Los deverbales en [a_ecer] en la obra lexicográfica de Nebrija: primera aproximación

LOS DEVERBALES EN [A_ECER] EN LA OBRA LEXICOGRÁFICA DE NEBRIJA: PRIMERA APROXIMACIÓN *


Boletín de la Real Academia Española
[BRAE · Tomo XCVI · Cuaderno CCCXIV · Julio-Septiembre de 2016]
http://revistas.rae.es/brae/article/view/166

Resumen: La formación de verbos a partir del esquema [a-V-ecer] ha sido considerada casi inexistente en español. Sin embargo, Batllori (2015) demuestra que hay una serie de formas que responden a esta estructura, parasintética en origen. Dado que las formas en –ecer parecen consolidarse en el idioma hacia el s. xiv, interesa averiguar si este tipo de patrón léxico tiene cabida en la obra de Nebrija, en especial en sus diccionarios. Así, se revisa el concepto de parasíntesis en su pensamiento gramatical y se lleva a cabo una búsqueda en el Lexicon y el Vocabulario, que lleva a la interesante conclusión de que, para cada lema, Nebrija selecciona una forma a partir de la aplicación de criterios sistemáticos.

Palabras clave: Lexicografía; morfología; Nebrija; selección léxica; formación de palabras.

THE DEVERBALS IN [A_ECER] IN THE LEXICOGRAPHICAL WORK OF NEBRIJA: AN INITIAL OVERVIEW

Abstract: The formation of verbs with the structure [a-V-ecer] has been considered almost non-existent in Spanish. However, Batllori (2015) demonstrates that there is a series of forms that fall under this structure, which is of parasynthetic origin. Given that the -ecer forms seemed to establish themselves in the language in the fourteenth century, it is worth verifying whether this kind of lexical pattern can be found in the work of Nebrija, and his dictionaries in particular. Thus the concept of parasynthesis in his grammatical thinking is examined and a search is conducted in the Lexicon and Vocabulario, leading to the interesting conclusion that, for each lemma, Nebrija selects a form by applying systematic criteria.

Keywords: Lexicography; morphology; Nebrija; lexical selection; word formation.


1 Introducción

Las investigaciones llevadas a cabo acerca de la parasíntesis se han centrado en la formación de las voces parasintéticas, primordialmente en el dominio sincrónico aunque también en el diacrónico1. Sin embargo, no se ha relacionado este proceso de formación de palabras con la lengua o el modelo de lengua que se desprende de figuras y momentos clave de la tradición gramatical2. Entre ellos, sin duda, cabe resaltar la de Elio Antonio de Nebrija, que representa el punto fundacional de la misma. Sin ir más lejos, se le reconoce, entre otros logros, haber introducido en sus obras una cantidad nada desdeñable de voces que no habían sido incluidas en los escasos repertorios anteriores y que, de hecho, adquieren carta de naturaleza a partir de su obra3. Como indica Monreal (2011: 159)4, «El trabajo lexicográfico llevado a cabo por Nebrija en su Diccionario y Vocabulario, por ejemplo, tiene muy en cuenta la lengua hablada y viva», que «debe servir para una renovación total de España». Y esta renovación viene tamizada, además, por el conocimiento del latín y el pensamiento humanista del autor. Así pues, no dejaría de resultar interesante comprobar cómo y hasta qué punto la obra lexicográfica del nebricense contempla términos formados por parasíntesis, un proceso lexicogenético, en palabras de Serrano (2016)5, que viene documentado ya en las gramáticas griegas y latinas pero cuya naturaleza y alcance se discute hoy en día6.

Este trabajo supone una primera aproximación al tratamiento que dispensa Nebrija a una clase muy concreta de términos en origen parasintéticos: los verbos deverbales con preverbio a- y sufijo -ecer. El punto de partida hay que buscarlo en Batllori (2015), un artículo que analiza los datos históricos de formaciones en [a-X-ecer]. Los resultados obtenidos permiten a la investigadora establecer el grupo de verbos que considera verdaderos parasintéticos deverbales. Lo que se pretende comprobar aquí es si estas formas figuran en los inventarios nebricenses (Lexicon, fechado en 14927, y Vocabulario, ca. 14958) y con qué valores y si, en caso de dobletes (es decir, de coexistencia con formas corradicales), se consignan todas las formas o solo algunas. Además, sabiendo que una parte de estos verbos es de herencia latina y otra de creación romance, interesa averiguar si hay diferencias respecto a su incorporación. Asimismo, se quiere rastrear también el uso de estas formas en la época (siglos xv y xvi) para poder dilucidar si el uso en la documentación coetánea tiene relación con la presencia o ausencia de estas voces en la producción de Nebrija. En este sentido, se ha establecido una comparación con otras obras del mismo autor (la Gramática Castellana, la Traducción de Introductiones latinae, la Tabla de la diversidad de los días y horas en lugares de España y otros de Europa así como las Reglas, todas ellas presentes en CORDE9). Por otra parte, se ha consultado un repertorio significativo de la misma época que el Vocabulario y el Lexicon: el Universal vocabulario en latín y en romance, de Alfonso de Palencia (1490)10 y, asimismo, se ha consultado el corpus CORDE.

El artículo, en primer lugar, va a ofrecer una panorámica de algunas cuestiones previas que se considera que han de tratarse antes de entrar en materia (§ 2); concretamente, se realizará una breve descripción del patrón de formación de palabras objeto de estudio (§ 2.1) para pasar a valorar si el concepto de parasíntesis, que es el que se encuentra en la base de tales formaciones, tiene cabida en el pensamiento gramatical de Nebrija (§ 2.2). A partir de ahí, se entrará a analizar el resultado de la búsqueda de las voces estudiadas (§ 3), tanto en la obra lexicográfica del gramático andaluz como en otros trabajos suyos, mencionados más arriba (§ 3.1). Como se ha comentado, se establecerá también una comparación con el diccionario de Palencia, contemporáneo de Nebrija (§ 3.2). Igualmente, se expondrán los datos obtenidos al indagar en el uso de estas formas a lo largo de los siglos xv y xvi3.3), algo que también se mencionaba antes. Finalmente, se explicitarán las conclusiones a que nos llevan todos los datos referidos.

2 Algunas ideas previas

2.1 El punto de partida: los verbos deverbales en [a_ecer]

La consulta de la bibliografía a la que se ha recurrido viene a indicar que el patrón a-V-ecer no es productivo en la lengua española. La RAE (2009: 580)11 solo reconoce el esquema [a_ecer] con bases adjetivales o sustantivas12 y únicamente hace mención del esquema deverbal que nos interesa en el apartado 8.1k, en el que, al referirse a la relación semántica entre dormir y adormecer (dos de los verbos estudiados aquí), se indica que «el posible esquema a-V-ecer no admite otros verbos en español, por lo que parece difícil postularlo» (p. 581). La misma idea se advierte en Serrano-Dolader (1999: 4703), quien comenta que los casos de formaciones parasintéticas a partir de bases verbales son raros y poco claros: «escasos y discutibles son los pocos ejemplos de verbos parasintéticos deverbales. Adormecer (< dormir) parece el único caso evidente, junto con adormilarse y adormitarse, que presentan interfijos». En los demás casos, la desaparición de la base verbal hace muy complicado hablar de auténticos parasintéticos en español. Este mismo autor señala también que la mayor parte de los esquemas de la parasíntesis verbal se hereda del latín y que la nómina de verbos formados de este modo aumenta de forma importante en el paso «a la variedad vulgar», momento en que se podía dar la coexistencia de verbos parasintéticos corradicales con otros formados por derivación con los que compartían significado (Serrano-Dolader 1999: § 72.1.2). Este sería, en cierto modo, un retrato coincidente con el panorama esbozado en Batllori (2015) y explicado más abajo: una parte de la nómina de verbos deverbales en [a_ecer] se hereda del latín13 y la otra, resulta de creación romance.

Lo que a tenor de la bibliografía parece claro es que los elementos sufijados con -ecer (<-ĕscere14) no se consolidaron hasta el s. xiv (cf. RAE 2009: § 8.9d): en español antiguo convivieron con las formas terminadas en -ir (<-īre), formas que acabaron por desaparecer15. Así, se trataría de verbos cuyo afianzamiento en el idioma era relativamente reciente en época de Nebrija. Sin embargo, esto no debe hacer pensar que se tratara de un elemento inhabitual en la lengua: Alvar y Pottier (1983: 185)16 ya señalan su uso, con valor incoativo, en latín coloquial para formar verbos intransitivos y causativos con significado transitivo a partir de las terminaciones -esco e -isco. Además, en las lenguas románicas no solo se mantuvieron los verbos incoativos latinos con esta partícula sino que se empleó para crear otros nuevos, o por derivación o por parasíntesis, combinada con los prefijos a- o en-, si bien lo habitual es construirlos sobre bases adjetivas y sustantivas, como hemos visto. Las generadas a partir de lexemas verbales resultan una minoría que, tal como se comentaba anteriormente, pocas veces se perciben como parasintéticos claros.

Precisamente en este sentido es interesante Batllori (2015), ya que propone una clasificación de los verbos parasintéticos con esquema en a- y -ecer según su origen deverbal, denominal o deadjetival. Al examinar el primero de estos grupos, distingue entre formas heredadas del latín y de creación romance. En el primer caso, identifica tres subclases: a) voces en que el étimo coexiste con bases sin ad/ab y con o sin sufijo -sco (aborrecer, adherecer o adormecer), b) casos en que el étimo coexiste solo con bases sin el preverbio ad (amecer, afazer o atorcer) y c) verbos en que el étimo coexiste solo con bases sin -sco (arecer). De las tres, concluye que solo la primera corresponde a verbos realmente parasintéticos y, entre los que incluye en esta subclase, únicamente lo serían aquellos que presentan dobletes -ir ~ -ecer17.

En cuanto a los verbos de creación romance, también se organizan en 4 subtipos: a) casos con coexistencia de verbos en -ir, -ecer, y verbos con ­a- o en- y -ecer (apodrecer, amortecer o aterecer), b) casos con coexistencia de verbos en -ir, verbos en -ecer, y verbos con a- y ­-ecer (acontecer, afallecer o aguarecer), c) casos con coexistencia de verbos en -ecer y verbos en a- y -ecer (aplacer, apertenecer o apacer) y d) casos con relación paradigmática con otro tipo de verbos como, por ejemplo, los psicológicos (apetecer). De todos ellos, a juicio de la autora, solo el primer y el último grupo se podrían considerar auténticos parasintéticos.

