Un repertorio de viajes a Tierra Santa en la edición del Viaje a Jerusalén de 1733/1748. Burriel, Mena y El arte de medrar en la corte

UN REPERTORIO DE VIAJES A TIERRA SANTA EN LA EDICIÓN DEL VIAJE A JERUSALÉN DE 1733/1748. BURRIEL, MENA Y EL ARTE DE MEDRAR EN LA CORTE


Boletín de la Real Academia Española
[BRAE · Tomo XCVII · Cuaderno CCCXVI · Julio-Diciembre de 2017]
http://revistas.rae.es/brae/article/view/195

Resumen: La que se viene considerando como edición de 1748 del Viaje a Jerusalén del Marqués de Tarifa incluyó en una especie de prólogo un repertorio con 23 libros de viajes a Tierra Santa, algunos de los cuales resultaban desconocidos. En el presente trabajo se identifican dichos libros, se descubre el verdadero autor del repertorio y se demuestra que la edición de 1748 no existe como tal, ya que en realidad es la misma de 1733, a la que el mercader de libros Francisco Manuel de Mena añadió un cuadernillo con la intención de ganarse el favor del monarca Fernando VI y el de su Secretario de Estado José de Carvajal.

Palabras clave: Marqués de Tarifa; Viaje a Jerusalén; libros de peregrinación; Francisco Manuel de Mena; Andrés Marcos Burriel; imprenta siglo xviii

A DIRECTORY OF JOURNEYS TO THE HOLY LAND IN THE EDITION OF VIAJE A JERUSALÉN OF THE MARQUIS OF TARIFA, 1733/1748. BURRIEL, MENA AND THE ART OF «MEDRAR EN LA CORTE»

Abstract: An edition of the Marquis of Tarifa's Journey to Jerusalem, purportedly issued in 1748, includes in a sort of prologue a repertoire of 23 books (some of which were unknown in Spain at the time) on travels to the Holy Land. In this article, these books are identified, and the repertoire's real author is established. The article also shows that the `1748' edition is actually the same as that printed in 1733, with the addition of some preliminary pages intended to win favour with King Ferdinand VII and his Secretary of State, José de Carvajal.

Keywords: Marquis of Tarifa; Journey to Jerusalem; pilgrimage books; Francisco Manuel de Mena; Andrés Marcos Burriel; 18th century printing.


Está por hacerse la bibliografía de los libros españoles de peregrinación a Tierra Santa. Los repertorios más recientes de libros de viajes de los siglos xvi y xvii mencionan un número muy exiguo de estos relatos de peregrinos y, por si fuera poco, su información no siempre es fiable1. Se comprenderá, por ello, que un catálogo de estos libros de peregrinación, confeccionado a vuela pluma a mediados del siglo xviii y que nos da noticias de varias obras desconocidas o casi ignoradas, sea para nosotros de gran interés. Hace poco me ocupaba de otro catálogo similar, con 22 obras europeas de esta temática, que aparecía en la aprobación de un libro publicado en 1622, la Relación nueva y copiosa de los sagrados lugares de Jerusalén y Tierra Santa de Fray Blas de Buyza2, motivo por el cual este nuevo repertorio, un siglo y cuarto posterior, viene a ser un interesante complemento del mencionado.

El libro donde se encuentra dicho catálogo es un volumen en tamaño folio, que se publicó con esta portada: el viage / de la tierra santa, / hecho y escrito en prosa / por / don fadrique enriquez de ribera./ adelantado de la andalucía y primer marqués de tarifa./ a que se añade / el mismo viage / en versos antiguos / por / juan de la encina, prior de león. / dedicado / al rey nro. sr./ d. fernando vi / por mano del excmo. sr./ d. joseph de carvajal & c. / adorabimus in loco, ubi steterunt pedes eius. / psalm. 131 vers. 7 3/ en madrid, año de mdccxlviii.

De entrada llama nuestra atención que una edición dedicada a su majestad el Rey lleve un pie de imprenta que silencie el nombre del impresor. En la páginas preliminares, sin numerar, se vierte cierta información relevante: una primera página en que se declara la intención de rescatar este libro «para afervorizar la devoción por Jesucristo Nuestro Señor y la religiosa piedad hacia los Misterios Sagrados de su Vida, y Muerte, y Lugares Santos que consagró con ellos», que va firmada por «Francisco Manuel de Mena, el menor Criado de V.M.»; la siguiente página contiene la petición al Excmo. Sr. D. José de Carvajal, el «Decano del Consejo de Estado» ya mencionado en la portada, de que entregue a su majestad el Rey esta edificante obra, «prueba de la piedad española»; y a continuación figura un texto de seis páginas sin numerar que contienen una «advertencia», que hoy podría hacer las veces de prólogo o introducción, con el repertorio de libros de viajes a Tierra Santa y otras jugosas noticias de historia y crítica literaria, que son muy útiles especialmente para conocer qué ideas se tenían entonces sobre el Marqués de Tarifa, sobre Juan del Encina y los orígenes de la métrica castellana. Copio sólo las dos primeras páginas4 donde figura el mencionado repertorio que llevan por título:

«Advertencia de Francisco Manuel de Mena al que leyere»

La peregrinación a la Santa Ciudad de Jerusalén y la visita de los Sagrados Lugares en que Nuestro Señor Jesucristo obró el misterio de nuestra Redención, y que fueron también el teatro de casi todo cuanto se refiere en el Viejo y Nuevo Testamento, ha sido desde el principio de la Iglesia una de las más piadosas demostraciones del fervor de los cristianos. Fácil era probarlo, haciendo inducción desde el siglo primero hasta ahora, si aquí fuese del caso. Basta apuntar que una de las gloriosas ocupaciones de San Gerónimo en Belén era el acogimiento de los peregrinos empleando en la misma obra de caridad gran parte de sus riquezas sus discípulas S. Paula y S. Melania y compañeras (1)5; y que también el Insigne Orden de S. Juan tuvo sin duda su principio (sea lo que fuere del origen, que en este libro se le señala)6 de semejante caritativa hospitalidad. La obra que tituló Symicta, esto es, Misceláneas, León Allacio, y publicó en Amsterdam Bartoldo Nihusio, año 1652 (2), no es otra cosa que una colección de varios autores antiguos, griegos por la mayor parte, que tratan del viaje y descripción de la Tierra Santa. Entre ellos el principal es Juan Phocas, sacerdote y monge cretense, que la visitó año 1185, cuya Descripción reimprimieron los jesuitas bollandianos7 en la grande obra Acta Sanctorum (3), al principio del Tomo Segundo de Mayo, cotejándola con otro Itinerario sacro, fingido y publicado a nombre de S. Antonino Mártir Placentino, acaso porque hallase más fácilmente crédito, si se equivocaba, con el Itinerario de Antonino Emperador (4), conocido de todos.

No han sido los españoles inferiores a nadie en esta religiosa piedad, especialmente desde que domados y arrojados después los moros, no tenían que atender a guerras domésticas de religión. Ya el año 1498 havía impresso en Zaragoza Martín Martínez D´Ampiés su Translación del Santo Viaje de la Tierra Santa, fecho y compuesto por Rmo. Bernardo de Breindembach [sic], Deán de Maguncia (5), conociendo cuán bien recibida había de ser semejante obra de la piedad española; así como años después, en el de 1603, publicó en Valencia, Fray Vicente Gómez, dominico valenciano traducida la Descripción de Christiano Adricomio Delpho (6). Pero los españoles, que han hecho por sí mismos y publicado esta piadosa jornada, además de los autores de la presente obra, son Fray Antonio de Aranda (7), franciscano Provincial de Castilla y Confessor de las Princesas doña María y doña Juana, hijas de Carlos V, que le publicó en Alcalá, año 1531, cuya impresión se repitió en 1563 y 1587. Juan de Mandavilla [sic] en Valencia, año 1540 (8). Fray Phelipe de Sossa (9), franciscano cordobés, celebrado de Ambrosio de Morales, y Fray Nicolás Días (10), dominico portugués, muy amado de S. Pío V. Fray Antonio de Medina (11), franciscano, en 1573, traducido en italiano por Antonio Bonsanti, en Florencia, 1594 (12). Fray Pantaleón d´Aveiro (13), portugués, Lisboa 1593 y 1600. Pedro Escobar Cabeza de Baca (14), Valladolid, 1594. Pedro de Urrea (15), cuya Peregrinación se prohibió por justos motivos. D. Juan Ceverio de Vera (16), de las familias conquistadoras de Canarias, Capellán de Clemente VIII, Madrid 1597. Fray Pedro de Santo Domingo (17), lego dominico sevillano, Nápoles 1600 y Madrid 1609. Pedro González Gallardo (18), natural de Fregenal, soldado, que hizo el viaje siendo de 70 años, Sevilla 1605. Francisco Guerrero (19), Racionero y Maestro de Capilla de Sevilla, Cádiz 1620, y Sevilla 1645. Fray Blas de Buiza (20), franciscano, de la Provincia de Santiago, Salamanca 1624. Fray Bernardo Italiano (21), natural de Garrovilla de Alconétar, en la Extremadura, franciscano en la Provincia de Nápoles, 1632. Y en fin, Fray Antonio del Castillo (22), más conocido que todos los otros, franciscano de la Provincia de San Juan Bautista, Comissario General de la Tierra Santa, cuyo libro El Devoto Peregrino y Viaje de la Tierra Santa se ha impresso muchas veces desde el año 1654 en Madrid, y otras partes, y anda en manos de todos. Y últimamente estos años pasados hizo y publicó su viaje a Jerusalén Fray N… Losada (23), religioso lego franciscano, Salamanca 1730.

