Reflexiones sobre cinco voces de origen prerromano

REFLEXIONES SOBRE CINCO VOCES DE ORIGEN PRERROMANO *

Consuelo Mayor Andrés

Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española


Boletín de información lingüística de la Real Academia Española
[BILRAE · 12 · Junio de 2019]
http://revistas.rae.es/bilrae/article/view/292

 

Son muy numerosas las palabras españolas que no encuentran
etimología adecuada en latín ni en otras lenguas conocidas. No pocas,
exclusivas de la Península, son tan viejas, arraigadas y características
que invitan a suponerlas más antiguas que la romanización.

                                                                               
Rafael Lapesa
Historia de la lengua española, 1981

A la afirmación de don Rafael Lapesa en su Historia de la Lengua Española añadimos antes de iniciar este breve repertorio las palabras de la profesora Rosa Pedrero, que nos apunta el estado de la cuestión en nuestros días:

En la actualidad sabemos que la Hispania previa a la dominación romana distaba mucho de ser homogénea lingüísticamente. También habría que recordar que a las lenguas documentadas epigráficamente, indoeuropeas y no indoeuropeas, hay que añadir lenguas ágrafas que solo tuvieron acceso a la escritura cuando ya estaban en un alto proceso de romanización. Teniendo en cuenta estos factores, el sustrato “prerromano” se presenta como algo intangible y de difícil alcance. A pesar de todo, se puede decir algo más ahora que hace unos años en relación a las lenguas indoeuropeas habladas en la Península Ibérica con anterioridad a la llegada de los romanos.1

Efectivamente, nuevas aportaciones e investigaciones permiten internarse con más luz en el estudio de las lenguas prerromanas de la península ibérica y, en el caso de este artículo, propiciar un humilde acercamiento a algunos de esos términos de origen prerromano.

Arévacos

Arevacis nomen dedit fluvius Areva
                                             
Plinio, Nat Hist. iii 27, 3

Empieza este pequeño repertorio de voces prerromanas con un etnónimo. Plinio proporciona para él la etimología más antigua conocida, pero investigadores modernos la han cuestionado y han hecho diversas propuestas.

Francisco Villar apunta2 que, en el caso de que el río Areva fuese una invención de Plinio, es factible pensar que el nombre de los Arevaci sea un compuesto celta con la preposición are ’junto a’ y Vac- (nombre de algún lugar) y analiza el elemento vac- en la hidronimia. Señala que Estrabón cita un río Οὐακούα, transcrito generalmente como Vacua, que se identifica con el actual Vouga, en Portugal, y que Ptolomeo llama a este río Οὐάκου, mientras que Plinio lo denomina Vagia. Dice Villar:

La forma Οὐάκου de Ptolomeo representa el hidrónimo simple (“el Vaca”) []. En cambio la forma Vacua de Estrabón es el resultado del sintagma hidronímico completo (“el río Vaca”), resuelto por composición nominal: *Wak-ubā, forma de la que Vacua es tan solo una variante gráfico-fonética.

Naturalmente el Vouga portugués no es el río junto al que eventualmente hubieran vivido los Arevaci. Pero resulta que el hidrónimo Vaca no debió contar con ese único representante en Hispania. La onomástica hispana antigua contiene otros ejemplos de este mismo nombre, [] aparte, claro está, del étnico de los Vaccaei.3

Sería defendible, pues, que los arévacos fuesen ‘los que viven junto al río Vaca’. Pero Villar encuentra una dificultad morfo-fonética para poder ratificar esa etimología. Por ser complejo y compacto su razonamiento lo reproducimos literalmente:

De ser cierta la hipótesis, estaríamos ante un derivado adjetival etnonímico a partir de un topónimo compuesto con are-, como Arecorata, Arebriga, Aredunum. El tema compuesto de partida sería *arewaka-, al que habría que añadir un sufijo adjetival para obtener el etnónimo correspondiente, con lo que esperaríamos un resultado derivacional *arewak(a)-yo- o *arewaka-ko-, que deberían resultar bien en †Arevaciī / †Arevacaeī, o incluso †Arevacacī. La forma documentada Arevaci resulta carecer de sufijo adjetival, ya que por hipótesis la velar pertenecería a la raíz. Eso podría hacer pensar que la velar de Arevaci sea el verdadero sufijo adjetival, con lo que la raíz ya no sería vac-, y todo el análisis gramatical y etimológico habría de cambiar, favoreciendo más bien la etimología de Plinio o alguna equivalente.4