En consecuencia, en este trabajo se han analizado los verbos parasintéticos aborrecer, adherecer, adormecer y aparecer, junto con sus corradicales aburrir, adherir, adormir, endormecer, dormecer, dormir, aparir y parecer, en el caso de los heredados del latín, y apodrecer, aterecer y amortecer (y sus corradicales pudrir/podrir, podrecer, empodrecer, aterir, amortir y enmortecer) para los del grupo (a) de creación romance y apetecer para el grupo (d). En la tabla 1 se sintetiza la nómina de verbos estudiados de forma más clara.

Verbo parasintético [a- -ecer] Clasificación en Batllori (2015) Verbos corradicales analizados
aborrecer 1a (verbos con dobletes en -ir y -ecer) aburrir
adherecer 1a (verbos con dobletes en -ir y -ecer) adherir
adormecer 1a (verbos con dobletes en -ir y -ecer) dormir, adormir, dormecer, endormecer
aparecer 1a (verbos con dobletes en -ir y -ecer) aparir, parecer
apodrecer 2a pudrir,podrecer, empodrecer
aterecer 2a aterir
amortecer 2a amortir, enmortecer
apetecer 2d

Tabla 1: Verbos analizados en este trabajo según su origen y el grupo en que se clasifican en Batllori (2015), donde 1 equivale a verbos heredados del latín y 2, a verbos de creación romance. Las letras se corresponden con los subgrupos señalados más arriba.

2.2 La idea de parasíntesis en Nebrija

Pese a que el término parasíntesis se remonta a la tradición gramatical griega, como recuerda Serrano-Dolader (2016)18, no aparece en la obra de Nebrija, que sigue los criterios de los gramáticos latinos, en especial de Prisciano (cf. Quilis en Nebrija 1492 [1980]: 3019). De hecho, lo que se desprende de su Gramática de la Lengua Castellana es que el tipo de verbos que interesa aquí entraría dentro de la especie de verbos derivados, concretamente, los aumentativos20, que son aquellos que expresan el «continuo acrecentamiento de aquello que significan los verbos principales de donde se sacan, como de blanquear, blanquecer; de negrear, negrecer; de doler, adolecer» (Nebrija 1492 [1980]: 184). Es interesante que todos los ejemplos que aporta para ilustrar lo dicho presenten el elemento sufijal -ecer y que se trate de formas que constituyen dobletes con verbos parasintéticos (emblanquecer y ennegrecer existían en la época, a tenor de los datos existentes en CORDE). Los detalles en cuanto a la formación de verbos no van mucho más allá21. No obstante, sí hay que señalar algunos aspectos significativos.

Como se ha comentado ya en otras ocasiones22, Nebrija bebe de fuentes clásicas (especialmente latinas) a la hora de elaborar su gramática del español. No hay que olvidar que esta obra se escribe después de la publicación de las Introductiones Latinae (1481) que, aunque se dice que presenta características innovadoras respecto a manuales anteriores23, se inscribe de lleno en la tradición humanística de las gramáticas latinas. Llegados a este punto, hay que señalar que el principal modelo del que se estima que parte el nebricense, Prisciano, incluye la parasíntesis en su descripción del verbo latino: «de figura figura quoque accidit uerbo, quomodo nomini. alia enim uerborum sunt simplicia, ut cupio, taceo, alia composita, ut concupio, conticeo, alia decomposita, id est a compositis deriuata, ut concupisco, conticesco» [la cursiva es mía] (Institutiones grammaticae, libro viii (De verbo), 0434)24.

En la clasificación de los accidentes verbales (género, especie, figura, modo, tiempo, persona, número y conjugación clásicos), Nebrija sí que sigue los parámetros de la gramática de tradición aristotélica de Donato y, especialmente Prisciano, según Pérez Botero (1994); sin embargo, se ha visto que modifica la clasificación de la figura, lo que supone la desaparición de la parasíntesis. A tenor de las explicaciones de González Ruiz (1994: 277), Nebrija, al tratar del nombre y del verbo, no sigue a Prisciano (que es «el único gramático latino que distinguió los nombres compuestos de los parasintéticos» y los verbos compuestos y simples de los parasintéticos25) sino al resto de gramáticos, que no los contemplan26.

Pese a ello, esta omisión no se da en toda la obra nebricense. Lliteras (1993), al estudiar la teoría de formación de palabras en las obras gramaticales de este autor, advierte que en las Introductiones Latinae sí respeta los tres tipos de figura presentes en su principal modelo: simple, compuesta y decomposita, tanto para el sustantivo como para el verbo y el adverbio. En el paso a las Introducciones latinas contrapuesto el romance al latín (ca. 1488), esta clasificación se reduce a simples y compuestas, si bien aún advierte que en cierto tipo de participios «como adamans no hay propiamente composición sino decomposición» (Lliteras 1993: 102) y en la Gramática, que es descripción de la lengua castellana, se consolida esta clasificación bipartita, que se extiende también al participio.

Ciertamente, parece que Nebrija no toma en consideración la existencia de voces parasintéticas; sin embargo, las había en el idioma de su tiempo, como las hay hoy en día. ¿Qué ocurre con ellas? ¿Por qué no se contemplan? ¿O cómo se catalogan? Estas son preguntas a las que se intentará dar respuesta a lo largo de este trabajo. Para afrontarlas, son relevantes los comentarios de Colón y Soberanas en el «Estudio preliminar» al Lexicon (Nebrija 1492 [1979]). Estos autores comparan las voces que se incluyen en este repertorio con las presentes en el Vocabulario y advierten que algunos derivados y parasintéticos incorporados en el primero no aparecen en el segundo; concretamente, respecto a las voces parasintéticas, indican que «les resultaba todavía más fácil escapar a la recolección que a los meros derivados» (Nebrija 1492 [1979]: 13)27. Da la sensación de que, en caso de que figuren en los repertorios lexicográficos del gramático andaluz, se perciben más como ejemplos de derivación o composición que de parasíntesis. De todos modos, no hay que perder de vista que los diccionarios, en principio, no están concebidos para aportar información gramatical: sus objetivos y los de la Gramática son claramente diferentes.

No obstante, es necesario tener en cuenta qué se entendía por derivación. Como ya advierte Lliteras (1993: 103-104), la prefijación entraba dentro del campo de la composición: «la doctrina latina sobre la figura compuesta mediante preposición y nombre o verbo determinó que, desde Nebrija, se admitieran como compuestas (y no como derivadas) las formaciones que hoy suelen denominarse prefijadas»28. De este modo, las formas verbales que se analizan en este trabajo resultarían compuestas ya que incluyen el elemento prefijal a-. Sin embargo, la sufijación en -ecer supone un caso de derivación, como el mismo Nebrija indica en su gramática al explicar los tipos de verbos derivados en su Gramática de la lengua castellana (vid. supra).

El trabajo de Beniers (1993) permite ahondar en los criterios adoptados en la gramática nebricense. En este artículo, la autora realiza un estudio de la formación de derivados en la Gramática y, para ello, proporciona el inventario de prefijos y sufijos que se recogen en ella, clasificándolos en función de la base a la que pueden ser adjuntados y de la categoría resultante. En el apartado de los verbos deverbales, se señala que Nebrija solo admite un prefijo, des- (que formaría compuestos deverbales, siguiendo los parámetros de la época), y dos sufijos: -ecer, con valor aumentativo, e -it, con valor diminutivo (se aducen los verbos balitar y baticar). La autora, refiriéndose a los ejemplos presentes en la gramática (a saber, blanquecer, negrecer y adolecer) comenta que este tipo de verbos «se analizan hoy de una manera totalmente distinta: como incoativos postadjetivales» (Beniers 1993: 45). Esta misma apreciación también viene resaltada en Lliteras (1993: 107-108), quien conviene en que se dejan de lado toda una serie de conceptos gramaticales importantes para la clasificación de estos verbos: incoativo, meditativo, desiderativo y frecuentativo, conceptos que sí aparecían en las Introductiones Latinae. Precisamente para poder dar cabida a los verbos en -ecer resulta necesario crear la categoría de los «aumentativos», que no tenía precedentes en la tradición clásica.

A todo esto, no hay que olvidar que algunos investigadores han resaltado que uno de los rasgos que caracterizan más claramente los diccionarios de Nebrija es su asistematicidad. Pellen (2012: 268-269)29 lo pone en evidencia, entre otros, a partir de ejemplos que se corresponden con formaciones parasintéticas. En efecto, en su trabajo, realiza un análisis contrastivo de los términos incluidos en la Gramática, en el Vocabulario y en el Lexicon. Es curioso que se detenga en los casos de blanquecer y negrecer, que figuran en la Gramática pero no en el Vocabulario30; en este, en cambio, tienen cabida otras formas de la misma familia: emblanquecer y ennegrecer, que no figuran como ejemplos de verbos derivativos aumentativos en el tratado gramatical31. Este hecho hace entrever que es posible que se incorporaran más voces parasintéticas en la obra lexicográfica que en la Gramática. En efecto, como indica Pellen (2012: 271), hay una gran distancia entre ambos tipos de obra; los diccionarios no son tratados técnicos sino que han de ofrecer al usuario un léxico que Nebrija considera básico, propio de la lengua común. Desde la perspectiva del investigador actual, además, aportan información importante sobre uso, sobre valores semánticos y gramaticales y, evidentemente, sobre las lagunas del español del momento respecto del latín (según los parámetros de su autor). Justamente porque la obra lexicográfica de Nebrija supone entrar en el uso de la lengua más allá de las etiquetas gramaticales de la formación de palabras, ha interesado analizar en ella la presencia de los verbos deverbales en [a_ecer], estudiar si aparecen en Lexicon y Vocabulario y, en caso afirmativo, cómo lo hacen.

3 Los deverbales en [a_ecer]

Como ya se ha indicado en el apartado 1 (véase la tabla 1), en este trabajo se van a estudiar algunos verbos parasintéticos deverbales en [a_ecer] junto con sus formas corradicales: aborrecer ~ aburrir, adherecer ~ adherir, adormecer ~ endormecer ~ dormecer ~ adormir ~ dormir, aparecer ~ parecer ~ aparir, apodrecer ~ empodrecer ~ podrecer ~ pudrir, aterecer ~ aterir, amortecer ~ enmortecer ~ amortir y apetecer.

