en el uso, debido a la imparable globalización cultural de nuestros días; se ve, por ejemplo, en drag queen, que a ambos lados del Atlántico se registra normalmente en femenino. Ahora bien, persisten diferencias con algunos anglicismos sobre todo cuando la asociación semántica aparece estrechamente ligada a un nombre genérico (o hipéronimo) que puede ser claramente distinto según sea la región donde se habita. Así, si en español europeo decimos ordenador (m.) y en el español de América computadora (f.), comprenderemos el contraste entre un PC (personal computer) y una PC, y entre el laptop (m.) y la laptop (por abrev. de laptop compu­ter ‘ordenador para colocar encima del regazo’). Según el CORPES XXI, esta última es la forma dominante en numerosos países hispanoamericanos, como México, Perú, Argentina, Bolivia, República Dominicana. En otros, como Venezuela y Ecuador, hay vacilación y se emplean ambos.

Igualmente, en español se emplea de manera categórica, en masculino, el jeep, por asociación con ‘coche’ o ‘vehículo’, y en varios países de América, como México, Venezuela, Argentina, entre otros, la Jeep. De manera similar, selfie es mayoritariamente usado en masculino en España, y en femenino en la mayoría de países hispanoamericanos.

Con jet set, sujeto también a discrepancia en el género, sucede al revés pues se usa el jet set (m.) en América y la jet set (f.) en España. También es masculino el Army ‘la armada’ en Colombia y México, mientras que en España la única forma que he registrado es la Army, en femenino.

Algún caso de diferenciación de género puede deberse a un diferente significado producido por la homonimia de sus voces. Así lo muestra el contraste en español de (el) bol ‘cuenco’, ‘tazón’, tomado del francés bol, y éste del inglés bowl; y (la) bol, escritura fonética de ball ‘pelota’ (de fútbol o tenis) en el español de Argentina79.

Finalmente, cabría mencionar aquí la variación inter-lingüística que se produce en función del factor semántico, como recordara Gómez Capuz (1998: 237). En efecto, como los equivalentes o sinónimos pueden ser distintos en las diversas lenguas románicas, el género del anglicismo también se espera que lo sea: como ejemplo bien constatable cita jeep, f. en francés y en italiano, por asociación con la voiture y l’automobile/la macchina, respectivamente, y m. en español, por asociación con el vehículo/el coche; y holding es f. en italiano, porque se asocia con società, mientras que en español es m. por la asociación con algún equivalente con este género como consorcio o el sintagma conjunto de empresas.

Conclusiones

Por los ejemplos que he espigado en este estudio se comprende que la variación en el uso del género a menudo responde a factores y condicionamientos de tipo semántico, lo que explica que las fluctuaciones pasen inadvertidas y se puedan tomar en todo caso como licencias periodísticas (si tenemos en cuenta que la mayoría de ellas tienen lugar en la prensa diaria). Esto, obviamente, es aplicable a los casos –la mayoría– en los que los conceptos objeto de asociación son sinónimos o, más exactamente, apuntan hacia un mismo referente. Pese a la relevancia de los factores semánticos, no siempre es fácil señalar el factor determinante en la asignación del género debido al frecuente tour de force entre las asociaciones relacionadas con el concepto género (hiperónimo), un significado específico (hipónimo), y en ocasiones –en caso de formaciones compuestas– el derivado de la significación literal de alguno de sus elementos, normalmente el núcleo, y que no siempre son convergentes al plasmarse en la morfología. Cuando el hiperónimo o asociación relacionada resulta muy explícito, las vacilaciones y la arbitrariedad en la asignación del género se reducen.

Es un lugar común en buena parte de los estudios que se ocupan del anglicismo recalcar la importancia del género marcado, el masculino, para dar cuenta de determinados usos, pero con el simplismo de esa explicación se rehúye el análisis de las verdaderas razones que llevan a asignarlo, generalmente basadas en asociaciones semánticas cuya naturaleza conviene desentrañar. Y es que, como se ha comprobado a lo largo de estas páginas, son muy numerosos los conceptos como ‘servicio’ ‘dispositivo’, ‘artilugio’, ‘organismo’, ‘fenómeno’, ‘grupo’, etc., que subyacen en la marcación del anglicismo como masculino pese a que por su grado de abstracción no son fáciles de determinar. De manera que el “género no marcado” más que en explicación se convierte en output del proceso asociativo.

En cuanto a la búsqueda de una base empírica para revalidar mis hipótesis, conviene tener presente que las asociaciones, sobre todo las basadas en la semántica, esencialmente son de tipo subjetivo. Podemos estar bastante seguros de las que conducen al establecimiento de un género de una manera (cuasi)categórica, pero en la medida en que se producen vacilaciones y oscilaciones los condicionamientos que pueden postularse no son del todo fiables, ni aún recurriendo a una encuesta llevada cara a cara con el informante. Los textos escritos manejados para el escrutinio del género de los anglicismos en un documento pueden ser válidos y suponer un aporte considerable para determinar la asociación que condujo al periodista o escritor a asignar la forma del artículo si nos fijamos en los términos co-referentes, pero aún así se producen incongruencias en algunos casos que llevan a relativizar y cuestionar el valor de nuestras premisas.