Edelmiro Bascuas, al estudiar la raíz indoeuropea ar-, dice que esta puede ir seguida del elemento -w, o de este elemento precedido de vocal, por lo que se configura un tema Arw- y otro Araw- o Arew-. Además, la semivocal puede ir seguida de vocal o de consonante: en el primer caso se consonantiza en /v/ y en el segundo permanece como segundo elemento del diptongo. Así, en la hidronimia y la hidrotoponimia peninsular encontramos Arev- / Arav- / Arv- / Arau- / Aru.5 «Krahe6 –continúa Bascuas– registra varios Arva en Francia, Italia, Inglaterra, Alemania y Lituania []. Incluye también el Areva, río de la Tarraconensis que, según dice Plinio, dio nombre al pueblo de los Arévacos []; este étnico puede compararse con el nombre de los Arauisci, en Panonia. El Areva es quizás el actual Araviana, subafl. del Duero (Soria)».

El análisis de Villar no entra en contradicción con lo afirmado por Bascuas sobre la raíz indoeuropea ar-, puesto que él cuestiona la etimología are- + vac- y tras la exposición de la dificultad morfo-fonética vista anteriormente leemos: «Si bien la etimología analizada no puede desecharse radicalmente por esa sola dificultad gramatical, a esta primera dificultad se une otra: que la forma Arevaci que permite esa etimología está atestiguada prácticamente solo en Plinio».7

Efectivamente, Estrabón, Diodoro y Apiano denominan a este pueblo con un nombre que habría que transcribir y latinizar como Aruaci. El nombre que les da Ptolomeo tendría que trancribirse y latinizarse como Araevaci y el que le da Polibio, como Aravacae ‘los aravacas’. Esta última denominación es la que le parece a Villar la más fiable, en primer lugar por la mayor antigüedad del testimonio de Polibio y la probabilidad de que este estuviera presente en el asedio de Numancia y pudiera oír el nombre de la tribu; y en segundo, porque Aravaci es la forma que aparece mayoritariamente en la epigrafía latina. Así, Villar concluye:

Verosímilmente Arevaci, solo testimoniada en Plinio, sea una deformación sufrida en la Antigüedad, quizá por etimología popular celtizante tendente a aproximar el originario aravaci a los compuestos celtas con preposición are-.8

Uxama / Osma

Sobre el topónimo Uxama empezaremos por citar un texto de Miguel Cortés y López9 publicado en 1836:

UXAMA ARGELE. Era una de las ciudades de los celtíberos arévacos donde nos la presentan las tablas de Tolomeo con el epíteto sobredicho. C. Plinio la cuenta entre las seis ciudades arévacas que iban a litigar al convento jurídico cluniensem y advierte que el nombre de UXAM y de Segontia convenía a varias ciudades de España. [] Esta ciudad era celtíbera y sus habitantes, los celtas, traían su origen de la Escitia, que se extendía desde las bocas del Danuvio hasta las del Don, en cuya extensión se incluía la Sarmacia, que como dice Tolomeo, lib. i cap. 7 de la Geografía, ocupaba la parte boreal de la laguna Meotis y era parte de la Escitia. Por esta razón el poeta Silio Itálico, lib. 3 v. 384 edit. de Drakenborkio, dice que los muros de Uxama habían sido levantados por los sármatas. [] Esto confirma nuestra opinión de que el origen de todos los celtas fue la Escitia.10

En escritura ibérica se ha encontrado el topónimo Usama que los escritores griegos transcribieron como Oὒξαμα y los latinos como Uxama. Dice Francisco Villar en Estudios de celtibérico y toponimia prerromana que la pronunciación debía de ser Uksama en el momento de la transcripción latina: «Esa latinización debió tener lugar como muy tarde con motivo de la guerra de Numancia, acaso cuando Nobilior atacó Uxama en la campaña del año 153 a. C.»11 Si no hubiera sido así no habría sido posible la transcripción Uxama. Pero una vez establecida y consagrada la latinización –dice Villar– la forma autóctona del topónimo pudo seguir evolucionando fonéticamente hasta la simplificación del grupo /ks/. Así, en el celta de Hispania se fue imponiendo, como en otras lenguas célticas, la simplificación /ks/ > /s/ pero la tendencia innovadora pudo coexistir durante largo tiempo con la conservadora y no es posible determinar el estado del grupo /ks/ en el momento en que los habitantes del lugar adoptaron el latín. Siguiendo a Villar, Edelmiro Bascuas dice que, efectivamente, si la reducción del grupo se hubiera producido en la lengua nativa, el resultado actual sería Osma, y si se hubiera conservado hasta el momento de la latinización, la solución romance habría sido la misma12.