………………………………………………………………….

Sigue la «Advertencia» señalando que «los más antiguos de este linaje de piadosos escritores entre nosotros son los autores de la presente obra, la cual, aun por solo este título, debe ser preferida en estimación a todas las demás de este género…» y se da noticia de ambos autores. Del Marqués de Tarifa destaca su noble linaje por los cuatro costados (Enríquez, Riberas, Mendozas, Quiñones), su gran liberalidad demostrada al construir el Hospital de la Sangre, el grandioso panteón dedicado a sus mayores en la Capilla Mayor del Monasterio de la Cartuja, la introducción de una especie de viacrucis que fue luego modelo para otras ciudades y su generoso testamento en el que dejaba doce millones de maravedís para redimir cautivos. Luego valora el «decoro señoril» utilizado en su relato y su lenguaje grave y natural, lo mismo que la veracidad de cuanto escribe.

De Juan del Encina elogia sus virtudes musicales que le llevaron a Roma donde llegó a ser Maestro de Capilla del Papa. Tras su viaje de peregrinación, se quedó en Roma donde compuso y, según Nicolás Antonio, imprimió su obra en 1521, en 8º, con el título Tribagia o Vía Sagra de Hierusalem. Empleó el verso de arte mayor, imitando en ello las Trescientas de Mena, y a continuación se explican los orígenes de este metro y el del octosílabo en que escribió Encina un romance sobre el mismo viaje.

Veamos con la ayuda de algunos catálogos y de otras obras8 cuáles son los libros que se citan bajo la firma de Francisco Manuel de Mena:

  1. San Jerónimo escribió varias cartas a Santa Melania y a Santa Paula. Esta última abandonó su cómoda vida en Roma para seguir los pasos de San Jerónimo en Belén viviendo llena de privaciones y ayudando con sus bienes a los pobres. En algunas de estas cartas, efectivamente, San Jerónimo manifiesta la necesidad de acoger a los peregrinos y anima a sus discípulas a que sigan su ejemplo. Aparte de los abundantes manuscritos y ediciones latinas de las cartas de San Jerónimo, circulaba ya una traducción al castellano de Juan de Molina, publicada en Valencia en 1529, que fue varias veces reeditada con el título Epístolas del glorioso doctor Sant Hierónymo (Sevilla, Juan Varela de Salamanca, 1532; reimpresa en Sevilla por Jacome Cromberger en 1548). Del siglo xvii es ya la traducción que hizo el Licenciado Francisco López Cuesta de las Epístolas del glorioso doctor de la Yglesia Sant Gerónimo repartidas en seis libros, Madrid, Luis Sánchez, 1613.

  2. De la obra de León Allacio (1586-1669) que publicó Bartoldo Nihusio en Amsterdam en 1652 he visto la edición bilingüe, griega y latina, publicada en Colonia al año siguiente con esta portada: leonis allatii / symmikta / sive / opvscvlorvm / graecorvm / et latinorvm /vestvstiorvm / ac recentiorvm/ libri dvo. edente, nonullis additis, bertoldo nihusio… coloniae agrippinae./ apud iodocvm kalcovivm, / 16539. Unas páginas más adelante una «leonis allatii / praefatiuncula», es decir, un breve prefacio, señala que «venit in manus meas ioannis phocae locorum Palestinae et Syriae compendiaria descriptio…», donde explica cómo consiguió el texto griego del cretense Focas, que seguidamente publica en versión bilingüe, griega y latina, a doble columna. Efectivamente, la obra incluye también los textos griegos de «Willebrandus de Oldenborg, Konstantino Porphyrogenneta, Ioannis Kaneniatae», etc.

  3. Del Acta Sanctorum correspondiente al Segundo Tomo de Mayo hay un ejemplar en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense (Biblioteca Marqués de Valdecilla), cuyo título reza: acta / sanctorum / maivs / tomus secvndvs, a la que sigue una portada con un grabado muy abigarrado, que representa a la Virgen rodeada de ángeles, bajo la cual se despliega una paño con el mismo título desarrollado: acta sanctorum / maii, / collecta, digesta, illustrata / a godefrido genschenio / et daniele papebrochio / e societate iesu / tomvs ii / quo diez v, vi, vii, viii, ix, x, xi, / continentur / praemittuntur hodoeporica sacra / ioannis phocae et anto. placetini / causa veritatis discernenda comparata inter se /subiunguntur acta graeca / ad eosdem dies pertinentia. antverpiae apud michaelem cnobarum anno mdclxxx. Este pie de imprenta -Amberes, 1680- y lo que anuncia el título se aviene bien con el interés de la sociedad bolandiana por descubrir la autenticidad de las reliquias y deslindar lo que había de verdad en las biografías de los santos. En este caso se cotejan estos dos itinerarios, el de Focas con el de Antonino Placentino, al parecer espurio.

  4. El famoso Itinerario de Antonino nada tiene que ver Antonino Pío (emperador romano desde el año 138 hasta el 161), sino con Caracalla, que es el sobrenombre del emperador Marco Aurelio «Antonino», quien gobernó del 211 al 217. En realidad, el célebre itinerario parece que se compuso en tiempos de Diocleciano, hacia el año 290, aprovechando datos de épocas anteriores. Según los estudios del investigador suizo Denis van Berchen su finalidad era preparar viajes de emperadores y de altos dignatarios o expediciones encargadas de recaudar impuestos en especie10. De él da cuenta por extenso en Las antigüedades de las ciudades de España Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, que lo consultó en la catedral de Oviedo. Ese manuscrito se encuentra hoy en la biblioteca de El Escorial (R. ii. 18) debido a que al parecer mandó sacarlo de allí el Conde Duque de Olivares en 1630. Fue en 1654 cuando don Gaspar de Haro y Guzmán, marqués de Heliche, lo dona a la biblioteca escurialense11.Se viene fechando en el siglo vii y es quizá el más antiguo de los que conservan el Itinerario de Antonino. Otros manuscritos con el mencionado Itinerario se conservan en París, Viena y Florencia.

  5. La Translación del Santo Viaje de la Tierra Santa de Martín Martínez de Ampiés es la versión castellana de la Peregrinatio in Terram Sanctam de Bernardo de Breidembach, libro basado en el viaje realizado en 1483 por el Deán de Maguncia con una numerosa comitiva por Tierra Santa, el Monte Sinaí y El Cairo. La edición prínceps, en latín, apareció en Maguncia en 1486. Este soberbio volumen, en formato folio y con dos columnas por página, tuvo un éxito inmediato y pronto se imprimieron varias ediciones más, tanto en latín como en alemán, francés y holandés, a finales del siglo xv y a principios del xvi. Todas ellas incluían los grabados desplegables de Erhard Reuwich de las ciudades de Venecia, Paros, Corfu, Modón, Candia (Creta), Rodas y Jerusalén. Para la versión castellana de Martínez de Ampiés, publicada con el título Viaje de la Tierra Sancta (Zaragoza, Paulo Hurus, 1498), se utilizaron las planchas de los grabados de la edición prínceps y se añadieron otros nuevos, a modo de pequeñas estampas, sobre la vida de Cristo. Fue obra muy conocida y apreciada en la Península Ibérica. Se conservan varios ejemplares de la edición zaragozana de Hurus en bibliotecas españolas. En Madrid hay ejemplares en la Biblioteca Nacional, Palacio Real, Real Academia Española y Universidad Complutense (Biblioteca Marqués de Valdecilla) y en Palma de Mallorca en la Biblioteca Pública del Estado12. (Tobler, pág. 55; Röhricht, pág. 132)

  6. Christian van Adrichem (Delf, 1533– Colonia, 1585) fue un sacerdote holandés que sufrió persecuciones durante las guerras de religión y publicó alguna obra con el seudónimo Christianus Crucius. Con el título Teatrum Terrae Sanctae et Biblicarum Historiarum cum tabulis geographicis aeri expressis (Coloniae Agrippinae, Birckmann, 1590)13, publicó una obra heterogénea que contenía doce mapas desplegables y estaba dividida en tres partes: la primera ofrecía una geografía de Tierra Santa; la segunda una descripción de Jerusalén; y la tercera una crónica del mundo desde el Génesis hasta la muerte de San Juan Evangelista14. La segunda parte ya se había publicado en 1584, 1588 y 1592. Fray Vicente Gómez la tradujo al castellano con el título Breve descripción de la ciudad de Jerusalén y lugares circunvecinos (Valencia, Juan Crisóstomo Gárriz, junto al Molino de la Rovella, 1603) añadiendo el Viaje a Jerusalén de Francisco Guerrero, que ya había sido publicado exento en esas mismas prensas por los herederos de Juan Navarro15 (Röhricht, pág. 209).