Las asociaciones ligadas a un determinado anglicismo no son fijas, sino que son cambiantes dependiendo de la estructura morfológica o sintáctica en la que se enmarca, si es palabra aislada o bien forma parte de un sintagma o compuesto, como lo ilustran los ejemplos de office / family office y party / family party. El núcleo del compuesto por lo general es el elemento determinante y decisivo, siguiendo así las pautas de la gramática española, pero no siempre es así, pues puede ser objeto de asociaciones semánticas que entran en conflicto con el género asignado.

A falta de una investigación empírica previa, a la hora de utilizar la marca gramatical para los nombres sustantivos el lexicógrafo opta por el género más común, y en general es acertado. No obstante, como he dejado patente, con algunos anglicismos se registra una variación, y en los casos más notables es conveniente introducir matizaciones sobre la frecuencia de cada género, como hacen M. Seco y cols. en el DEA y yo mismo en el GDA.

Estudio experimental

Este estudio experimental se inspira en el que diseñé a finales de los años setenta sobre el género de las siglas y anglicismos en la Universidad de Alberta80 y los desarrollados por B. Carstensen (op. cit.) y sobre todo por los ya citados Callies et al., y Onysko et al.81 para el alemán, utilizando un cuestionario escrito con frases contextualizadas en las que había que elegir la asignación de un género. En esta ocasión, para el estudio de la variación de los anglicismos en español recurrí a un cuestionario en el que presenté 30 frases incompletas que debían completarse de manera libre, pero todas ellas terminadas con un anglicismo en negrita que se esperaba fuera precedido de un artículo (determinado o indeterminado). A continuación se pedía anotar el significado o paráfrasis correspondiente a modo de traducción. Los anglicismos fueron seleccionados en virtud de la variabilidad observada en el uso del género en la lengua escrita, extraídos de la Fig. [1]. Se procuró que todos los nombres fueran inanimados, y por terminar en consonante y no en -o, -a, la correlación del género y la terminación asociada a los nombres de referentes animados y personales, a los que aludí más arriba, quedaba así excluida82. El cuestionario se distribuyó entre 60 estudiantes de edades comprendidas entre 20 y 25 años y con parecidos conocimientos de inglés, y repartidos a partes iguales entre ambos sexos y en dos universidades y poblaciones distintas, la Universidad de Alicante (España) y la de Buenos Aires (Argentina), a las que me referiré con las abreviaturas Esp. y Arg. en lo sucesivo.

En una primera fase, elaboré en plan piloto un cuestionario para los estudiantes de Alicante con una lista de ejemplos precedidos de la siguiente frase, a modo de guía, que no incluía ninguna expresión inglesa, ni siquiera el verbo necesario para su formulación:

“El fin de semana cine” → El fin de semana [fuimos al] cine.

De esta forma, se vistió como un test dirigido a probar el conocimiento del idioma, de manera que no sospecharan de la intención real para así lograr respuestas más espontáneas. Además, para hacer esta intención más verosímil, se realizó durante la primera clase del nuevo curso (2016-17) en una de las asignaturas relacionadas con la lingüística inglesa. Para llevarlo a cabo se dejó a los estudiantes toda la sesión para completarlo, tras la cual entrevisté individualmente a aquellos que no lo habían hecho como se esperaba, procurando que eligieran un artículo en las frases en que habían prescindido de él. Para no revelar el truco, en tales casos se les pidió que utilizaran un verbo convenientemente elegido de suerte que permitiera elicitar con facilidad el uso del artículo. Sin embargo, los resultados no fueron muy positivos, por desconocimiento de más términos de los esperados lo que contribuía a dejar frases en blanco.

Por ese motivo, posteriormente opté por un segundo y definitivo modelo de cuestionario, más dirigido, y con anglicismos más conocidos donde el nivel del idioma no fuera a priori un factor discriminatorio (ver apéndice, Fig. [3]), y esto en ambas variedades del español: Esp (España) y Arg (Argentina). Aún así insistí en que se pretendía comprobar el nivel de inglés, lo que de todos modos, al pedir la traducción del anglicismo en cuestión, no dejaba de ser verosímil.

Resultados y conclusiones

En el cuadro presentado en Fig. [3] (ver Apéndice) se han empleado las abreviaturas m (masculino), f (femenino) separadas por una barra ( / ), para mostrar en cifras los resultados del género asignado a cada anglicismo. En algunos casos le sigue una raya o guión cuando no se ha contestado o se ha dejado en blanco. A continuación, para indicar de una manera más gráfica el contraste, se han utilizado los signos matemáticos > (más que) y < (menos que), así como ~ (para marcar los casos en los que se ha producido una notoria variabilidad o fluctuación) y ± (para resaltar la diferencia). Finalmente, para señalar gráficamente también el variable comportamiento frente al uso del género, se han diseñado 4 columnas: la primera contiene el anglicismo en cuestión; la segunda, los datos globales con sus valores absolutos, con una separación de los correspondientes a los hombres y a las mujeres; la tercera, el género empleado de manera categórica o predominante; y la cuarta, los anglicismos más sujetos a variación. Una línea punteada separa además los datos obtenidos para el español de los de Argentina, en este caso precedidos de la abreviatura ARG.