En un primer momento, se van a presentar los resultados obtenidos de la búsqueda de estos verbos en las obras lexicográficas de Nebrija (a saber, el Lexicon y el Vocabulario) los cuales, por otra parte, se pondrán en relación con otras cuatro obras del mismo autor: la Traducción de Introductiones latinae (1481), la Gramática de la lengua castellana (1492), la Tabla de la diversidad de los días y horas en lugares de España y otros de Europa (ca. 1499) y las Reglas de Ortographia en la lengua castellana (1517), cuyas referencias aparecen en la tabla 2 (§ 3.1). Por otra parte, se van a contrastar estos resultados con la consulta a otro repertorio contemporáneo a los de Nebrija y con similitudes con el Lexicon: el Universal vocabulario en latín y en romance de Alfonso de Palencia (1490) (§ 3.2). Por último, se van a confrontar los datos obtenidos de estas obras, de carácter científico y con una finalidad lingüística evidente, con el uso de estos verbos en la época en que vivió y trabajó Nebrija (ss. xv y xvi), para lo que se ha recurrido al banco de datos CORDE (§ 3.3).

obra referencia /edición (en prensa) fuente

Nebrija (1481): Traducción de Introductiones latinae

Ed. de Antonio Cortijo Ocaña (1992). Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies.

CORDE

Nebrija (1492): Gramática de la lengua castellana

Nebrija (1492 [1980])

Nebrija (1492): Gramática de la lengua castellana

Ed. de John O’Neill (1995). Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies.

CORDE

Nebrija (1492): Diccionario latino-español (Salamanca, 1492) [Lexicon]

Nebrija (1492 [1979])

Nebrija (1495): Vocabulario español-latino

Nebrija (1495 [1951]) BVC

Nebrija (1495): Vocabulario español-latino

Ed. de John O’Neill (1992). Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies.

CORDE

Nebrija (ca. 1499): Tabla de la diversidad de los días y horas en lugares de España y otros de Europa

Ed. de Enrique Jiménez Ríos (2000). Salamanca: CILUS

CORDE

Nebrija (1517): Reglas de Ortographia en la lengua castellana

Ed. de John O’Neill (1995). Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies.

CORDE

Palencia (1490): Universal vocabulario en latín y en romance

Palencia (1490 [1967]) BVC

Tabla 2. Lista de obras consultadas para la obtención de datos acerca del uso de los verbos parasintéticos deverbales en [a_ecer]. Las siglas BVC corresponden a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Antes de seguir adelante, conviene ofrecer unos cuantos datos previos acerca de los verbos objeto de estudio: en la tabla 3 se presenta su significado atendiendo a la vigesimosegunda versión del DRAE (RAE 2011)32, así como su origen etimológico y el valor semántico del étimo, atendiendo a la información contenida en el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico (DCECH), de Corominas y Pascual (1980)33, y a A Latin Dictionary, de Lewis y Short (1879)34.

Término Significado (DRAE 2011) DCECH Lewis y Short (1879)
Verbos heredados del latín
Aborrecer ‘tener aversión a alguien o a algo’ Se consigna como derivado de aburrir, con significado ‘aburrir, fastidiar’.
1.ª documentación: Glosas de San Millán (h. 950)
ăb-horresco, ĕre, =horresco (eccl. Lat.), Vulg. 2 Macc. 6, 12. Horresco ‘2. to fall a shaking, trembling. In partic. to begin to shake, shudder’
Aburrir molestar, cansar, fastidiar’; ant. ‘tener aversión’ abhorrērre ‘tener aversión a algo’. Procede de horrere ‘erizarse’.
1.ª documentación: Berceo.
ăb-horrĕo, ui, ēre, 2, v. n. ‘to shrink back from a thing, to shudder at, abhor
Adherecer desusado ‘adherir’ ăd-haeresco, haesi, haesum, 3. ‘1. to cleave, stick, adhere’ ‘2. to correspond to, to accord with, to fit to or suit’
Adherir ‘pegar algo a otra cosa’ ‘convenir en un dictamen o partido y abrazarlo’ adhaerēre ‘estar adherido’, procedente de haerēre, con el mismo valor semántico.
1.ª doc: Alfonso de Palencia.
ăd-haerĕo, haesi, haesum, 2, v. n. ‘1. to cleave, adhere, stick to’ ‘2. to cling to, to adhere to; to be close to a person or thing; to hang on a thing’
Adormir ‘adormecer’ Como procedente de dormir. Aparece con significado ‘dormirse’ en un anónimo mozárabe de los ss. xi-xiii. ad-dormĭo, īre, 4, v. n. ‘to begin to sleep, to go to sleep
Adormecer ‘dar o causar sueño’ ‘calmar, sosegar’ ‘acallar, entretener’ ant. ‘dormir’ Como derivado de dormir.
1.ª doc.: hacia 1250, en el Setenario.
ad-dormisco, ĕre, v. inch. n., ‘to go to sleep
Endormecer
Dormecer dormisco, ĕre, 3, v. inch. [dormio], ‘to fall asleep
Dormir ‘estar en aquel reposo que supone la inacción o suspensión de los sentidos y de todo movimiento voluntario’ Del latín dormire ‘dormir’.
1.ª doc.: orígenes del idioma.
dormĭo, īvi or ii, ītum, 4 ‘to sleep’
Aparecer ‘manifestarse, dejarse ver, por lo común, causando sorpresa, admiración u otro movimiento del ánimo’ ‘dicho de una cosa que estaba perdida u oculta: hallarse, encontrarse’ ‘cobrar existencia o darse a conocer por primera vez’ ‘dicho de una persona: hacer acto de presencia en algún lugar, dejarse caer’ Como derivado de parecer, se le supone un étimo apparescere, del latín tardío.
1.ª doc.: Cantar de Mío Cid.
ap-pāresco (adp-), ĕre, v. inch. [appareo], ‘to begin to appear
Aparir desus. ‘aparecer’ ap-pārĕo (adp-), ui, itum, 2, v. n. ‘to come in sight, to appear, become visible, make one’s appearance’
Parecer ‘dicho de una cosa: aparecer o dejarse ver’ ‘opinar, creer’ ‘hallarse o encontrarse lo que se tenía por perdido’ ‘tener determinada apariencia o aspecto’ ‘asemejarse’ Del latín vulgar *parescere y este de parēre ‘aparecer’ o ‘parecer’.
1.ª doc.: desde los orígenes.
(No figura *parescere).
pārĕo (parrĕo), ŭi, pārĭtum, 2, v. n. intr. ‘to appear, be visible, be at hand
Verbos de creación romance
Apodrecer No figura en RAE (2011).
En Academia 1925: ant. ‘Podrecer’ (NTLLE)
De la forma incoativa putrēscĕre. Se considera antiguo.
Se documenta desde antiguo
Empodrecer ‘pudrir’ (como pronominal) Como derivado de pudrir. impŭtresco (inp- ), trui, 3, v. inch. n. [in-putresco], ‘to rot, putrefy in any thing
Podrecer poco usado ‘pudrir’ De la forma incoativa putrēscĕre.
Se documenta desde antiguo
pŭtresco v. inch. n. [putreo]; ‘1. to grow rotten or putrid, to rot, putrefy, moulder, decay’‘2. to become loose or friable’ ‘3. to fall into contempt, become disgusting
Pudrir ‘hacer que una materia orgánica se altere y descomponga’ ‘consumir, molestar, causar impaciencia o fastidio’ ‘haber muerto, estar sepultado’ De pūtrēre ‘pudrirse’.
1.ª doc.: Berceo.
pūtrĕo, ēre, v. n. puter, ‘to be rotten or putrid (ante-class.)’
Aterecer poco usado ‘hacer temblar’ «sabido es que ha tenido gran extensión una forma aterecer (Nebr., ejemplos de los ss. xvi-xvii en DHist […])». No siempre se refiere a la rigidez del frío sino también a la producida por el terror. Se relaciona con enterecer, derivado de entero.
Aterir ‘pasmar de frío’ De origen incierto, quizá del antiguo enterecer y este de entero. Se indica que lo común es el participio aterido.
1.ª doc.: Juan Ruiz.
Amortecer ‘amortiguar’ ‘desmayarse, quedar como muerto’ Como pronominal, ‘desmayarse’. 1.ª doc.: Cantar de Mio Cid.
Se considera que amortecer (transitivo) es raro. Aparece en Cancionero de Constantina.
Enmortecer
Amortir Academia 1933: ‘ant. morir’ ‘ant. desmayarse, quedar como muerto’ Como derivado de morir (aparece como pronominal)
Apetecer ‘tener gana de algo, o desearlo’ ‘dicho de una cosa: gustar, agradar’ s. v. pedir. Del latín appetere, con el mismo significado actual.
1.ª doc.: hacia 1580, Fray Luis de León.
ap-pĕto (adp-), īvi or ii, ītum, 3, v. a. and n ‘1. act., to strive after a thing, to try to get, to grasp after (syn.: adfecto, nitor in aliquid)’

Tabla 3. Significado y etimología de los verbos objeto de estudio atendiendo a RAE (2011), Corominas y Pascual (1980) y Lewis y Short (1879).

Como puede observarse, las formas heredadas proceden de verbos que en latín ya eran derivados: así, se detalla, en todos los casos, que se han formado por la adición del preverbio ab o ad35 a una base con el sufijo -ĕscere, que aporta un valor incoativo a la base verbal original. Se trata, en consecuencia, de formas patrimoniales que han evolucionado a partir del latín. En el caso de los verbos de creación romance llama la atención el caso de empodrecer, que se relaciona con un étimo latino impŭtresco, a tenor de los datos de Lewis y Short (1879) consignados en la tabla 3; esto parece apuntar a una voz patrimonial como las del primer grupo. En los demás casos de verbos de creación romance, el DCECH indica solamente que se trata de formas derivadas de pudrir (o podrecer, a su vez derivado de pudrir/podrir), de aterir y de muerte/morir. Apetecer, por su parte, se relaciona con el latín appetĕre, sin valor incoativo ni sufijo en -sco, aunque formado con el preverbio ad.

En base a esta sucinta descripción, se advierte cómo la situación de partida en los verbos objeto de estudio es diferente: en unos casos, la existencia y evolución de los términos parece sugerir (a priori y sin haber entrado en mayores averiguaciones) que se trata de términos que deberían detectarse desde los orígenes del idioma; en otros, su naturaleza de voz propiamente romance haría pensar en una innovación léxica que surge por necesidades expresivas en el propio castellano. Los datos del DCECH aportan información valiosa en este sentido. Los heredados del latín tienen primeras documentaciones antiguas: aborrecer se atestigua ya en el s. x; adormecer, hacia 1250; aparecer, también en el s. xiii. Salvo adherecer, que no figura en Corominas y Pascual (1980)36, todas estas voces están documentadas en la lengua medieval. En los de creación romance no se advierte esta sistematicidad, aunque también se atestiguan casos medievales: amortecer presenta su primera documentación en el Cantar de Mio Cid y de apodrecer, como se indica en la tabla 3, se dice que es voz atestiguada desde antiguo. En cambio, aterecer y apetecer resultan más recientes: según el DCECH, el primero de estos verbos se halla por primera vez en Nebrija y el segundo, a finales del s. xvi, en Fray Luis de León. Lo que resulta muy interesante es su coexistencia con formas corradicales, con o sin prefijo y con o sin sufijo, con valores semánticos muy similares, como señala Batllori (2015). La competencia entre ellas es lo que habría llevado a la desaparición de algunas en favor de otras o a la especialización de sus significados, lo que habría salvaguardado su existencia.