  7. Son varios los catálogos que como este mencionan una edición del libro de Antonio de Aranda en 153116. Es un error, ya que la prínceps es la de Alcalá, Miguel de Eguía, 1533, en 4º. Antonio de Aranda, que había llegado a Jerusalén el día de la Natividad de Nuestra Señora (8 de septiembre) de 1529, nos dice al final de su obra Verdadera información de la Tierra Santa que regresó en un accidentado viaje, que se prolongó durante casi dos meses y medio, desde Mimisol (hoy Limassol, Chipre) hasta Venecia, a donde llegó el día de Santa Clara (11 de agosto) de 1531. Antes de regresar a España, se dirigió a entrevistarse con el Emperador, que se encontraba en Alemania, «con un cierto despacho de grande importancia tocante al favor de los Santos Lugares y universal utilidad de la iglesia». Suponiendo que el libro estuviera redactado para entregar a la imprenta, había que contar con la tramitación necesaria de las licencias, las aprobaciones y el tiempo que se tomaba el impresor. Su publicación en 1533 nos indica que la tarea se emprendió en cuanto Aranda llegó a España: no era fácil imprimirla en menos tiempo. Fue editada al menos en 12 ocasiones en el siglo xvi17. (Tobler, pág. 70; Röhricht, pág. 181; Herrero Massari, pág. 96)

  8. No deja de sorprender que se incluya el libro de Juan de Mandevilla entre los relatos a Tierra Santa. Desde mediados del siglo xiv el conocido como Libro de las maravillas del mundo se había divulgado por Europa en numerosos manuscritos y ediciones en inglés, alemán, español, flamenco, italiano, danés, checo e irlandés. Hoy se considera a su enigmático autor un viajero de escritorio, que no visitó los lugares descritos a pesar de la inmediatez y viveza con que aparecen. La edición que se menciona es la de Valencia, Juan Navarro, 154018.

  9. Phelipe de Sossa, franciscano cordobés, celebrado por Ambrosio de Morales, fue cronista de los franciscanos19. Tradujo una crónica del portugués de fray Marcos de Lisboa, que publicó con el título Parte Segunda de las crónicas de los frailes Menores, en Alcalá, Andrés de Angulo, 156620. Fray Felipe de Sousa (como se le nombra hoy), de alto linaje y muy apreciado en la orden, fue enviado a Roma a resolver una cuestión relativa a la santidad de unos huesos encontrados en Córdoba. Nicolás Antonio le atribuye una Peregrinación de Jerusalem21 y R. Röhricht en su catálogo (p. 201) menciona, situando su peregrinación en 1569, a «Phil. de Sosa» y su obra De la peregrinación de Jerusalem, Sevilla, 1569. No sería extraño que se refirieran, tanto Nicolás Antonio como Röhricht, a la Primera parte de la excelencia del Santo Evangelio en que se comprende un breve compendio de los Misterios de la venida de Nuestro Señor Jesucristo al mundo…En Sevilla, En casa de Juan Gutiérrez impressor de libros, 1569. Esos «misterios» aludidos en el título, y ya conocido por los lectores de Los misterios de Jerusalén del Cruzado22, no son sino los momentos de la pasión y muerte de Cristo, comentados con especificación minuciosa de los lugares y sus circunstancias. Semejante detalle en el relato pudo hacer pensar que se tratase de una peregrinación a Jerusalén. La fecha es coincidente, pero tampoco podemos descartar que saliera de la pluma de este prolífico escritor una obra titulada De la peregrinación de Jerusalem, pues las fuentes que dice manejar23 pudieron familiarizarle con los libros de peregrinación.

  10. Se sabe que Fray Nicolau Días, lego dominico portugués, viajó a Tierra Santa y que escribió una Jornada a Terra Santa (1596) que al parecer no se ha conservado24.

  11. Fray Antonio de Medina regresó de Tierra Santa en 1514, después de haber colaborado durante varios años con Fray Hernando de Talavera en la evangelización de los musulmanes de Granada tras la caída de la ciudad en manos cristianas. Acabó de redactar su tratado en 1526 y, efectivamente, no fue publicado hasta 1573 con el título Tratado de los misterios y estaciones de la Tierra Santa, Salamanca, Herederos de Juan Cánova, 157325. En su tratado menciona al Cruzado (f. 98v), autor de Los misterios de Jerusalén, librito que ya estaba editado en 150126.

  12. La traducción al italiano la realizó Pietro Buonsanti, como reza la portada de la edición: Viaggio di Terra Santa con sui stationi e misteri [] tradotto [] dal M.R.M. Pietro Buonsanti Piovano di Bibbiena, Florencia, Giorgio Marescotti, 1590.

  13. La obra del franciscano portugués Fray Pantaleao d´Aveiro Itinerário da Terra Santa e suas particularidades (Lisboa, Simao Lopez, 1593, en 4.º, 264 págs.) fue muy conocida en España. Llevó a cabo su viaje a Palestina en 1561 y regresó tras residir en Jerusalén unos veinte meses27. El autor afirma haber visitado Roma en tiempos de Pío IV y haber participado en el Concilio de Trento28. (Tobler, pág. 74; Röhricht, pág. 192; Herrero Massari, pág. 98)

  14. Pedro Escobar Cabeza de Vaca fue un aristócrata militar que, ya retirado, realizó su sueño de peregrinar a Tierra Santa, Damasco, Egipto y Monte Sinaí. Hizo el viaje desde septiembre de 1584 a la primavera de 1585 acompañado de un sirviente egipcio demostrando un interés especial por conocer hasta el último de los lugares santos. Compuso en endecasílabos sueltos su obra Luzero de la Tierra Sancta y grandezas de Egipto y el Monte Sinaí que contó al menos con dos ediciones en el siglo xvi: Valladolid, Bernardino de Santo Domingo, 1587, en 8.º, 201 págs. (BNE, R-7495); y Valladolid, Diego Fernández, 1594, en 8.º, 196 págs. (BNE, R-12976) (Röhricht, pág. 213)29.

  15. El célebre poeta aragonés Pedro Manuel Jiménez de Urrea (1485-1524) viajó a Tierra Santa de 1517 a 1519. Se sabía que su Peregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago había sido publicada en Burgos, por Alonso de Melgar en 1523. La obra aparece prohibida, con título en latín, en el Índice lovaniense (Valladolid, 1551), luego en el del inquisidor Valdés (Valladolid, 17 de agosto de 1559) tanto en la sección latina como en la castellana y posteriormente en el de Gaspar de Quiroga (Madrid, 1584). Se consideraban perdidos todos los ejemplares, pero recientemente se ha descubierto uno conservado actualmente en la Biblioteca Municipal de Grenoble30.

  16. La obra de Juan Ceverio de Vera se publicó por primera vez como Viage de la Tierra Santa desde la ciudad de Roma a la sancta de Hierusalem en el año de 1595, Roma, Nicolás Mucio, 1596. Luego se reeditó en Madrid (Luis Sánchez, 1597) y Pamplona (Matías Mares, 1598, y Nicolás Asiaín, 1613). Juan Ceverio de Vera, el mayor de doce hermanos, nació antes de 1550 en el barrio de Vegueta, el más antiguo de Las Palmas de Gran Canaria, pasó un tiempo en América, se hizo luego sacerdote, estuvo en Roma al servicio de Clemente VIII y murió en Lisboa en 160031 (Tobler, pág. 86; Röhricht, pág. 218; Herrero Massari, pág. 99).