En líneas generales esta tabla estadística revela que existe una proporción similar en el número de anglicismos que están sujetos o no a variación de género, una cierta uniformidad lingüística entre ambas comunidades, pero también claras diferencias en el uso de algunas voces. De manera general se observó mayor acuerdo entre los hablantes de Arg., a lo que probablemente contribuyó un mejor conocimiento del inglés y una mayor familiarización con los términos seleccionados. Con algunos anglicismos se eligió un género de manera categórica o muy marcada, de acuerdo con nuestras expectativas; tal fue el caso del femenino en party (‘fiesta’), tablet (‘tableta’), web (‘red’), y love story (‘historia’), sit-com (‘serie’, ‘comedia’), road-movie (‘película’) y el masculino en loft (‘piso’), cardigan (asociado con ‘jersey’), breakdance (‘baile’), speed (‘estupefaciente’, asociado con éxtasis). Y ello por lo que respecta a ambas variedades, Esp. y Arg. En la uniformidad de las respuestas influyeron varios factores, como el conocimiento del término, su mayor presencia en la prensa escrita, y la semejanza morfológica entre el anglicismo y la palabra traducida o asociada (notoria en los casos de tablet, story, sit-com y movie).

La variación resultante con los anglicismos American way of life (way: ‘modo’, ‘estilo’ vs. ‘manera’, road-movie (‘película’ vs. ‘film’) no distó mucho de la observada en la prensa escrita, lo mismo que la de off-shore (‘paraíso fiscal’ vs. ‘sociedad’...) y front-row, detox; en estos últimos casos, a la vacilación contribuyó también el desconocimiento de su significado por parte de varios informantes.

Con algunos anglicismos, la variación fue llamativa dentro de una misma variedad, sobre todo en Esp., y asimismo se apreció una notable diferenciación diatópica cuyos condicionamientos merecen ser examinados con detalle. El contraste entre (la/el) jet set, f. en Esp. frente al m. en Arg., indicado más arriba, se confirmó en la encuesta. La influencia de sintagmas previos sinónimos y parasinónimos muy difundidos con anterioridad en el caso español, como la café society, la beautiful people (o la biuti) y “la alta sociedad”, y su correspondiente anglicismo la high society, su antecesor, sin duda contribuyeron a marcar la diferencia. Con gang, al contrario, en Arg. prevaleció el femenino mientras que en Esp. se produjeron algunas fluctuaciones, al margen de la asociación reflejada en la traducción, ya se trate de un concepto femenino (‘banda’, ‘pandilla’) o masculina (‘grupo’), y entre los informantes femeninos se apreció una clara orientación hacia el masculino (y la asociación con ‘grupo’, y posiblemente también por la referencia a sus miembros, como individuos peligrosos y amenazadores, y por tanto con una connotación más negativa83). De este modo, tras la diferencia entre los dos sexos podrían subyacer razones de tipo psicolingüístico.

Otras veces son más fáciles de explicar; así en body lotion, donde se produce una tendencia clara hacia el femenino, sin duda por la semejanza morfológica del ing. lotion con el esp. ‘loción’, el que encontremos disparidad entre los informantes españoles, masculinos, se debe a que el término alude a un producto de consumo típicamente femenino. De manera que las diferencias en cuanto al conocimiento del mundo y las experiencias y la familiarización con una determinada expresión pueden ser factores decisivos a la hora de elegir su género.

Diferencias significativas entre ambas variedades se constataron al confrontar high-school, donde predominó el m. en Esp. y el f. en Arg, sin duda por la asociación con ‘instituto’ y ‘escuela secundaria’, respectivamente, que son las expresiones usuales en estas variedades del español. Lo contrario sucedió con scooter, conceptualizado como f. en Esp., por su relación con ‘moto’, ‘vespa’, y m. en Arg., entre cuyas asociaciones se registraron ‘vehículo’, ‘monopatín’, ‘ciclomotor’. De manera parecida, speed date también se eligió en f. en Esp. en línea con las traducción ‘cita rápida’ en contraste con la significativa presencia del m. en Arg. donde se registraron asociaciones con conceptos masculinos como ‘evento de citas rápidas’, ‘gestor de citas de pareja’, ‘sitio de citas’, ‘anuncio de cita rápida’, ‘servicio de citas’, ‘evento en el que se tienen citas cortas’, ‘portal de citas’; aparte de los que desconociendo el término o no contestando se inclinaron por el masculino.