Pero además de las explicaciones de Villar hay que tener también en cuenta las precisiones de Bascuas en torno a los grupos /ps/ y /ks/ en el celta hispano (él considera que este último, o su simplificación, proceden de /ps/):

Si se comparan entre sí los derivados de la raíz ups- ’alto’ y los de aps- ’agua’ [] resulta extremadamente confusa la distribución geográfica de los diversos tratamientos del grupo /ps/ (o /ks/). En toda la franja N. peninsular alternan /ks/ y /s/, a veces en la misma palabra, como Uxama y Osamo; tal vez la distribución dependa de tendencias dialectales diversas, pero no parece posible determinar cuáles; de hecho los derivados con /ks/ y /s/ se hallan a veces relativamente cerca, como los Axe y Ase en Galicia. En todo caso, de estos hechos parece deducirse que el fonema, complejo o ya quizás simplificado, procedente del grupo /ps/ en el celta de Hispania no tenía equivalente exacto en latín; si lo tuviera, los resultados del proceso de latinización habrían sido uniformes. Por eso mismo, es de suponer que, durante el período de coexistencia del celta y el latín, en algunos casos, como Uxama, Axe, dicho grupo se identificó con el lat. /ks/ (x) y siguió posteriormente su normal evolución, pero en otros [] no llegó.13

Por lo que respecta al sufijo, Corominas dice s/v légamo: «El sufijo me inclinaría por el origen céltico, pues aunque Schuchardt por la misma razón preferiría hablar de “celtibérico”, me parece que el carácter indoeuropeo de este sufijo -amo es muy probable: qué más claro que los nombres hispánicos epigráficos que él mismo cita, Clutamus [], Uxama ‘la alta, la altísima’, Medamus ‘el borracho’, son palabras que se explican todas por raíces célticas o indoeuropeas bien conocidas».14

En el mismo sentido encontramos las palabras de Villar en Vascos, celtas e indoeuropeos para apoyar unas reflexiones sobre un etnónimo aquitano acabado en -amo y otro alpino terminado en -ísamo (forma más moderna de este sufijo superlativo): «Con la forma más reciente del sufijo tenemos [en la península ibérica] las varias ciudades celtas llamadas Uxama (< *Uχ-samā < *Up-samā o bien *Uχs-isamā < *Ups-ísamā15. Y, finalmente, en una tabla esquemática de la misma obra encontramos los elementos que nos interesan:

elementos celtas. 1. Lexemas o palabras completas. [] b. uχs < *ups “alto elevado” [] 2. Sufijos derivacionales. [] c. (í)samo- (superlativo): Uxama.16

Uxama. ‘La altísima’, pues, como escribió Corominas y antes había dicho Antonio Tovar.17

Sepúlveda

En Estudios de celtibérico y de toponimia prerromana Francisco Villar incluye un capítulo titulado «Testimonios peninsulares del estereotipo toponímico brig- en las diferentes fuentes»18. En un apartado dedicado a topónimos medievales y modernos proporciona un buen número de topónimos con el elemento celta -briga / -brega ’ciudad’:

Alcóbriga (Contamina, Zaragoza), Alpuébrega (Totanes, Toledo), Alúbriga (Santa Engracia, La Rioja), Anóbrega (Ponte da Barca, cerca de Braga), Añuébrega, Hoyábriga (Larriba, La Rioja), Llóbriga (Ledesma, La Rioja), Longébriga (Brieves, cerca de Luarca, Asturias), Lúbriga (cerca de Daroca, Zaragoza), Monobrega (Calatayud, Zaragoza), Sepúblega (Segovia), Sobrega (Santiago del Baldrás, Tuy, Pontevedra), Tuluébrega (cerca de Peña Ubiña, Asturias).19

En este Sepúblega citado por Villar se produjo un cambio l por r en el sufijo. Dice Galmés de Fuentes que en documentos antiguos esta forma aparece junto a otra que resulta de una metátesis consonántica por asociación con vega, Sepúlvega. «Finalmente –según Galmés– nuestro topónimo termina en Sepúlveda, por atracción del sufijo colectivo -eda, muy productivo en nuestra toponimia: Maqueda, Poveda, Pereda, Manzaneda, etc.».20 Podría objetarse a esta última observación que si el sufijo -eda de Sepúlveda es analógico del de Maqueda, Poveda, etc., el topónimo no sería esdrújulo, sino llano.