  17. El libro de Fray Pedro de Santo Domingo se tituló El devotíssimo viaje de la Tierra Santa que hizo el hermano Fraile Pedro de Santo Domingo, fraile lego de la Orden de Predicadores, de la provincia de Andaluzía, el Año Santo de Jubileo de mdc32 Nápoles, Constantino Vidal, 1604, 239 pp., 8.º. En la «advertencia» se menciona «Nápoles 1600 y 1609» confundiendo, en el caso de la primera fecha, el año del viaje con el de la primera publicación33 (Röhricht, pág. 226).

  18. El viaje de Pedro González Gallardo se publicó con el título Viaje de Hierusalem, Sevilla, Juan de León, 1605. A pesar de ser muy citado, parece que no se conserva ningún ejemplar del mismo34 (Röhricht, pág. 219).

  19. Del libro de Francisco Guerrero Viage de Gerusalén se citan ediciones tardías. El maestro Guerrero (1528-1599), músico de la Catedral de Sevilla y uno de los más célebres compositores del siglo xvi, realizó su peregrinación a Tierra Santa entre el verano de 1588 y la primavera de 1589. Desde su primera edición, el Viaje de Gerusalén (Valencia, Joan Navarro, 1590, en 8.º) fue reeditado al menos en 23 ocasiones hasta 1734 (a veces en 12.º, como una edición de Alcalá, 1611), lo que le convierte en uno de los libros de más éxito en el siglo xvii35. Desde 1603 se publicó varias veces acompañando a la Breve descripción de la ciudad de Jerusalén y lugares circunvecinos de Cristian Adricomio Delpho (Valencia, Juan Crisóstomo Gárriz), que había sido traducida por fray Vicente Gómez. (Tobler: 86; Röhricht: 214; Herrero Massari: 102).

  20. Del franciscano fray Blas de Buyza menciona la edición de 1624 Relación de los sagrados lugares de Jerusalén y de toda Tierra Santa, Salamanca, Diego de Cussio. La primera edición de esta obra presentaba un título ligeramente diferente: Relación nueva y copiosa de los sagrados lugares de Ierusalem y Tierra Santa, de las misericordias divinas que en ellos resplandece, de los muchos trabajos…Madrid, Viuda de Alonso Martín, 1622, en 8.º. La obra incluye en la «Aprovación» del Doctor Paulo de Zamora un catálogo de viajes a Tierra Santa muy similar en su extensión a este de Francisco Manuel de Mena, pues menciona 22 libros36. Aunque aquí se menciona el libro de Buyza, no se han tomado datos de la mencionada aprobación del Doctor Zamora para elaborar este repertorio.

  21. Bernardo Italiano había nacido efectivamente en Garrovillas de Alconétar (Cáceres). Fue luego franciscano en la provincia de Nápoles, motivo por el cual adquirió el sobrenombre de Italiano. Su obra Viage a la Santa ciudad de Gerusalem, verdadera y nueva descripción suya de tota la Terra Santa y de peregrinatión al santo monte Sinai, se publicó en Nápoles (Egidio Longo, 1632). (Röhricht lo menciona como Bernardus de Carolina)

  22. Antonio del Castillo viajó a Tierra Santa en 1627 y allí permaneció siete años. Pasó bastante tiempo hasta que este franciscano publicó su libro El devoto peregrino: viage de Tierra Santa (Madrid, Imprenta Real, 1654), que llegó a ser el relato de peregrinación más reeditado desde mediados del siglo xvii, superando incluso a los de Antonio de Aranda y Francisco Guerrero; con el de Guerrero compitió en las librerías durante los siglos xvii, xviii y xix. El libro de Antonio del Castillo quedó poco después de su publicación como la guía oficial del peregrino a Tierra Santa.

  23. El último de los autores citados ha sido más difícil de identificar, pues con la inicial (N…) y el apellido (Losada) no se encuentra ninguna obra en el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español entre las obras publicadas en Salamanca anterior a 1748. Está claro que el autor de la «Advertencia» cita de memoria, pues aún no se ha dicho que su verdadero autor es Burriel. Aguilar Piñal reseña a nombre de Fray José de Losada, franciscano, la obra «Via Dolorosa de Jerusalem, que visitando la Casa Santa y más Santuarios de nuestra Redempción, venerando y notando con individualidad su magnificencia y milagrosa manutención entre la bárbara Gentilidad anduvo, ofrece a luz para consuelo de la piedad… Su autor… [Salamanca, Francisco García Onorato y San Miguel, 1724]. 20 h. + 412 pp. + 8 h. 15 cms.» y cita un ejemplar en Barcelona (Biblioteca Universitaria, c-221-8-17)37. Samuel Eiján añade a la ficha de la misma obra: «[Religioso Lego en la Provincia de Santiago]. Año 1724. [Sin pie de imprenta, por haber desaparecido la tercera parte de la portada; pero con licencia del Prelado de Salamanca]. En 8.º, portada a dos tintas, págs. 20 + 412 e índice»38.

La irresistible ascensión de un librero de la Corte

Pero, ¿quién fue este Francisco Manuel de Mena, que tan documentado estaba sobre la literatura de peregrinaciones? A Antonio Mestre se debe el estudio más meritorio sobre tan singular editor y mercader de libros. En su ensayo señala que

En 1740, Francisco Manuel de Mena era un librero conocido en la Corte, pero de escaso relieve en el resto de España y en el extranjero. Unos años después, sus relaciones comerciales se habían ampliado hasta convertirse en el mercader de libros más solicitado de los ilustrados españoles39.

Fue muy activo durante los años centrales del siglo xviii. Mayans debió de conocerlo cuando fue bibliotecario real (1733-1739) y su amistad dio lugar a una rica correspondencia muy útil para conocer el ambiente cultural de la época. Mena en 1752 protestó contra las leyes restrictivas para la importación de libros40, se opuso a las reformas del tradicionalista Juan Curiel en materia de impresiones41 y en 1762 se alineó con Campomanes para abolir la tasa de impresión42. En los años siguientes sería uno de los miembros más activos de la Compañía de Libreros e Impresores de Madrid y en la década de los 70 llegaría a ser uno de los impresores y comerciantes de libros más importantes del país, exportando e importando libros de Portugal y de Francia para satisfacer la curiosidad de muchos ilustrados.

Por la correspondencia con Mayans conocemos la compra de ciertas bibliotecas que en la década de los 40 se vendieron en la Corte: la de Isidro Fajardo, la de San Martín Oribe (obispo de Palencia), la del Marqués del Risco, la muy extensa de Andrés González de Barcia y los siete mil volúmenes de la Duquesa de Aveiro. Normalmente se compraban por tanteo y luego se vendían al detalle, surtiendo de libros tanto a los intelectuales que vivían en Madrid como a los de provincias. Su actividad también fue importante como distribuidor de libros a varias provincias y a Portugal, como instigador de traducciones y como editor, actividad que le permitió ganarse el favor de los ministros y la casa real. En concreto esta edición del Viaje a Jerusalén del Marqués de Tarifa, con los versos de Juan del Encina, manifiesta a las claras hasta dónde llegaban sus recursos para complacer al ministro José de Carvajal; la obra se dedica a su Majestad el Rey Fernando VI, pero «por mano del Excmo. Sr. D. Joseph de Carvajal», al que se dirigen halagos de distinta naturaleza43.

La necesaria colaboración de Burriel

Convenía trazar la semblanza de este librero y editor que firma la «advertencia», pues él fue el promotor de la edición y quien esperaba recibir los parabienes del ministro e incluso del monarca por semejante dedicatoria. Pero sabemos, por la rica correspondencia de Mayans, que no fue Mena quien redactó esta advertencia al lector.

Un joven jesuita, Andrés Marcos Burriel, venía colaborando con Francisco Manuel de Mena desde hacía un tiempo44 y a él recurrió el librero en esta apurada ocasión en que estaba en juego el favor de la corona y de su ministro José de Carvajal. Pensó Mena que una obra tan piadosa como el Viaje a Jerusalén del Marqués de Tarifa (seguido por los versos de Juan Encina, como era habitual en las ediciones anteriores)45 podía complacer tanto al ministro como al propio monarca. Así que nadie mejor que Burriel podía redactar esa nota erudita.