La voz party fue repetida intencionadamente (ítems 13 y 14, con variación en el texto y en la morfología (en el segundo caso se empleó un compuesto, campus party), a modo de pregunta de control, con la intención de determinar si se constataba también en la encuesta variación intra-individual, lo que quedó corroborado en el caso de Esp., en ambos sexos, y en el de los hablantes femeninos de Arg.

Un examen de las traducciones pensadas por los estudiantes confirma la estrecha ligazón entre la asociación semántica ligada al anglicismo y la asignación del género. Donde se refleja más claramente es en anglicismos cuya morfología no predispone a la analogía por tratarse de compuestos “exocéntricos” cuyo núcleo subyacente está elidido. Un ejemplo palmario lo tenemos en off-shore (lit. ‘fuera de la orilla’) en el que se han sobreentendido conceptos diferentes, como ‘paraíso [fiscal]’, m. y ‘sociedad’, f., responsables de la variación. Elíptico también es el núcleo subyacente que cabe postular en after hours ‘después de las horas’, al que asignaron el masculino todos los informantes consultados, en ambas variedades, por concebirlo como un ‘garito’, un ‘club’ y un ‘pub’; otros informantes, sin embargo, pensaron en ‘discoteca’, f., igualmente referido a un lugar, y también en otras asociaciones como ‘fiesta’, relacionada con la función. Pero el hecho de que en uno y otro caso se decantaran por el masculino, de manera uniforme, nos lleva a pensar en la enorme influencia del género empleado en la prensa escrita entre el público instruido como factor nivelador, lo que contribuye a acentuar y tener más en cuenta la orientación de la “norma estadística” en este aspecto al hacer recomendaciones de estilo84. Por la misma razón, se puede especular con que la variabilidad registrada sería aún mayor si la encuesta se llevara a cabo entre informantes con menor o escaso nivel educativo, no tan familiarizados con las voces inglesas. Es de suponer que de hacerlo, profundizando en la variable educación o instrucción con una muestra más amplia, adquirirían mayor relieve las diferenciaciones diastrática y diafásica, aquí solamente atisbadas y encubiertas, pero que no por sutiles pueden dejar de tener relevancia.

Félix Rodríguez González

Universidad de Alicante


 

Apéndice: Tabla 2

Por favor, completa las siguientes frases añadiendo la forma del artículo que crees conveniente o que utilizarías con el anglicismo (el/la, los/las, un/una, unos/unas; de los/de las…) y escribe a continuación su significado a modo de traducción.

SIGNIFICADO
1. En Barcelona son de temer gangs de delincuentes
2. A mi amigo le gusta mucho usar body lotion
3. Cuando estoy en Londres me gusta visitar chinatown
4. La enfermería del hospital maneja checklist
5. Cuando estoy en el aeropuerto me gusta comprar en duty free shop
6. Las personas famosas que van a un desfile se colocan en front-row
7. Para el próximo año Telefónica planea abaratar ADSL
8. Mi amigo se pasó la noche del viernes en after hours
9. Mi primo de EE.UU. estudia en high-school
10. En Marbella celebran grandes fiestas la gente jet-set
11. Mucha gente ha colocado gran parte de su dinero en off-shore
12. La semana pasada mis amigos fueron a sex-shop
13. El fin de semana pasado me invitaron a party
14. Para mi cumpleaños mis padres me van a comprar tablet
15. Me encanta navegar por web
16. Mi tío vive en loft
17. En invierno a mi novia le gusta ponerse cárdigan
18. El mes pasado un amigo mío estuvo en rave
19. Ante problemas de tráfico lo mejor es conducir scooter
20. Mi amiga y su novio han vivido love story
21. Cuando estoy de sobremesa en casa me gusta ver sit-com
22. Del cine lo que más me gusta es road-movie
23. Mi amigo va a buscar pareja a través de speed date
24. Una de las drogas peligrosas es speed
25. A mi novia le he regalado blazer
26. En mi país muchos abogan por la implantación American way of life
27. A la gente joven de EE.UU. les gusta mucho breakdance
28. En la clínica me han recomendado hacer detox
29. Para los protocolos en el hospital quieren desarrollar checklist
30. El fin de semana pasado asistí a campus party

Apéndice: Tabla 3

Anglicismo Resultados totales Género predominante Variación
Hombres Mujeres
1. gangs 2/13
(m<f)