En este sentido, averiguar su papel en la obra de Nebrija, en primer lugar en los diccionarios (§ 3.1.1) y en segundo lugar en la Gramática y otras obras (§ 3.1.2), ayudaría a entender cómo las interpreta este autor. La consulta de ambos tipos de trabajo ha de permitir obtener información complementaria sobre su uso y sobre cómo se valoran.

3.1 Verbos deverbales en [a_ecer] en Nebrija

3.1.1 Resultados en la obra lexicográfica de Nebrija

Tal como se ha venido comentando, interesa comprobar si los verbos antes listados, así como sus corradicales, tienen cabida en los repertorios lexicográficos de Nebrija. En este sentido, se ha acudido al Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española (RAE, en línea)37, a Nebrija (1492 [1979], 1495 [1951), así como a Nieto y Alvar (2007)38 para poder comprobar la presencia de estas voces en el Lexicon y en el Vocabulario, tanto como lemas como parte de las equivalencias (en el Lexicon únicamente con esta segunda opción, lógicamente). Los resultados se resumen en las tablas 4, para las formas heredadas del latín, y 5, para las de creación romance.

Si se atiende a los términos en [a_ecer] heredados del latín, se observa que no todos aparecen consignados en los dos diccionarios: mientras que aborrecer y adormecer sí figuran en ambos, adherecer y aparecer no lo hacen en ninguno. En este sentido, el caso de aparecer llama la atención porque, aunque no se incluye el verbo, sí están aparente (s.v. argumento aparente) y aparencias. Quizás, como primera hipótesis, se podría presumir que los dos primeros verbos podrían ser formas de uso bastante común, al contrario de lo que ocurre con adherecer (véase § 3.3, más adelante).

Como se decía, sorprende el caso de aparecer. Tal como se puede comprobar en la tabla 4, parecer, que sí está incluido tanto en el Lexicon como en el Vocabulario, tiene en estas obras el mismo valor semántico que el parasintético (además del de ‘asemejarse’ y ‘opinar, creer’), por lo que se advierte que la forma sin prefijo prevalece en los repertorios nebricenses, que no reconocen el verbo prefijado: ante la concurrencia de formas con un mismo valor semántico, se habría seleccionado una sola variante. En este aspecto, es interesante constatar una cierta coherencia.

término Lexicon Vocabulario
aborrecer

abhorrere rem por aborrecer alguna cosa

exosus, a, um por cosa que aborrece

odi, odisti por aborrecer

odio, is, odiui por aborrecer

aborrecer odi odisti. odio habeo.es

aborrecer agenando se de algo. abborreo a re

aburrir

aborrir.i. aborrible requiere en aborrecer

adherecer
adherir
adormecer

consopio, is, consopiui por adormecer

sopio, is, sopiui por adormecer

obdormisco, is por adormecerse

adormecerse. dormito.as. obdormisco.is

adormecer a otro. Sopio.is. soporo.ās

endormecer
dormecer
adormir
dormir

ormio, is, iui por dormir

dormito, as por dormir et velar

fulcro, onis por el que mucho duerme

indormio, is, iui por dormir mucho

meridior, aris por dormir a medio día

obdormio, is, iui por dormir

dormir Dormio.is.dormiui

dormir a menudo dormito.as.aui

dormir mucho edormio.is.iui

cama lecho donde dormimos. lectus. i. torus.i

aparecer
aparir

parecer

‘aparecer’

antestor, aris por parecer en juicio

antestatio, onis por aquel parecer allí

sensus comunis por el parecer de todos

alma que parece de noche. lemures. rium

anima que parece de noche. lemures. ium

fantasma que parece de noche larua. [a]e. lémures

hilazas que parecen en la urina. trumbus.i

uision que parece de noche. phantasma

Tabla 4: Verbos parasintéticos deverbales en [a_ecer] heredados del latín (subgrupo 1a en Batllori 2015) así como de sus verbos corradicales (en cursiva) en el Lexicon y el Vocabulario de Nebrija. En el segundo, se consignan los resultados en que el término aparece como lema.

En el caso de la familia léxica de adormecer, únicamente se incluye dormir y no el resto de variantes documentadas por Batllori (2015). Una pista relevante la da el significado de dormecer, endormecer y adormir, que parece ser el mismo que el de adormecer ‘dar o causar sueño’, ‘calmar, sosegar’. Así, da la sensación de que Nebrija consigna una de las variantes junto con el verbo «primitivo», dormir: en la información semántica que se desprende del Lexicon y del Vocabulario, el sentido (y la traducción latina) de adormecer y dormir no coinciden, se trata de verbos con sentidos diferenciados; pese a que el DRAE señale que el primero de ellos, antiguamente, poseía el de ‘dormir’, no parece que Nebrija se lo reconozca.

No obstante, aburrir contradiría esta supuesta regla ya que, aunque no se encuentra en el Lexicon (lo que parecería darnos la razón), sí lo hace en el Vocabulario y, de hecho, su definición remite a aborrecer. Obviamente, hay que tener en cuenta que hoy en día el valor semántico de estas dos formas se ha especializado y no coincide pero, a tenor de los datos hallados en Nebrija y en CORDE, en la época, sí lo hacía.

término Lexicon Vocabulario
apodrecer
empodrecer
podrecer

podrecerse putreo.es. putresco.is

podrecerse tabeo.is. tabesco.is

podrecerse del todo pertabeo pertabesco

podrecer a otra cosa putrefacio. Tabefacio

pudrir/podrir

putrefacio, is, ci por podrir

computreo uel computresco por podrirse

contabeo uel contabesco por podrirse

pertabeo uel pertabesco por podrirse

putreo uel putresco por podrirse

imputribilis, e por cosa que no se pudre

tabificus, a, um por cosa que pudre

tabificabilis, e por aquello mesmo

podrir et podrimiento et podriquerio ídem (podrecimiento)

aterecer

aterecerse de frio. Rigeo uel rigesco.

aterir

aterido de frio. rigidus.a.um

amortecer

amortecer se. Exanimor.aris. animo linquor

enmortecer
amortir
apetecer

apetecer lo onesto expeto.is

[apetecer como quiera appeto.is (edición de 1516)]

Tabla 5: Verbos parasintéticos deverbales en [a_ecer] de creación romance (subgrupos 2a y 2d en Batllori 2015) así como de sus verbos corradicales (en cursiva) en el Lexicon y el Vocabulario de Nebrija.

Los deverbales de creación romance, en cambio, presentan un comportamiento diferente. La mayor parte de ellos figuran en el Vocabulario, con la salvedad de apodrecer, aunque ninguno de ellos lo hace en el Lexicon. La respuesta podría residir en la distinta naturaleza de los dos repertorios: el segundo está pensado desde el latín, como «instrumento que ayudase a la interpretación de los textos latinos» (Monreal 2011: 165), mientras que el primero lo está desde el español, «como una guía que oriente al bien escribir y hablar en latín desde la lengua romance castellana» (Monreal 2011: 165). Desde esta perspectiva, cobra sentido que los parasintéticos de creación romance no se incorporaran al Lexicon y, en cambio, sí figuren en el Vocabulario: para las traducciones del latín al español estos términos no se identifican como necesarios ni indispensables pero sí pueden serlo en el caso contrario, en que será necesario encontrar equivalencias de voces castellanas, bien arraigadas en el idioma.

Señalábamos antes que la excepción la constituye apodrecer. En este caso concreto, puede observarse el mismo criterio que se advertía para aparecer y adormecer: apodrecer presenta un valor semántico muy similar al de podrecer y empodrecer, de modo que concurren tres formas con el mismo significado, entre las cuales Nebrija selecciona la derivada podrecer, en una decisión semejante a la que se da para aparecer. Paralelamente a esta forma derivada, tanto en el Lexicon como en el Vocabulario se incluye el primitivo pudrir (podrir). Esta misma tendencia se advierte para amortecer, enmortecer y amortir, entre las cuales, en esta ocasión, se opta por la forma en [a_ecer].

Se podría pensar que esto no se cumple en aterecer y aterir; sin embargo, aterir figura como adjetivo (procedente de un participio pasado pero cuyo valor en latín se traduce en un adjetivo), lo que apuntaría a que «aterido» se haya fosilizado en una expresión concreta. De hecho, las consultas en CORDE para este verbo en los siglos xv-xvi, como se explicará, devuelven, mayoritariamente, esta construcción (ver § 3.3).

3.1.2 Resultados de la consulta en otras obras de Nebrija

Vista la selección léxica que se produce en los dos diccionarios, se ha estimado conveniente investigar si esta es consistente en otras obras del mismo autor. Para ello, se ha acudido al CORDE, que cuenta con la Traducción de las Introductiones latinae, la Gramática de la lengua castellana, la Tabla de la diversidad de los días y horas… y las Reglas (cf. tabla 2). Los resultados para todas las formas verbales analizadas aquí son coherentes con los datos obtenidos en el Lexicon y el Vocabulario: adherecer y adherir no figuran en ninguna de ellas y tampoco lo hacen adormir, endormecer, dormecer, aparecer y aparir, en las formas heredadas del latín, ni apodrecer, empodrecer, aterir ni amortir, en lo referente a las de creación romance. Se trata de verbos que Nebrija parece no utilizar.

Asimismo, nos parece relevante que algunas de las voces objeto de estudio solo aparezcan en el Vocabulario: entrarían en esta categoría aburrir, aborrecer, adormecer, pudrir, podrecer, aterecer, amortecer y apetecer. Cierto es que el valor semántico de este tipo de verbos puede explicar que no se empleen en obras de corte lingüístico, como son la Traducción de las Introductiones latinae, la Gramática de la lengua castellana o las Reglas, aunque podrían hallarse en ellas como ejemplos39. En efecto, dormir y parecer son los únicos vocablos que se documentan en las obras analizadas. El primero se detecta tanto en la Traducción de las Introductiones latinae como en la Gramática; en aquella, como perífrasis del verbo latino dormisco («començar a dormir», Nebrija 1481, párrafo 11), en esta, como uno de los ejemplos de construcciones impersonales («Conviene me dormir», Nebrija 1492, folio 47r). Parecer, por su parte, precisamente por sus valores semánticos, abunda más: en la Gramática se atestiguan dos ejemplos con valor ‘aparecer’ (1) y 8 como ‘creer, opinar’ o ‘asemejarse’ (2), que es también la acepción que muestra la ocurrencia hallada en la Tabla de la diversidad de los días […]. En las Reglas también se documentan 4 casos con este mismo significado.