Pero sea por falsa modestia o por sincera confesión, el joven Burriel no quedó satisfecho de la redacción. En una carta de 10-xii-1748 le cuenta a su amigo Mayans: «después hice también con suma prisa las Dedicatorias y un prologuillo al Viaje a Jerusalén del Marqués de Tarifa y Poema de Juan de la Encina. En el Prólogo cité a Vd., no me acuerdo para qué. Después me ha pesado haber hecho dicho prólogo, aunque se imprimió sin mi nombre…»46. Es muy probable que Mena le urgiera para incorporar ese «prologuillo» a la edición, pues hay otros testimonios en esa correspondencia que permiten creerlo. No nos dice por qué le pesó, si fue por la urgencia de su realización o más bien porque, consintiendo que fuera a nombre de Mena, se hacía partícipe de la impostura. En cualquier caso, vemos cómo Mena sabía aprovecharse de la sabiduría ajena para encauzar sus intereses al más alto nivel. Tanto como el perfil de Mena nos interesa, por consiguiente, saber quién era Burriel.

La trayectoria de este erudito es bastante bien conocida47. Andrés Marcos Burriel (Buenache de Alarcón, Cuenca, 1719- Cuenca, 1762) fue un jesuita que destacó pronto por su inteligencia y erudición. Formado en el Colegio Imperial de Madrid, estudió luego Filosofía en Toledo y Teología en Murcia, llegando a ser profesor de Gramática en Toledo (1742), profesor de Filosofía en el Colegio Imperial (1745), Director Supernumerario del Colegio de Nobles de Madrid (1746) y profesor de Filosofía en la Universidad de Alcalá (1747), donde se retiró de la docencia debido a su frágil salud. Dirigió la Comisión de Archivos (1750-1756) para realizar, junto a Pérez Bayer entre otros, una importante labor de edición crítica de los concilios españoles y otros documentos eclesiásticos repartidos por toda España. Por la correspondencia epistolar con Mayans conocemos sus inquietudes y su preparación intelectual. No es extraño que Mena buscara sacar provecho del joven talento.

¿Una edición de 1748?

En un trabajo como este, conviene examinar los ejemplares de la edición preparada por Mena para conocer sus características materiales. Llama nuestra atención que la portada del libro diga el viage / de la tierra santa, / hecho y escrito en prosa / por / don fadrique enriquez de ribera, en tanto que el título que figura tras los textos preliminares, y justo en la página donde da comienzo el texto, sea diferente: viage de / jerusalem / de don fadrique enriquez / de Ribera, Marques de Tarifa, i otros / Caballeros. Este segundo título viene confirmado luego por la cabecera de todas las páginas pares donde se lee: viage de jerusalem. Entre el título general de la obra, el viage de la tierra santa, y el de viage de jerusalem vemos una portada de transición: este libro es del viage que hice a jerusalen… justo antes del segundo título enunciado. La tipografía de este que llamamos título de transición es la misma que la de la portada del libro, pero lo de «viaje que hice a Jerusalen» parece servir de enlace con el título segundo48. Cabe preguntarse por qué se produjo este cambio de título.

La respuesta la encontramos en la edición de Madrid del Viaje a Jerusalem del Marqués de Tarifa impresa por Francisco Martín Abad en 1733. La ficha correspondiente de la BNE nos advierte que existe emisión en la que se ha añadido un primer cuadernillo con portada nueva y pie de imprenta en Madrid, 1748, cuyo título es El viage de la Tierra Santa. Y en la ficha del ejemplar de la ed. de 1748 (BNE: 2/ 30175) leemos: «la impresión fue iniciada en 1733 por Francisco Martínez Abad; interrumpida por el fallecimiento del impresor, la retoma su hijo en 1748, añadiendo al fin el relato de Pérez de Torres». Efectivamente, falleció el primer impresor, pero creo que no es necesario hablar de dos emisiones, sino de una sola y de la sagacidad de Francisco Manuel de Mena para aprovechar un resto de edición. Efectivamente, cotejados los dos ejemplares de la edición de 1733 de la BNE (R/20352 y R/22894) con los dos de la preparada por Francisco Manuel de Mena de 1748 (BNE: 2/30175 y BA 549), vemos que el cuerpo del texto de los cuatro ejemplares pertenece a una misma emisión, pues todos ellos presentan los mismos errores de paginación y no se observan variantes de ningún tipo.

Debe hablarse, por tanto, de una sola emisión, con la única diferencia de que en unos casos vemos añadido al cuerpo de la obra de 1733 ese primer cuadernillo, de doce páginas, que exhibe esa llamativa portada dedicada al monarca, con el pie de imprenta de 1748, y los demás textos preliminares, que son los siguientes: una dedicatoria al Rey, otra al ministro, la advertencia al lector (los tres firmados por Mena) y una copia de la aprobación de 1608 firmada por Fray Luis de los Ángeles para la edición de Sevilla de 1606. Cabe pensar que Mena, en una de sus múltiples adquisiciones de librerías y saldos de imprentas, se encontró con un resto de la edición de 1733 y, con la sagacidad del avispado comerciante, pensó darle una salida provechosa. Pero aún había que solucionar un pequeño problema: la edición de 1733 llevaba en su última página el colofón (Madrid, Francisco Martín Abad, 1733) que contradecía el pie de imprenta de la portada, donde iba la nueva fecha de 1748. No era dificultad insalvable para un avezado librero: se ofrecía una explicación erudita al final del prólogo, quizá de la mano de Mena, para quien se percatara de esta aparente contradicción:

Últimamente acerca de las ediciones de estas dos obras, hay que advertir que D. Nicolás Antonio dice haberse impresso el Viaje del Marqués y el poema de Encina en Lisboa año de 158049. Esta impresión no hemos visto, sino solo otra, también de Lisboa del año 1608, la qual tiene muchas señas de ser la primera y única. Acaso fue equivocación de números lo que dice D. Nicolás, aunque repite esta noticia no sólo en el elogio del Marqués, sino también en el de Encina. Por este ejemplar de 1608 hizo imprimir este, que ahora se ofrece al público, el illustrísimo Señor Don Andrés de Barcia y Carvallido, del Consejo y Cámara de Castilla, año 1733, en la Imprenta de Francisco Martínez Abad, como se nota al fin. Pero muriendo este sabio ministro, quedaron sin imprimir los principios y tablas, y la obra, aunque impresa, sepultada en eterno olvido50. Ahora se publica, con deseo de ayudar al público, el qual havrá de perdonar los yerros de la prensa, que en obra ya hecha no se han podido enmendar.

En cualquier caso, Mena presentaba como nueva la edición de 1733. El lector meticuloso descubriría el trasfondo fraudulento, pero no quien con tantas ocupaciones como el monarca o su ministro examinara superficialmente el ejemplar. En cualquier caso, si se advirtiera la disparidad de fechas, siempre se podría justificar con este párrafo que he transcrito. Lo realmente importante para Francisco Manuel de Mena era que con esta y otras ediciones él podía seguir ascendiendo peldaños en la estima de la Corte51.

Algunas conclusiones

En la lista de las 23 obras reseñadas hay un cierto orden: primero se citan cuatro obras antiguas, en latín, luego dos traducciones (n.os 5 y 6: Breidenbach y Adricomio), para seguir con todas las castellanas intercalando las obras portuguesas (n.os 10 y 13: Fray Nicolás Dias y Fray Pantaleao d´Aveiro). Este repertorio de Burriel se centra en las obras peninsulares y especialmente en las castellanas, mucho más que el repertorio de Blas de Buyza en el que había más obras latinas, explicable por haberse publicado 126 años antes. Como es sabido, desde la Edad Media la mayoría de estas obras están escritas por frailes y entre ellos los franciscanos dominan el panorama editorial. El fenómeno tiene fácil explicación, pues los hijos de San Francisco tuvieron el privilegio de residir de forma permanente en Jerusalén desde 1342, en calidad de custodios de Tierra Santa52. En este repertorio encontramos ocho franciscanos: Antonio de Aranda, Felipe de Sosa, Antonio de Medina, Pantaleao d´Aveiro, Blas de Buyza, Bernardo Italiano, Antonio del Castillo y Fray José de Losada. Dos fueron dominicos (Fray Nicolás Dias y Fray Pedro de Santo Domingo) y eran sacerdotes, aparte de San Jerónimo, Christian van Adrichem, Bernardo de Breidenbach y Ceverio de Vera. Solo tres del total podemos considerarlos viajeros laicos, y los tres estaban vinculados de una u otra forma a la vida militar: Pedro Escobar Cabeza de Vaca, militar retirado; Pedro Manuel de Urrea, Señor de Trasmoz envuelto en diversas luchas nobiliarias; y Pedro González Gallardo, que también era un militar retirado.