±
11/3-1
(m>f)
ARG 0/15 0-15 F
2. body lotion 5/10 ± 1/10-4 F
ARG 4/11 2/13 (m < f)
3. Chinatown 6/3-6 5/5-5 ~
ARG 15/0 13/0-2 (m > f)
4. checklist 7/8 7/8 ~
ARG 0/15 0/15 F
5. duty free shop 10/5 10/4-1 (m > f)
ARG 15/0 15/0 M
6. front-row 6/7-2 4/9-2 (m < f )
ARG 9/6 8/5-2 M
7. adsl 15/0 13/2 (m > f)
ARG 11/4 6/5-4 (m > f)
8. after hours 15/0 14/0-1 M
ARG 15 13/0-2 M
9. high-school 13/2 14/0-1 (m > f)
ARG 6/9 2/13 (m < f)
10. jet-set 4/9-2 0/14-1 (m < f)
ARG 14/0-1 10/0-5 M
11. off-shore 9/4-2 10/2-3 (m > f)
ARG 8/7 9/2-4 (m > f)
12. sex-shop 12/3 11/4 (m > f)
ARG 15/0 12/3 (m > f)
13. party 0/15 0/15 F
ARG 0/15 0/14-1 F
14. tablet 0/15 0/15 F
ARG 0/15 0/15 F
15. web 0/15 1/14 F
ARG 0/15 0/15 F
16. loft 15/0 15/0 M
ARG 14/0-1 14/0-1 M
17. cardigan 15/0 13/2 (m > f)
ARG 14/0-1 15/0 M
18. rave 4/11 3/10 -2 (m < f)
ARG 0/15 0/13-2 F
19. scooter 1/14-1 2-12-1 (f > m)
ARG 11/4 8/5-2 (m > f)
20. love story 1-14-1 1/14 (m < f)
ARG 0/15 0/15 F
21. sit-com 5/9-1 4/10 -1 (m < f)
ARG 0/14-1 3/7-4 (m < f)
22. road-movie 5/10 4/10-1 (m < f)
ARG 0/14-1 1/12-2 (m < f)
23. speed date 3/12 4/11 (m < f)
ARG 9/6 6/4-5 (m < f)
24. speed 15/0 15/0 M
ARG 13/1-1 9/3-3 (m > f)
25. blazer 11/4 10/5 (m > f)
ARG 15/0 15/0 M
26. American way of life 9/4-2 9 /6 (m > f)
ARG 11/4 4/7-4 (m > f)
27. breakdance 15/0 15/0 M
ARG 12/0-3 15/0 M
28. detox 10/0-4 11/2-2 (m > f)
ARG 6/9 8/4-3 ~
29. checklist 5/10 5/10 (m < f)
ARG 0/15 1/14 (m < f)
30. campus party 2/13 3/12 (m < f)
ARG 0/15 4/11 (m < f)

  1. Cfr. István Fodor, «The origin of gramatical gender», Lingua, 8, 1959, págs.186-214; M. Ibrahim, Grammatical gender: its origin and development, La Haya, Mouton, 1973; S. Poplack, A. Pousada y D. Sankoff, «Competing influences on gender assignment: Variable process, stable outcome», Lingua 57, 1982, pág. 3.

  2. Cfr. Ángel Rosenblat, «Vacilaciones de género en los monosílabos», Boletín de la Academia Venezolana, vol. 18, 1950, pág. 183; y «Género de los sustantivos en -e y en consonante», Estudios dedicados a Menéndez Pidal, csic, Vol. 3, 1952, pág. 159.

  3. Leonard Bloomfield, Language. Londres: Goerge Allen & Unwin 1979 [1933], págs. 271, 280. Cfr. M. Ibrahim, Grammatical gender, op. cit., pág. 51; Juan Clemente Zamora, «Morfología bilingüe: La asignación de género a los préstamos», Bilingual Review/Revista bilingüe 2/3, 1975, págs. 240-41.

  4. W. W. Arndt, «Nonrandom Assignment of Loanwords: German Noun Gender», Word 26, 2, 1970, págs. 244-253.

  5. A. W. Aron, «The Gender of English Loan-words in Colloquial American German», Curme Volume of Linguistic Studies, Baltimore: Linguistic Society of America, 1931, págs. 1-28.

  6. Carroll E. Reed, «The Gender of English Loan Words in Pennsylvania German», American Speech, 17, 1942, págs. 25-29.

  7. Uriel Weinreich, Languages in contact: findings and problems, La Haya, Mouton, 1964, págs. 44-46.

  8. Juan Clemente Zamora, ibídem, pág. 241.

  9. F. Barkin, «The role of loanword assimilation in gender assignment», Bilingual Review 7, 1980, págs. 105-112.

  10. Con anterioridad a todos ellos, R. Oroz, en su estudio sobre el español de Chile, de manera breve pero muy iluminadora se refirió a la importancia del proceso asociativo en la asignación del género de los extranjerismos en general, aun reconociendo la dificultad de identificar la asociación concreta con el sustantivo que le sirve de apoyo. (Cfr. «El género de los extranjerismos», La lengua castellana en Chile, Santiago, Facultad de Filosofía y Educación, Universidad de Chile, 1966, pág. 210)

  11. “Vernacular style” es expresión utilizada en la bibliografía anglosajona, en el campo de la sociolingüística variacionista, para referirse al estilo de habla marcado por el grado máximo de informalidad que se obtiene cuando no se presta una mínima atención a la forma del lenguaje. El caso más típico se produce cuando no hay entrevistador y se desconoce la presencia del observador (cfr. Poplack et al., op. cit., pág. 8, nota 4). Aunque mantiene cierta semejanza, este uso de vernáculo contrasta con el que tiene en lingüística general cuando se aplica a un dialecto social opuesto a la lengua estándar.