  1. Nuestra lengua tiene doze compuestos de dos vocales. & cinco de tres como parece en aquellas diciones que arriba pusimos [Nebrija, Gramática de la lengua castellana, folio 14r]
  2. Por que esta pronunciacion como diximos es propria de la lengua araviga: de donde parece que vino a nuestro lenguaje [Nebrija, Gramática de la lengua castellana, folio 11r]

A partir de estas constataciones, se advierte que Nebrija es absolutamente coherente respecto a las formas analizadas en todas las obras tomadas en consideración: aquellas que no son reconocidas en sus repertorios lexicográficos tampoco tienen cabida en los demás tratados. Es más, la mayor parte de estas voces está recogida en los diccionarios, que son la única documentación hallada de las mismas en la obra nebricense. En este sentido, Lexicon y Vocabulario constituyen una muestra bastante más amplia del léxico admitido por Nebrija que otras publicaciones suyas, lo cual es perfectamente comprensible porque los dos diccionarios pretenden recoger todo el vocabulario necesario para poder trasladar cualquier texto latino al castellano o viceversa, sin restricción de campos semánticos relativos a una temática central, como es el caso de las demás.

Lo destacable es que la investigación parte de 22 formas verbales, de las cuales se ha comprobado que solo la mitad se encuentran en la obra nebricense. Sin embargo, cuando se analiza la cuestión desde otra perspectiva, aparece un dato interesante: se parte, en efecto, de 22 formas, no obstante, estas formas corresponden a ocho lemas y casi todos se hallan en Nebrija: la única excepción es adherecer-adherir (cf. tabla 6). Esto parece apuntar a un proceso más o menos depurado de selección léxico-morfológica que hay que acabar de afinar con la comparación con otros datos de la época40.

término Lexicon Vocabulario
Formas heredadas del latín
aborrecer
aburrir
adherecer
adherir
adormecer
endormecer
dormecer
adormir
dormir
aparecer
aparir
parecer
Formas de creación romance
apodrecer
empodrecer
podrecer
pudrir
aterecer
aterir
amortecer
enmortecer
amortir
apetecer

Tabla 6: Formas verbales estudiadas agrupadas en lemas. Se detalla, para cada forma, su presencia en los repertorios lexicográficos de Nebrija.

3.2 Comparación con un coetáneo: el Universal vocabulario de Alfonso de Palencia

De lo expuesto hasta aquí se desprende que Nebrija admite una serie de formas pero descarta otras y lo mismo sucede con los verbos corradicales documentados en Batllori (2015). La coherencia respecto a estas omisiones podría hacer pensar que se trata de soluciones no habituales en la época, por lo que se ha considerado oportuno confrontar los resultados obtenidos con otro repertorio elaborado en los mismos años, el Universal vocabulario en latín y en romance de Alfonso de Palencia (1490). Para ello se ha acudido a Palencia (1490 [1967]) y al CORDE, que recoge también esta obra y permite una búsqueda por concordancias. Los resultados se resumen en la tabla 7.

término Universal vocabulario Lexicon Vocabulario
aborrecer
aburrir
adherecer
adherir forma participial
adormecer
endormecer
dormecer
adormir
dormir
aparecer
aparir
parecer
apodrecer
empodrecer
podrecer
pudrir
aterecer
aterir forma participial
amortecer
enmortecer
amortir
apetecer

Tabla 7: Resultados comparativos de la aparición de los términos estudiados en las obras lexicográficas de Palencia (1490) y Nebrija (1492, 1495). Se indica si cada vocablo aparece o no en cada una de ellas. Los verbos corradicales a los deverbales en [a_ecer] aparecen en cursiva.

A simple vista, se advierte que el Lexicon es la obra que recoge menos formas de las analizadas (5), seguido del Universal vocabulario (10) y del Vocabulario (11). Los datos muestran que hay formas que no se documentan en ninguno de los tres diccionarios: adherecer, endormecer, dormecer, adormir, aparir, apodrecer, empodrecer, enmortecer y amortir. La nota discordante está en aparecer que, en el Universal vocabulario, se documenta en 11 ocasiones con el mismo valor de ‘dejarse ver’ que tiene hoy en día (3) y que Nebrija asimila aún a la forma parecer. No obstante, en Palencia parecer sigue ostentando ese mismo valor en 79 de las 334 ocurrencias detectadas (4a), por lo que parece darse una cierta concurrencia de formas en esta época. En los demás ejemplos, presenta los valores de ‘asemejarse’ o ‘creer, pensar’ (4b).

  1. Dianam. dizian los paganos ala luna como antepuesta als vias: & por esto la dizian virgen: ca la via no pare cosa alguna. & quasi duana por que apareçe de dia & de noche. (Palencia 1490, tomo i, fol. 113v, s.v. dianam)
    1. Otrosi parece que delos brutos animales se pueda decir viros. parece en la bucólica de Virgilio (Palencia 1490, tomo ii, fol. 529r, s.v. vir viri)
    2. Furibundus quien tanto se ensaña: que pareçe sandio o loco (Palencia 1490, tomo i, s.v. furens)

Por otra parte, aunque adherir como verbo conjugado no se puede atestiguar, sí se encuentra el participio presente adherentes (5), que tampoco se daba en Nebrija.

  1. Assi mesmo esto es muy prouechoso de saber: que si los verbos adherentes a los nombres guardan la consonancia del nombre & no sobran en silabas al genitiuo si no vienen delos nombres de la quinta declinaçion (Palencia 1490 en CORDE).

De las 22 voces estudiadas aquí, solo 5 están presentes en los tres diccionarios: aborrecer, adormecer, dormir, parecer y pudrir y, de ellas, únicamente las dos primeras corresponden a parasintéticos en [a_ecer], en ambos casos, de herencia latina. Como se puede observar en la tabla 6, son comunes al Universal vocabulario y al Vocabulario podrecer, aterecer y apetecer, mientras que solo figuran en el último repertorio de Nebrija aburrir, amortecer y aterir.

En general, y como ya veíamos, Nebrija (1495) resulta más completo. Aunque admite un parasintético deverbal menos que Palencia (1490), aparecer, este obvia amortecer, que sí está en el Vocabulario. En cualquier caso, la cantidad de formas no incluidas en ninguno continúa siendo alta y la incógnita que se planteaba al inicio de este apartado sigue vigente: ¿estas formas no se documentan en la época en que vivió y trabajó Nebrija? Atendiendo a las coincidencias entre las obras lexicográficas nebricenses y la de Palencia, no parece que los vocablos omitidos hayan de estar arraigados en el idioma o, mejor dicho, hayan de ser necesarios, cuando menos en la traslación del latín al castellano o del castellano al latín.

3.3 Los deverbales en [a_ecer] en la época de Nebrija

Precisamente para dilucidar esta cuestión, se ha optado por comprobar si tanto los deverbales en [a_ecer] como sus formas corradicales aparecen atestiguados en los siglos xv y xvi, que son aquellos en que se desarrolla la actividad de Nebrija. Las búsquedas se han llevado a cabo en CORDE; los resultados se van a presentar por familias léxicas, partiendo del parasintético objeto de estudio.

En cuanto a las formas parasintéticas heredadas del latín, hemos comprobado que aborrecer y adormecer sí figuran en los repertorios revisados, lo que parece apuntar a que se trata de voces de uso común. CORDE permite refrendar esta idea: en el caso de aborrecer, se han obtenido 5535 ejemplos en España a lo largo de las dos centurias seleccionadas41. Los ejemplos del corradical aburrir, pese a no ser escasos, no son tan abundantes: se documentan 597, la mayor parte de los cuales en el s. xvi (solo 11 se hallan en textos del xv). Pese a que los datos del DCECH vienen a indicar que tanto aburrir como aborrecer se dan desde época temprana (cf. tabla 3) y que la primera documentación en CORDE parece ratificarlo42, su uso no parece ser igual en ambos verbos: el primero, de hecho, en su forma <aburrir> se detecta predominantemente en verso dramático, mientras que el segundo, cualquiera que sea su grafía, aparece en una proporción superior al 20 % en textos religiosos (hasta en un 44 % de las ocurrencias en el caso de <aborresçer>), una temática mucho más común (véase la figura 1).

Figura 1: Distribución temática de los casos de aburrir y de aborrecer en los siglos xv y xvi, según la información disponible en CORDE.
Figura 1: Distribución temática de los casos de aburrir y de aborrecer en los siglos xv y xvi, según la información disponible en CORDE.

En lo referente a adormecer, los resultados de CORDE permiten arrojar algo de luz. Según el DCECH, la aparición de este verbo se atestigua hacia 1250, lo que encaja con la primera documentación de CORDE, que se sitúa alrededor de 1223, en la Semejanza del mundo (folio 159v). Como sucede con aborrecer, se trata de una forma que parece darse desde antiguo en la lengua, bien arraigada, lo que explicaría que Nebrija la haya incorporado. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los otros verbos con los que comparte base. Veíamos que se incluía dormir (algo previsible) pero no adormir, endormecer ni dormecer. Adormir es voz también detectada desde antiguo, cuya primera documentación en CORDE es en una jarcha (a. 1200)43. Su aparición en los ss. xv y xvi es constante (298 ocurrencias repartidas de forma bastante equilibrada a lo largo de los 200 años) pero no lo es tanto su uso; de hecho, a partir de mediados del s. xv, figura principalmente en formas no personales, especialmente como participio (muchas veces empleado como sinónimo de dormido, despojado de su sentido ‘causar sueño’)44. Si se retrotrae la búsqueda a los siglos anteriores, se observa que a partir de la segunda mitad del s. xiii adormecer se extiende progresivamente en detrimento de adormir. A mediados del s. xvi, precisamente, los casos de adormecer resultan mucho más abundantes que los de adormir, lo que podría sugerir que se trata de un verbo que, paulatinamente, está cayendo en desuso.

El caso de endormecer es claramente diferente: durante los siglos objeto de atención solamente se detecta un ejemplo en CORDE que, precisamente, se corresponde con su primera documentación en esta fuente. Como se vio en su momento, el DCECH no da noticia de él: se trataría de una forma muy poco usada, lo que explicaría su ausencia en los repertorios de Nebrija. Lo mismo sucede con dormecer: se registran cuatro casos en CORDE para los siglos xv y xvi y precisamente el más temprano de los cuatro, fechado en 1445, supone su primera documentación en la base de datos. El DCECH tampoco lo incluye, lo que apunta, nuevamente, a un verbo de escaso rendimiento.