El presente catálogo, como el mencionado del Doctor Paulo de Zamora, demuestra a las claras que existía entonces una clara conciencia de género, el de los libros de peregrinaciones a Tierra Santa, con una trayectoria tan larga que se remonta por lo menos a los tiempos de San Jerónimo. El hecho es relevante, pues nos informa de la abundancia de estos libros, españoles y extranjeros, en las principales bibliotecas, lo cual estaba en consonancia con el alto valor que se les otorgaba. Y si el autor hace memoria y enumera un número elevado de estas obras, lo hace con la finalidad de destacar sobre ellas la que en ese momento se va a publicar. De este modo vemos cómo se conjuga la erudición del jesuita con la autopropaganda del editor y comerciante de libros. Además, advertimos la presencia del nombre de Francisco Manuel de Mena suplantando al del conquense André Marcos Burriel y el aprovechamiento en 1748 de una edición impresa en 1733. Ambos hechos corroboran las prácticas de algunos editores como Mena, y también de sus colaboradores, cuando se procura ganar dinero a toda costa o alcanzar como sea el favor de los grandes.

Víctor de Lama de la Cruz

Universidad Complutense de Madrid


  1. Baste citar el libro de Carlos García-Romeral, Bio-bibliografía de viajeros españoles (Siglos xvi-xvii), Madrid, Ollero y Ramos, 1998, que menciona solo diez relatos de peregrinación, y el de José Manuel Herrero Massari, Libros de viajes de los siglos xvi y xvii en España y Portugal: lecturas y lectores. Madrid, Fundación Universitaria Española, 1999, que sigue al anterior y cita solo nueve libros, incluyendo entre ellos al portugués Pantaleón de Aveiro. La relación más larga de estas obras es la que figura en el catálogo de la exposición URBS BEATA HIERUSALEM. Los viajes a Tierra Santa en los siglos xvi y xvii, organizada por la BNE (del 22-9-2017 al 8 -1-2018), de la que soy el comisario. En dicho catálogo reseño 29 libros de viajes y menciono algunos más perdidos.

  2. «Un catálogo de relatos de viajes a Tierra Santa del Doctor Paulo de Zamora en la «Aprovación» (1621) de la Relación nueva…de Fray Blas de Buyza (1622)», BRAE, Tomo xcv, Cuaderno cccxi, enero-junio de 2015, págs. 119-141.

  3. El contexto del versículo del salmo 131 es claro: «Entraremos en su tabernáculo y adoraremos en el lugar donde sus pies estuvieron», que en la portada de la obra viene a significar que entrará en la corte, con la debida reverencia, poniéndose a los pies tanto del rey Fernando VI como de su ministro José de Carvajal.

  4. Modernizo la puntuación y parcialmente la ortografía para facilitar su lectura.

  5. Numero cada libro para seguir luego mejor la identificación de cada uno.

  6. Efectivamente, en la página 49 de esta edición del viaje del Marqués de Tarifa hay un capítulo con la «FUNDACIÓN DE LA / Orden de san Juan» y más adelante se explica su regla y hábito.

  7. Tras el Concilio de Trento la iglesia se interesó por examinar la veracidad de todo lo referente a las vidas de los santos y las reliquias. Fue el jesuita Jean Bolland (1596-1665) quien empezó a trabajar metódicamente en la tarea de deslindar historia y leyenda en la hagiografía cristiana. Su obra monumental (Acta sanctorum) fue aceptada por la Iglesia, en especial por el papa Alejandro VII. Con diversas interrupciones los bolandianos o bolandistas han seguido realizando sus estudios desde entonces y conviene señalar que la Societé de bollandistes, con sede en Bruselas, sigue dedicada a estos fines y que desde el año 2000 ya no está integrada solo por jesuitas. Su revista Analecta Bollandiana, fundada en 1882 y que desde hace tiempo publica dos números anuales, goza de muy alto prestigio.

  8. Para los viajes a Tierra Santa siguen siendo imprescindibles las clásicas bibliografías de Titus Tobler, Bibliographia Geographica Palaestinae, Leipzig, Verlag von S. Hirzel, 1867; Reinhold Röhricht, Bibliotheca Geographica Palaestinae, Berlín, H. Reuthers´s Verlagbuchhandlung, 1890 (hay reedición en 1963: Jerusalem, The Universitas Booksellers of Jerusalem, 1963); y Girolamo Golubovich, Biblioteca Bio-Bibliographica della Terra Santa e dell´Oriente francescano, Quaracchi, Collegio di S. Bonaventura, 1906-1927. Muy útil por sus completos índices temáticos es el libro de Nathan Schur, Jerusalem in Pilgrims and Travellers‘ Accounts. A Thematic Bibliography of Western Christian Itineraries, 1300-1917, Jerusalem, Ariel Publishing House, 1980, que se centra en las referencias a Jerusalén de los viajeros católicos y protestantes; lamentablemente del siglo xvii español sólo cita a Antonio del Castillo y al cronista de la orden franciscana Juan de Calahorra.

  9. Es el ejemplar de la BNE 2/42816. Hubo otra edición en Venecia en 1733.

  10. D. van Berchen, «L´annone militaire dans l´empire roman au le iii siècle», Mémoire de la Societé nationale des Antiquaires de la France, 8.ª serie, 10, 1937, págs. 117-201.

  11. Carlos Benjamín Pereira Mira, «Éxodo librario en la biblioteca capitular de Oviedo: el Codex miscellaneus ovetensis (manuscrito escurialense R. ii. 18)», Territorio, sociedad, poder 1, 2006, págs. 263-278.

  12. Charles Faulhaber en Bibliography of Old Spanish Texts enumera varios ejemplares en bibliotecas extranjeras. Pedro Tena en su edición (Bernardo de Breidenbach, Viaje de la Tierra Santa, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2003) menciona entre sus poseedores al tercer duque de Medina Sidonia, al marqués de Cenete o a religiosos como el tipógrafo Pere Rosa. También lo poseyeron eruditos como Hernando Colón o Fernando de Rojas y consta en inventarios como los zaragozanos de Albarracín, Gaspar de Terrén o Domingo Tienda. Contamos con una edición facsímil de B. de Breidenbach, Viaje de la Tierra Santa [1498], prol. de Jaime Moll, Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1974.

  13. Hay reediciones de 1593, 1597, 1600, 1613, 1619 y 1628.

  14. Lorenzo Martínez de Marcilla, caballero de la Orden de Calatrava, tradujo la tercera parte de esta obra con el título Chronicon de Christiano Adricomio Delfo…traducido de latín en español por… (Zaragoza, Dormer, 1631), que se reimprimió al menos diecisiete veces.

  15. La traducción de Vicente Gómez de la Breve descripción… de Cristiano Adricomio Delpho, seguida del Viaje a Jerusalén de Francisco Guerrero contaba con planos de Jerusalén, lo que seguramente ayudó a que siguiera imprimiéndose mucho después, como se desprende de estos pies de imprenta: Madrid, Oficina de Cano, 1799; Barcelona, Juan Francisco Piferrer, 1800; Madrid, Imprenta de la Administración del Real Arbitrio de Beneficencia, 1805; Madrid, Imprenta de Verges, 1828; Barcelona, Clemente Padró y Pou, 1890.

  16. El error viene arrastrándose desde que Nicolás Antonio la mencionó con esa fecha en su Bibliotheca Hispana Nova sive Hispanorum Scriptorum qui ab anno md. ad mdclxxxiv floruere Notitia… Nunc primum prodit recognita emendata aucta ab ipso auctore [1695] (Matriti: Joachinum de Ibarra Typographum Regium, 1783). Julián Martín Abad (La imprenta en Alcalá de Henares (1502-1600), 3 vols., Madrid, Arco Libros, 1991) deja bien claro que la edición de 1531 nunca existió y añade que en la Biblioteca Municipal de Oporto (F-627) existe un ejemplar incompleto de esta obra que presenta una portada manuscrita con la indicación: «Compluti. 1530 [añadido sobre el cero un 1]», pero pertenece a la edición de Toledo, Juan Ferrer, 1551.

  17. Se conocen ediciones de Toledo (1533, 1537, 1545, 1551 y 1555), Alcalá de Henares (1533, 1539, 1552, 1563, 1568 y 1584) y Sevilla (1539). Por hacernos una idea de su general aceptación conviene señalar que en Alcalá la imprimieron Miguel de Eguía (1533), Juan de Brocar (1539), Francisco Cormellas y Pedro de Robles (1563), J. de Villanueva (1568) y Hernán Ramírez (1584); y en Toledo, Juan de Ayala (1537), Fernando de Santa Catalina (1545) y Juan Ferrer (1551).