  12. Robert L Banfield, Gender assignment of English loanwords in the Spanish language, Tesis de licenciatura inédita, Brigham Young University, 1994.

  13. Jens Clegg, «Native Spanish speaker intuition in gender assignment to English loanwords», Trabajo inédito, 1997.

  14. Robert N. Smead, «On the assignment of gender to Chicano anglicisms: Processes and results», Bilingual Review/Revista bilingüe 25/3, 2000, págs. 281-283.

  15. E.M. DuBord, «Gender assignment to English words in the Spanish of Southern Arizona», Divergencias. Revista de estudios lingüísticos y literarios 2, 2, 2004, págs. 27-39.

  16. Utilizo aquí la conocida distinción que hace L. Bloomfield (op. cit., caps. 25 y 26) entre “cultural borrowings” e “intímate borrowings” [préstamos culturales” y “préstamos íntimos”].

    El concepto de préstamo cultural, a diferencia de esta distinción, podría estar igualmente relacionado con rasgos pragmáticos que tienen que ver con el referente y la actitud del hablante (cfr. José A. Sánchez Fajardo, «The Pragmalinguistic Dimensions of Cultural Borrowing: A Case Study in Cuban Spanish», International Journal of Language and Culture 5(1), 2018, págs. 112-129.

  17. Antonio Fernández García, «‘Sport’y deporte. Compuestos y derivados», Filología Moderna, núm. 46-47, 1970, págs. 93-110.

  18. Félix Rodríguez González, Estudio lingüístico de las siglas en español actual, tesis doctoral inédita, Universidad de Alberta, Canadá, 1980, pág. 67 sigs; «El género de las siglas». Revista Española de Lingüística 14, 2, 1984, págs. 356-357.

  19. Juan Gómez Capuz, Notas para un estudio de los anglicismos en español. Tesis de licenciatura, inédita, Universidad de Valencia, 1991; El préstamo lingüístico: conceptos, problemas y métodos. Anexo xxix de Cuadernos de Filología, Universidad de Valencia, 1998, págs. 234-238.

  20. Delia Rodríguez Segura, «Asignación de género», en Panorama del anglicismo en español, Almería, Universidad de Almería. Servicio de Publicaciones, 1999, págs. 170-177.

  21. Isabel de la Cruz Cabanillas, Cristina Tejedor, Esperanza Cerdá, María Rosa Cabellos y Mercedes Díez «Anglicisms in Spain: Gender Assignment and Plural Formation in Touristic Texts»,  Revista de Lenguas para Fines Específicos (RLFE), vol. 13-14, 2007-2008, págs.13-37; Isabel de la Cruz Cabanillas et. al. «English loanwords in Spanish computer language», English for Specific Purposes 26, 2007, págs. 52-78.

  22. Pedro José Sampedro Losada, «Anglicismos en el lenguaje informático», Hispanorama, 79, 1998, págs. 111-118.

  23. María E. Sánchez, Clasificación y análisis de préstamos del inglés en la prensa de España y México. Lewiston, Nueva York, The Edwin Mellen Press, 1995, págs. 111-115.

  24. Cfr. Antonio Fernández García, Anglicismos en el español (1890-1936), Oviedo, Gráficas lux, 1972, pág, 145.

    También en francés, Maurice Grevisse (Le bon usage: grammaire française d’aujourdui, 7.ª ed. París, Gembloux, 1959, pág. 201) recoge la variación de un/une interview en diversos textos escritos en el siglo xix.

  25. Ramón Carnicer, Sobre el lenguaje de hoy, Madrid, Prensa Española, 1969, págs.125-129.

  26. Esteban Rodríguez Herrera, Observaciones acerca del género de los nombres, Vol. 1, La Habana, Editorial Lex, 1947.

  27. Chris Pratt, El anglicismo en el español contemporáneo, Madrid, Gredos, 1980, pág. 109.

  28. Antonio Fernández García, Anglicismos en el español, op. cit., pág. 38.

  29. Dentro de estas variaciones con siglas el primer lugar de cada par lo ocupa el artículo que indica el género utilizado con más frecuencia.

  30. Cfr. Edgard Howard Sturtevant, Linguistic change: an introduction to the historical study of language, University of Chicago Press, 1961 [1917], pág. 37.

  31. Cfr. Mariana Tuţescu, Précis de Sémantique Française, París, C. Klincksieck, 1975, pág. 77.

  32. John Lyons, Introduction to theoretical linguistics, Cambridge, Cambridge University Press, 1968, pág. 426.

  33. La asignación de un género distinto mediante el artículo para resolver la “colisión homonímica” de este anglicismo recuerda el proceso análogo que tiene lugar con voces patrimoniales, como el secador (de pelo) / la secadora (de ropa), el barco / la barca, sólo que en este caso la marcación con la desinencia final resulta más clarificadora y determinante.

  34. Félix Rodríguez González, Estudio lingüístico de las siglas en español actual, op. cit., pág. 67 sigs.; «El género de las siglas», op. cit., págs. 356-357.