Entre los parasintéticos heredados del latín, dos no se encontraban en Nebrija: adherecer y aparecer. El primer caso es similar a los de endormecer o dormecer: adherecer solo se documenta en dos casos en un documento notarial de 1496, que también supone su primera aparición en CORDE (de hecho, no se tenía noticia de esta forma en DCECH); en cuanto a su corradical adherir, la búsqueda en CORDE ratifica el comentario del DCECH acerca de su entrada reciente en el idioma: su primera documentación se da en el mismo siglo xv, en El oracional de Alfonso de Cartagena (a. 1456)45, pese a que, como sustantivo (adherencias) se puede atestiguar a mediados del s. xiv. Se encuentra principalmente en textos científicos, en prosa histórica y religiosa (71,5 % de las ocurrencias), lo que puede asociarlo a un léxico de corte específico (véase figura 2). El número de ejemplos a lo largo de las dos centurias analizadas tampoco es excesivo: 160 y, de ellos, solo 20 aparecen en el s. xv. Así pues, todo apunta que se trata de un vocablo muy poco usado en época de Nebrija por su recentísima incorporación al léxico del español y por su utilización en contextos muy específicos.

Figura 2: Distribución temática de los verbos adherir y aparecer en los siglos xv y xvi en función de la información disponible en CORDE.
Figura 2: Distribución temática de los verbos adherir y aparecer en los siglos xv y xvi en función de la información disponible en CORDE.

Por lo que respecta a aparecer, los datos pueden sorprender. Como se recordará (cf. tabla 3), el DCECH lo reconoce desde los orígenes del idioma, algo que CORDE corrobora puesto que su primera documentación corresponde al Cantar de Mío Cid (c. 1140). Por otra parte, su uso parece extendido en los ss. xv y xvi (2775 casos en España), aunque hay que precisar que es bastante más frecuente en el xvi: en el 1400 se atestiguan 580 ocurrencias, frente a las 1797 del 1500, lo que apunta a un uso en expansión. Asimismo, hay que señalar que se encuentra fundamentalmente en obras religiosas (un 32 % de los casos) y científicas (un 25 %), algo que, de nuevo, indicaría un uso especializado (véase la figura 2). La otra forma corradical que no tenía cabida en Nebrija es aparir, que ni siquiera se recoge en el DCECH. Tampoco es posible rastrearlo en CORDE, puesto que los testimonios hallados de un supuesto aparir en realidad son formas amalgamadas con el verbo parir ‘dar a luz’. Así pues, vistos estos datos, no puede extrañar que este vocablo no se haya detectado en los repertorios nebricenses.

Si pasamos a los verbos de creación romance, veíamos que solamente apodrecer no tiene cabida en Lexicon y Vocabulario. La explicación residiría en su escaso uso: DCECH únicamente señala que se trata de una forma antigua pero CORDE no permite atestiguarlo hasta el s. xv, con una primera documentación en 1431, en el Tesoro de la medicina. De hecho, la mitad de los seis ejemplos detectados se encuentran en textos científicos (tratados de medicina), como puede observarse en la figura 3. El otro parasintético de la misma familia, empodrecer, corre la misma suerte: en CORDE se advierten muy pocos casos para los 200 años analizados (10 ejemplos) y, de ellos, 5 se dan también en obras de tipo científico (4 en tratados de medicina) y 3 en obras religiosas, lo que recuerda, nuevamente, a un término especializado. La diferencia estriba en que el DCECH no aporta ninguna información más allá de que se trata de un derivado de pudrir, de modo que, para su primera documentación, que se remonta a mediados del s. xiii (Vidal Mayor), hay que recurrir también a CORDE. Podrecer, en cambio, que sí figura en los inventarios nebricenses, presenta una frecuencia de uso mucho mayor: entre todas las variantes gráficas posibles se atestiguan 770 ejemplos en España a lo largo de los ss. xv y xvi; de todos modos, también remite a un uso en contextos restringidos al ámbito científico (la abrumadora mayoría de los casos se da en lo que CORDE cataloga como «prosa científica»46). En este caso, pese a que se trata de una palabra que parece especializada, su mayor frecuencia de aparición explicaría la presencia en el Vocabulario.

Figura 3: Distribución temática de las formas podrecer, apodrecer y empodrecer en los siglos xv y xvi atendiendo a la información del CORDE.
Figura 3: Distribución temática de las formas podrecer, apodrecer y empodrecer en los siglos xv y xvi atendiendo a la información del CORDE.

Como se ha comentado ya, los demás parasintéticos de creación romance (aterecer, amortecer y apetecer) aparecen en el Vocabulario, aunque no en el Lexicon. De aterecer sabíamos que el DCECH daba Nebrija como primera documentación y que se comentaba que había tenido gran extensión. En realidad, la consulta del CORDE avanza la primera documentación al s. xiii47 y pone en cuestión la mencionada «gran extensión», al menos en lo que se refiere a los siglos que interesan aquí, puesto que solamente ha sido posible documentar 10 casos, una tercera parte de los cuales se dan en verso lírico, que suele tener cierta tendencia arcaizante48. Aterir, que figura en Nebrija como participio, también lo hace exactamente igual en CORDE: se atestiguan 25 casos para los dos siglos objeto de interés, la práctica totalidad de ellos con esa forma del paradigma. De hecho, la primera documentación que se halla en esta fuente es también participial y se remonta a las proximidades de 1275, en la General Estoria de Alfonso X (frente a Juan Ruiz, como propone el DCECH). En la época de Nebrija, da la sensación de haberse fijado como forma participial, aunque de uso poco habitual.

Amortecer, por su parte, resulta más frecuente: se encuentran 737 casos en España a lo largo de los ss. xv y xvi, y es especialmente abundante en prosa narrativa, contexto que supone el 48,2 % del total (cf. figura 4). El DCECH indicaba que se trata de un verbo documentado desde los orígenes, en el Cantar de Mío Cid, y, de hecho, la búsqueda en CORDE lo corrobora. En este sentido, sería un vocablo arraigado en el léxico del español y relativamente común. Por el contrario, el parasintético corradical enmortecer es casi desconocido: no hay noticia de él en DCECH, no se encuentra documentado en CORDE y tampoco se ha podido atestiguar en el NTLLE, por lo que no resulta extraño que no se dé en Nebrija. Respecto a amortir, el otro corradical de la misma familia, tampoco hay muchos datos: se han podido documentar casos muy escasos (2 ejemplos en forma participial entre el s. xv y el xvi) en CORDE, que sitúa su aparición en Berceo, en la Vida de Santo Domingo de Silos (c. 1236); nuevamente, se trata de un término que parece no ser de uso común, lo que también explicaría su ausencia en los repertorios estudiados.

Figura 4: Distribución temática de las formas amortir y amortecer en el siglo xv y xvi según los datos del CORDE.
Figura 4: Distribución temática de las formas amortir y amortecer en el siglo xv y xvi según los datos del CORDE.

Finalmente, los datos de CORDE referentes a apetecer no hacen más que corroborar lo indicado en Corominas y Pascual (1980, s.v. pedir) acerca de su incorporación reciente en el idioma (recordemos que estos autores sitúan su primera documentación a finales del s. xvi), aunque la información presente en la base de datos permite adelantar su fecha de aparición un siglo, dado que se atestigua en el Cancionero de Estúñiga (c. 1407-1463) y en el Cancionero castellano (1400-1500). Al revisar el número de casos detectados, se observa que su frecuencia no es de las más bajas (450 casos en España). Un tercio de los ejemplos (casi un 31 %) se localizan en textos de corte religioso (cf. figura 5), lo que tiene sentido si se toma en cuenta la explicación de Nebrija en la edición del Vocabulario de 1495: «apetecer lo onesto»; no es hasta la edición de 1516 que se introduce la entrada «apetecer como quiera» (que es la que realmente se identifica con el término latino appeto). Esto hace pensar que, como mínimo en sus inicios, este verbo tenía unos valores semánticos que lo asociaban a cuestiones de índole moral.

Figura 5: Distribución temática del verbo apetecer en los siglos xv y xvi atendiendo a los datos existentes en CORDE.
Figura 5: Distribución temática del verbo apetecer en los siglos xv y xvi atendiendo a los datos existentes en CORDE.
término n.º de casos información uso léxico específico fecha de aparición
aborrecer 5535 44 %: prosa religiosa c. 1200
aburrir 597 principalmente, en s. xv s. xiii
adormecer 383 s. xiii
dormir 8284 a. 1155
adormir 298 Desde mediados del s. xiii, pierde terreno frente a adormecer.
A partir de mediados del s. xv, básicamente como participio
a. 1200
endormecer 1 Incorporación reciente s. xv
dormecer 4 Incorporación reciente 1445
adherecer 2 Incorporación reciente 1496
adherir 160 Incorporación reciente 71,5 %: prosa científica a. 1456
aparecer 2775 En expansión: 580 casos en el s. xv
> 1797 casos en s. xvi
31,96 %: prosa religiosa
25,05 %: prosa científica
c. 1140
aparir
apodrecer 6 Incorporación reciente 100 % tratado de medicina 1431
empodrecer 10 50 %: prosa científica s. xiii
podrecer 770 72,20 %: prosa científica c.1250/1240-1272
aterecer 10 33,33 %: verso lírico s. xiii
aterir 25 Casi siempre como participio c. 1275
amortecer 737 48,2 %: prosa narrativa c. 1140
enmortecer
amortir 2 Aparece como participio c. 1236
aparecer 450 Incorporación reciente 30,78 %: prosa religiosa c. 1407-1463

Tabla 8: Tabla-resumen de los resultados de la búsqueda en CORDE de los términos cuya aparición en Nebrija había que desentrañar. Figuran en cursiva los corradicales a los verbos parasintéticos objeto de análisis. Se han sombreado las celdas de aquellos verbos que se encuentran en los diccionarios nebricenses. El número de casos se corresponde a las documentaciones en España en los siglos xv y xvi.