Más controvertidas parecen las conclusiones de Galmés sobre el primer elemento del topónimo. Él lo pone en relación con una raíz celta saipp-, sep-, sip- ’fluir’, base de hidrónimos y atestiguada «en el hidrónimo Saepo»21, en la Bética antigua.

Pero Villar considera que Saepo –una ciudad, no un río– sería resultado de un prefijo *sa- añadido al sufijo -ipo y no se decide a asignar a este un origen determinado. Y dice en Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana: «Los ipo hispanos se distribuyen en el cuarto suroccidental de la Península».22 El problema no sería tanto que se hubiese formado un híbrido con dos elementos de distinto origen ‒hay abundantes casos‒, sino que la distribución geográfica propuesta por Villar no coincide con la ubicación de Sepúblega.

Eresma

En una edición francesa de la Historia natural de Plinio encontramos una nota a esas palabras que citan a los arévacos y al río que supuestamente les dio nombre: «Areva. Quelques Géographes écrivent que cette rivière s’appelle aujourd’hui Eresma».23

Pero el antiguo Areva no es el Eresma. Bascuas considera que la raíz de este hidrónimo es la indoeuropea *er- ‘moverse’.24 A propósito de los derivados de esta raíz indoeuropea dice al inicio de su obra:

Son muy numerosos los hidrónimos europeos derivados de la raíz indoeuropea *er- / *or- []. Parece una raíz monosilábica, pero en realidad es disilábica en laringal: *(H)erHW- / *(H)erHy-, conforme a la teoría de Adrados sobre las sonantes y las laringales indoeuropeas. [] Al añadirse las formas resultantes de las diversas vocalizaciones de la raíz en grado Ø /ṛ/ a las normales alternancias vocálicas indoeuropeas, surge una riqueza de formas radicales verdaderamente extraordinaria. A ella pueden atribuirse en la Península numerosos hidrónimos o simplemente topónimos que empiezan por Ar-, Or-, Er- / Re-, Ir- / Ri-, Ur- / Ru-, con varios timbres de la vocal de apoyo, ya antepuesta, ya pospuesta a la sonante. [] El tema puede conservarse puro o bien completarse con alargamientos; en ambos casos puede ir seguido inmediatamente de la terminación o tomar diversos sufijos antes de la misma.25

Y más adelante repite:

Hay una serie de hidrónimos que empiezan por Er- y otra por Ir-; pueden atribuirse a dos grados vocálicos fonéticamente distintos, pleno / cero, de la misma raíz. Pero en la práctica tal distribución es difícil. Aunque el grado pleno ĕr- y el grado Ø ĭr- son fonéticamente distintos, en los romances hispanos la distinción entre los posibles derivados de los mismos no es en general segura.26

Por lo que respecta al sufijo, en este caso la raíz er- recibiría el sufijo -ísamo ya visto anteriormente y al que Villar atribuye un origen celta. Bascuas también señala que como en Osma < Uxama, o Ledesma, el sufijo del «Eresma, afl. del Duero, es un superlativo o intensivo *Erisma».27

Así pues, ¿el Eresma sería ‘el que se mueve muchísimo’?

Garbanzo

Finalizamos este pequeño repertorio con un fitónimo.

Las varias propuestas sobre el origen de esta palabra –al que finalmente Corominas considera «incierto, quizá del gót. *ARWAITS»28– llevan al DLE a decidirse por la atribución prerromana en el paréntesis etimológico del artículo:

garbanzo. (De or. prerromano). m. 1. Planta herbácea de la familia de las papilionáceas, de 40 o 50 cm de altura, tallo duro y ramoso, hojas compuestas de hojuelas elípticas y aserradas por el margen, flores blancas, axilares y pedunculadas, y fruto en vaina inflada, pelosa, con una o dos semillas amarillentas, de un centímetro aproximadamente de diámetro, gibosas y con un ápice encorvado.29

Por su parte, el Dicionário Houaiss da língua portuguesa en la información etimológica s/v ervanço –sin complicarse en apuntar hacia un origen– dice:

etim. erva + -anço (suf. de difícil explicação, tal vez ligado a -ança ou -ância).30

Antes de Corominas varios autores habían defendido el origen griego de la palabra. Entre otros, Meyer-Lübke en su Romanisches etymologisches Wörterbuch:

2889. ĕrĕbĭnthos (griech.) “Erbse”.