  35. Félix Rodríguez González, «Spanish», en Manfred Görlach, ed., English in Europe, Oxford, Oxford University Press, 2002, págs. 138-139.

  36. Broder Carstensen, «The gender of English loan-words in German», Studia Anglica Posnaniensia, 12, 1980, págs. 3-28.

  37. Marcus Callies, Alexander Onysko y Eva Ogiermann, «Investigating gender variation of English loanwords in German», en Cristiano Furiassi, Virginia Pulcini y Félix Rodríguez González, (eds.), The Anglicization of European Lexis, Amsterdam, John Benjamins, 2012, págs. 65-89.

  38. Alexander Onysko, Marcus Callies y Eva Ogiermann, «Gender variation of anglicisms in German: the influence of cognitive factors and regional varieties», Poznań Studies in Contemporary Linguistics, 49(1), 2013, págs. 103–136.

  39. Cfr. T. Ambadiang, ibídem, págs. 4852-53, 4856-57.

  40. Juan Alcina Franch y José Manuel Blecua, Gramática española, Barcelona, Ariel, 6.ª ed. [1975].

  41. L. Gómez Torrego, Manual de español correcto, II (Morfología y sintaxis), Madrid, Arco/Libros, 10.ª ed. [1989].

  42. Cfr. W. Meyer-Lübke, Grammatik der romanischen Sprachen, t. 2, § 380; cfr. Ángel Rosenblat, «Morfología del género en español: comportamiento de las terminaciones -o, -a», Nueva Revista de Filología Hispánica, xvi, 1962, pág. 34, n. 3.

  43. En su día en el uso del femenino influyó también el que en ruso, de donde procede este extranjerismo, su género es femenino. Cfr. Ángel Rosenblat, ibídem, pág. 77, n. 35. Sobre la vacilación el/la radio, cfr. también Ángel Rosenblat, «El radio o la radio», Buenas y malas palabras en el castellano de Venezuela, Caracas, Edime, 1960, II, págs. 271-74.

  44. Cfr. Ángel Rosenblat, «Morfología del género en español», op. cit., pág. 37.

  45. Sobre la distinción entre “nombre” y “denominación”, cfr. Salvador Fernández Ramírez, «Género y número del nombre”, (cap. vii), Gramática Española, Madrid, Revista de Occidente, 1951, § 87. Sobre las vacilaciones entre masculino y femenino con las denominaciones, cfr. Ángel Rosenblat, «Morfología del género en español», op. cit., págs. 60-75.

  46. Cfr. Ángel Rosenblat, íbídem, págs. 38-39, 65-69; T. Ambadiang, ibídem, págs. 4877-4878.

    En el caso de un nombre como España (por ej. en la España del siglo xx), está claro que el género femenino viene determinado por la terminación, pese a pertenecer a la clase léxica país, como recuerda T. Ambadiang (op. cit., págs. 4853), pero incluso en este caso cabe pensar en un hiperónimo fácilmente evocable como sinónimo, nación, que actuaría como refuerzo. Y en el caso de todo África en la asociación con continente.

  47. GDA: Félix Rodríguez González, Gran diccionario de anglicismos, Madrid, Arco/Libros, 2017.

  48. DEA: Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, Diccionario del español actual, Madrid, Aguilar, 2011 [1999].

  49. DUE: María Moliner, Diccionario de uso del español, 2007 [1998], 3.ª ed. Madrid, Gredos.

  50. Félix Rodríguez González y Antonio Lillo, Nuevo diccionario de anglicismos, Madrid, Gredos, 1997.

  51. DUEA: Concepción Maldonado González (dir.), Clave. Diccionario de uso del español actual. 9.ª ed., Madrid, SM, 2012 [1996]).

  52. GDUEsA: Aquilino Sánchez (dir.), Gran diccionario de uso del español actual, Madrid, Sociedad General Española de Librería, 2001).

  53. El uso es un buen ejemplo de la presión analógica de la -a del femenino. En inglés he encontrado también cracka, pero como escritura fonética y argótica de cracker, al igual que nigga por nigger ‘negro’.

  54. Sobre el uso de drag queen, véase Félix Rodríguez González, Diccionario gay-lésbico, Madrid, Gredos, 2008, págs. 127-129.

  55. Cfr. Félix Rodríguez González, Diccionario de la droga: vocabulario técnico y argot. Madrid, Arco/Libros, 39.

  56. Para un estudio panorámico de los “pseudoanglicismos” en español, véase Félix Rodríguez González, «Pseudoanglicismos en español actual. Revisión crítica y tratamiento lexicográfico», Revista Española de Lingüística, 43, 1, 123-169.

  57. Según el cómputo de Sampedro («Anglicismos en el lenguaje informático», op. cit. pág. 112), el uso del femenino más o menos duplica al masculino, lo que podría haber sido cierto en un principio, antes de generalizarse el internet como un ‘servicio’ casi universal, pero hoy día la proporción a todas luces se ha invertido.