Los datos expuestos hasta aquí, que aparecen sintetizados en la tabla 8, permiten extraer algunas generalizaciones. De inicio, se puede observar que los términos que no se consignan en las obras lexicográficas de Nebrija son, en su mayor parte, las menos documentadas en CORDE; en otras palabras, las que presentan una menor frecuencia de uso. Esto no impide que algunos vocablos poco habituales (aterecer y aterir) tengan cabida en estas obras; sin embargo, se trata de formas arraigadas en el idioma, presentes en él desde dos siglos antes. Las voces poco usadas y no halladas en Nebrija se documentan por vez primera en la época del autor o poco antes (a lo largo del s. xv, en todos los casos), por lo que no es descabellado pensar que son innovaciones. Pellen (2012: 267) ya indicaba que uno de los criterios del gramático sevillano para descartar léxico en el Vocabulario era precisamente «su misma rareza», el poco uso o el sentido restrictivo que pudieran presentar. Sin embargo, el caso de aparecer parece echar por tierra esta hipótesis: en los dos siglos estudiados, aquellos en que vivió Nebrija, aparecer estaba ganando terreno con fuerza, hasta el punto de que en el s. xvi el número de ejemplos dobla con creces el detectado en el xv. Es un verbo cuyo uso se está afianzando en la época en detrimento de uno de los valores de parecer, que es la opción escogida por Nebrija, más conservadora en este aspecto. No obstante, apetecer, que se atestigua por vez primera en el s. xv, sí se incorpora al Vocabulario, lo que parece apuntar a la falta de sistematicidad de la que habla Pellen (2012).

4 Discusión

Una de las primeras intenciones de este trabajo era comprobar si los verbos deverbales con el patrón [a-V-ecer] tienen entrada en la obra de uno de los autores fundacionales de la gramática española, Antonio de Nebrija. Como antesala de ello, ha interesado establecer si la noción de parasíntesis está presente en su obra. La revisión de la bibliografía, así como de su propio pensamiento gramatical, revela que, mientras que para el latín reconoce este concepto, no lo hace al describir el romance castellano, sistema en el que únicamente contempla la derivación (en el accidente gramatical de la especie) y la composición (en el de la figura). Así pues, las voces parasintéticas que existían en su época parecen quedarse sin una clasificación satisfactoria. Al analizar la catalogación de los verbos, este extremo resulta particularmente claro: se habla de verbos derivados aumentativos (como los sufijados en -ecer) y poco más; de hecho, la lista de elementos prefijales y sufijales recogida por Beniers (1993) resulta algo escueta y no hace posible admitir toda la riqueza de esquemas de formación de palabras que incorpora la parasíntesis.

Pese a ello, Nebrija incluye la mayor parte de los verbos parasintéticos deverbales en [a_ecer] contemplados en Batllori (2015) en sus obras lexicográficas: forman parte del inventario léxico de la lengua y, aunque su estructura no parece encajar con la establecida en su Gramática, se incorporan a la nómina de voces empleadas en esos diccionarios. El tratamiento que se les dispensa no deja de ser interesante por cuanto constituye otro modo de comprobar la coherencia del autor en la elaboración de sus repertorios.

Nebrija es un humanista y, desde este punto de vista, cabría esperar que recogiera en el Lexicon y en el Vocabulario las formas heredadas del latín. En cambio, de los cuatro parasintéticos deverbales analizados con origen latino (aborrecer, adormecer, adherecer y aparecer), solo dos figuran en estos diccionarios, aborrecer y adormecer. En el caso de los que son de creación romance, lo hacen el 75 %, aterecer, amortecer y apetecer, mientras que apodrecer queda fuera. ¿Cuáles son las razones que le llevan a ello? A partir de los datos analizados, se puede decir que intervienen varios factores: uno sería el momento de aparición de los vocablos, lo que condiciona que estos se puedan considerar arraigados en el idioma o no; otro, su frecuencia de uso y, por último, los valores semánticos que presentan.

Así, se advierte que adherecer y apodrecer son verbos cuya entrada en el español se produce a lo largo del s. xv, por lo que resultan muy recientes en el idioma; por otro lado, parece haber muy pocas documentaciones de los mismos a lo largo de la época de Nebrija, lo que indicaría un uso bastante restringido, poco habitual. En el caso de apodrecer, además, existía otro verbo corradical con el mismo valor semántico, con mayor tradición en castellano y mucho más utilizado, podrecer, que es el que se incluye en el Vocabulario.

El castellano, además de estos verbos parasintéticos, posee una serie de formas corradicales con ellos, algunas también parasintéticas (endormecer, empodrecer y enmortecer) pero la mayor parte formadas por derivación, cuyo significado es análogo al de los parasintéticos analizados aquí. Excepción hecha de podrecer, ninguno de ellos tiene cabida en la obra lexicográfica de Nebrija (se deja de lado aquí los casos de dormir y pudrir, que se podrían considerar sus bases). Nuevamente, hay que buscar la respuesta en los tres criterios citados arriba: endormecer, dormecer, adormir, adherir, aparir, empodrecer, enmortecer y adormir tienen la desventaja de que son voces poco usadas, algunas de ellas de reciente aparición en la lengua, en todas se produce un solapamiento semántico respecto a las formas seleccionadas por el autor y, por si esto fuera poco, muchas podrían catalogarse como léxico especializado.

De todos modos, hay excepciones, la más notable de las cuales es aparecer. Pese a que su uso se documenta sin dificultades en los dos siglos de actividad de Nebrija y que se da en distintos ámbitos, no se puede encontrar en la obra lexicográfica del sevillano. Este verbo, en realidad, toma un valor semántico que Nebrija sigue atribuyendo a parecer, ‘manifestarse, dejarse ver’, ‘hacer acto de presencia’, valores que aún hoy el DRAE reconoce. De hecho, etimológicamente, este sentido sería el propio de parecer, mientras que aparecer debería ostentar un valor incoativo que se ha ido perdiendo. Quizás Nebrija, como buen latinista, intenta preservar esta herencia latina.

No obstante, cabe no perder de vista que otros investigadores han detectado una cierta asistematicidad en la selección del léxico que el gramático sevillano incorporó a sus repertorios. Probablemente estas faltas de coherencia tengan que ver en la ausencia de aparecer o en la presencia del doblete aburriraborrecer, que sorprende si se compara con la ausencia de otros posibles, si bien es verdad que la frecuencia de uso de aburrir es mayor que la de los demás corradicales analizados y que, para obtener su equivalencia latina, se remite a aborrecer.

5 Conclusiones

En definitiva, el hallazgo más importante de esta investigación es la constatación de que Nebrija elige una forma entre las variantes posibles para un lema, que es la que incorpora a sus repertorios; dicho de otra manera, opta por la forma que supone idónea atendiendo a una serie de parámetros. El análisis de los verbos permite poner de manifiesto que la selección del léxico admitido, pese a alguna posible incongruencia, resulta muy coherente y revela la existencia de criterios bastante claros para acoger o rechazar el vocabulario, que podrían asociarse a aspectos casi sociolingüísticos: frecuencia de uso, arraigo en la lengua y carga semántica. No se trata de una selección azarosa sino meditada: como el mismo autor indica, hay que dar una forma y un criterio científico a la lengua, unas reglas, si se quiere; Salvador (1994: 10)49, al tratar la importancia de la obra lexicográfica nebricense habla de «meter la lengua en carril», en una expresión muy gráfica pero muy exacta sobre lo que es la misión de este gramático respecto al vernáculo castellano. Esto señala, una vez más, a la modernidad y celo con que Nebrija puso la piedra fundacional de la lexicografía en nuestra lengua.

Assumpció Rost Bagudanch

Universitat de les Illes Balears


* Este trabajo ha sido financiado por el proyecto FFI2011-24183, otorgado por el Ministerio de Educación y Ciencia del Gobierno de España.

  1. Baste mencionar los trabajos de Fernando Lázaro Mora, «Sobre la parasíntesis en español», Dicenda. Cuadernos de filología hispánica, 5, 1986, págs. 221-235; Santiago Alcoba, «Los parasintéticos: constituyentes y estructura léxica», Revista Española de Lingüística, 17(2), 1987, págs. 245-268; David Serrano Dolader, «La derivación verbal y la parasíntesis», en I. Bosque y V. Demonte (dir.), Gramática descriptiva de la lengua española, Madrid, Espasa, 1999, págs. 4683-4755; «Sobre los compuestos (para)sintéticos ¿en español?», en A. Fábregas, E. Feliu, J. Martín y J. Pazó (eds.), Los límites de la morfología. Estudios ofrecidos a Soledad Varela Ortega, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2012, págs. 427-442; «Viejas y nuevas aproximaciones al concepto de parasíntesis», en C. Buenafuentes, G. Clavería e I. Pujol (eds.), Cuestiones de morfología léxica, Madrid/Frankfurt, Iberoamericana Vervuert, 2016, págs. 9-34; Isabel Pujol «Denominal Parasynthetic Verbs in the History of Spanish: from afrontar (9th century) to acojonar (20th)», póster presentado en el 15th International Morphology Meeting: Morphology and Meaning. Viena, Frebruary 9-12, 2012b; «Acuchillar, airar, amontonar: sobre los primeros verbos parasintéticos denominales con prefijo a- del español», en M. Campos, R. Mariño, J. I. Pérez y A. Rifón (eds.), «Assí como es de suso dicho». Estudios de morfología y léxico en homenaje a Jesús Pena, San Millán de la Cogolla, Cilengua, 2012c, págs. 439-452; Montserrat Batllori, «La parasíntesis a la luz de los datos históricos de los verbos en a- y -esçer», en Actas del X Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, en T. Bastardín Candón y M. Rivas Zancarrón (coord.), Madrid/Frankfurt, Iberoamericana Vervuert, 2015, vol. 1, págs. 617-638; o Montserrat Batllori e Isabel Pujol, «Parasíntesis y diacronía», comunicación oral en el XXVIIème Congrès International de Linguistique et de Philologie Romanes (Université de Nancy, 15-20 de julio de 2013).

  2. En este sentido, véanse Isabel Pujol, «Neología en el siglo xv: a propósito de algunos verbos con prefijo des- en el Vocabulario de Nebrija», en A. Fábregas, E. Feliu, J. Martín y J. Pazó (eds.), Los límites de la morfología. Estudios ofrecidos a Soledad Varela Ortega, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2012, págs. 353-368 o Mónica Vidal, «A menudo/-ear: verbos frecuentativos en el Vocabulario (1513) de Nebrija», Verba Hispanica, xx (1), 2012a, págs. 375-392, que constituyen ejemplos de ello.

  3. Cf. Pujol (2012a) para un estudio de los neologismos en su obra lexicográfica.

  4. Juan Luis Monreal Pérez, «Nebrija y su tiempo: la construcción de la lengua», Revista de Filología Románica, 28, 2011, págs. 157-168.

  5. Véase la nota 1 para la referencia bibliográfica.

  6. Cf. Serrano-Dolader (2016).

  7. Elio Antonio de Nebrija, Diccionario latino-español: Salamanca 1492, estudio preliminar de Germán Colón y Amadeu J. Soberanas, Barcelona, Puvill, 1492 [1979].

  8. Elio Antonio de Nebrija, Vocabulario español-latino, edición facsímil, Madrid, Real Academia Española, 1495 [1951]. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/vocabulario-espanollatino--0/html/ (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). Consultado: 15/12/2014.