  18. En esta edición ha basado la suya Estela Pérez Bosch, publicada en la revista electrónica Lemir, nº 5 (2001). Se conservan ejemplares de cinco ediciones castellanas, todas del siglo xvi, con interesantes grabados y se mencionan otras perdidas. Rodríguez Temperley reseña esas cinco ediciones: Valencia (1521, 1524, 1531 y 1540) y Alcalá de Henares (1547). Parece que hubo una de 1515 y otra de 1564. A veces se cita una incunable, pero no está debidamente documentada (M.ª M. Rodríguez Temperley, ed., Juan de Mandevilla, Libro de las maravillas del mundo (Ms. Esc. M-iii-7), Buenos Aires, SECRIT, 2005).

  19. De él dice Ambrosio de Morales: «Frai Felipe de Sosa de la Orden de San Francisco, muy estimado en su Orden por su mucha religión y letras; y en Córdova, demás d´esto, por ser de linaje muy principal; y en España por lo que ha escrito y publicado» (Lib. xvi, cap. 14) (1788, p. 22).

  20. La primera parte la había publicado en castellano fray Diego Navarro.

  21. Biblioteca Hispana Nova, 1788, t. ii, pp. 254-255. Ofrece amplia información sobre este franciscano P. Martino Alba, «Le Laude de Fray Jacopone da Todi en español: tras las huellas del traductor anónimo a través de prólogos y prefacios», en A. Bueno García y M. A. Vega Cernuda (eds.), Lingua, cultura e discorso nella traduzione dei francescani: 283-311. Perugia: Pubblicazione dell´Università di Perugia/Dipartimento di Scienze del Linguaggio, 2001, págs. 283-311; y en «Le Laude de Fray Jacopone da Todi en español: tras las huellas del traductor anónimo a través de prólogos y prefacios. Una propuesta de adscripción a Fray Felipe de Sosa», en A. Bueno García, La labor de traducción de los franciscanos, Madrid, Editorial Cisneros, 2013, págs. 27-53.

  22. Nieves Baranda, «Los misterios de Jerusalem de El Cruzado (un franciscano español por Oriente Medio a fines del siglo xv)», en Rafael Beltrán, ed., Maravillas, peregrinaciones y utopías: Literatura de viajes en el mundo románico, Valencia, Publicacions de la Universitat de València-Departament de Filología Espanyola, 2002, págs.151-170.

  23. A modo de bibliografía inicial menciona a treinta sabios, entre ellos, San Jerónimo, Beda, una Historia de la Tierra Santa…

  24. La menciona Nieves Baranda en «El camino espiritual a Jerusalén», en M. E. Schaffer, y A. Cortijo Ocaña, eds., Medieval and Renaissance Spain and Portugal: Studies in Honor of Arthur L. F. Askins, Woodbridge, Tamesis, 2006, págs. 23-41; y Gérard Nahon en «Saudade: Portuguese Testimony to Jewish Nostalgia in the Jerusalem and the Galilee in the Sixteenth Century», Hispania Judaica. Bulletin 8, 2011, págs. 125-158.

  25. Hay un ejemplar en la BNE: R/12468. Joseph R. Jones publica algunos fragmentos de esta obra en Viajeros españoles a Tierra Santa (siglos xvi-xvii), Madrid, Miraguano-Polifemo, 1998, págs. 313-347.

  26. En efecto, un ejemplar de esta obra formaba parte de una lista de 22 libros que en esa fecha la reina Isabel la Católica regala a su hija doña Catalina, antes de salir para Inglaterra para casarse con Arturo de Gales, primogénito del rey Enrique VII. Dicha relación de libros está firmada y fechada en Granada el 30 de mayo de 1501. Al parecer no se conserva ningún ejemplar de esa edición, pero el asiento de Juan Ortiz, el último del documento, no deja lugar a dudas: «Que se vos haze cargo más que rescibistes en la dicha çibdad de Granada, el dicho día mes y año susodichos, otro libro pequeño, de cuarto de pligo [sic], escripto en papel, de molde, que es de los Misterios de Jerusalén y con la misma guarniçion como los susodichos» (Elisa Ruiz García, Los libros de Isabel la Católica. Arqueología de un patrimonio escrito, Salamanca, Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, 2004, p. 283).

  27. Es lo que sostiene José Javier Fuente del Pilar en «Pedro Teixeira y su viaje por Mesopotamia», Árbor, 180, marzo-abril de 2005, págs. 627-643; sin embargo Nathan Schur (Jerusalem in Pilgrims and Travellers‘ Accounts. A Thematic Bibliography of Western Christian Itineraries, 1300-1917, Jerusalem, Ariel Publishing House, 1980, pág. 145) sostiene que sirvió en Palestina de 1563 a 1565.

  28. Fue reimpresa en Lisboa al menos en tres ocasiones: Antonio Álvarez, 1596; Antonio Álvarez, 1600; y Joam Galram, 1685.

  29. Ni Tobler ni Herrero Massari lo mencionan. Véase al respecto mi artículo «El vallisoletano Pedro Escobar Cabeza de Vaca en su Luzero de la Tierra Sancta», Castilla. Estudios de Literatura, 6, 2015, págs. 367-401.

  30. Lo ha estudiado a fondo y lo ha publicado Enrique Galé: Pedro Manuel de Urrea, Peregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago, dos vols., Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 2008.

  31. Al principio de su Viaje de la Tierra Sancta confiesa: «Yo nací en Gran Canaria, la cual isla ganó mi bisabuelo Pedro de Vera para los Reyes Católicos. Y desde allí muy mozo pasé a las Indias, de donde me sacó la Majestad de Dios nuestro Señor, y de innumerables peligros en que andan los soldados d´ellas y pasados los quarenta años de mi vida, trájome del secular estado indigno a la dignidad de sacerdote. Repartí mis pocos bienes con mis muchos hermanos pobres; viví en España ocho años y el cevo general de pretensiones, pasados los cincuenta, vine a Roma; admitiome por su acólito la Santidad de Clemente VIII. Yo mal contento de cómo pasaban las cosas en aquella corte, determiné volverme a España y porque, cansado, deseaba quietud. Y pasado algunas horas en un libro italiano del viaje santo de Jerusalén, en su lección espiritual tuve una buena inspiración, encomendándola a Dios, mucho más deseaba su buen efecto. Y porque no me desviasen vanos consejos y temores, hice voto. Pedí licencia al summo Pontífice, el cual encargándome que le encomendase a Dios en aquellos santos lugares, con alegre rostro me la dio. Y por no hallar compañero, sólo con un vestido pardo, dejando mi ropa en San Adriano, convento de frailes españoles de Nuestra Señora de la Merced, comencé mi viaje» (Juan Ceverio de Vera, Viaje de la Tierra Santa, ed. C. Martínez Figueroa y E. Serra Rafols, La Laguna, Biblioteca de Autores Canarios-Aula de Cultura de Tenerife, 1964. Recoge algunos otros datos biográficos Analola Borges, «Comentario a un relato del siglo xvi sobre el Nuevo Mundo», Revista de Estudios Atlánticos, 26, 1980, págs. 351-398.

  32. Sigue el texto de la portada: «Da particular cuenta de todo lo que vio en el camino por mar y tierra y en la santa ciudad de Hierusalem, y los demás lugares santos, con otras cosas añadidas para utilidad de los peregrinos y devotos. Dirigido a la ilustríssima y excelentíssima señora doña Mencía de Requessens y de Zúñiga, condesa de Benavente y Virreina de Nápoles. En Nápoles, Por Constantino Vidal, 1604».

  33. Encarnación Sánchez García y Chiara Merolano dan cuenta de este libro en «Peregrinaciones en los inicios de la Edad Moderna: Los Trabajos de Persiles y Segismunda de Miguel de Cervantes», SimCity 3, 2012, págs. 1-10.

  34. T. Trevor Dadson en «La librería de Cristóbal López (1606): estudio y análisis de una librería madrileña de principios del siglo xvii» (en ed. Isabel Hernández González, El libro antiguo español. Coleccionismo y bibliotecas. (Siglos xv-xviii), iv, Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1988, pág. 217) cita cuatro ejemplares de esta obra. Lo había mencionado Nicolás Antonio en su Bibliotheca Hispana Nova y también Henri Ternaux-Compans (Bibliothèque Asiatique et Africaine, Paris, 1841-1842, n.º 919), Francisco Escudero y Perosso (Tipografía hispalense: Anales bibliográficos de la ciudad de Sevilla desde el establecimiento de la imprenta hasta fines del siglo xviii, Madrid, Sucesores de Ribadeneyra, 1894), Miguel Ángel de Bunes Ibarra (La imagen de los musulmanes y del norte de África en los siglos xvi y xvii. Los caracteres de una hostilidad, Madrid, CSIC), 1989) y luego Aurora Domínguez Guzmán (La imprenta en Sevilla en el siglo xvii (1601-1650), Sevilla, Universidad de Sevilla, 1992).