Sp. garbanzo, galiz. herbanzo, pg. ervanço, garvanço. (Die Umgestaltung des Auslautes bedarf noch der Erklärung, bask. garbantsu Diez 454 stammt aus dem Sp.)31

Al consultar el Léxico hispánico primitivo (siglos viii al xii) se observa que este sigue el REW de Meyer-Lübke:

garbanço. (Del gr. ἐρέβινθος) m. ‘Garbanzo’. 1138 Toledo (González Palencia, Los mozár., p. 159): Etiam de oleo de terciis et de fabas et de garbanços, terciam partem dono.32

Pero las conclusiones de Corominas en el DCECH con respecto al origen griego de la voz garbanzo son demoledoras:

GARBANZO, [] origen incierto, quizá del gót. *ARWAITS íd. (a. al. ant. ar(a)wiez, al. erbse, etc.), romanizado en *ARWATIUS, o de un prerromano, posiblemente sorotapto *ERVANTIOS; es más difícil que sea de un deriv. del lat. ERVUM ‘yeros’; hay dificultades insuperables para que venga del gr. ἐρέβινθος ‘garbanzo’. [] Desde López de Velasco, Aldrete y Covarr. se viene repitiendo que garbanzo proviene del gr. ἐρέβινθος íd., y aunque Diez (Wb., 454) descartó prudentemente esta etimología, M-L. (REW, 2889) le volvió a dar entrada casi sin restricciones, solo notando que falta explicar la terminación. En realidad este obstáculo es punto menos que insuperable, pues aunque consintiéramos en admitir que la introducción del vocablo fue lo bastante tardía para que la θ ya se pronunciara como z castellana y pudiera transcribirse aproximadamente por el antepasado de la ç romance, siempre faltaría explicar cómo pudo cambiarse en a la i del griego; ni siquiera nos quedaría el recurso de suponer una variante dialectal griega o perteneciente a alguna lengua prerromana, pues ἐρέβινθος es una especie de híbrido formado con el sufijo egeo –-ινθος injertado sobre una raíz común a muchos idiomas indoeuropeos (desde el céltico al índico): se trata, pues, de una creación solo posible en el suelo de Grecia, que difícilmente pudo tener variantes análogas en España, a no ser que aun el radical fuese de origen “mediterráneo”, como admiten algunos, y aun entonces sería difícil de concebir un *EREBANTIO–, emparentado con la voz griega. Siempre quedaría la escapatoria de decir que un *ervento o *ervenço de procedencia griega se hubiese alterado en ervanço por “cambio de sufijo”, pero tal expediente sería muy poco verosímil, no pudiéndose documentar aquellas formas en romance ni erebinthus en latín. [] El cambio del arcaico arvanço en garvanço es muy comprensible, pues es común mencionar juntamente a garrobas y garbanzos [] y en el mismo sentido actuaría el influjo de GÁLBANA ‘especie de guisante’.33

Como hemos leído, los argumentos de Corominas son rotundos para negar el origen griego de la palabra mientras que una de las opciones principales es la de que se trate de una voz de origen prerromano.

Lo cierto es que lo que para varios autores era un helenismo, finalmente parece demostrado que no lo es. Pero en homenaje a esa voz griega susceptible de ser el origen de nuestro garbanzo finalizamos este artículo con un texto de Galdós, escritor al que, curiosamente, los críticos con su estilo llamaban “don Benito el garbancero” (se cita a través del CORDE):

1909 Pérez Galdós, Benito El caballero encantado (1977) 203: Héroes, decidme qué os daban de cenar vuestras mujeres cuando volvíais de la pelea: ¿cenábais guiso de cecina con erebintos, que hoy llamamos garbanzos?34


* Este artículo se basa en parte del trabajo titulado «Repertorio de voces de origen prerromano», realizado para el curso de postgrado El Origen de las Palabras organizado por Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) del 1 de diciembre de 2015 al 31 de mayo de 2016. El trabajo fue presentado a la profesora Rosa Pedrero Sancho.