  58. Delia Rodríguez Segura, «Asignación de género», op. cit., pág. 176.

  59. Larousse diccionario general de la lengua española, Barcelona, Larousse, 3.ª ed. 2014 [2006].

  60. Pequeño Larousse ilustrado online, Barcelona, Larousse, 2015.

  61. Colin Smith et. al Collins Spanish-English English-Spanish Dictionary, Londres & Glasgow, Collins. 1971.

  62. Hoy somos miles y miles de personas que pedimos la ’impeachment’ (destitución) de Dilma Rousseff. El Gobierno está en una situación lamentable", dijo a la AFP Rubens. (El Comercio.com)

    La presidenta de Brasil reacciona a la ’impeachment’ del Senado con acusaciones de golpe de Estado. (Agencias, La Región (Orense), 12-5-2016 20:46 h)

    Brasil lleva meses convulsos, sobre todo a raíz de la ’impeachment’ a la presidenta Dilma Rousseff []. (El Periódico de Extremadura, 26-12-2016)

  63. Cfr. Delia Rodríguez, «Asignación de género», op. cit., pág. 174.

  64. Esto es cierto si se supone una pronunciación no rótica (la estándar británica); si el acento es rótico (por ejemplo, el estándar norteamericano), la semejanza desaparece.

  65. En Miami dicen la güarajita < water heater. (Cfr. José Antonio Sánchez Fajardo, «Cuban-American Spanish Revisited: Sociolinguistic and Pragmatic Peculiarities», Zeitschrift für romanische Philologie, 133 (3), pág. 811)

  66. Cfr. Poplack et al. 1982; Delia Rodríguez, op. cit., pág.172.

  67. Cit. en Boletín de la Academia Colombiana, 6 (1956).

  68. Cfr. Yakov Malkiel, “Diachronic Hypercharacterization in Romance”, Archivum Linguisticum”, 9, 1957, pág.106; cfr. Félix Rodríguez González, El género de las siglas, op. cit., pág. 333.

  69. Para otros ejemplos de anglicismos con el género obtenido a través de elipsis del núcleo, véase Delia Rodríguez Segura, op. cit., 175.

  70. Francisco Yus, El discurso del cómic y su contexto social, Tesis de licenciatura inédita, Universidad de Alicante, 1993.

  71. Jesús Pardo, Memorias de memoria, Barcelona, Anagrama, 2001.

  72. Véanse por ejemplo estas citas:

    En el primero de ellos se abordan asuntos como el problema del botellón («bottle-party») [] (Abc, Comunidad Valenciana, 2-8-2008)

    [] “justificando” la organización “de un botellón masivo” (M. Agost, “Fiesta rave”, El Periódico Mediterráneo, 10-4-2011, Domingo)

  73. Callies et al., «Investigation gender variation…», op. cit., pág. 76.

  74. Félix Rodríguez González, «El plural de los anglicismos: panorama y revisión crítica», Boletín de la Real Academia Española, cuaderno 315, 2018, 299-329.

  75. Antonio Fernández García, Anglicismos en el español, op. cit., pág. 38.

  76. Cfr. supra, y Félix Rodríguez González, «El género de la siglas», op. cit., pág. 22 sigs.

  77. A la serie se une la expresión humorística e irónica jeta-society (con sustitución de jet por jeta ‘cara, atrevimiento’) creada por el periodista Jaime Peñafiel en una de sus columnas.

  78. El guateque era lo que hoy en día es el botellón, en el sentido de que bebíamos por poco dinero porque las copas en los locales son caras. (Entrevista a José Ramón Pardo, El Comercio, Avilés, 30-11-2015, Culturas). Ver también nota 6.

  79. Cfr. Claudio Chuchuy y Laura Hlavacka, Nuevo diccionario de argentinismos, vol. 2 del Nuevo diccionario de americanismos, Santafé de Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1993.

  80. Cfr. Félix Rodríguez González, Estudio lingüístico de las siglas en español actual, op. cit., págs. 95-101.

  81. Alexander Onysko, Marcus Callies and Eva Ogiermann, «Gender variation of anglicisms in German: The influence of cognitive factors and regional varieties», Poznan Studies in Contemporary Linguistics, 49(1), 2013, 103-136.

  82. Por esa razón excluí un anglicismo terminado en -a, como big data, así como drag queen, con claro referente personal.

  83. De hecho, dos mujeres informantes invocaron en su traducción “los gangsters”, sustantivo derivado de gang pero que intensifica su carga negativa, en claro contraste con “bandas”, y más aún con “pandillas”, donde el elemento delictivo queda atenuado y difuminado.

  84. Sobre el concepto y la valoración de la “norma estadística” en oposición a la “norma prescriptiva”, véase Stefan Ettinger, «La variación lingüística en lexicografía», en Günther Haensch et al., La lexicografía: de la lingüística teórica a la lexicografía práctica, Madrid, Gredos, 1982, págs. 359-394.

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Edición impresa: ISSN 210-4822
Edición en línea: ISSN 2445-0898
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