  9. RAE, Banco de datos [en línea], Corpus Diacrónico del Español. Disponible en: http://corpus.rae.es/cordenet.html. Consultado: 17/12/2014-27/12/2014.

  10. Alfonso de Palencia, Universal vocabulario en latín y en romance, edición facsímil, Madrid, Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, 1490 [1967]. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=148 (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). Consultado: 17/12/2014.

  11. RAE, Nueva gramática de la lengua española, Madrid, Espasa, 2009, vol. 1.

  12. De hecho, entre la nómina de patrones fundamentales de la parasíntesis en la formación de verbos no aparece ninguna con base verbal.

  13. En estos casos puede ser complicado reconocer estas formas como parasintéticas porque ya llegan al romance castellano como voces patrimoniales, habiéndose perdido la forma primitiva original.

  14. Se trata de un sufijo que permitió la formación de verbos incoativos a partir de verbos en -ēre, muchos de los cuales tuvieron correlatos de la cuarta conjugación. Las formas de la tercera se perdieron en español antiguo y fueron reemplazadas por los corradicales en -ecer, que fueron las que convivieron con las acabadas en -īre. En el caso que nos ocupa, Batllori (2015) explica, remitiendo a García Hernánez (1980: 131-136, 161-167 y 128-130) que el preverbio latino ad «refuerza el sentido incoativo de algunos modificados sufijales en -SCO y, a la par, el sentido intensivo o aumentativo que tienden a manifestar estos».

  15. Cf. Serrano-Dolader (1999: 4700): «Algunos verbos en -ecer sustituyeron a formaciones verbales existentes en castellano antiguo: fallecer, fenecer, establecer, guarecer o escarnecer se impusieron a fallir, finir, establir, guarir y escarnir; aunque a veces coexisten ambas formas».

  16. Manuel Alvar y Bernard Pottier, Morfología histórica del español, Madrid, Gredos, 1993.

  17. Frente a aquellos cuyos dobletes se fundamentan en la ausencia o presencia de prefijo, que tampoco podrían entrar en la categoría de los parasintéticos.

  18. Lliteras (1993: 103, nota 6) hace notar que el término parasíntesis no se retoma hasta la edición de la gramática académica de 1920 (Margarita Lliteras, «La doctrina de Nebrija sobre formación de palabras», en Actas del Primer Congreso Anglo-Hispano, Madrid, Castalia, 1993, vol. i, págs. 99-111).

  19. Elio Antonio de Nebrija, Gramática de la lengua castellana, edición de Antonio Quilis, Madrid, Editora Nacional, 1492 [1980].

  20. Dentro de los verbos derivados, contempla cuatro clases: aumentativos y diminutivos (formados a partir de otros verbos), denominativos (formados a partir de sustantivos) y adverbiales (formados a partir de adverbios) (cf. Nebrija 1492 [1980]: 184).

  21. Como muy bien señala Maquieira (2008: 154), Nebrija es más exhaustivo en la descripción de la formación de sustantivos que en la de verbos (Marina Maquieira, «La formación de palabras: Nebrija (1492) y Oliveira (1536)», Gramma-Temas 3: España y Portugal en la tradición gramatical, León, Universidad de León, Centro de Estudios Metodológicos e Interdisciplinares, 2008, págs. 149-165).

  22. Cf. Ramón González Ruiz, «Apuntes sobre el tratamiento de la formación de palabras en las primeras gramáticas españolas», en R. Escavy, J.M. Hernández Terrés y A. Roldán (eds.), Actas del Congreso Internacional de Historiografía Lingüística. Nebrija V Centenario, Murcia, Universidad de Murcia, 1994, vol. 1, págs. 271-287; Luis Pérez Botero, «Las fuentes de la gramática castellana de Nebrija: la parte de las categorías verbales», en R. Escavy, J.M. Hernández Terrés y A. Roldán (eds.), Actas del Congreso Internacional de Historiografía Lingüística. Nebrija V Centenario, Murcia, Universidad de Murcia, 1994, vol. 1, págs. 425-435, o Quilis en el estudio preliminar de la edición de la Gramática de la lengua castellana al que se aludía anteriormente.

  23. Para esta cuestión, véase Emilio Ridruejo, «De las Introductiones Latinae a la Gramática castellana», en R. Escavy, J.M. Hernández Terrés y A. Roldán (eds.), Actas del Congreso Internacional de Historiografía Lingüística. Nebrija V Centenario, Murcia, Universidad de Murcia, 1994, vol. 1, págs. 485-497.

  24. Prisciano, Institutiones Latinae [en línea], en Corpus Grammaticorum Latinorum. Proyecto Hyper-GL financiado por la Agence Nationale de la Recherche (Francia). Disponible en: http://kaali.linguist.jussieu.fr/CGL/text.jsp?id=T43. Consultado: 05/12/2014.

  25. Cf. González Ruiz (1994: 277), nota 20.

  26. Cf. también Maquieira (2008: 157): «al abordar el accidente figura sigue más fielmente a Donato que a Dionisio y Prisciano. Como aquel, omite la referencia a la tercera de las figuras posibles en estos, la decomposita, y reduce a la oposición simple~compuesta las posibilidades».

  27. De hecho, aducen toda una serie de ejemplos (principalmente sustantivos y verbos parasintéticos) que figuran en el Lexicon: embuchar, desbuchar, enhetradura, enlodadura, enmostar, renovero, enturviador, enyesadura y encaladura.

  28. Véanse también Beniers (1993: 34) o Maquieira (2008: 153): Elisabeth Béniers, «La morfología derivacional en la Gramática Castellana de Nebrija», Anuario de Letras, xxxxi, 1993, págs. 31-52.

  29. René Pellen, «Nebrija en la historia del español: el léxico de la Gramática Castellana (1492) no recogido en el Vocabulario (c. 1495)», Boletín de la Real Academia Española, tomo xcii, cuaderno cccvi, 2012, págs. 255-294.

  30. En este sentido, Nebrija es coherente: no contempla la parasíntesis y los términos que ilustran los accidentes gramaticales no lo son tampoco

  31. Pellen (2012: 287) pone de manifiesto que Nebrija da preferencia al léxico que está en uso y se halla arraigado, lo que le lleva a concluir que las «lagunas» que documenta en los repertorios lexicográficos se deben más bien «a olvidos u otras razones teóricas o contextuales».

  32. RAE, Diccionario de la lengua española [en línea], 2011. Disponible en: http://www.rae.es/recursos/diccionarios/drae. Consultado: 04/12/2014. 22.ª edición.

  33. Joan Corominas y José Antonio Pascual, Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, Madrid, Gredos, 1980.

  34. Charlton T. Lewis y Charles Short, A Latin Dictionary, 1879, versión en línea disponible en: http://www.perseus.tufts.edu/hopper/resolveform?redirect=true&lang=Latin. Consultado: 05/12/2014-06/12/2014.

  35. Para los valores semánticos y el comportamiento morfosintáctico de los preverbios latinos, véase Víctor Acedo Matellán, «Preverbs llatins: aspectes morfosintàctics i semàntics», en C. Buenafuentes, G. Clavería e I. Pujol (eds.), Cuestiones de morfología léxica, Madrid/Frankfurt, Iberoamericana Vervuert, 2016, págs. 63-99.

  36. El DCECH indica que adherir (término relacionado con adherecer) es de aparición reciente en la lengua (Corominas y Pascual 1980, s.v. adherir).

  37. RAE, Nuevo Tesoro Lexicográfico de Lengua Española [en línea]. Disponible en: http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUILoginNtlle. Consultado: 24/11/2014-20/12/2014.

  38. Lidio Nieto Jiménez y Manuel Alvar Ezquerra, Nuevo tesoro lexicográfico del español (s. xiv-1726), Madrid, Arco Libros, 2007.

  39. Es sabida la riqueza del léxico que su autor utiliza en este sentido en la Gramática, por ejemplo, que recoge términos que tienen ahí su primera documentación. Para ahondar en ello, véase Pellen (2012).

  40. Para ver un ejemplo de cómo la morfología puede estar estrechamente relacionada con la lematización en obras lexicográficas, véase Pascual (2013), que se detiene precisamente en verbos sufijados con -ecer (José Antonio Pascual, «El recurso a la Filología en las explicaciones morfológicas. A propósito de la lematización de algunos verbos en -ecer», en I. Pujol (coord.), Formación de palabras y diacronía, A Coruña, Universidade da Coruña, Servicio de Publicaciones, 2013, págs. 79-90).

  41. Este cálculo incluye las formas correspondientes a <aborrecer>, <aborrescer>, <aborresçer> y <aborrecer>, ordenadas en orden de mayor a menor frecuencia de aparición. Las dos primeras predominan en el siglo xvi, mientras que las dos últimas son las más habituales en el s. xv.

  42. La primera documentación de aburrir en CORDE corresponde a Berceo, como también indica el DCECH, y está fechada c. 1230. Para aborrecer, el primer documento encontrado es La fazienda de Ultramar (c. 1200).

  43. En DCECH se indica que la primera documentación es un anónimo mozárabe de entre los siglos xi y xiii.

  44. Un buen ejemplo sería el siguiente: «Y el hermitaño, quando lo vido adormido, despertólo; y quando se vio el cuello mojado y la cara, miró al hemitaño y vido que llorava» [anónimo, Historia de la Reina Sebilla, c. 1500].

  45. El DCECH propone como primera documentación Alfonso de Palencia, concretamente, la Crónica de Enrique IV.

  46. El 78,7 % de los casos de <podrecer>, el 78,1 % de los de <podrescer>, el 68,3 % de los de <podrecer> y el 63,9 % de los de <podresçer> se han encontrado en textos correspondientes a prosa científica, según CORDE. En las variantes <pudrecer>, <pudrescer> y <pudesçer>, los porcentajes son del 60 % en las dos primeras y el 37,5 % en la tercera.

  47. Se trata del Moamín. Libro de los animales que cazan, de Abraham de Toledo (1250): «La X manera es que están aterecidas, así como si les echasen agua fría de suso» [folio 89v].

  48. De hecho, CORDE revela que aterecer solo puede encontrarse en 6 ejemplos desde el año 1000 al 1400.

  49. Gregorio Salvador, «Nebrija como iniciador de la lexicografía española», en R. Escavy, J.M. Hernández Terrés y A. Roldán (eds.), Actas del Congreso Internacional de Historiografía Lingüística. Nebrija V Centenario, Murcia, Universidad de Murcia, 1994, vol. 1, pp. 5-19.

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Edición impresa: ISSN 210-4822
Edición en línea: ISSN 2445-0898
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