  1. Rosa Pedrero Sancho, «Aportaciones a la etimología de algunos términos de origen prerromano», PalHisp, 10, 2010, pág. 602.

  2. Francisco Villar Liébana; María Blanca Prósper, Vascos, celtas e indoeuropeos. Genes y lenguas, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2005, pág. 73.

  3. Ibid., págs. 75-76.

  4. Ibid., págs. 76-77.

  5. Edelmiro Bascuas, Estudios de hidronimia paleoeuropea gallega, Santiago de Compostela, Universidade, Servicio de Publicacións e Intercambio Científico, 2002, pág. 34.

  6. Hans Krahe, Unsere ältesten Flußnamen, Harrassowitz Verlag, Wiesbaden, 1964.

  7. Francisco Villar Liébana; María Blanca Prósper, Vascos, celtas, e indoeuropeos… pág. 77.

  8. Ibid., pág. 78.

  9. Miguel Cortés y López (1777-1854), canónigo, político e historiador, fue catedrático de los seminarios de Teruel y Segorbe y en 1847 fue elegido miembro de la Real Academia de la Historia.

  10. Miguel Cortés y López, Diccionario geográfico-histórico de la España antigua tarraconense, bética y lusitana, con la correspondencia de sus regiones, ciudades, etc., a las conocidas en nuestros días, vol. 3, Madrid, [s. n.], 1836, pág. 499.

  11. Francisco Villar Liébana, Estudios de celtibérico y toponimia prerromana, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1995, pág. 183.

  12. Edelmiro Bascuas, Estudios de hidronimia paleoeuropea gallega… pág. 189.

  13. Ibid.

  14. Joan Corominas; con la colaboración de José Antonio Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (DCECH), Madrid, Gredos, 1980-1991.

  15. Francisco Villar Liébana; María Blanca Prósper, Vascos, celtas, e indoeuropeos… pág. 483.

  16. Ibid., pág. 487.

  17. Antonio Tovar, Estudios sobre las primitivas lenguas hispánicas, Madrid, Facultad de Filosofía y Letras, 1949, pág. 52.

  18. Francisco Villar Liébana, Estudios de celtibérico y toponimia prerromana… págs. 155 y ss.

  19. Ibid., pág. 157.

  20. Álvaro Galmés de Fuentes, Los topónimos: sus blasones y trofeos (la toponimia mítica). Madrid, Real Academia de la Historia, 2000, pág. 21.

  21. Ibid., pág. 21.

  22. Francisco Villar, Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2000. Pág. 116.

  23. Histoire naturelle de Pline traduite en françois avec le texte latin, París, 1771. Pág. 56 n. 147.

  24. Edelmiro Bascuas, Estudios de hidronimia paleoeuropea gallega… pág. 138.

  25. Ibid., pág. 19.

  26. Ibid.; pág. 134.

  27. Ibid., pág. 138.

  28. Joan Corominas; con la colaboración de José Antonio Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (DCECH), Madrid, Gredos, 1980-1991.

  29. Diccionario de la lengua española (DLE), Real Academia Española, 2014.

  30. Dicionário Houaiss da língua portuguesa, Rio de Janeiro, Objetiva, 2001.

  31. Wilhem Meyer-Lübke, Romanisches etymologisches Wörterbuch, Heidelberg, Carl Winter, 1911. [Una tercera edición de 1935 no dice “Die Umgestaltung des Auslautes”, sino “Die Umgestaltung des Anlautes”; v. Romanisches etymologisches Wörterbuch. 6., unveränd. Aufl., unveränd. Nachdr. der 3., vollst. neubearb. Aufl. (Heidelberg, 1935). Heidelberg, Winter, 1992].

  32. Léxico hispánico primitivo (siglos viii al xii): versión primera del Glosario del primitivo léxico iberorrománico; proyectado y dirigido inicialmente por Ramón Menéndez Pidal; redactado por Rafael Lapesa con la colaboración de Constantino García; edición al cuidado de Manuel Seco. Madrid, Fundación Ramón Menéndez Pidal, Real Academia Española, 2003.

  33. Joan Corominas; con la colaboración de José Antonio Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico…

  34. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. 〈http://www.rae.es

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