  35. Dichas ediciones tienen pies de imprenta de toda la Península Ibérica: Valencia, Sevilla, Barcelona, Alcalá, Cádiz, Madrid, Valladolid, Córdoba y Lisboa.

  36. Citado en la nota 2.

  37. Francisco Aguilar Piñal, Bibliografía de autores españoles del siglo xviii, Tomo v, L-M, Madrid, CSIC, 1981, p. 239.

  38. Samuel Eiján, El Real Patronato de los Santos Lugares en la Historia de Tierra Santa. Vol. ii, Madrid, Juntas de Relaciones Culturales del Patronato de la Obra Pía de los Santos Lugares, 1945.

  39. Antonio Mestre Sanchís, «Francisco Manuel de Mena: La ascensión social de un mercader de libros proveedor de la élite ilustrada», Libros, libreros y lectores, n.º monográfico de la Revista de Historia Moderna: Anales de la Universidad de Alicante 4, 1984, págs. 47-72 [cita en pág. 49].

  40. Un decreto de Curiel prohibía, bajo pena de muerte, la importación de libros castellanos impresos en el extranjero y ponía trabas si eran libros en latín y en francés, medida que perjudicaba los intereses de algunos mercaderes.

  41. Juan Antonio Curiel había sido nombrado por Real Cédula de 8 de febrero de 1752 juez privativo de Imprentas en sustitución de Juan Ignacio de la Torre (Antonio Mestre Sanchís, «Informe de Mayans sobre el auto de censura de libros establecido por Juan Curiel en 1752», en Homenaje al Dr. D. Juan Reglá Campistol, vol. ii, Valencia, Universitat de València, 1975, págs. 53-63.

  42. Alguna información complementaria aporta Amparo García Cuadrado en «La compañía de mercaderes de libros de la Corte a mediados del siglo xviii», Anales de Documentación 4, 2001, págs. 95-126.

  43. José de Carvajal (1698-1754) pertenecía a una familia de la nobleza. Fue con Felipe V oidor de la Real Chancillería de Valladolid y presidente del Consejo de Indias. Al morir el monarca en 1746, fue nombrado Secretario de Estado de su sucesor Fernando VI.

  44. El jesuita se ofreció, por ejemplo, a traducir del portugués la Oración en elogio de Francisco de Almeida pronunciada por Francisco J. Freire, a la que añadiría la Oración a la Divina Sabiduría, obra del mismo Almeida. Mena imprimió la obra, pero Burriel expresó luego su disgusto a Mayans por la baja calidad del resultado en carta que le dirige el 9-vii-1746. (Mayans, Epistolario ii: Mayans y Burriel, ed. A. Mestre Sanchís, Valencia, Publicaciones del Ayuntamiento de Oliva, 1972, pág. 285).

  45. Los versos de la Tribagia ya acompañaban al Viaje a Jerusalén del Marqués de Tarifa en las ediciones de 1606 (Sevilla, Francisco Pérez) y de 1608 (Lisboa, Antonio Álvarez). Y también figuraban en la de Lisboa de 1580, citada por Nicolás Antonio y que hoy se considera perdida.

  46. Efectivamente había citado a Mayans en dicho prólogo a propósito de haber editado éste el Libro de la Gaya Ciencia de don Enrique de Villena en el tomo de Orígenes de la Lengua Española.

  47. Sobre el Padre Marcos Burriel hay mucha bibliografía. Además de A. Mestre en la edición del epistolario mencionado, ofrece abundante información José Simón Díaz en «Un erudito español, el P. Andrés Marcos Burriel», Revista bibliográfica y documental, 3, 1949, págs. 5-52; y también Alfonso Echanove Tuero en La preparación intelectual del P. Andrés Marcos Burriel, S. J. (1731-1750), Madrid, 1972.

  48. Hay, no obstante, una variante delatora de la impostura: en el cuerpo de la obra se lee siempre «Jerusalem», en tanto que esa portada de transición prefiere «Jerusalen», forma que en este caso se revela significativa.

  49. La cita Nicolás Antonio (Bibliotheca Hispana Nova, 1783, pág. 364) en la ficha siguiente: «D. Federicus Henriquez de Ribera, Tarifae marchio … El Viage que hizo a Ierusalem desde xxiv de Noviembre de mdxviii que salió de su villa de Bornos hasta xx. de Octubre de mdxx. que entró en Sevilla, Olisipone Prodiit 1580 in 4.º. Adjungitur heroicis versus eiusdem peregrinationis descriptio Joanne de la Encina autore, qui marchione comitatus fuit…». Además, González Moreno (en su ed. de Marqués de Tarifa, Desde Sevilla a Jerusalén, Sevilla, Caja de Ahorros de Sevilla, 1974, vii) afirma la existencia de una edición «del 1521, dada a la estampa en la propia imprenta del Palacio de la Collación de San Esteban». De ninguna de las dos se conoce ningún ejemplar, pero sí se conservan varios de la de Sevilla (Francisco Pérez, 1606) ignorados por Mena y Burriel.

  50. No es del todo cierto que esa edición de 1733 quedara «sepultada en eterno olvido», pues los ejemplares que de ella se conservan en la BNE demuestran que circuló sin los textos preliminares aludidos.

  51. Aún debemos explicar por qué se incluye en esta edición de 1748, dedicada al rey, el viaje de Simón Pérez de Torres, que ni es relato de peregrinación ni tiene que ver nada este largo periplo, iniciado en 1586, con los dos viajes de peregrinación anunciados en la portada. Lo curioso es que sólo aparece en uno de los dos ejemplares de la BNE, el 2/30175, y lleva nueva numeración correlativa de la pág. 1 a la 42. No es fácil atribuir la responsabilidad de este añadido a Francisco Manuel de Mena, pues si hubiera sido su intención añadir este relato, lo hubiera advertido y justificado en los textos preliminares, encaminados todos ellos a ganar el favor del monarca y del ministro con estas dos obras piadosas de peregrinación, la del Marqués de Tarifa y la de Encina. Habida cuenta de que la edición del viaje de Pérez de Torres está impresa con las mismas características que los del Marqués de Tarifa y de Encina, a doble columna y con 60 líneas numeradas de diez en diez en cada una, cabe pensar en una iniciativa de Mena o del editor que asumió el proyecto de Andrés González de Barcia (que había muerto en 1743) al publicar, en tres volúmenes, su obra Historiadores primitivos de las Indias Occidentales, que juntó traduxo en parte y sacó a luz, ilustrados en eruditas notas y copiosos índices (Madrid, 1749). Al final del 3.º de estos volúmenes aparece, con la misma tipografía que en la ed. de 1748 que nos ocupa, el «Discurso de su viaje [el de Simón Pérez de Torres] desde Sevilla al Perú y otras tierras de las Indias Occidentales y desde Acapulco a Filipinas, Ambrosio, China, Cochin, Goa, Cambaya, Casbin, Alepo y otras partes, hasta volver a Nápoles con un resumen al fin de la novedad de las tierras y provincias que anduvo». Además el viaje de Pérez de Torres, a partir de la nueva página 43, va seguido por un breve tratado sobre las «Monedas de las tierras y provincias conforme las ay» y a continuación, en la pág. 45, otro viaje: «EPÍTOME / DE LA RELACIÓN DEL VIAJE DE ALGUNOS MERCADERES / de Sa Malo a Moka o Mocca, en Arabia, en el Mar Bermejo, los años de / 1708 y dos siguientes. / Puesto en Español, de Francés por el Alférez Don Manuel de Grova, natural de la Gran Canaria». Este ejemplar de la BNE, el 2/30175, por tanto, incluye cuatro viajes.

  52. Dediqué a «La presencia de los franciscanos en Tierra Santa» un capítulo de mi libro Relatos de viajeros por Egipto en la época de los Reyes Católicos, Madrid, Miraguano, 2012, págs. 121-142.

Enlaces entrantes

  • No hay ningún enlace entrante.


Edición impresa: ISSN 210-4822
Edición en línea: ISSN 2445-0898
http://revistas.rae.es/brae
 
© Real Academia Española. Política de privacidad - Política de cookies - Aviso legal - OJS y otros